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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 274

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274: La Ultima Esperanza de Avocadalia (1) 274: La Ultima Esperanza de Avocadalia (1) Los amigos de Paltio habían sido vencidos por Urugas.

Aunque intentaban levantarse con todas sus fuerzas, sus cuerpos maltrechos apenas respondían.

Con respiraciones entrecortadas y heridas sangrantes, seguían arrastrándose hacia donde estaba Paltio, decididos a alejarlo del lugar antes de que fuera demasiado tarde.

Sin embargo, todos sus esfuerzos fueron en vano.

La situación no pintaba bien para nadie.

Urugas comenzó a generar una inmensa energía en la palma de su mano, una luz oscura que crecía rápidamente, amenazando con consumir todo a su paso.

“Ustedes no son bienvenidos en mi mundo de sombras,” declaró Urugas con desprecio mientras continuaba cargando su ataque devastador.

“¡Ay, no!

¡Va a acabar con el mundo, miau!” exclamó Toco-Toco, tratando de ponerse de pie tras la brutal golpiza recibida.

El felino, al igual que los demás, había resultado gravemente herido al intentar proteger a sus compañeros.

Mok también luchaba por levantarse, apoyándose en su espada, mientras Ron y Chiki se ayudaban mutuamente, exhaustos después de recibir oleada tras oleada de golpes brutales del señor de las sombras.

“Hay miles de planetas que puedo infectar con mi oscuridad.

Perder este planeta no significará nada malo para mí,” indicó Urugas con indiferencia, mientras la energía en su mano seguía expandiéndose.

Una enorme esfera, del tamaño de un globo aerostático, comenzó a formarse en su palma.

Era un espectáculo aterrador, una masa de energía oscura que parecía devorar la luz a su alrededor.

“En cualquier momento va a lanzar eso,” murmuró Alita, aferrándose a su báculo para ponerse de pie después de haber usado casi toda su magia para proteger a los demás de la lluvia de rayos.

Todo parecía perdido para los héroes.

No había escapatoria.

Si Urugas destruía el planeta, ya no habría posibilidades de supervivencia para nadie.

Mientras tanto, en su mente, Paltio vivía sus últimos momentos con Avocios.

La esencia del creador le dio su bendición final, no sin antes recordarle: “Tú eres la última esperanza de Avocadalia.

Y recuerda, Avocadalia no es solo tu reino; sino, es este mundo entero que yo en un primer principio lo había bautizado como tal.” Al desvanecerse, la esencia de Avocios liberó un gran poder que envolvió a Paltio en un remolino de luz cegadora.

Una voz resonó en su interior: “Ya no eres un simple mortal.

Ahora llevas el poder de un creador corriendo por tus venas.

Supera tus límites, alcanza un nivel que nunca imaginaste posible.” Urugas, ajeno a lo que ocurría dentro de Paltio, estaba listo para lanzar su ataque definitivo.

Ya en el cielo, con la enorme esfera de energía suspendida sobre su palma, declaró con frialdad: “Veo que despertaste, pero eso no importa más.” Sin esperar respuesta, lanzó la esfera hacia tierra.

La masa de energía descendió a una velocidad vertiginosa, amenazando con colisionar y destruir todo a su paso.

Pero justo antes de que el impacto ocurriera, una mano brillante emergió de la luz.

Con firmeza, esa mano detuvo la esfera a centímetros de chocar contra el planeta.

Luego, otra mano apareció, agarró la energía y, con un movimiento poderoso, la lanzó hacia el espacio.

Cuando la esfera llegó al espacio exterior, explotó en una detonación masiva que iluminó el cielo nocturno y generó una onda expansiva que sacudió el planeta entero.

“Vaya, lograste desviar mi ataque.

Nada mal, ¿eh?

Paltio,” dijo Urugas al ver al joven nuevamente de pie.

Sin embargo, esta vez había algo diferente en él.

Irradiaba una energía poderosa que parecía iluminar todo a su alrededor.

Su apariencia también había cambiado por completo.

Paltio ahora vestía una armadura cristalina blanca, adornada con bordados dorados en las coderas de forma romboidal, muñequeras, pierneras y en la placa que llevaba en la cintura, de diseño heráldico.

