La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 275
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275: La Ultima Esperanza de Avocadalia (2) 275: La Ultima Esperanza de Avocadalia (2) Paltio les dijo a sus amigos que buscaran un lugar seguro, ya que Urugas se acercaba a toda velocidad después del golpe con el que lo había mandado lejos.
Sin embargo, como era obvio, el ataque no había causado ningún daño real al señor de las sombras.
“Así que has despertado.
Espero que me des más entretenimiento que la vez pasada,” indicó Urugas con una sonrisa burlona mientras estudiaba a Paltio con atención.
En su mirada había curiosidad; sentía algo en el muchacho, algo familiar que lo intrigaba.
Paltio se preparó para la pelea.
Sabía que Urugas quería poner a prueba su nuevo poder, pero también estaba decidido a demostrarle que ya no era el mismo de antes.
El enfrentamiento comenzó con una ráfaga de golpes.
Puños, puñetazos y patadas chocaban entre ellos con tal fuerza que el estruendo resonaba por todo el campo de batalla.
A pesar de la intensidad de los ataques, Paltio resistía bien, mostrando una capacidad defensiva impresionante.
“¿Qué es lo que ven mis ojos?
¿Acaso son monstruos?” dijo Ron, observando anonadado cómo ambos combatientes intercambiaban golpes con una energía sobrenatural.
“Niño tonto,” le respondió Chiki, dándole una patada en la cara para callarlo.
“¡Eso dolió, pulgoso!” replicó Ron, frotándose el rostro.
Sin embargo, en cuanto vio a los padres de Paltio cerca, sintió vergüenza por lo que había dicho y bajó la cabeza, suspirando mientras murmuraba una disculpa.
“Es increíble cómo ha crecido nuestro hijo,” dijo Medeos con orgullo, viendo cómo Paltio bloqueaba cada ataque con determinación.
“Tienes razón.
Creo que fue conveniente que lo mandaras a esa misión que le salvó la vida y lo ayudó a convertirse en todo un príncipe guerrero, alguien que ama a su pueblo y no solo a su reino, sino a todos por igual,” añadió Skila, su voz llena de admiración y satisfacción.
“Señorito, espero con ansias que acabe con ese demonio y vuelva con nosotros,” pensó Mok, observando la escena con una mezcla de nerviosismo y confianza.
La pelea seguía siendo reñida.
Urugas repartía golpes a diestra y siniestra, pero Paltio no se amilanaba ni se quedaba atrás.
Bloqueaba cada ataque con precisión y contraatacaba con fuerza.
En un momento decisivo, Paltio lanzó un potente puñetazo que impactó directamente en el rostro de Urugas, enviándolo volando por los aires.
“Nada mal, muchacho.
Pero aún estoy en mi sesenta por ciento.
Aumentaré un diez por ciento más a ver si con eso me sigues el paso,” declaró Urugas con calma, aunque su tono tenía un matiz de anticipación.
Urugas aumentó su poder al setenta por ciento.
Su cuerpo se volvió más musculoso, y un aura maligna aún más oscura lo envolvió.
Comenzó a lanzar ataques más rápidos y fuertes hacia Paltio, pero el príncipe seguía bloqueando cada golpe.
Con cada ataque que recibía, Paltio se adaptaba rápidamente, perfeccionando su técnica en tiempo real.
Tan rápido fue su adaptación al combate que, nuevamente, lanzó a Urugas lejos con un contraataque devastador.
El señor de las sombras, aunque sorprendido, estaba claramente complacido.
Había encontrado finalmente a alguien que podía usar su poder y entretenerlo de verdad.
“Veamos cuánto más puedes durar en ese estado, niño.
Espero que dures más de 20 minutos, no como tu tonto cien por ciento de poder anterior,” comentó Urugas con una sonrisa arrogante, disfrutando del desafío que Paltio representaba.
Urugas conjuró nuevamente la lluvia de relámpagos, pero esta vez el cielo entero se llenó de ellos.
