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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 273

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  4. Capítulo 273 - 273 Urugas vs Amigos 3
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273: Urugas vs Amigos (3) 273: Urugas vs Amigos (3) “¿Quién va a venir?

¿Por qué no vienen todos juntos a atacarme?

Vamos, les doy ese chance,” dijo Urugas con una sonrisa burlona, disfrutando claramente del sufrimiento de sus oponentes.

“¡No te burles de nosotros!” rugió Rykaru, lanzando un potente rayo desde su cuerno hacia Urugas.

Pero el villano lo detuvo sin esfuerzo, atrapándolo con la palma de su mano como si fuera una simple luz de linterna.

“Me decepcionas, pequeño dragón,” dijo Urugas con desdén, antes de lanzar un rayo oscuro desde su boca que no solo anuló el ataque de Rykaru, sino que también impactó directamente en el cuerpo del joven dragón, haciéndolo caer al suelo herido.

“Vamos, les estoy dando esa oportunidad de que todos se enfrenten a mí, y parece ser que la están desperdiciando,” indicó Urugas, cruzando los brazos mientras observaba con arrogancia cómo los héroes luchaban por recuperarse.

Rocky avanzó junto con Lucca hacia donde estaba Urugas, decididos a intentarlo de nuevo.

Pero antes de que pudieran acercarse, el villano los derribó con un movimiento casual, enviándolos al suelo cubiertos de polvo.

“¡Vamos, Lume!” exclamó Lukeandria mientras montaba al zorro transformado.

Ambos se posicionaron frente a Urugas, listos para atacar.

“No nos subestimes,” dijeron al unísono, decididos a demostrar su valía.

Lukeandria saltó y creó varias copias de sí misma, rodeando a Urugas desde diferentes ángulos, mientras Lume generaba tres copias suyas que lanzaron fuego real hacia el villano.

Los ataques combinados iluminaron el campo de batalla, pero para horror de todos, no lograron ni siquiera hacerlo pestañear.

Urugas volvió a bostezar con aburrimiento y, barriendo el lugar con la mirada, encontró rápidamente a los verdaderos Lukeandria y Lume.

Con un movimiento rápido, los agarró del cuello y los estampó contra el suelo con una fuerza devastadora.

Lukeandria y Lume sintieron cómo un gran dolor recorría sus espaldas, dejándolos inmovilizados momentáneamente.

Rykaru, aún herido, intentó nuevamente con su ataque de rayo del cuerno.

Aunque logró hacer pequeños cortes en la piel de Urugas, estas heridas se regeneraron casi instantáneamente, como si el villano fuera invulnerable.

Poco a poco, todos comenzaron a caer ante Urugas.

Ni siquiera la nueva forma de dragón de Rykaru parecía suficiente para enfrentarlo.

“Es inútil.

Todos son unos perdedores.

No podrán contra mí, incluso si se unen.

Pero ese tren ya salió,” dijo Urugas con sorna, haciendo alusión a que ese momento de resistencia ya había pasado.

Urugas, visiblemente hastiado, declaró: “Ya me aburren.” Entonces, levantando ambas manos al cielo, comenzó a lanzar centenares de rayos oscuros que se formaron en lo alto, iluminando el cielo como una tormenta mortal.

Estos rayos descendieron rápidamente, impactando en la tierra con explosiones devastadoras.

“¡Cuidado!” gritó Alita, levantándose con dificultad tras recibir un golpe directo de Urugas momentos antes.

Con voz firme, llamó a todos los que aún podían moverse: “¡Vengan aquí, rápido!” Uno a uno, los supervivientes se acercaron a ella, y Alita creó un domo protector que los resguardó de la lluvia de rayos oscuros.

Dentro del refugio, los rostros de los héroes reflejaban agotamiento y frustración, sabiendo que estaban al límite de sus fuerzas.

Fuera del domo, Urugas reía malignamente, disfrutando de cada explosión y cada grito ahogado que provenía del campo de batalla.

“¡Bueno, si no me divierten por las buenas, lo harán por las malas!” exclamó entre carcajadas, lanzando más y más rayos con una crueldad implacable.

“¡Basta ya!” rugió Mok, levantando su espada con todas sus fuerzas.

Con un grito desgarrador, lanzó su ataque más poderoso al aire.

El rayo resultante surcó el cielo como un cometa, impactando directamente en Urugas y causando una explosión masiva que levantó todo a su paso.

Entre los escombros y la destrucción, el cuerpo inerte de Paltio comenzó a moverse por la inercia del impacto, desplazándose lentamente hacia un lado.

“¡Ah!

Aún te quedaba una carta bajo la manga,” dijo Urugas a Mok con una sonrisa burlona antes de desvanecerse en el lugar.

En un instante, reapareció al costado de Mok y, con una patada devastadora, lo lanzó al suelo como si fuera un meteorito.

Urugas pisó con fuerza sobre el cuerpo de Mok, aplastándolo contra la tierra con tal intensidad que creó una grieta profunda, levantando polvo y escombros a su alrededor.

“¡No!

