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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 264

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  4. Capítulo 264 - 264 Poder de Luz
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264: Poder de Luz 264: Poder de Luz El dragón de sombras Badogorfo ya estaba a punto de destrozar a Ron cuando, de repente, algo impactó con una fuerza devastadora contra su rostro.

El golpe fue tan potente que el colosal dragón se tambaleó, lanzando un rugido furioso mientras soltaba a Ron, quien cayó desde una gran altura.

El dragón salió despedido hacia atrás, perdiéndose entre los arboles.

Ron sentía cómo el aire lo envolvía mientras caía rápidamente, pero antes de que pudiera siquiera pensar en el impacto, una enorme garra que parecía más bien una mano lo atrapó.

—¡¿Pero?

¿qué pasó?!

—exclamó Ron, sorprendido, mirando alrededor con incredulidad.

Los demás, aún en el suelo, observaban la escena con asombro, incapaces de articular palabra.

—Hola —dijo una voz juvenil y amigable que resonó en el ambiente.

—¿Qué cosa eres?

—preguntó Ron, levantando la mirada con los ojos muy abiertos, su voz temblorosa mezclando asombro y miedo.

Su cuerpo se tensó, como si cada músculo estuviera listo para huir o enfrentarse a lo desconocido.

Los demás también se hacían la misma pregunta en sus mentes, pero las palabras parecían atascadas en sus gargantas, incapaces de salir.

Sus rostros reflejaban una mezcla de admiración y terror mientras observaban la criatura frente a ellos.

Era inmensa, enorme, y su presencia irradiaba un poder que no sabían cómo interpretar.

Algunos dieron un paso atrás involuntariamente, mientras otros se quedaron paralizados, luchando por comprender qué era exactamente lo que tenían enfrente.

Frente a ellos apareció una criatura descomunal, casi del tamaño del dragón Badogorfo, aunque su figura era más juvenil, menos tosca, como si estuviera hecha de energía pura.

Su cuerpo irradiaba una luz cegadora que parecía brotar desde su mismísima esencia, obligando a los presentes a entrecerrar los ojos para no quedar deslumbrados.

Cada movimiento que hacía dejaba un rastro brillante en el aire, como si el tiempo mismo se doblegara ante su presencia.

Su majestuosidad era innegable, pero también resultaba sobrecogedora.

Había algo en ella que inspiraba tanto admiración como temor reverencial.

No era solo su tamaño o su luz lo que imponía; era la sensación de que esa criatura pertenecía a otro plano, a un lugar más allá de lo que sus mentes podían comprender.

La voz continuó, ahora acompañada por el rostro de la criatura que emergía entre la luminiscencia: —Pues soy yo… ¿No me reconoces?

La criatura era un dragón blanco impresionante.

Su cabello azul ondeaba como si estuviera hecho de energía pura, y sus ojos, cristalinos y de un azul profundo, brillaban con una mezcla de calma y poder.

Llevaba una armadura intrincada: dos hombreras circulares, placas protectoras en cada pata trasera y antebrazos, garras filosas que relucían como espadas, y un casco que cubría su cráneo, dejando solo sus ojos visibles.

Un cuerno central se erguía sobre su nariz, flanqueado por largos cuernos curvados que salían de sus sienes.

En su pechera destacaba un triángulo invertido con una esfera en su interior, y dentro de esta última, una punta de flecha que brillaba con los colores del arcoíris.

Ron se limpió los ojos, incrédulo.

—No puedo creerlo… Eres tú, Rykaru —dijo finalmente.

—¡Rykaru!

—gritaron todos al unísono, atónitos al ver la nueva apariencia del pequeño ser que ya no era tan pequeño.

—¿Cómo es posible?

¡Si te vimos morir!

—exclamaron Ban, Ludra y Gikel al unísono, con lágrimas de emoción deslizándose por sus mejillas mientras veían, incrédulos, a Rykaru frente a ellos.

Sus voces temblaban, mezclando asombro, alegría y un atisbo de incredulidad.

—Pues verán… —comenzó Rykaru, su voz ahora más profunda y resonante, cargada de calma y sabiduría inesperada para alguien que aún parecía tan joven.

Momentos antes… Rykaru había recibido el golpe letal del dragón de sombras.

Su cuerpo inerte yacía en el suelo, sin vida aparente.

Ban y los demás, con el corazón destrozado, lo habían dejado allí, pensando que todo había terminado.

