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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 265

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  4. Capítulo 265 - 265 Dragón vs Dragón
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265: Dragón vs Dragón 265: Dragón vs Dragón Un golpe brutal impactó contra el dragón de sombras, lanzándolo varios metros y destrozando árboles con su violenta caída.

El estruendo resonó por todo el bosque, como si la tierra misma protestara ante el choque.

—¡¿Pero?

¿qué…?!

¿Quién osa molestar a mi bestia?

—rugió Urugas, furioso, al ver que alguien había atacado a Badogorfo.

Con un gesto de irritación, señaló hacia el dragón maltrecho—.

¡Vamos, levántate, tonto dragón, y enfréntate a lo que sea que te atacó!

El dragón de sombras lanzó un rugido ensordecedor que se propagó por el lugar, haciendo vibrar cada hoja y rama cercana.

Con pasos pesados, avanzó hacia donde había recibido el golpe.

Al llegar, Urugas se quedó boquiabierto al ver frente a él a otro dragón, uno que irradiaba luz cegadora.

—¿Qué es esa cosa?

—se preguntó, mirando perplejo al imponente ser.

Sin embargo, rápidamente recuperó su compostura y ordenó—: Bueno, no importa.

Acaba primero con ese ser, Badogorfo.

El enfrentamiento entre los dragones estaba a punto de comenzar.

Rykaru, aunque más joven y ligeramente más pequeño que Badogorfo, se veía igualmente imponente.

Su figura brillaba con una luz pura que contrastaba con las sombras densas que envolvían a su oponente.

Estaba listo para la pelea.

—¡Contamos contigo, Rykaru!

—gritaron los demás desde la distancia, mientras escapaban del lugar.

Urugas, observando desde arriba junto a Paltio inconsciente, sonrió con desdén.

—Así que Rykaru, vaya niño… Tu animalejo parece haberse convertido en un dragón.

Pero no podrá contra mi Badogorfo —murmuró, dirigiéndose al cuerpo inerte de Paltio, como si esperara alguna respuesta.

“Qué bueno… Rykaru no está muerto”, pensó Paltio desde las profundidades de su trance mental.

A pesar de que su cuerpo permanecía inmóvil, su mente estaba despierta, procesando todo lo que ocurría a su alrededor como si estuviera envuelto en un sueño vívido.

Una mezcla de alivio y orgullo lo inundó al darse cuenta de que el pequeño ser que había conocido ahora se había transformado en una criatura gigantesca e imponente.

“Y no solo eso… En serio se convirtió en un animal gigante”, reflexionó, casi con asombro.

Su corazón, aunque latía débilmente, parecía vibrar con una chispa de esperanza al ver cómo Rykaru luchaba con tanta valentía y determinación.

Pero el peso de su propia impotencia lo golpeó de inmediato.

Allí estaba él, atrapado en su propio cuerpo, incapaz de moverse o ayudar.

Mientras tanto, Rykaru cargaba con la responsabilidad de enfrentar al dragón de sombras y proteger a todos los demás.

Paltio cerró los ojos mentalmente por un momento, sintiendo una punzada de culpa mezclada con admiración.

“No puedo quedarme aquí… Tengo que encontrar una manera de despertar”, se dijo Paltio con determinación renovada.

Su voz interna resonó como un eco dentro de su mente, cargada de urgencia.

A pesar de que su cuerpo permanecía inerte, su espíritu luchaba por liberarse de las cadenas invisibles que lo mantenían atrapado.

Regresando con el enfrentamiento de dragones, el enorme dragón oscuro abrió su boca descomunal, intentando morder a Rykaru.

Pero este, a pesar de su nuevo tamaño, se movió con una rapidez sorprendente.

Agarró la cabeza de Badogorfo con sus patas delanteras y, con un esfuerzo titánico, lo lanzó con fuerza contra el suelo.

Un temblor sacudió la tierra cuando el cuerpo del dragón chocó contra el suelo, creando una grieta profunda.

—Vaya, parece que no contabas con eso —dijo Rykaru con una media sonrisa, admirando cómo su fuerza sobrehumana había logrado dominar momentáneamente a su enemigo.

Urugas frunció el ceño, visiblemente impresionado.

—Es fuerte, lo admito.

Veamos si puede entretenerme un poco más.

¡Vamos, Badogorfo, acaba con el pequeño!

Badogorfo, aún en el suelo, movió su cola rápidamente, intentando barrer a Rykaru.