¡Mok!” gritó Geki, intentando ponerse de pie para ayudarlo, aunque su propio cuerpo estaba maltrecho por los ataques previos.

Rocky y Lucca volvieron al ataque, corriendo hacia Urugas para rescatar a Mok.

Sin embargo, el villano, anticipándose a sus movimientos, lanzó el cuerpo de Mok pateándolo directamente hacia ellos.

Antes de que pudieran reaccionar, Urugas creó una esfera brillante desde su dedo índice y la lanzó hacia el grupo.

La explosión resultante envió a los tres cuerpos volando como si hubieran sido alcanzados por una granada, dejándolos tendidos en el suelo.

Urugas continuó lanzando rayos oscuros hacia Alita y los demás, quienes seguían protegidos dentro del domo mágico.

Alita y Nakia intentaban recuperar a Gikel, pero no podían hacer mucho más allá de mantener la barrera activa mientras los rayos impactaban sin cesar.

Rykaru, furioso y decidido, regresó al combate.

Con sus enormes patas, decidió enfrentarse a puño limpio contra Urugas.

“Te tenía en muy alta estima, dragoncito, pero creo que me equivoqué,” dijo Urugas con desdén antes de agarrar a Rykaru por la cola y, con una fuerza sobrehumana, estrellarlo contra el muro mágico de Alita.

El impacto resonó como un trueno, haciendo temblar todo el campo de batalla.

Todos estaban sufriendo bajo el poderío de Urugas.

Ni las mujeres, ni los hombres, ni los niños ni los animales se salvaban.

Heridos y exhaustos, apenas podían mantenerse en pie.

Con las últimas fuerzas que les quedaban, extendían sus manos o patas hacia Paltio, tratando desesperadamente de alcanzarlo.

“Ya los vencí a todos tan rápido, bola de debiluchos.

No me divierten.

Es hora de acabar con este lugar; este mundo perdió mi interés,” declaró Urugas con frialdad mientras comenzaba a formar una energía oscura en su palma.

Levantó la mano lentamente, y esa energía empezó a expandirse, creciendo en intensidad con cada segundo.

Ninguno de los presentes podía hacer nada para detenerlo.

Al iniciar su ataque, grandes vientos comenzaron a azotar el campo de batalla, arrancando objetos y levantando tierra.

De repente, el cetro deforme que había estado adherido a la espalda de Rocky se desprendió debido a la fuerza del viento.

Rodó por el suelo hasta detenerse junto al cuerpo inerte de Paltio.

En el momento en que el cetro tocó a Paltio, una pequeña chispa se iluminó brevemente, casi imperceptible para el ojo de los presentes, antes de desaparecer al entrar en contacto con el cuerpo del joven.

Dentro de su mente, Paltio estaba atrapado en sus pensamientos, incapaz de moverse.

Aunque sentía el dolor de cuando Urugas lo había aplastado y golpeado, su cuerpo permanecía inmóvil, como si usar el cien por ciento de su poder hubiera debilitado drásticamente sus funciones vitales.

“¿Qué está pasando conmigo?

¿Por qué no puedo pararme?

¡Debo ganarle a Urugas!” pensó Paltio, luchando contra su propia impotencia.

En ese momento, la chispa que había surgido brevemente del cetro comenzó a viajar hacia el subconsciente del muchacho hasta encontrarlo.

“¡Ey!

¿Ya te disté por vencido o qué?” dijo una voz clara y firme dentro de su mente.

Paltio volteó sorprendido y preguntó: “¿Eres tú, Avocios?” “Así es, soy yo,” respondió la chispa mientras empezaba a manifestarse y tomar forma humana frente a él.

“¿Pero?

¿cómo es posible?” preguntó Paltio, incrédulo ante la aparición.

“¡Ah!

Mucho mejor,” dijo Avocios estirándose, como si acabara de despertar de un largo sueño.

“Bueno, creo que esto es un pequeño residuo de mi poder que se materializó y me dio una última oportunidad de verte,” explicó con calma mientras observaba al joven.

“Pero es imposible ganarle a ese demonio…

Me rindo,” dijo Paltio con la voz quebrada por la frustración y la impotencia.

“¿Eso crees?

Pues eso diles a tus amigos,” respondió Avocios con seriedad.

De repente, varios espejos comenzaron a aparecer alrededor de Paltio, reflejando escenas de la batalla que sus amigos libraban contra Urugas.

“¿Mis amigos?

¿Mis amigos están luchando contra Urugas?

¿Cómo?

¿Por qué?” preguntó Paltio, confundido y conmovido al ver las imágenes.

“Tus amigos, a pesar de no contar con el poder que necesitan, están haciendo lo imposible por pelear contra este mal y, sobre todo, por salvarte,” dijo Avocios con firmeza.

“Debes despertar y apoyarlos.” “Ya di mi última pelea contra ese sujeto.

Con un sesenta por ciento de mi poder, me acabó.

Y eso que yo estaba al cien por ciento, ¡y no pude contra él por culpa de mi maldito límite de tiempo!” se lamentó Paltio, lleno de rabia y vergüenza.

“Doy pena ajena.

Volver allá para pelear va a ser más de lo mismo.

