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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 262

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  4. Capítulo 262 - 262 Alejado de las Llamas
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262: Alejado de las Llamas 262: Alejado de las Llamas El fuego que devoraba el bosque se extendía a lo lejos, visible desde cualquier ángulo.

Su resplandor anaranjado iluminaba el horizonte como una amenaza inminente.

—¿Qué es eso?

—preguntó Chiro, señalando una enorme silueta en el cielo distante que lanzaba llamaradas hacia la tierra.

—¿Qué cosa?

—inquirió Dall, acercándose curioso.

—Eso —respondió Chiro, apuntando hacia el cielo—.

No lo sé exactamente, pero parece un pájaro.

—No creo que sea un pájaro —objetó Dall pensativo—.

Los pájaros no se ven tan grandes desde esta distancia.

Solo serían un punto en el cielo, como bien sabes… Eso es algo más grande.

—A ver… —intervino Karpi, sacando rápidamente sus binoculares.

Observó con atención y su rostro se iluminó con asombro—.

¿Una lagartija voladora?

¡Esto es increíble!

—¿Cómo que lagartija voladora?

¡Pásamelos!

—exigió Paris, arrancándole los binoculares de las manos.

Al enfocar, su expresión cambió a una mezcla de temor y asombro—.

¡Esto no es una lagartija voladora!

¡Es una bestia enorme!

—¡Un bestia voladora!

—corrigió Karpi, alzando la voz.

Ambas comenzaron a discutir, cada una defendiendo su interpretación del misterioso ser en el cielo.

En ese momento, la voz calmada pero autoritaria del profesor interrumpió la disputa: —Eso, muchachas, no es ni una bestia ni una lagartija.

Es un dragón.

Un dragón enorme.

Pensé que estas criaturas se habían extinguido hace siglos.

—¿Un dragón?

—repitió el grupo al unísono, mirando al profesor con asombro.

—Sí —continuó él, ajustando un visor especial que llevaba consigo, mucho más avanzado que los binoculares de Karpi—.

Un dragón es básicamente un animal mitológico que se creía extinto.

Pero… ¡Oh, no!

Esto no puede ser bueno.

Está quemando todo el bosque de esa zona.

—¿Un dragón?

—preguntaron todos nuevamente, ahora más alarmados.

—Un dragón es un enorme depredador que come carne, puede volar y escupe fuego capaz de incinerar todo a su paso —explicó el profesor con tono sombrío.

—¡Qué miedo!

—susurraron las chicas del grupo junto con Dall y Chiro, intercambiando miradas nerviosas.

—Espero que no se acerque por aquí —murmuró Paris, aferrándose a su chaqueta como si eso pudiera protegerla.

—Tranquilos —dijo Chip, intentando calmar al grupo—.

Está quemando una zona alejada de nuestros amigos.

No creo que se atreva a acercarse donde están los demás.

—Espero que no le pase nada al príncipe Paltio —comentó el señor Hex, un hombre mayor cuya voz, aunque calmada, traslucía una profunda preocupación.

Sus ojos se perdían en la distancia mientras hablaba, absorto en sus pensamientos.

A su alrededor, algunos alumnos lo escuchaban con atención, captando cada palabra con respeto—.

Es un buen muchacho, aunque un poco despistado.

Pero he oído que durante todo este tiempo en el que estuvimos convertidos en estatuas, él lideró una cruzada para salvarnos a todos.

Y no solo eso…

El príncipe se ha vuelto fuerte durante su viaje, tanto que ahora enfrenta al enemigo sin rendirse.

Espero sinceramente que algún día se convierta en un buen rey con todo lo que está haciendo.

—Sí, también esperamos eso —dijeron algunos alumnos que estaban con el profesor.

Incluso aquellos que solían molestarlo ahora oraban en silencio para que nada malo le ocurriera al príncipe.

Algunos, en sus mentes, se prometían que, si lograban verlo de nuevo, se disculparían sinceramente con él.

Todos anhelaban que el joven lograra poner fin al reinado de las sombras.

—También esperamos que los demás vuelvan sanos y salvos —añadieron los hermanos de Alita y Ron, quienes estaban entre los presentes, con una mezcla de preocupación y esperanza en sus voces.