Pero el dragón de luz saltó con agilidad, evitando el ataque.

En un instante, el dragón oscuro se puso de pie nuevamente, lanzándose hacia su rival con ferocidad.

Ambos dragones rugieron simultáneamente, sus voces colisionando en el aire como truenos.

La onda expansiva resultante comenzó a derribar árboles y lanzar piedras por todas partes, creando un caos absoluto en el bosque.

En otro lugar, Mok y los demás, se estaban adentrándose en el bosque a través de un túnel excavado por Rocky, sintieron el impacto.

—¿Qué fue eso?

—preguntaron, deteniéndose un momento.

—No lo sé, pero se sintió como si dos enormes fuerzas chocaran —respondió Chiki, mirando hacia la dirección del estruendo.

—Debemos apresurarnos —indicaron todos, retomando su avance por el túnel.

—Sí —respondieron al unísono, corriendo con renovada urgencia.

De vuelta en la batalla, Badogorfo se levantó sobre sus patas traseras, preparándose para golpear a Rykaru con las delanteras.

Este último respondió de la misma manera, y ambos dragones entrelazaron sus garras en una prueba de fuerza.

Cada uno jalaba hacia su lado, midiendo su poder.

La fuerza del dragón oscuro parecía oscurecer a Rykaru, pero el joven dragón de luz resistía con determinación, sin ceder ni un milímetro.

El dragón oscuro intentó morder el cuello de Rykaru con ferocidad, pero este se movía con una rapidez sorprendente para su tamaño.

Al ver frustrado su intento, Badogorfo comenzó a cargar un fuego poderoso en su interior, preparándose para lanzar una llamarada devastadora contra su rival.

Sin embargo, Rykaru no era imprudente.

Aprovechó ese momento para redoblar su fuerza en la lucha cuerpo a cuerpo, usando una llave de combate precisa para lanzar al dragón de sombras contra el suelo con un estruendo ensordecedor.

El impacto hizo que el fuego cargado por Badogorfo se disparara hacia el cielo como una columna ardiente, iluminando el bosque oscuro.

Otro temblor sacudió la tierra cuando el enorme cuerpo de Badogorfo colisionó violentamente contra el suelo.

En otro lugar dentro del bosque, cercano al combate, Ariafilis y su grupo sintieron nuevamente el movimiento.

—¿Qué es eso?

—preguntaron, mirándose entre sí con preocupación.

—Creo que algo del mismo tamaño que ese dragón de sombras lo está enfrentando —indicó Galatea, observando atentamente el horizonte.

Luego señaló hacia una dirección específica—.

Lo sé porque acabo de ver una enorme cola blanca moverse por allá.

¡PUM!

Se escuchó otro estruendo, acompañado de un rugido atronador que resonó en toda la zona.

—¿Qué está pasando?

¿De dónde salió otra de esas bestias?

¿Estaremos en peligro?

—preguntaron las hijas de Galatea, visiblemente asustadas.

—Tranquilas, muchachas, yo las protegeré —dijo Nomak con firmeza, colocándose frente a ellas en actitud protectora.

—Si están luchando, será mejor que aprovechemos y escapemos mientras podemos —sugirió Ariafilis, tomando la iniciativa.

—Bien —respondieron todos, reanudando su avance con renovada prisa.

Mientras tanto, en el campo de batalla, Rykaru lanzó un puñetazo contundente contra el rostro de Badogorfo, quien lo miró con amargura y odio en sus ojos vacíos.

El dragón de sombras respondió lanzando su cola hacia él, pero Rykaru interceptó el ataque con su propia cola.

Ambos estaban igualados en fuerza, a pesar de la diferencia de tamaño.

Parecía un combate épico, donde cada golpe y movimiento era crucial.

—¡Vamos, inútil monstruo!

¡Acaba con el mocoso!

—gritó Urugas desde su posición elevada, furioso porque la diversión que esperaba estaba siendo frustrada.

Su voz destilaba impaciencia y rabia contenida.

Badogorfo irradió energía oscura desde su cuerpo, formando una onda de calor que lo rodeó como un aura abrasadora.

Rykaru intentó acercarse, pero al tocar el aire cerca de su enemigo, sintió cómo el calor casi le quemaba las garras.

Retrocedió rápidamente, evaluando la situación.

—Bien, vas bien, tonto monstruo.

Ahora demuéstrale quién manda —le dijo Urugas a su dragón, con una sonrisa maliciosa dibujada en su rostro.