La pechera era imponente: trapezoidal en la parte superior, con curvas amplias en los laterales y una sección central en forma de escudo heráldico.

Debajo de la armadura, llevaba un traje verde esmeralda que resplandecía como si estuviera hecho de luz líquida.

Su cabellera suelta brillaba con destellos dorados, y sus ojos eran luces verdes que irradiaban una energía sobrenatural.

En la parte trasera, una pequeña tela en forma de “V” llegaba hasta antes de la cintura, decorada con bordados dorados, y debajo de ella ondeaba una capa blanca y larga, también con detalles dorados que caían un poco más abajo de las rodillas.

Y su semilla dorada relucía con gran intensidad en su vientre.

“Veo que has cambiado de traje, pero eso no te servirá, muchacho,” dijo Urugas con desdén, observando al nuevo Paltio, quien aún admiraba sus manos como si tratara de comprender el poder que ahora fluía por ellas.

Urugas voló hacia donde estaba Paltio, extendiendo un brazo hacia adelante, listo para lanzarle un puñetazo devastador en el rostro.

Pero Paltio detuvo el ataque con una sola mano.

Con la otra, respondió con un puñetazo que envió a Urugas volando hacia una enorme roca cercana.

El impacto fue tan poderoso que lo traspasó, dejando un cráter profundo en el lugar.

“¡Guau!

¿Ese fui yo?” se preguntó Paltio, sorprendido por la magnitud del poder que acababa de demostrar.

“Paltio,” dijeron todos al unísono, levantando la mirada hacia su compañero de aventuras, ahora transformado en una figura casi divina.

“Señorito,” murmuró Mok, incrédulo.

“¿En verdad es usted?” añadió, sin poder apartar la vista de la majestuosa presencia de Paltio.

“¿Hijo, eres tú?” preguntaron sus padres, con lágrimas en los ojos.

“¡Papi, en verdad eres tú!” exclamó Rykaru, emocionado al verlo.

“Hola, chicos.

Pues creo que sí,” dijo Paltio, aun admirando su traje y la energía que lo recorría.

Luego, miró al dragón blanco y preguntó: “Rykaru, ¿qué te pasó?

Cambiaste.” “Sí, papi.

Ahora Rykaru es más fuerte, pero no pudo ganarle al sujeto malo.

Lo siento,” respondió el pequeño dragón con voz triste.

“No hay problema,” dijo Paltio con una sonrisa tranquilizadora.

Luego, dirigió su mirada hacia Toco-Toco.

“Toco-Toco, ¿qué te pasó?

También cambiaste.” “Bueno, lo mismo digo, miau,” respondió el felino, sin quitarle la vista de encima al muchacho.

“Se ve apuesto, ¿no lo crees, Lukeandria?” comentó Lume mientras observaba a Paltio con admiración.

“¿Eh?

Sí, un poco…

pero que no se haga ilusiones,” respondió Lukeandria, cruzándose de brazos, aunque un ligero rubor apareció en sus mejillas.

“¿Todos están bien?” preguntó Paltio, mirando a su alrededor con preocupación.

“Bueno, define ‘bien’,” respondió Ron con una mueca de dolor, señalando sus heridas graves mientras los demás también mostraban señales evidentes de agotamiento y daño.

“Estás a otro nivel, muchacho, miau,” dijo Toco-Toco, utilizando su ojo verde para verificar la energía que emanaba de Paltio.

Con respeto, le hizo una reverencia y añadió: “La energía del creador está en ti, muchacho.” Los demás se quedaron boquiabiertos ante las palabras del felino.

“Mi hijo es un ser todopoderoso,” dijeron sus padres al unísono, llenos de asombro y orgullo.

“Mi nieto se fusionó con la energía de nuestro creador,” comentó Rodelos, visiblemente impresionado.

“Vaya, me sorprendes, Paltio,” dijo Ban con admiración.

“Te ves bien, se te nota otra aura,” agregó Alita, observándolo con atención.

“¡Ah!

Eso iba a decir yo,” murmuró Lukeandria mentalmente, cruzándose de brazos, aunque un ligero rubor apareció en sus mejillas al notar que alguien más había expresado lo que ella pensaba.

