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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 266

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  4. Capítulo 266 - 266 Hacia las Nubes
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266: Hacia las Nubes 266: Hacia las Nubes Rykaru lanzó con todas sus fuerzas al dragón de sombras hacia lo alto, sin importarle que las quemaduras abrasaran su piel producto del calor que irradiaba Badogorfo.

El dolor era insoportable, pero Rykaru no cedió ni un ápice.

Su determinación superaba cualquier límite físico.

Acto seguido, desplegó sus enormes alas blancas y comenzó a aletear con fuerza, elevándose rápidamente para alcanzar a su enemigo.

—¡Vaya, estoy volando!

—exclamó Rykaru para sí mismo, una mezcla de asombro y alegría iluminando su rostro—.

Si mi papi me viera, le daría mucha alegría… Pero primero, debo acabar con este enemigo de una vez y rescatarlo —se dijo mientras se acercaba velozmente hacia donde estaba Badogorfo.

Desde su posición elevada, Urugas observó furioso cómo Rykaru había lanzado a su monstruo hacia los cielos.

—¡¿Pero?

¿qué hizo ese maldito dragón blanco?!

—rugió, frustrado por cómo su diversión de ver sufrir a los que estaban abajo había sido arruinada—.

Bien, Badogorfo, escúchame: acaba con ese niño dragón y continúa con mi diversión.

¡Dale con todo!

—ordenó a través del enlace mental que compartía con su bestia.

El dragón de sombras sacudió su cabeza con brusquedad, como si despertara de un letargo momentáneo, y desplegó sus enormes alas negras.

Comenzó a aletear con poderío, manteniéndose suspendido en el aire mientras clavaba sus ojos vacíos en Rykaru, quien ya ocupaba otra esquina del cielo.

Ambos dragones se preparaban para iniciar su enfrentamiento aéreo, cada uno irradiando una energía opuesta: luz pura contra oscuridad absoluta.

En otro lugar fuera del enfrentamiento: —Profesor, ¿me presta su aparato para ver cómo va la cosa por allá?

—preguntó Paris, aún molesta por el incidente previo con Chip, causado por Dall.

Sin embargo, cuando miró por los binoculares modernos que el profesor le entregó, su expresión cambió de inmediato.

—¡Pero!

¡qué es eso!

—exclamó, asustada y asombrada al mismo tiempo.

—¿Qué tienes?

—preguntó Chiro, curioso y preocupado al notar su reacción.

—Ahora hay dos de esas criaturas sobrevolando el lugar —respondió Paris con voz temblorosa.

—A ver… —dijo Chiro, extendiendo la mano para pedir los binoculares.

Los ajustó rápidamente y observó con atención, entrecerrando los ojos mientras enfocaba las figuras en el cielo.

Tras unos segundos de silencio, asintió lentamente.

—Sí, tienes razón —confirmó, bajando los binoculares por un momento para mirar a Paris con una mezcla de asombro y preocupación—.

Hay dos de esas cosas en el aire.

Parece como esa figura del yin y el yang que mostraban en unos posters en mi ciudad natal… Una dualidad perfecta: una criatura blanca, radiante como la luz del amanecer, y otra oscura, densa como una tormenta eterna.

La más pequeña es la clara, y la otra, aunque más grande, parece igual de poderosa.

Chiro volvió a levantar los binoculares, enfocando nuevamente hacia el cielo.

—Parece que están enfrentándose —continuó, su voz cargada de fascinación y tensión—.

Es como si el destino mismo hubiera puesto a estas dos fuerzas opuestas en colisión.

Nunca había visto algo así… —Una lucha de dragones… Pagaría por ver eso de cerca —comentó el profesor, sacando otro par de binoculares avanzados para observar mejor.

Al enfocar su visión, frunció el ceño, pensativo.

—Ese dragón blanco me parece familiar… Sus colores, esos detalles… Se parece mucho a alguien de nuestro grupo.

¿No será esa criatura que acompañaba a Paltio?

—reflexionó en voz alta.

—¿Se refiere a la criatura que conocíamos con el nombre de Rykaru?

—preguntó Paris, inclinándose hacia él con interés renovado.

—Sí, creo que sí… Es verdad, tiene los mismos colores que ese muchacho.

¿No será que se convirtió en eso?

—añadió Paris, emocionada ante la posibilidad.

—Un dragón de nuestro lado… ¡Qué genial es eso!

—exclamó Chip, extendiendo su mano hacia el profesor para pedirle el visor—.

Esto quiere decir que las cosas se están volteando a nuestro favor.

