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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 272

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  4. Capítulo 272 - 272 Urugas vs Amigos 2
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272: Urugas vs Amigos (2) 272: Urugas vs Amigos (2) “Me aburren ustedes dos,” dijo Urugas con desdén mientras lanzaba a Chiki y Ron al suelo con solo dos dedos, como si fueran juguetes insignificantes.

Luego, mirando a su alrededor con una sonrisa arrogante, preguntó: “¿Dónde está ese dragón amigo suyo?” Su voz destilaba impaciencia al no ver a Rykaru entre ellos.

De pronto, Alita y Nakia decidieron actuar.

Con precisión cuidadosa, lanzaron ataques mágicos directamente hacia el rostro de Urugas, controlando su potencia para no dañar a Paltio, quien seguía tendido en el suelo.

Una enorme nube de polvo se formó alrededor del villano, ocultándolo momentáneamente.

Sin embargo, cuando el polvo comenzó a disiparse, quedó claro que ninguno de sus esfuerzos había causado el menor rasguño en él.

“Si van a seguir así, entonces mejor no me estén aburriendo,” declaró Urugas con los ojos cerrados, sentado tranquilamente en su trono de huesos.

“Puedo crear a otro monstruo para que se encargue de ustedes,” añadió con indiferencia, bostezando como si todo fuera un juego insípido.

En ese preciso instante, un golpe colosal cayó del cielo, impactando directamente en el rostro de Urugas y lanzándolo fuera de su asiento.

El villano rodó varios metros antes de detenerse, aunque rápidamente recuperó la compostura.

“Ahora eso sí es un golpe para ti,” dijo Rykaru, apareciendo imponente en el campo de batalla.

Había cargado toda su fuerza en su pata mientras Alita y Nakia lo distraían, siguiendo el plan para liberar a Paltio de las garras de Urugas.

“Nada mal,” admitió Urugas, limpiándose un hilillo de sangre de la comisura de los labios.

“Ese golpe fue bueno.

Espero que puedas hacerlo mejor y me entretengas un rato,” dijo con una sonrisa torcida, disfrutando claramente del desafío.

“Muy pronto vamos por Paltio,” anunció Toco-Toco, apresurándose a recoger al joven inconsciente del suelo.

“¡Ni se te ocurra!

¡Es mi alfombra!” gritó Urugas, moviéndose a una velocidad inhumana hacia ellos.

Pero antes de que pudiera alcanzarlos, Rykaru activó su aliento de dragón, lanzando una poderosa ráfaga de energía para retenerlo mientras el felino intentaba sacar a Paltio del lugar.

“Maravilloso, nunca pensé recibir un ataque de dragón,” comentó Urugas con disimulo mientras recibía el aliento de dragón directamente en su cuerpo.

Sin embargo, para horror de todos, el ataque no parecía afectarlo en absoluto.

Lo recibía como si fuera una simple brisa, como agua cayendo sobre su piel sin causarle daño alguno.

“Pero no te servirá de nada contra mí,” declaró con calma, atravesando el aliento de dragón como si fuera niebla.

En un abrir y cerrar de ojos, llegó hasta Toco-Toco y lo pateó brutalmente antes de que pudiera tocar a Paltio, enviándolo volando por los aires.

“¡Maldición!

¡Mi ataque no funcionó!” exclamó Rykaru, frustrado, justo antes de recibir un puñetazo devastador de parte de Urugas.

El impacto lo lanzó hacia una roca cercana, dejándolo maltrecho y jadeando por aire.

“Es mi trofeo, y nadie se lo llevará,” declaró Urugas con frialdad, asegurándose de que todos entendieran su mensaje.

“¡Maldición!

Pensé que funcionaría el plan,” murmuró Lukeandria, observando cómo Urugas recuperaba el control de la situación.

“Bueno, ni modo.

Tendré que poner en marcha el segundo plan.” Ella corrió junto con Lume, y ambos crearon varios clones al unísono.

Los clones de Lume se lanzaron hacia el cuerpo de Urugas, cubriéndolo por completo, mientras que los clones de ella sujetaban sus pies y piernas con firmeza.

“Roedores en mi cuerpo y una traidora que me atrapa… Interesante, pero no servirá,” dijo Urugas con desdén.

De repente, irradió una energía oscura y devastadora que aniquiló a todos los clones de inmediato.

Sin darles tiempo de reaccionar, avanzó hacia los verdaderos Lume y Lukeandria.