Yo he fallado,” concluyó, bajando la mirada, derrotado.

“Bien, al menos no eres alguien arrogante, mi querido hijo,” respondió Avocios con una sonrisa comprensiva.

“Pero debes pararte y enfrentar esto.

Mira a tus amigos.

Están haciendo todo lo imposible por salvarte y luchar contra Urugas, y tú… ¿piensas rendirte?

Recuerda que para ellos eres alguien importante en sus vidas, y no pueden darse el lujo de dejarse vencer.” “¿Pero?

¿qué no ves que les fallé?

¿Cómo voy a ayudarlos si no puedo contra ese enemigo?

Debiste haber quedado tú y pelear con Urugas,” replicó Paltio, con lágrimas corriendo por sus mejillas.

“Lamento haberte dejado todo el problema en tus manos, muchacho,” dijo Avocios con un tono más suave.

“Yo hice el sacrificio de mi vida porque confiaba en ti.

Sabía que, sin dudarlo, acudirías a la ayuda de los demás.

Tú eres mi legado, Paltio.

Eres fuerte, aunque ahora no lo sientas.” Las imágenes en los espejos continuaron mostrando la desesperada lucha de los amigos de Paltio contra Urugas.

A pesar de estar siendo masacrados, seguían intentándolo, sin rendirse.

“Debes pararte por ellos,” dijo Avocios con firmeza.

“Todos están luchando por ti.” En las imágenes reflejadas en los espejos, las voces de sus amigos resonaban con determinación: “¡No nos rendiremos!

Todo esto lo hacemos por Paltio porque confiamos en él.” “Si, yo confío en mi papi, y nunca me ha defraudado,” se escuchó la voz de Rykaru, cargada de inocencia y fe.

“Así es, él nunca nos ha hecho a un lado.

Siempre estaba presto a ayudar,” añadieron sus amigos y conocidos, recordando los momentos en que Paltio había sido su apoyo incondicional.

“Nuestro hijo es el mejor.

Lamentamos no haber estado más tiempo para él,” dijeron sus padres con voz entrecortada, llenos de arrepentimiento y amor.

“El señorito ha sufrido muchas cosas en tan poco tiempo, pero siempre salió adelante.

Sé que puede lograrlo,” afirmó una voz familiar, la voz de Mok, mientras imágenes de soldados comenzaron a aparecer también.

En ellas, los guerreros gritaban con valentía: “¡Vamos por Paltio!” Todos confiaban plenamente en su nombre y en su fuerza.

“Vamos, chico.

Todos ellos te apoyan.

Además, tienes mi poder dentro de tu cuerpo.

Úsalo,” dijo Avocios con urgencia.

“Es por eso que he venido: para darte mi última bendición antes de volver al plano de la muerte.” “¿Y cómo lo utilizo?” preguntó Paltio, confundido pero ansioso por entender.

“Eso lo vas a saber.

Ya no me queda mucho tiempo.

Debes tener fe en ti y en los que te esperan,” respondió Avocios, su figura empezando a desvanecerse lentamente.

En ese momento, las imágenes mostraron a sus amigos y familiares sucumbiendo ante Urugas.

Aunque malheridos, seguían levantándose una y otra vez, pronunciando con voz débil pero firme: “Creemos en Paltio.

Porque él es nuestra última esperanza.” “¿Eh?” murmuró Paltio, sorprendido y conmovido al ver cómo todos estaban dispuestos a darlo todo por él, incluso en medio de su derrota.

Todas las imágenes comenzaron a fragmentarse, convirtiéndose en pequeños pedazos de luz que giraban alrededor de Paltio, formando un remolino brillante que lo envolvía por completo.

“¡Ya es hora, muchacho!

Ve y termina lo que empecé.

Lo dejo en tus manos.

Perdóname una vez más por ser egoísta contigo… Lo siento,” dijo Avocios, su voz cada vez más distante.

Una luz cegadora emergió del remolino que rodeaba a Paltio.

“¿Qué es esto?” preguntó, asustado y maravillado a la vez mientras sentía cómo la energía lo abrazaba como un torrente imparable.

“Recibe mi última voluntad, muchacho,” dijo Avocios, su figura casi desvanecida en la luz.

“¿Qué pasa?” exclamó Paltio, sintiendo cómo su cuerpo comenzaba a vibrar con una fuerza desconocida.

“Te convertirás en algo mucho más poderoso de lo que yo fui,” explicó Avocios con calma, su voz resonando como un eco eterno.

“No por tu poder o posición, sino por lo que eres.

Por el cariño y la confianza que has ganado de quienes te rodean.” El remolino de luz seguía envolviendo a Paltio, llenándolo de una energía pura y abrumadora.

“Ve, muchacho.

Confía en los demás y libera a tu mundo de la oscuridad inmortal…” Avocios hizo una pausa, mirando directamente a Paltio con una mezcla de orgullo y tristeza.

“Porque tú… Porque tú, Paltio, eres la última esperanza de Avocadalia,” concluyó Avocios antes de desaparecer completamente, dejando solo la luz y la voz de su mensaje final resonando en la mente de Paltio.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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