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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 269

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  4. Capítulo 269 - 269 DRAGOLIGHT
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269: DRAGOLIGHT 269: DRAGOLIGHT Rykaru y Badogorfo estaban combatiendo, lanzando sus rayos el uno contra el otro: Rykaru con su cuerno resplandeciente y Badogorfo a través de sus ojos endemoniados.

Los ataques colisionaban en el aire, formando una danza caótica de luces y sombras, donde cada destello parecía desafiar al otro.

Finalmente, un gran resplandor iluminó el cielo cuando los rayos se fusionaron, liberando una explosión que reverberó por todo el campo de batalla.

El cielo, teñido de colores vibrantes y oscuros, reflejaba el choque entre luz y oscuridad.

Un fuerte impacto sacudió el aire, como si las fuerzas mismas de la naturaleza hubieran sido perturbadas por el enfrentamiento prolongado.

“Veo que ese dragoncito no lo hace nada mal,” murmuró Urugas, observando a través de los ojos de Badogorfo.

Su voz denotaba una mezcla de sorpresa y frustración.

Sin embargo, una sonrisa siniestra cruzó su rostro mientras añadía: “Pero mi creación es muy poderosa, y lo acabará.” Con determinación, dio la orden a su dragón para que terminara con Rykaru.

El enorme dragón de sombras extendió sus alas con una fuerza devastadora, generando vientos huracanados que agitaron el cielo.

Luego, soltó un rugido ensordecedor, un sonido tan profundo que resonó a decenas de kilómetros de distancia, anunciando su intención de acabar con su enemigo de una vez por todas.

Sin perder tiempo, Badogorfo se lanzó hacia Rykaru con una velocidad vertiginosa, dejando tras de sí una estela de oscuridad.

Rykaru, consciente del peligro, preparó su defensa.

Aleteó con fuerza, contrarrestando los violentos vientos que su enemigo había creado.

Sus enormes alas, blancas como la nieve bajo la luz de la luna, brillaron con determinación mientras se posicionaba para recibir el ataque.

Ambas criaturas colisionaron nuevamente, esta vez en medio de un cielo oscuro y gris, envuelto por las sombras que emanaban del cuerpo de Badogorfo.

El dragón maligno intentó ir directamente a la yugular de Rykaru, abriendo su enorme boca para propinar un mordisco letal.

Sin embargo, el joven dragón blanco reaccionó justo a tiempo, moviendo su cuello con rapidez y protegiéndolo con la armadura que llevaba puesta.

Los afilados dientes de Badogorfo chocaron contra el acero endurecido, provocando chispas y un chirrido metálico que resonó en el aire.

El dragón de sombras rugió de impotencia y dolor al sentir el sabor amargo del metal en sus fauces.

Rykaru aprovechó ese momento de distracción para canalizar ondas de energía a través de su cuerpo, contrarrestando el calor opresivo que emanaba de su enemigo.

Con un movimiento rápido y preciso, lanzó un codazo certero al estómago de Badogorfo, seguido de un golpe contundente con su cola que impactó directamente en el rostro del dragón oscuro.

Badogorfo retrocedió tambaleándose, momentáneamente desorientado por el ataque combinado.

Sin darle tiempo de recuperarse, Rykaru concentró toda su energía en su cuerno y disparó un potente rayo que empujó a su enemigo varios metros hacia atrás, enviándolo a flotar en el aire como una marioneta sin control.

“¡¿Cómo puede estar ganando?!” gritó Urugas, incrédulo, mientras veía cómo su dragón era superado por el joven Rykaru.

Su voz temblaba de furia e indignación, incapaz de aceptar la derrota de su creación.

Desde el suelo, los demás espectadores vitoreaban al joven dragón blanco, animándolo con gritos de ánimo.

Habían salido del bosque gracias a los túneles excavados por Rocky y ahora observaban desde una posición segura, admirados por la valentía y habilidad de Rykaru.

“¡Tú puedes, Rykaru!

¡Vamos!” exclamaron al unísono, llenos de esperanza al ver cómo el joven dragón ponía en aprietos al temible Badogorfo.

“¡Ríndete, horrendo y tonto monstruo!” gritó Rykaru mientras enfrentaba a Badogorfo con una mezcla de desafío y coraje.

El dragón de sombras, cayendo en picada, abrió sus enormes alas justo a tiempo para frenar su descenso.

Sacudió su cabeza con furia renovada, clavando sus ojos encendidos de odio en el joven dragón blanco antes de alzarse nuevamente hacia él.

Su rostro estaba deformado por la rabia, como si prometiera venganza con cada aleteo.

En la tierra, los amigos de Rykaru sintieron el poderoso viento que cargaban las alas del dragón oscuro cuando este ascendió de nuevo.

“¡Cuidado!” advirtió Ron, aferrándose al suelo con todas sus fuerzas mientras el viento huracanado amenazaba con arrastrarlos por los aires.

Los demás se agacharon instintivamente, protegiéndose de la fuerza implacable que emanaba del cielo.

“Debo acabar con ese dragón feo e ir por mi papi,” pensó Rykaru, decidido.

Un rugido ensordecedor brotó de su garganta mientras lanzaba su cuerpo hacia adelante, volando a toda velocidad para interceptar a Badogorfo, quien venía directamente hacia él con intenciones letales.

Otra vez, los dos titanes chocaron, causando estragos en el cielo.

Las garras de ambos dragones se entrelazaron, sus colas se bloqueaban mutuamente, y sus rayos y alientos de fuego iluminaban el firmamento con destellos devastadores.

A pesar de la diferencia de tamaño —Badogorfo era mucho más grande—, Rykaru compensaba su menor estatura con una combinación de agilidad, fuerza y determinación inquebrantable.