Con un rápido movimiento, lanzó un rodillazo al estómago de Lukeandria y, al mismo tiempo, golpeó a Lume con el pulgar y el índice.

Ambos salieron despedidos con tal fuerza que parecían proyectiles humanos, cayendo a varios metros de distancia.

“Es muy fuerte, miau,” murmuró Toco-Toco, recuperando el sentido tras el impacto del ataque anterior.

“¡Mi turno!” exclamó Lucca, desenvainando sus dos espadas y lanzando su característico ataque de media luna.

El golpe impactó directamente en el cuerpo de Urugas, aunque sin causarle daño visible.

“¡Rápido, vayan por Paltio!” ordenó Lucca mientras combinaba su técnica con ataques mágicos elementales.

Diversos rayos de fuego, hielo y electricidad caían sobre Urugas, iluminando el campo de batalla con destellos vibrantes.

Sin embargo, el villano permanecía imperturbable.

“Ya les dije que no son rivales para mí,” declaró Urugas con frialdad, avanzando hacia Lucca.

Con un movimiento veloz, le propinó una patada devastadora en el pecho que lo lanzó hacia atrás como un proyectil.

Rocky intentó interceptar el impacto para protegerlo, pero ambos terminaron tendidos en el suelo, incapaces de levantarse.

“¿Cómo era eso posible?” murmuró Geki, observando con incredulidad cómo Urugas seguía dominando el campo de batalla sin esfuerzo aparente.

“Es un verdadero monstruo,” indicó la madre de Paltio, su voz temblorosa pero cargada de determinación.

“¡A por él!” gritaron Ban y Ludra al unísono, saltando hacia Urugas con todas sus fuerzas.

Sin embargo, sus ataques fueron en vano; ni siquiera lograron hacerle un rasguño.

Urugas estaba a punto de lanzar un ataque contra ellos, pero Gikel se interpuso rápidamente para protegerlos.

Con solo el contacto de los dedos de Urugas en los brazos de Gikel, este cayó de rodillas al suelo, soltando un grito de dolor agónico.

Parecía que sus brazos hubieran sido destrozados por una fuerza invisible.

“Eres un adulador,” dijo Urugas con desprecio, su voz cargada de burla mientras observaba a Gikel arrodillado frente a él.

“Al verme en esta posición, venerarme a estas alturas no te servirá.” Una sonrisa torcida se dibujó en su rostro mientras levantaba lentamente el pie, preparándose para aplastar a Gikel con el talón como si fuera un insecto insignificante.

El suelo bajo el pie de Urugas parecía temblar ante la anticipación del impacto, y los ojos de Gikel reflejaban una mezcla de dolor y determinación, aunque su cuerpo maltrecho apenas podía moverse.

El aire se llenó de una tensión palpable, como si el mundo mismo contuviera el aliento esperando el golpe final.

“¡No!” gritaron Ban y Ludra al unísono, jalando a Gikel con todas sus fuerzas justo antes del impacto.

Aunque lograron salvarlo, el golpe de Urugas contra el suelo generó una onda expansiva que lanzó a los tres cuerpos por los aires como hojas arrastradas por el viento.

“¡Devuélveme a mi hijo!” gritó la madre de Paltio, lanzando flechas luminosas hacia el maligno Urugas.

Las flechas impactaron contra su cuerpo, pero ninguna logró penetrar su piel impenetrable.

El padre de Paltio apareció entonces frente a Urugas, blandiendo su espada con valentía.

Pero al intentar atacarlo, la hoja de la espada se partió en dos con un chasquido metálico.

“Patético,” murmuró Urugas con desdén, preparándose para lanzar una patada contra el rey.

Rodelos se lanzó al frente con su escudo en mano, decidido a interceptar el ataque dirigido hacia el rey.

Un estruendo ensordecedor resonó cuando el pie de Urugas chocó contra el escudo.

El metal resistió por un momento, pero finalmente se partió en dos.

Rodelos retiró rápidamente sus manos del escudo destrozado y, sin dudarlo, jaló a su hijo, lanzándolo lejos del alcance del villano.

“Yo me encargaré de él,” dijo Rodelos con firmeza, preparándose para enfrentarse uno a uno contra Urugas.

El abuelo de Paltio lanzó varios golpes certeros hacia Urugas, pero ninguno logró causarle daño.

Galatea y Nomak se unieron rápidamente para apoyarlo, combinando sus ataques con precisión: patadas y puñetazos impactaron simultáneamente contra el cuerpo del malvado.