Pero dentro de su mente, Rykaru aún luchaba.

—Cumplí lo que mi papi me designó: ayudar y proteger a los demás —murmuró para sí, aunque nadie podía oírlo—.

Pero… no pude salvar a mi papi.

Ahora me reuniré con él —pensó, recordando los momentos felices que había compartido con Paltio.

En ese instante, la esfera que llevaba en el centro de su cuerpo, comenzó a resquebrajarse.

Una energía poderosa emanó de ella, envolviéndolo por completo.

Rykaru sintió que su fin había llegado, pero entonces, una figura familiar apareció en su mente.

—Hola —dijo la voz calmada y reconfortante de Paltio.

—¡¿Pero si eres tú, papi?!

—exclamó Rykaru, emocionado, mientras su padre le sonreía con orgullo.

—Bueno, sí y no —respondió el ser con calma—.

En realidad, soy tu propia energía que ha tomado prestada la forma del ser que más amas, y veo que ese es este muchacho.

—¡Ah!

Pensé que eras mi papi… —murmuró Rykaru, decepcionado—.

Entonces… ¿estoy muerto?

—No, muchacho, aún falta para eso —dijo el ente con la voz cálida de Paltio—.

Además, hay cosas por hacer.

Recuerda que debes ayudar a los amigos de este muchacho como te lo encomendó, y salvar a tu verdadero papi.

Rykaru bajó la mirada, sus pequeñas manos temblando mientras luchaba contra un nudo en la garganta.

—Pero… ¿qué puedo hacer?

Ese monstruo es muy poderoso, y yo soy tan chiquito… No puedo ser de ayuda.

Entrené tanto para esto, pero al final no sirvió de nada.

¡No es justo!

—exclamó, su voz quebrándose por la frustración.

El ser lo observó con una sonrisa comprensiva.

—Sabes, muchacho, los Domadoins toman la forma del nombre que su dueño les da.

En tu caso, Paltio te llamó Rykaru, que significa “Poder de luz”, ¿no?

¿O me equivoco, pequeño?

—Sí… Ese nombre me lo diste tú, digo, el verdadero tú, o sea, mi papi —respondió Rykaru con nostalgia, su voz apenas un susurro—.

Lo atesoré desde la primera vez que lo escuché… Pero ahora ya no puedo hacer nada.

El ser soltó una risa suave, como un eco de esperanza.

—¿Qué tontito eres, pequeño?

Al romperse tu esfera de energía multicolor, que todos los Domadoins llevan, liberas todo el poder acumulado dentro de ella.

Esa esfera era un contenedor, un lugar donde se almacenaba la fuerza que has ido ganando gracias a tu arduo entrenamiento y sacrificio.

—Eso… no lo sabía —dijo Rykaru, atónito, abriendo los ojos como platos.

—Claro que no lo sabías, pequeño.

Esa es una verdad que solo los Domadoins descubren cuando superan sus límites.

Y déjame decirte algo: no ha habido uno como tú en miles de años.

Aunque aún eres muy joven, entrenar en esos lugares hizo que tu cuerpo y tu poder crecieran rápidamente, refiriéndose al plano de entrenamiento en donde estuvo practicando Rykaru.

Rykaru levantó la mirada, un destello de esperanza iluminando su rostro.

—Entonces… ¿podré volver a pelear?

Pero… aun así, no creo que pueda ganarle… El ser sonrió con orgullo.

—Pequeño niño tontito, este poder que está emergiendo en ti es tu respuesta.

Como un poder de luz, llegarás a tu forma final y apoyarás a quienes más necesiten tu ayuda.

—¿Deseas acceder a tu máximo poder?

—preguntó el ser, inclinando la cabeza ligeramente.

—¡Claro que sí!

—respondió Rykaru con firmeza, su voz resonando con una mezcla de determinación y gratitud.

Sus ojos brillaron con decisión mientras asentía, como si cada palabra sellara un pacto interno.

—Bien, ¡eso y más!

—replicó el ente, su sonrisa cálida irradiando una confianza casi tangible—.

Después de todo, eres un chico de buen corazón —añadió, su tono lleno de orgullo y afecto, como si supiera que Rykaru estaba destinado a grandes cosas.

—Y usted… ¿tiene un nombre?

—preguntó Rykaru, curioso.

—Solo me conocen como el Corazón Domadoin.

No tengo un nombre propio.

—¿Y si te pongo uno?