En ese instante, un grupo de soldados llegó cargando a varios heridos, acompañados por Kol y Alcho.

—¡Vaya, eres tú, Kol!

—exclamó Karpi al reconocerlo.

—Sí, mi señora.

Estoy trayendo a estos soldados y algunos heridos que vienen del campo de batalla —respondió Kol con urgencia.

—Bien, pónganlos allá —indicó Karpi, señalando una estructura improvisada que el profesor había creado como enfermería de emergencia.

—Entendido —dijo Kol, dirigiendo a los soldados hacia el lugar indicado.

Mientras tanto, uno de los soldados pasó cerca de Chip, quien lo detuvo rápidamente.

—¿Dónde están los demás?

—preguntó Chip con seriedad.

—Bueno, derrotaron a ese sujeto llamado DeathSpark, y una vez que lo vencieron, decidieron separarse.

Los heridos regresarían a la base… bueno, a la nueva base, gracias a que el felino Toco-Toco nos indicó el camino.

Los demás fueron a apoyar a Paltio en su enfrentamiento contra el señor oscuro Urugas —explicó el soldado con voz cansada pero firme.

—Entonces, ¿quieres decir que se fueron en esa dirección?

—preguntó Chip, señalando hacia el horizonte.

—Sí, mis cálculos no fallan, señor.

Por allá —respondió el soldado, apuntando hacia el noreste.

—Profesor, creo que nuestros amigos están en problemas —dijo Chip con urgencia, mientras buscaba sus explosivos entre sus herramientas—.

¿Ya tiene mis explosivos listos?

—¿Por qué lo dices?

—preguntó el profesor, frunciendo el ceño.

—Porque donde está ese animalote enorme que usted dice que es un dragón es donde están los demás.

¡Están en peligro!

—respondió Chip, visiblemente desesperado por ir en ayuda de sus compañeros.

—¡Maldición!

Primero ese tal DeathSpark, al que apenas vencimos, y ahora un jodido dragón… ¿Qué sigue después?

—murmuró el profesor, llevándose una mano a la frente mientras intentaba pensar en algo que pudiera ayudar al grupo.

—No puedes ir, Chip —intervinieron Karpi y Paris al unísono.

—Si vas, será un acto suicida.

No solo te enfrentarás a un dragón, sino también al mismismo señor de las sombras el tal Urugas —advirtió Karpi con seriedad.

—O quizás el enorme dragón sea Urugas —añadió Paris, reflexionando en voz alta.

A Dall, con solo escuchar todo lo que decían, se le formaban nudos mentales.

La sola idea de enfrentarse a esos monstruos lo paralizaba de miedo.

—Igual debo ir —insistió Chip con determinación—.

Nuestro jefe está allá.

Lo digo por Ban.

—Sí, lo sé, pero él no querría que nos arriesgáramos.

Además, está con Ludra y Gikel —argumentó Karpi, tratando de calmarlo.

—¡No!, debo ir.

Debo apoyarlos —respondió Chip, cada vez más desesperado por cumplir con su deber.

—Tranquilo, Chip, no vayas —le dijo Paris, colocando una mano sobre su hombro.

Su tono era suave pero firme—.

Es muy peligroso, y no quiero volverte a perder.

Chip se sonrojó ligeramente al sentir la mano de Paris sobre su hombro.

Volteó a verla y sus ojos se encontraron.

—Lo sé, pero son nuestros amigos —murmuró, mirándola fijamente como si quisiera transmitirle su necesidad de ir a apoyarlos.

—Oye, parece que te está quitando a tu novia —bromeó Alcho, echando leña al fuego.

—¡Hey!

Ella y yo no somos nada —se defendió Dall rápidamente, aunque el rubor en sus mejillas lo delataba.

Tan nervioso estaba que tropezó con una lata que había en el suelo, empujando accidentalmente a Paris.

Paris, desestabilizada, chocó contra Chip, y sus labios se unieron en un beso completamente inesperado.

Ambos se separaron de inmediato, rojos como tomates.

