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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 271

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  4. Capítulo 271 - 271 Urugas vs Amigos 1
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271: Urugas vs Amigos (1) 271: Urugas vs Amigos (1) “¿Y cómo lo vamos a atacar?

¿Por debajo de la tierra, acaso?” opinó Ron, mirando hacia el grupo con una mezcla de preocupación y curiosidad.

“No, no creo que funcione ese elemento sorpresa,” respondió Rocky, negando con la cabeza.

“Si nos siente a unos milímetros de distancia, nos enterraría vivos,” añadió con seriedad, recordando el poder abrumador de Urugas.

“Entonces, ¿cómo?” volvió a preguntar Ron, buscando una solución viable.

“Pues no queda más que ir de frente y encararlo,” dijo Rykaru con determinación mientras divisaba a lo lejos a Urugas sentado en su imponente trono de huesos.

Sus ojos brillaron con una mezcla de furia y resolución.

“Voy a ir y arrancarle esa sonrisa malévola de su cara.

Y voy a recuperar a mi papi,” añadió con voz firme, dejando claro que no había espacio para dudas.

El joven dragón blanco apretó los puños mientras pensaba en Paltio, quien ahora estaba a merced de ese ser oscuro.

Toco-Toco, siempre observador, maulló con preocupación: “El señorito Paltio está agotado luego de usar su cien por ciento, miau.

Ya pasaron más de los 20 minutos que podía contener ese poder, ese era el máximo que podía contenerlo cuando él estaba entrenado con el Desirnight.” “Y si con ese poder no pudo contra el villano, no sé qué más podamos hacer,” murmuró Ron, rascándose la cabeza con frustración.

Luego, mirando al cielo, añadió: “Me pregunto si los guardianes de Avocios estuvieran aquí… ellos podrían pararlo.” “En serio, ¿solo podía usar ese poder por tan poco tiempo?” preguntó adicionalmente, Ron, incrédulo.

“Desgraciadamente, sí,” respondió Toco-Toco con un suspiro.

“Ese es el límite que tenía para utilizarlo.

De lo contrario, habría entrado en un gran letargo, como esa vez, miau.” “Creo entender,” dijo Ron, asintiendo lentamente mientras procesaba la información.

Mientras tanto, Lucca no pudo evitar notar algo extraño en Rocky.

“Oye, ¿qué es eso que tienes pegado en tu espalda?” preguntó, señalando un objeto oscuro y amorfo que sobresalía de su figura.

Rocky se giró un poco y tocó el objeto con una garra.

“No lo sé.

Lo encontré incrustado en una especie de roca cuando estaba muy herido.

Usé un palo para llegar hasta ustedes, pero me gustó esta cosa y la coloqué en mi espalda como trofeo,” explicó con simpleza.

“Interesante…” murmuró Lucca, inclinando la cabeza mientras lo examinaba.

“Aunque esa cosa me parece familiar… aunque no sé de dónde,” añadió, frunciendo el ceño.

Ambos estaban absortos en su conversación cuando Alita interrumpió bruscamente.

Había notado que estaban distraídos mientras los demás planeaban una estrategia para enfrentarse a Urugas.

Mirando el artefacto con asombro, exclamó: “¡No puede ser!

¡Esa cosa es…!” Se acercó rápidamente para observarlo más de cerca.

Después de unos segundos, su expresión cambió a una mezcla de incredulidad y reconocimiento.

“Sí, sí es… Es el Cetro de Avocios,” anunció con voz temblorosa.

“¿Qué?” Ron se acercó también, inspeccionando el objeto con curiosidad.

“Pero… ¿qué le pasó?

Está como que muy apagado y casi fundido.

Lo que es más raro, no pasa electricidad como me pasó a mí esa vez,” dijo mientras intentaba tocarlo cuidadosamente con un dedo.

Lukeandria intervino entonces, analizando el cetro con detenimiento.

“Pues perdió su poder al ser corrompido por las sombras.

Me imagino que por eso ha perdido sus características originales.

Además, tal vez tenga que ver con la muerte de Avocios,” reflexionó en voz alta, su tono cargado de gravedad.

“¿Tan importante es esta cosa?

Parecía un pedazo de basura,” comentó Rocky despreocupadamente mientras levantaba el cetro deforme con una pata, inspeccionándolo sin mucho interés.