Así como mi papi me puso el mío —sugirió Rykaru, su voz llena de entusiasmo.

—Si eso te complace, muchacho, adelante —respondió el ser con un tono amable.

Rykaru pensó por un momento, su expresión iluminándose con una idea.

—Bien, vamos… ¿Qué tal si te llamo Doheart?

Sería la unión de Domadoin y corazón.

—Pues claro, veo que no eres muy bueno poniendo nombres —bromeó el ser con una risa suave, su voz cálida y amigable.

Sin embargo, tras la broma, había un dejo de genuina aceptación mientras continuaba—: Pero si eso te parece bien, me conocerás como Doheart.

La risa del ente resonó suavemente en el ambiente, como un eco tranquilizador, mientras Rykaru sonreía con timidez, satisfecho con su elección.

—Bueno, niño, no hay tiempo.

Debes darte prisa; los amigos de Paltio te necesitan —indicó el ser, mostrándole una visión en la que el dragón ya tenía acorralados a los compañeros de Paltio.

—Bien, dame ese poder.

Prometo usarlo para el bien —dijo Rykaru con determinación, su voz firme a pesar de su pequeño tamaño.

—¿Nos volveremos a ver?

—preguntó Rykaru, mirando al ser con ojos llenos de esperanza.

—Quizás… Solo el destino lo dirá —respondió Doheart antes de convertirse en una esfera de luz multicolor, brillante como un sol en miniatura.

—Bien, entonces que empiece tu última fase, muchacho.

La luz es tu poder —le dijo el ser antes de desvanecerse por completo, fusionándose con el pecho de Rykaru.

En ese instante, Rykaru comenzó a iluminarse.

Una luz cegadora brotó de su cuerpo, envolviéndolo por completo en oleadas radiantes que parecían palpitar con vida propia.

Su forma tembló mientras sentía cómo su cuerpo empezaba a estirarse y expandirse, como si fuera moldeado por una fuerza invisible.

Cada fibra de su ser vibraba con energía pura, un poder tan intenso que casi dolía.

Sin previo aviso, esa luz lo impulsó hacia adelante a una velocidad vertiginosa, cortando el aire como una estrella fugaz.

En un abrir y cerrar de ojos, se encontró frente al dragón maligno que tenía acorralado a Ron.

Con un rugido ensordecedor que resonó como un trueno en el campo de batalla, Rykaru lanzó una de sus enormes patas contra Badogorfo.

El impacto fue devastador: el dragón salió despedido varios metros, estrellándose contra el suelo con un estruendo que sacudió la tierra como un terremoto.

Polvo y escombros se elevaron en el aire, envolviendo la escena en una nube caótica.

—Y así es como pasó… más o menos —dijo Rykaru, encogiéndose de hombros con una mezcla de modestia y ligereza.

Su voz, ahora más madura pero aún con un toque juvenil, reflejaba cierta timidez al resumir los eventos que lo habían transformado.

Aunque sus palabras sonaban casuales, todos pudieron sentir el peso de lo que había vivido.

No era solo una historia: era el testimonio de cómo un pequeño ser había encontrado su verdadero poder y propósito en medio del caos.

Los demás intercambiaron miradas de asombro y admiración, comprendiendo que Rykaru ya no era simplemente el pequeño compañero que habían conocido, sino algo mucho más grande.

—¡Rykaru!

¡Qué bueno que estás vivo!

—exclamaron todos al unísono, observando asombrados la nueva forma de su amigo.

—… pero ahora eres un inmenso animal —dijo Ron, su voz llena de asombro mientras levantaba la vista hacia Rykaru.

Sus ojos recorrían la figura majestuosa del dragón blanco, como si aún no pudiera creer lo que estaba viendo.

Rykaru inclinó su enorme cabeza hacia Ron, con una expresión que combinaba orgullo y cierta timidez juvenil.

—Bueno, pero soy un animal poderoso y lleno de luz —respondió Rykaru, su voz ahora más profunda, casi adolescente, resonando con una confianza que nunca antes había mostrado.

—Lamentamos haber dejado tu cuerpo inerte tirado en el oscuro bosque —dijeron Ludra, Ban, Gikel y el soldado, sus voces cargadas de culpa y tristeza.

Sus rostros reflejaban el peso de la decisión que habían tomado, aunque sabían que no hubo otra opción en ese momento.

—Bueno, eso no importa —respondió Rykaru con calma, su tono sorprendentemente comprensivo.