El dragón de sombras lanzó un rugido ensordecedor que sacudió el aire a su alrededor.

Rykaru clavó sus garras profundamente en el suelo para mantenerse firme y no ser arrastrado por la fuerza del rugido.

Mientras Badogorfo distraía a su enemigo con su rugido, aprovechó para cargar su característico fuego de sombras.

Desde la distancia, el dragón lanzó su ataque sin previo aviso.

Una oleada de sombras envolvió completamente a Rykaru, cubriéndolo antes de arder en llamas oscuras.

—¡Sí, con eso morirá!

—exclamó Urugas con satisfacción, creyendo que finalmente había eliminado al dragón de luz.

Con esa idea en mente, comenzó a planear cómo retomar su búsqueda de los amigos de Paltio.

Sin embargo, Badogorfo pronto descubrió que su ataque no había sido suficiente.

Rykaru emergió de las sombras con un brillo azul intenso emanando de su cuerpo.

Abrió su enorme boca y lanzó un potente disparo de fuego azul hacia el dragón maligno, derribándolo en el acto.

Badogorfo gritó de dolor mientras caía al suelo, incapaz de resistir el impacto del rayo.

—¡Toma eso, monstruo feo!

—gritó Rykaru, triunfante, mientras observaba cómo su enemigo se retorcía en el suelo.

—¡No, no!

¿Cómo es posible que ese enano pueda ganarle a mi dragón?

—gritó Urugas, incrédulo y furioso.

Su voz resonaba con frustración mientras observaba cómo Rykaru seguía resistiendo los ataques de Badogorfo—.

¡Haz algo, inútil dragón!

—le ordenó mentalmente a su bestia, apretando los puños con impotencia.

Los ojos del dragón de sombras comenzaron a brillar con una energía siniestra.

De ellos emergieron rayos láser que, al combinarse, formaron un único rayo morado pútrido, cargado de la esencia oscura de todos los ejércitos de las sombras.

Este poderoso ataque contrarrestó el fuego azul de Rykaru, obligándolo a retroceder.

Badogorfo se puso nuevamente de pie, esta vez con rayos aun brotando de sus ojos como si fueran fuentes inagotables de destrucción.

Rykaru tuvo que moverse rápidamente para evitar ser alcanzado por los mortales haces de luz.

Saltaba, giraba y zigzagueaba entre los árboles, buscando una brecha para contraatacar, pero el calor abrasador que emanaba del cuerpo de su enemigo hacía imposible acercarse.

En otro lugar del bosque, Llarol escuchó los temblores y vio cómo un gran rayo láser partía árboles cercanos como si fueran simples ramitas.

—¡Que rayos!

¿Qué fue eso?

—preguntó Llarol, alarmado, mirando hacia la dirección del estruendo.

—No estoy segura, pero será mejor que salgamos pronto de este lugar —respondió Strongia, su voz tensa mientras agarraba a su hijo del brazo.

—Sí, tu madre tiene razón —intervino el rey, justo antes de que otro rayo láser pasara cerca de ellos.

Con rapidez, jaló a su esposa Strongia fuera del camino, protegiéndola con su cuerpo.

—¿Qué está pasando?

¿De dónde vino eso?

—preguntó el rey Fuerol, asombrado por la magnitud del poder que sentían en el aire.

—Creo que vienen más… Debemos buscar escapar de aquí, padres —dijo Llarol, señalando hacia un sendero más seguro.

En el centro del combate, las cosas no pintaban bien para Rykaru.

A pesar de su valentía, estaba siendo superado por la combinación de ataques devastadores y el calor infernal que irradiaba Badogorfo.

—Vamos, Rykaru.

Tú también eres un dragón —dijo una voz familiar dentro de su mente.

Era Doheart, cálida y reconfortante incluso en medio del caos.

—¡Ah!

¿Eres tú, Doheart?

¿Qué puedo hacer para defenderme?

No puedo acercarme a esa cosa; está muy caliente, y ahora lanza rayos por los ojos —preguntó Rykaru, buscando desesperadamente una solución.

—Pues tú también puedes hacer lo mismo, solo que, en vez de usar tus ojos, usa el cuerno que tienes encima de tu nariz —respondió Doheart con calma, como si supiera exactamente lo que Rykaru necesitaba escuchar.

Rykaru asintió mentalmente y concentró toda su energía en su cuerno.

Un destello brillante emergió de él, transformándose en un rayo poderoso que salió disparado hacia el cielo.