“Pues eso no importa ahora.

El cetro no nos va a ayudar en nada,” indicó Mok, tratando de desviar la atención hacia lo esencial.

“Sí, creo que tienes razón.

Sin sus poderes característicos, es solo un pedazo de basura, además de estar desecho y fundido a esa roca en forma de bastón,” añadió Rodelos, examinando el objeto con una mezcla de curiosidad y decepción.

“¡Guau!” exclamó el padre de Paltio, mirando el cetro con nostalgia.

“El cetro que dividí y esparcí por los reinos para, luego enviar a mi hijo para salvarlo de las sombras y darle una oportunidad… ¡Ahora es solo una chatarra!” Su voz temblaba mientras intentaba procesar lo que veía.

“¿Cómo es posible?” añadió, visiblemente afectado.

“Tranquilo, cariño, es solo una cosa, nada más,” dijo su esposa, colocando una mano sobre su hombro para calmarlo.

“¿Una cosa?

¡Esa era el arma de energía del reino!

¡Y ahora es más que un pedazo de pieza de arte medio rara!” replicó él, todavía desconsolado.

“Ya, ya, cariño, ya pasó.

Lo que importa es que salvaste a nuestro hijo, y gracias a ti pudo conocer a todas estas personas que lo acompañan,” dijo ella con dulzura, intentando consolarlo.

“Sí, tienes razón.

Lo primordial ahora es nuestro hijo,” respondió él, enderezándose con renovada determinación.

Luego, mirando a Rocky, preguntó: “Entonces, ¿te lo puedes quedar o lo queremos nosotros?” “No, no, quédatelo nomás,” respondió ella al topo monstruo con una sonrisa ligera.

“Es verdad, dijiste que los guardianes podrían ayudarnos.

¿Dónde están ellos?” preguntó Alita a Toco-Toco, recordando la mención previa de los protectores de Avocios.

“Bueno, lo último que sé es que estaban peleando con una gran horda de Tropogax, ¿te acuerdas?” dijo Toco-Toco, su voz suave pero cargada de preocupación mientras movía su cola de un lado a otro, como si aún estuviera procesando las imágenes en su mente.

“Usaron todo su poder…

absolutamente todo,” añadió con un suspiro melancólico.

“Están tendidos en el campo de batalla que tuvimos con las sombras, al otro lado de este lugar, miau.” Sus palabras se desplazaron en el aire, llenas de gravedad, mientras los demás absorbían la noticia en silencio.

La imagen de los guardianes derrotados, agotados hasta el límite, se dibujó vívidamente en la mente de todos.

Era un recordatorio cruel de la magnitud del enemigo al que se enfrentaban.

“Entiendo, entonces no serán de ayuda.

Debemos ir nosotros.

Ni modo,” dijo Alita con resignación, aunque su voz reflejaba determinación.

“Bien, sin más, preparemos una estrategia para enfrentar a nuestro rival más poderoso y sacar a Paltio de ese trance,” señaló Mok, dirigiendo su mirada hacia Luara.

“Quizá con tu ayuda puedas recuperar su poder.” La espada asintió levemente.

“Es posible, pero debo estar cerca del muchacho,” respondió con calma.

“Sí, si esa es la estrategia, espero que funcione,” dijo Ron, cruzando los brazos con preocupación.

Todos los presentes comenzaron a avanzar hacia Urugas, quien estaba sentado en su trono de huesos con la mano en la barbilla, como si estuviera absorto en sus pensamientos.

“¡Escucha, Urugas!

Hemos venido a pelear contigo y que nos devuelvas a nuestro amigo,” gritó Ron, intentando captar su atención.

Urugas ni siquiera lo miró.

Ignorándolo por completo, continuó en su postura indiferente.

Ron volvió a intentarlo, esta vez con la voz quebrada por los nervios.

“¡Oye, Urugas!

¡Hemos venido a pelear contigo y que nos devuelvas a nuestro amigo!” Se decía a sí mismo, frustrado: “¿Por qué tengo que ser yo el que le hable?” “¿Qué no piensas atacarme?” preguntó Ron, acercándose al señor de las sombras con cautela.

Urugas finalmente abrió los ojos, aunque su expresión seguía siendo de indiferencia absoluta.