Cualquiera habría pensado que el dragón de sombras sería invencible debido a su tamaño, pero Rykaru demostraba que la valentía y la astucia podían equilibrar la balanza.

Urugas observaba todo desde su posición, furioso.

Su bestia incomparable, diseñada para ser imbatible, estaba siendo superada por un niño que apenas había recibido sus poderes.

Atormentado por la frustración, dirigió su atención hacia los amigos de Paltio que permanecían en el suelo.

Con una sonrisa malévola, le ordenó a Badogorfo atacarlos.

Badogorfo se separó bruscamente de Rykaru y giró su enorme cabeza hacia donde estaban Ron y los demás.

Sus ojos brillaron con un resplandor siniestro mientras cargaba su aliento de dragón, preparándose para exterminarlos.

Sin embargo, antes de que pudiera lanzar el ataque, Rykaru rugió con desesperación: “¡No te lo permitiré!” Volando a una velocidad vertiginosa, Rykaru se colocó frente a sus amigos, interponiéndose entre ellos y el ataque de Badogorfo.

El aliento del dragón oscuro impactó contra su cuerpo con una fuerza brutal, provocando una explosión de energía que iluminó el campo de batalla.

Rykaru gruñó de dolor mientras resistía el embate.

“Maldición… esa cosa sí dolió,” murmuró, apretando los dientes mientras recuperaba el equilibrio.

“¡Gracias!” exclamaron Ron y los demás, aliviados al ver que Rykaru los había protegido del ataque sorpresa.

Lukeandria, con una mezcla de admiración y urgencia, le dijo: “¡Rykaru, tú puedes!

Acaba con esa cosa de una vez.

¿Es que no quieres ver a tu papi?” “¡Sí, tienes razón!” respondió el joven dragón, enderezándose con renovada determinación.

Observó cómo Badogorfo se preparaba para lanzar otro ataque, esta vez combinando su aliento letal con los rayos de sus ojos para crear una explosión aún más destructiva.

La energía oscura comenzó a acumularse en su boca y en sus pupilas, anunciando un golpe final.

“¡No, no te lo voy a permitir, y acabaré contigo!” rugió Rykaru con ferocidad.

En ese momento, dentro de su mente, Doheart le habló con calma, pero firmeza: “Canaliza todo tu poder en un solo ataque para derrotarlo.

Usa tu ataque especial: ¡el DRAGOLIGHT!” “¿El DRAGOLIGHT?” preguntó Rykaru, sintiendo cómo una oleada de energía pura comenzaba a fluir dentro de él.

Era un poder diferente, más brillante y potente que cualquier cosa que hubiera experimentado antes.

Podía sentirlo expandiéndose en su pecho, listo para ser liberado.

“Es un ataque poderoso,” explicó Doheart con calma, pero firmeza dentro de la mente de Rykaru.

“Debes canalizar tu energía a través de cada placa que cubre tus patas, el emblema en tu pecho y tu cuerno.

Este ataque eliminará cualquier ápice de oscuridad.

Solo imagina cómo fluye tu energía por esas partes de tu cuerpo y luego libérala.” “¡Date prisa, muchacho!

Tu enemigo ya está por lanzar su ataque,” instó Doheart con urgencia.

Rykaru asintió mentalmente, concentrándose en las instrucciones.

“Bien… cargar toda la energía en un solo ataque,” murmuró para sí mismo mientras intentaba visualizar el proceso.

“Ver la energía recorrer mi cuerpo, pasarla por las placas, el emblema y mi cuerno… Suena fácil, pero espero poder hacerlo,” pensó, luchando por enfocar su mente en medio de la tensión del combate.

En el suelo, el soldado que acompañaba al grupo de Ban observaba nervioso desde abajo.

“¿Pero?

¿qué está haciendo?

¿Por qué no se mueve de ese lugar?

Si sigue ahí, el ataque lo alcanzará, ¡y con él a nosotros también!” exclamó con voz temblorosa, mirando con horror el semejante poder que irradiaba Badogorfo mientras preparaba su golpe final.

Urugas, impaciente, apretó los puños.

“¡Vamos, mi dragón!

¡Acaba con ellos de una vez!

Usa tu ataque más letal,” ordenó con una risa cruel, disfrutando del caos que estaba a punto de desatarse.

Badogorfo obedeció al instante, concentrando todo su poder en un ataque devastador.

De sus fauces surgió un rayo colosal, como un castigo divino que parecía haber caído directamente del cielo.

Era de un color morado tétrico, oscuro y pulsante, cargado de una energía maligna que prometía destrucción absoluta.

Rykaru, con los ojos cerrados, seguía inmóvil frente al ataque.

En su mente, visualizaba una flama azul brillante danzando frente a él, representando su propia energía.

“Vamos, concéntrate… Concéntrate…” se repetía mentalmente.

Finalmente, sintió cómo la energía comenzaba a fluir por su cuerpo, recorriendo cada placa de su armadura, el emblema en su pecho y su cuerno.

“¡Lo tengo!” exclamó para sí, con determinación renovada.

“Espero que funcione,” añadió, sabiendo que no había otra oportunidad.

El ataque de Badogorfo ya estaba a punto de impactar sobre Rykaru cuando, de repente, una luz cegadora emergió de la nada.

La energía del rayo oscuro fue absorbida por completo, atrapada en un remolino de luz pura antes de cambiar de dirección.

El resplandor se intensificó, convirtiéndose en un torrente de energía que avanzó inexorablemente hacia Badogorfo.

El dragón oscuro rugió de sorpresa y terror mientras la luz lo engullía por completo, envolviéndolo en una explosión luminosa que alumbró el cielo entero.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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