—Esperemos que los muchachos salgan libres y ganen esta batalla —dijo el profesor con una mezcla de esperanza y preocupación mientras seguía observando el enfrentamiento en el cielo.

En el bosque, Toco-Toco seguía guiando a los soldados a paso apresurado.

El caos reinaba a su alrededor: temblores sacudían la tierra, y de pronto, un rayo pasó silbando a su lado, estrellándose contra un árbol cercano.

Con rapidez felina, Toco-Toco empujó a un soldado fuera de la trayectoria del ataque, salvándolo justo a tiempo.

—Eso estuvo cerca, miau… —murmuró el felino mientras se secaba el sudor de la frente con una pata.

Su expresión reflejaba agotamiento, pero también determinación—.

Debemos salir de aquí.

Esto es un caos total.

—¡Señor gato, por aquí!

Encontré un lugar que puede servir como escondite para despistar al dragón —gritó un soldado joven señalando hacia una dirección específica.

Sin perder tiempo, los diez soldados junto con Toco-Toco siguieron al joven, adentrándose aún más en el bosque en busca de refugio.

Mientras tanto, Ariafilis y Galatea, acompañadas por su grupo, buscaban desesperadamente a Strongia cuando chocaron accidentalmente con el rey Hass, quien parecía visiblemente agotado.

—¡Necesito su ayuda!

—exclamó el rey sin preámbulos—.

Un enorme tronco tiene atrapado al general Romeo.

No podemos moverlo solos.

Galatea y Nomak intercambiaron miradas.

Aunque no simpatizaban con el general debido a sus comentarios arrogantes durante la reunión anterior, sabían que no podían dejarlo morir.

Sin decir una palabra, ambas mujeres se acercaron al lugar del accidente.

Con una fuerza impresionante, lograron levantar el tronco entre las dos mientras las hijas de Galatea sacaban al general de debajo de los escombros.

El general estaba herido y no podía caminar.

Entre Galatea y Nomak lo ayudaron a ponerse de pie, sosteniéndolo por ambos lados.

—Gracias… Y lamento mucho mi comportamiento en el pasado.

Fui demasiado cerrado —dijo el general con voz débil pero sincera.

—Está bien, general.

Solo repose —respondió Galatea con serenidad, dejando a un lado cualquier resentimiento.

Decidieron continuar su camino, buscando una salida del bosque, que ahora parecía un laberinto lleno de árboles caídos y fuego crepitante.

Por otro lado, los reyes de Pinkertalia y Bacadolia habían encontrado lo que parecía ser una posible salida del bosque.

Sin embargo, una enorme pila de troncos y rocas bloqueaba el camino.

—Señores, ¿necesitan ayuda?

—dijo una voz profunda desde atrás.

Al girarse, vieron a dos jóvenes musculosos y a un hombre fornido que claramente compartían un vínculo familiar.

Eran los hijos y esposo de Galatea, miembros de la familia Fuerte.

—Bien, si quieren ayudarnos, por favor, adelante —indicó uno de los reyes, señalando los escombros.

Sin dudarlo, los recién llegados comenzaron a retirar los troncos y rocas con una facilidad sorprendente, trabajando en equipo con eficiencia.

—¡Vamos, porque se demoran tanto!

—gritó impaciente Bacos, cruzado de brazos.

Uno de los jóvenes respondió con calma, pero firmeza: —Señor, si usted ayudara, sería bueno.

—Tranquilo, hijo.

Déjalo pasar —intervino el padre, colocando una mano sobre el hombro del joven.

—Bien —respondió el muchacho, aunque su tono dejaba claro que no estaba del todo convencido.

Bacos, notando el intercambio, murmuró con desdén: —Vaya, estos plebeyos queriendo igualarse a un rey… —Así es, señor Bacos —respondió Piertol, siempre dispuesto a complacer.

El padre observó la escena con tranquilidad y, dirigiéndose a sus hijos, les dijo: —Tranquilos, chicos.

No hay problema.

Relájense.

Ya les dije, en todos lados hay este tipo de gente.

Los gemelos asintieron al unísono, aunque era evidente que compartían un pensamiento similar.

—Está bien, padre —respondieron ambos, demostrando respeto por la sabiduría de su padre.

—Como que su clase de gente… Eso pasa por darle alas a la chusma —dijo Bacos con desdén, cruzándose de brazos mientras observaba a los recién llegados.

—Sí, tiene razón —respondió Piertol, siempre dispuesto a alinearse con los comentarios arrogantes de Bacos.

—No deberíamos ayudar a estas personas de otros reinos, padre —dijo el otro gemelo, con voz firme y llena de convicción.