Sin embargo, el resultado fue el mismo: Urugas ni siquiera parecía sentirlos.

Con un gesto despectivo, Urugas irradió una poderosa aura desde su cuerpo, generando una onda expansiva que lanzó a los tres combatientes por los aires como hojas arrastradas por una tormenta.

“¡Ahora!” gritó Rodelos mientras salía despedido, pues había logrado alejar momentáneamente a Urugas de Paltio.

En ese instante, un enorme círculo mágico apareció en el cielo.

“¡Toma esto!” exclamó Alita, lanzando un rayo eléctrico devastador directamente hacia Urugas.

El impacto iluminó el campo de batalla, creando una densa nube de polvo que cubrió al villano por completo.

Pero cuando la nube se disipó, Urugas estaba intacto nuevamente.

Con calma, levantó una mano y contuvo el rayo en su palma, girándolo hacia Alita y Nakia.

Las dos jóvenes apenas lograron esquivar el contraataque, escapando por poco del devastador impacto.

“¡Maldición!

¡Ese monstruo es tan poderoso!” murmuró Lukeandria, montada sobre Lume, quien se había transformado para evitar ser aplastado durante el último ataque.

Ambos habían sido lanzados por la fuerza de Urugas, pero aún se mantenían en pie, aunque visiblemente agotados.

“¡Grr…!” gruñó Mok, saltando hacia Urugas con su espada en mano.

Este bloqueó el ataque con su antebrazo desnudo, deteniendo el filo sin esfuerzo.

“Interesante…

Esta espada tuya es resistente, no como las de tus compañeros.

Pero, aun así, no te servirá contra mí,” dijo Urugas con una sonrisa arrogante.

De su dedo índice emergió una pequeña esfera brillante que impactó directamente contra la espada de Mok, lanzándolo varios metros hacia atrás.

La explosión posterior arrojó al mayordomo contra un árbol, dejándolo maltrecho y jadeando de dolor.

Geki, decidido a no rendirse, comenzó a lanzar una variedad de armas creadas por su magia hacia Urugas.

Cuchillos, hachas y lanzas volaban en todas direcciones, pero el villano seguía imperturbable.

Frustrado, Geki decidió transformarse en su forma de tortuga gigante y acorazada, lanzándose contra Urugas con toda su fuerza.

Urugas sonrió con diversión y, con una sola mano, levantó a la enorme tortuga en el aire como si fuera un juguete.

Sin esfuerzo, la lanzó varios metros de distancia.

Geki cayó con un estruendo, su cuerpo golpeando el suelo con tanta fuerza que dejó una marca profunda.

Ron y Chiki aprovecharon el breve momento de distracción para intentar llevarse a Paltio.

Sin embargo, Urugas los detectó de inmediato.

Con un movimiento rápido, lanzó un golpe devastador en el estómago de ambos, haciéndolos escupir sangre y caer de rodillas.

La madre de Paltio corrió desesperada hacia su hijo, pero Urugas apareció a su lado en un abrir y cerrar de ojos, listo para atacarla.

Antes de que pudiera hacerlo, su esposo se interpuso, recibiendo el golpe destinado a ella.

Todos estaban heridos, exhaustos y dispersos en el campo de batalla.

El silencio se apoderó del lugar por un momento, solo roto por el sonido de respiraciones entrecortadas y cuerpos cayendo al suelo.

“¿Qué pasa?

Si quieren, pueden venir todos juntos,” declaró Urugas con una sonrisa burlona que destilaba arrogancia mientras recorría con la mirada a los héroes heridos y exhaustos frente a él.

“Pero les advierto: el resultado será el mismo.” Su voz resonó con una calma escalofriante, como si ya hubiera decidido el destino de todos ellos.

Gozaba claramente de su superioridad abrumadora, saboreando cada segundo de la desesperación que se dibujaba en los rostros de sus oponentes.

Los ojos de Urugas resplandecieron con malicia mientras cruzaba los brazos, irradiando una confianza inquebrantable que parecía burlarse de cualquier esperanza de victoria.

El silencio que siguió a sus palabras fue asfixiante, roto solo por el débil sonido de respiraciones entrecortadas y el crujido de la tierra bajo los pies de los combatientes.

Era evidente que no solo estaba jugando con ellos físicamente, sino también mentalmente, alimentando su miedo y desesperación.

Este jefe final era imparable.

Nadie podía con él.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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