En su mirada se veía que entendía perfectamente lo que ellos habían sentido—.

Pensaron que estaba muerto, y tenían que escapar del dragón… Incluso yo pensé que estaba muerto —añadió, encogiéndose de hombros como si restara importancia al asunto, aunque un leve destello de nostalgia cruzó brevemente por su expresión.

—Dejemos eso de lado —dijo Rykaru con firmeza, como si apartara cualquier duda o distracción con un simple gesto de su enorme cabeza.

Su voz resonó con autoridad, cargada de una determinación que no admitía réplicas—.

Ahora, a lo que vine: voy a acabar con esta cosa y luego patearle el trasero a Urugas para rescatar a mi papi.

Nadie… se mete con mi papi.

Cada palabra parecía oscilar en el aire, fortalecida por la luz que emanaba de su cuerpo y la poderosa presencia que irradiaba.

Sus ojos brillaron con una intensidad feroz, reflejando una mezcla de coraje y amor inquebrantable.

El enorme dragón blanco desplegó sus alas majestuosas, levantando una ráfaga de viento que agitó el suelo bajo los pies de los demás.

Era imposible no sentirse intimidado… pero también inspirado.

—Ahora suena raro que una criatura tan inmensa le diga así a Paltio, refiriéndose a la palabra “papi” —comentó Lukeandria con sarcasmo, aunque sus ojos brillaban de emoción al ver la transformación de Rykaru.

Rykaru bajó cuidadosamente a Ron, depositándolo en el suelo con delicadeza.

Luego se giró hacia los demás y les dijo con autoridad: —Escuchen, vayan y busquen a los otros.

Yo me encargaré de este malvado, Badogorfo.

—Bien… Por favor, no te mueras de nuevo —suplicó Ban, sus ojos llenos de lágrimas mientras luchaba por contenerlas.

Su voz temblaba cuando añadió—: Una vez más le pidió perdón por abandonarte allá atrás.

—Eso no importa.

Mi papi me dijo que los protegiera, y eso es lo que voy a hacer —respondió Rykaru con calma, su tono firme pero comprensivo.

—Fascinante el diseño que tienes —murmuró Ludra, admirando la intrincada armadura que cubría al dragón blanco.

Las placas brillaban con un fulgor iridiscente, como si reflejaran la misma luz del alma de Rykaru.

—Vayan de una vez y reúnan a todos.

Ese monstruo está por regresar —advirtió Rykaru, levantando la cabeza hacia el cielo con actitud vigilante.

—Bien, lo dejamos en tus manos… Bueno, más bien en tus patas, pequeño Rykaru —dijeron los demás con una mezcla de alivio y buen humor, tratando de aligerar la tensión del momento.

A pesar de la broma, sus voces aún temblaban ligeramente, revelando el respeto y la confianza que ahora sentían hacia él.

Sin más palabras, se voltearon y salieron corriendo del lugar, sus pasos sonando con urgencia mientras se alejaban.

Estaban decididos a cumplir su parte de la misión, conscientes de que Rykaru había asumido la carga más pesada.

El enorme dragón blanco los observó partir, su figura iluminada por la luz tenue del entorno.

Por un breve instante, dejó escapar un leve suspiro, como si absorbiera toda la responsabilidad que ahora descansaba sobre sus hombros…

o más bien, sobre sus enormes patas.

Rykaru se quedó solo frente al horizonte, su cuerpo reluciente bajo la luz del crepúsculo.

Con una voz que resonó como un trueno, desafió a su enemigo: —Bien, ven a mí, maldito monstruo.

Esta vez no escaparás —declaró Rykaru con una voz firme que resonó como un trueno en el aire cargado de tensión.

Su postura era imponente, las enormes patas plantadas con decisión mientras sus ojos brillaban con una luz desafiante.

Posó su mirada al frente, concentrado, escuchando el rugido atronador y los pasos devastadores de la bestia de sombras que se acercaba a toda velocidad.

Cada paso hacía temblar el suelo bajo sus pies, como si la tierra misma se estremeciera ante la inminente colisión.

La oscuridad parecía extenderse a su alrededor, devorando la luz, pero Rykaru no retrocedió ni un centímetro.

Sabía que este enfrentamiento sería decisivo.

El aire oscilaba con energía, y el sonido del combate entre la luz y las sombras parecía inevitable.

Rykaru respiró profundamente, dejando que su poder fluyera por cada fibra de su ser, preparándose para lo que estaba por venir.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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