“Luego hablaremos de eso,” interrumpió Paltio con calma, pero firmeza.

“Los veo muy maltrechos.

Resistieron bien, déjenme ayudarlos; los curaré para que puedan moverse.” “Sí, tratamos de resistir cuanto pudimos, pero ese Urugas es muy poderoso,” dijo Ban con voz entrecortada, aún adolorido por los golpes recibidos.

“No se preocupen, ya los voy a dejar como nuevos,” respondió Paltio con determinación.

En eso, algunos de los presentes recordaron algo importante.

“¿Cómo dijeron?

¿El cetro había sido destruido?” preguntó alguien, señalando el objeto destrozado que yacía cerca de Paltio.

En ese momento, Paltio miró hacia su costado y vio el cetro deforme que había estado junto a él.

Lentamente, este comenzó a brillar y a reconstruirse, transformándose en un báculo majestuoso.

Su orbe superior, ahora de un intenso color verde, se alargó y tomó una forma imponente.

“Energía de Ulimeo, por favor, cura y sana las heridas de todos.

Curación,” invocó Paltio con voz clara y decidida.

De pronto, una luz cálida emergió de la esfera del báculo, irradiando hacia cada uno de los presentes.

Las heridas comenzaron a cerrarse, los cuerpos maltrechos recuperaron su fuerza y la vitalidad regresó a todos como si nunca hubieran estado heridos.

“¡Qué genial!

Estamos listos de nuevo para el ataque,” exclamaron todos, sintiéndose renovados y llenos de energía.

Los demás querían decirle muchas cosas a Paltio, compartir sus pensamientos y emociones, pero este los interrumpió con seriedad.

“Será para después.

Ahí viene de nuevo el enemigo,” advirtió Paltio, señalando hacia donde Urugas reaparecía en el horizonte.

“¡Déjanos pelear a tu lado!” pidieron varios de sus amigos y familiares, ansiosos por apoyarlo.

“No, será mejor que me lo dejen a mí,” respondió Paltio con firmeza, su tono dejando claro que no aceptaría objeciones.

“No, papi, ¡yo quiero pelear a tu lado!” dijo Rykaru con determinación, sus ojos brillando con la misma energía que había heredado de su padre.

“Lo sé, pero esto debo acabarlo yo aquí y ahora,” respondió Paltio con firmeza, su voz cargada de una resolución inquebrantable.

“No vayas a morir… o asustarnos otra vez,” dijo Lukeandria, su voz temblorosa por los nervios mientras trataba de ocultar su preocupación tras una sonrisa forzada.

“Tranquila, no pienso morir, esta vez es diferente,” aseguró Paltio, dedicándole una mirada cálida antes de continuar: “Además, no estoy solo.

Ustedes fueron los que me ayudaron a despertar.

Me dieron las fuerzas para seguir y poder enfrentar al mal.

Soy…

la última esperanza para erradicar la oscuridad.

No defraudaré la esperanza que depositaron en mí.” “¿Eh?” dijeron todos al unísono, confundidos por sus palabras, pero profundamente conmovidos.

Lo que Paltio no sabía era que Avocios había alterado sutilmente las palabras e imágenes que le mostró durante su encuentro en el subconsciente.

Las voces de sus amigos y familiares, llenas de confianza y apoyo inquebrantable, no eran exactamente como habían ocurrido en la realidad.

Avocios había ajustado sus palabras, reforzando los mensajes de esperanza y valor para asegurarse de que Paltio encontrara la fuerza necesaria para regresar a la batalla.

“Bueno, no importa,” añadió Paltio con una sonrisa tranquilizadora, aunque sus ojos reflejaban la seriedad del momento.

“Pero será mejor que se alejen de este lugar,” les indicó mientras comenzaba a caminar hacia adelante, preparándose para enfrentar a Urugas en la batalla final.

La última batalla decisiva estaba a punto de comenzar, y la esperanza de todos estaba depositada en Paltio.

Sus amigos y familiares lo observaron marchar, sabiendo que el destino del mundo descansaba en sus hombros.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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