El rayo blanco-azulado chocó directamente contra el rayo morado de Badogorfo, creando una intensa batalla de energías.

—¡Quizá más fuerza!

—gritó Rykaru, empujando con todas sus fuerzas.

El choque entre ambos rayos generó una explosión masiva que iluminó el área de la batalla.

Una onda expansiva recorrió el lugar, sacudiendo el suelo y derribando árboles a su paso.

Todos los que estaban en la zona sintieron el impacto del tremendo choque.

La energía liberada era tan intensa que algunas partes del bosque, antes envueltas en calor y sombras, comenzaron a enfriarse lentamente.

—Será mejor que lo saques de este lugar —indicó Doheart con firmeza, su voz resonando clara dentro de la mente de Rykaru—.

No creo que tus aliados puedan soportar tantos movimientos y tanta destrucción.

Llévalo a otro lugar y continúa la pelea allá.

Rykaru miró hacia el cielo, su expresión decidida mientras asentía para sí mismo.

—Está bien —respondió, y sin perder un segundo más, se lanzó hacia Badogorfo con rapidez.

A pesar del intenso calor que emanaba del cuerpo del dragón de sombras, Rykaru lo agarró con sus garras, aunque el esfuerzo le causó un dolor agudo por las quemaduras.

Sin embargo, no cedió.

Con un rugido poderoso y un impulso sobrenatural, utilizó su rayo azul para lanzar al dragón oscuro hacia el cielo, enviándolo tan alto que parecía una estrella fugaz desapareciendo entre las nubes.

—¡Sera mejor que continuemos la peleamos arriba!

—gritó Rykaru antes de desplegar sus enormes alas y elevarse tras él, dejando atrás el campo de batalla devastado.

En el suelo, Ron sintió nuevamente el temblor de la tierra cuando el impacto final de los ataques resonó como un trueno distante.

—¿Qué fue eso?

—preguntó Ron, levantando la vista hacia el cielo mientras intentaba recuperar el equilibrio.

Lukeandria, siempre alerta, le señaló hacia arriba con un movimiento rápido de su mano.

—Mira allá —dijo simplemente, su voz cargada de asombro.

Todos dirigieron sus miradas hacia el cielo y pudieron ver cómo la batalla de dragones había abandonado la tierra para continuar en las alturas.

Las figuras titánicas de Rykaru y Badogorfo se recortaban contra el firmamento, iluminadas por destellos de energía que chocaban entre ellos.

Los rugidos y explosiones seguían resonando, pero ahora parecían más distantes, como si la lucha hubiera ascendido a otro plano.

El bosque, aunque maltrecho y cubierto de cicatrices por la batalla, comenzaba a recuperar una frágil calma.

Los árboles derribados y las grietas en el suelo eran testigos mudos de la violencia que había sacudido el lugar momentos antes.

Sin embargo, los personajes en el suelo intercambiaron miradas cargadas de alivio mezclado con admiración mientras observaban cómo la pelea se alejaba hacia el cielo.

A pesar de eso, no podían permitirse relajarse completamente.

El fuego seguía extendiéndose, devorando lo poco que quedaba del paisaje.

Las llamas, alimentadas por la energía oscura del dragón de sombras, parecían insaciables, crepitando con un brillo siniestro que teñía el aire de un resplandor rojizo.

El calor era opresivo, incluso desde la distancia, y el humo comenzaba a envolver todo, dificultando la respiración.

—Esto no ha terminado —murmuró Ron, rompiendo el breve silencio.

Su voz sonaba tensa, reflejando la preocupación que todos compartían—.

Si ese fuego sigue expandiéndose, acabará con lo que queda del bosque… y de nosotros.

Lukeandria asintió lentamente, sus ojos fijos en las llamas que avanzaban implacablemente.

—Tenemos que movernos.

Ahora —dijo con urgencia, tomando la iniciativa—.

No podemos quedarnos aquí esperando a que nos alcance.

Los demás respondieron con gestos de acuerdo, pero la admiración en sus rostros no desapareció del todo.

A pesar de la amenaza inminente, no podían evitar sentirse inspirados por la valentía de Rykaru.

Había llevado la batalla lejos de ellos, sacrificándose para protegerlos, pero sabían que aún quedaba mucho por hacer.

Con determinación renovada, comenzaron a moverse rápidamente, buscando un camino seguro entre los restos del bosque mientras el rugido distante de los dragones seguía resonando sobre sus cabezas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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