“No me importas, ni tú ni tus amigos, si es que no me van a dar diversión.

Veo que sus poderes son ínfimos en comparación con los de su amigo aquí tendido.

Me esperanzaba por nada.

Tendré que destruir este planeta,” dijo con un bostezo, como si todo fuera un juego aburrido para él.

“¡Entonces devuélvenos a Paltio!” exigió Ron, levantando la voz con firmeza.

“No quiero.

Es una buena alfombra o reposapiés,” respondió Urugas con desdén, cerrando los ojos nuevamente como si el asunto no mereciera su atención.

“Bueno, lo intenté,” dijo Ron, volteando hacia Alita, quien respondió con un pulgar hacia arriba en señal de apoyo.

Pero su expresión cambió rápidamente al recordar las palabras de Urugas.

“Dijo que iba a destruir el planeta,” murmuró el chico, girando de nuevo hacia el malvado con una mezcla de miedo y frustración en su voz.

“No lo creo.

Te acabaré,” declaró Chiki, quien ya había adoptado su forma FELICA, preparándose para el combate.

Con determinación, se acercó a Urugas y lanzó una patada directa hacia su rostro.

Sin embargo, el malvado ni siquiera pestañeó.

Bostezó con desdén mientras decía: “Si eso es una patada, fue solo un pequeño aire que acarició mi rostro.” “¡¿Cómo te atreves a decir que ese golpe no es nada?!” gritó Chiki, furioso.

Comenzó a lanzar una ráfaga de golpes con tal rapidez que sus movimientos apenas eran visibles.

Urugas, sin inmutarse, respondió con aburrimiento: “Me aburres.

Eres como una mosca.

Avísame cuando sepas golpear.” En ese momento, extendió su mano y atrapó la pata de Chiki en el aire justo cuando este estaba por lanzar otro ataque.

Luego, con una fuerza devastadora, estrelló al can contra el suelo, creando un cráter profundo.

Chiki cayó a un costado de Urugas, jadeando y tratando de recuperar el aliento.

El malvado se levantó lentamente, mirando al grupo con desprecio.

“Bien, ¿quién es el siguiente?

Pero les advierto: si no me divierten, los acabaré como los insectos que son, de un solo manotazo.

Ahora, ahórrense las molestias y no me molesten.

Quiero descansar para luego continuar con mi plan,” declaró Urugas, volviendo a su trono de huesos como si nada hubiera pasado.

“Maestro,” murmuró Ron al ver a Chiki tendido en el suelo.

La ira comenzó a arder dentro de él al ver a su maestro derrotado tan fácilmente.

Armándose de valor, corrió hacia Urugas y le lanzó un fuerte puñetazo directo al rostro.

El impacto resonó con un estruendo ensordecedor, partiéndose las piedras cercanas bajo la fuerza del golpe.

Sin embargo, la cara de Urugas permaneció intacta.

“Tonto mocoso,” dijo Urugas con desprecio, agarrando el brazo de Ron que aún seguía conectado a su rostro.

Con un movimiento brusco, lanzó al chico al suelo junto a Chiki, dejándolo igualmente maltrecho.

Alita y Nakia, viendo la situación, decidieron intervenir lanzando ataques mágicos directamente hacia el rostro de Urugas.

Su objetivo era evitar dañar a Paltio, quien yacía inconsciente en el suelo.

Los rayos de energía iluminaron el campo de batalla, formando una nube de polvo espesa alrededor del villano.

Cuando la nube se disipó, Urugas seguía entero.

“Ya se los dije: si no tienen nada fuerte contra mí, lo único que recibirán es un gran sufrimiento de mi parte.

Pero no creo que duren lo suficiente como para alegrarme,” declaró con una sonrisa arrogante.

En ese momento, un enorme puño cargado de energía impactó contra su rostro, lanzándolo varios metros hacia atrás.

“¡Devuélveme a mi papi!” rugió Rykaru, sus ojos brillando con una mezcla de furia y determinación.

Urugas se levantó lentamente, limpiándose un hilillo de sangre de la mejilla.

Por primera vez, una chispa de interés apareció en su mirada.

“Vaya, al fin alguien que puede darme un poco de diversión,” dijo, sonriendo con malicia.

“Espero que me diviertas, muchacho.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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