Chip, siendo un tomate humanoide, estaba aún más sonrojado, lo que hacía la situación aún más incómoda y adorable a la vez.

—¡Lo siento!

—exclamó Chip, tan avergonzado que parecía que iba a desaparecer en cualquier momento.

—¡¿Por qué hiciste eso?!

¡Eres un tonto!

—le reprochó Paris, visiblemente molesta, mientras Dall seguía en el suelo, tratando de recuperarse del accidente.

—Lo siento… Perdón —murmuró Dall, todavía arrodillado, con una expresión de genuino arrepentimiento mientras rogaba por comprensión.

—¡Ay, Dall!

Eres muy tonto, pero esto ya rebasa tus limites idiotez.

¡Dejaste que la señorita Paris tuviera su primer beso con otro!

Suerte para la próxima —comentó Alcho con sarcasmo, cruzándose de brazos mientras sonreía de forma burlona.

“¡Ah!

Ya no podré estar con ella…”, pensó Dall, mareándose al imaginar sus posibilidades desmoronándose.

La idea lo abrumaba tanto que apenas podía mantenerse en pie.

—Oye, ¿con que aquí estabas, Alcho?

¡Llevo un rato llamándote!

Pensé que me estabas siguiendo —dijo Kol, antes de agregar con tono autoritario—: Ven y ayúdame, y deja de hacer tonterías.

Sin darle tiempo a replicar, Kol jaló a Alcho de la oreja.

Este último aún intentó hacerle gestos juguetones a Dall antes de ser arrastrado, pero su sonrisa traviesa se desvaneció rápidamente al sentir el firme agarre de Kol.

—Bien, bien, ya voy —respondió Alcho, rascándose la nuca con una mueca traviesa.

—Y ustedes también, vengan a apoyarme.

¡Hay cosas importantes que hacer!

—ordenó Karpi, interrumpiendo el bochornoso momento con su habitual pragmatismo.

—Bien, me quedo a ayudar —dijo Chip, aún sonrojado, evitando mirar directamente a Paris.

—Yo también ayudo —añadió Dall, intentando disimular su tristeza.

—Será mejor que vayas por allá a buscar madera o algo útil —sugirió Karpi, señalando hacia el bosque—.

Así no estorbarás ni destruirás nada sin querer.

Sin más, Dall se alejó cabizbajo, internándose en el bosque.

“Nadie va a querer estar conmigo nunca… Soy demasiado torpe”, se repetía mentalmente, sintiendo cómo su ánimo se desvanecía con cada paso.

—Oye, si quieres, te acompaño —ofreció Milko, quien parecía haber encontrado un poco de paz tras haber llorado la partida definitiva del señor Eveldow.

Había sido consolado por todos, especialmente por Paris y Karpi, quienes le brindaron apoyo en ese difícil momento.

—¿De verdad?

—preguntó Dall, sus ojos brillando de sorpresa ante la inesperada compañía.

—Sí, además debo caminar y respirar un poco de aire fresco fuera de todo esto.

Bien, vamos —respondió Milko con calma, mostrando una pequeña sonrisa que transmitía tranquilidad.

Ambos salieron juntos en busca de madera, adentrándose lentamente en el bosque.

—Espero que todos estén bien —murmuró Dall mientras avanzaban entre los árboles.

—Bueno, está el señor Mok y el príncipe Paltio.

Él es fuerte, seguramente con él derrotarán al malvado —comentó Milko con esperanza en su rostro, aunque desconocía la verdadera magnitud de la situación.

—Sí, es verdad.

Paltio es fuerte —repitió Dall, tratando de convencerse a sí mismo.

Pero lo que ellos ignoraban era que la realidad distaba mucho de sus esperanzas.

En el lugar donde se encontraba el dragón, todo era caos y destrucción: matanza y carnicería regían el campo de batalla.

Paltio estaba a merced de Urugas, luchando desesperadamente por levantarse y volver a pelear.

Muy a lo lejos, el cuerpo quemado e inerte del pequeño Rykaru yacía en el suelo.

En ese instante, su esfera, que contenía los colores del arcoíris, se resquebrajó completamente, emitiendo un destello final antes de desaparecer para siempre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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