Sin esperar respuesta, se adelantó unos pasos, colocándose frente a los reyes con una postura desafiante.

Sus puños estaban cerrados, y sus ojos reflejaban una mezcla de indignación y determinación—.

Prefiero enfrentarme a ellos ahora mismo.

Los dos reyes intercambiaron miradas antes de llamar a los guardias que los acompañaban.

La tensión en el aire era palpable, y parecía que un conflicto estaba a punto de estallar.

Sin embargo, justo cuando las espadas comenzaban a desenvainarse, el suelo bajo sus pies tembló violentamente.

Enormes patas emergieron de debajo de la tierra, provocando gritos de sorpresa y pánico entre todos los presentes.

Todos se pusieron en guardia, listos para enfrentar lo que fuera que estuviera a punto de surgir.

Pero entonces, una voz familiar resonó desde el agujero.

—Creo oír voces… —dijo Rocky desde las profundidades.

Un momento después, Mok apareció, asomando su cabeza por el túnel.

—¡Tranquilos!

Somos nosotros —anunció con calma, levantando las manos para demostrar que no había peligro.

El esposo de Galatea, Rui, suspiró aliviado al reconocerlo.

—¡Ah!

Es usted, señor Mok.

Qué bueno que se recuperó —dijo Rui con una sonrisa de alivio.

—Sí, aquí hay gente.

Qué bueno que conseguimos entrar —añadió Rocky, quien aún estaba cubierto de tierra tras excavar el túnel.

Uno a uno, los demás miembros del grupo emergieron del agujero: Chiki, Nakia, Lume y Geki, junto con Rocky.

—Vinimos a ayudar —declaró Mok con determinación.

Los reyes, sin siquiera detenerse a agradecer, tomaron la iniciativa.

—Bien.

Nosotros iremos primero, ya que somos los reyes —dijeron con vanidad mientras comenzaban a descender por el túnel.

Ni una palabra de gratitud salió de sus bocas.

—¡Ni siquiera un “gracias”!

¡Qué mal agradecidos son esos tipos!

—exclamó Gon, el gemelo más joven, visiblemente molesto.

—Tranquilo, he conocido gente así toda mi vida.

A veces es mejor llevarlas por el lado amable —respondió Mok con calma, intentando apaciguar los ánimos.

Gan, el gemelo mayor, frunció el ceño con frustración.

—Ese par ya me daban ganas de darles una tunda —murmuró entre dientes.

Gan y Gon eran idénticos físicamente, ambos jóvenes y musculosos.

Lo único que los diferenciaba era una cicatriz en el ojo derecho de Gan, un rasgo que le daba un aire más imponente.

Gan fue el primero de los hijos en hablar mientras que Gon fue el que se quería ir a los golpes con los reyes creídos.

—Bien, si siguen ese túnel, llegarán a la salida —indicó Rocky a los reyes, quienes ni siquiera le dirigieron una mirada de agradecimiento antes de continuar su camino.

—¡Vaya, qué tipos!

Me da mucho coraje —dijeron Gan y Gon al unísono, incapaces de contener su indignación.

—Si mi padre no me hubiera detenido, les habría dado sus pataditas —comentó Gon con un gruñido.

—Tranquilo, hermano.

Aunque tengo ganas, como soy el mayor, decidí calmarme —replicó Gan con superioridad fingida.

—¡Solo eres mayor que yo por minutos!

—protestó Gon, cruzándose de brazos.

Ambos estaban a punto de iniciar otra discusión cuando su padre, Rui, posó sus manos sobre sus hombros con firmeza.

Su mirada amenazante bastó para que los gemelos dejaran de pelear al instante.

—Ya se tranquilizan —ordenó Rui con voz autoritaria.

Mok, viendo que la situación estaba controlada, intervino.

—Bueno, es hora de irnos.

Pero Rui negó con la cabeza.

—Lo siento, pero no nos iremos sin mi esposa y mis hijas —dijo con determinación.

Nakia también añadió: —Nosotros también estamos buscando a nuestros alumnos.

Chiki se acercó al grupo con una sonrisa tranquilizadora.

—Bien, entonces vengan con nosotros.

Su fuerza será de mucha ayuda.

Con renovada determinación, todos se unieron para buscar a los demás.

En el cielo se encontraban los dos dragones, Rykaru y Badogorfo seguían enfrentándose en una batalla épica.

Rayos chocaban entre ambos mientras sobrevolaban el lugar, iluminando el cielo con destellos de luz y oscuridad.

—Aquí será nuestra batalla final, horrible cosa —declaró Rykaru con una mirada decisiva, su voz resonando con una mezcla de coraje y convicción.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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