Los relámpagos oscuros descendían directamente hacia Paltio, explotando al entrar en contacto con él.
Explosión tras explosión iluminaba el campo de batalla, ocultando por completo al joven príncipe bajo una cortina de luz y humo.
Sus amigos observaban con preocupación desde la distancia, temiendo lo peor.
Sin embargo, Toco-Toco, usando su ojo rojo, les dijo tranquilamente: “No deberían preocuparse.
Él está bien.” Una vez que todos los ataques de Urugas cesaron, el humo comenzó a disiparse lentamente.
Allí estaba Paltio, ileso, rodeado por una esfera dorada traslúcida que brillaba intensamente.
No tenía ni un rasguño.
“Pensé que se iba a morir, pero veo que está bien.
Eso me gusta,” comentó Urugas con una sonrisa satisfecha, disfrutando claramente del desafío que representaba Paltio.
Sin darle tiempo a reaccionar, Paltio corrió hacia Urugas y le lanzó una patada con una fuerza desgarradora, hundiéndole el rostro con el impacto.
Urugas ajustó su rostro con un gesto casual, mostrando una sonrisa macabra, como si estuviera disfrutando cada segundo de la pelea.
“Bien, niño.
Admito que has subido tu poder y que puedes aguantar mis ataques al setenta por ciento.
Pero no eres rival para mí.
Mientras yo sea un ser de energía viva, nunca podrás matarme.
Yo soy ilimitado, al igual que mi poder,” declaró Urugas con arrogancia mientras creaba una enorme ola de fuego hirviendo y la lanzaba directamente hacia Paltio.
Paltio volvió a activar su esfera de luz.
Cada vez que el fuego tocaba la barrera, se apagaba instantáneamente.
El muchacho expandió su rango, secando completamente el fuego hasta que no quedó ni una llama.
Acto seguido, lanzó otro golpe devastador contra Urugas, enviándolo volando hacia atrás.
“¡Qué acaso esa cosa no muere!” exclamó Ron, frustrado al ver cómo Urugas, tras recibir la patada, se detenía en seco y regresaba como si nada, sin una sola herida en su cuerpo.
“Sí, solo está usando el sesenta por ciento de su poder.
Eso quiere decir que le falta el treinta.
Aun así, sigue siendo poderoso,” reflexionó Ron en voz alta.
“¡Vaya, qué gran cerebro tienes en esa cabeza!
Cuidado que se te vaya escapar,” respondió Chiki con sarcasmo, provocando las risas de los presentes.
“No me refería a eso,” replicó Ron rápidamente, avergonzado por lo tonto que había sonado.
“Me refería a que aún nos puede dar problemas.
¿Cómo matas algo que no muere porque es energía pura?” expresó, intentando recuperar la seriedad de su argumento.
“El muchacho tiene un punto,” comentó Rodelos pensativo.
“No sé cuánto tiempo pueda mi nieto permanecer en esa forma, pero espero que encuentre la manera de acabar con su enemigo.
Es un gran problema.” “Es un verdadero dolor de cabeza,” coincidió Toco-Toco, moviendo su cola nerviosamente.
“Lo bueno es que gracias a Paltio recupere la funcionalidad de mis manos,” dijo Gikel, flexionando sus dedos mientras recordaba cómo habían quedado inutilizadas tras recibir un ataque directo de Urugas.
“Y eso que esa bestia dijo que solo estaba usando el 5 por ciento cuando peleó con nosotros,” indicó Toco-Toco, haciendo que los demás se asombraran y a la vez sintieran un escalofrío recorrer sus cuerpos ante la revelación.
“Si alguien puede encontrar cómo quitarle esa supuesta inmortalidad a Urugas, era Meloc,” dijo Lukeandria con un tono melancólico, aunque sabía que ya no había vuelta atrás.
“Pero él ya está muerto.” “Pero el profesor también no se queda atrás; él podría encontrar una solución, miau,” añadió Toco-Toco pensativo, aunque luego bajó la mirada.
“Aunque no sé si ahora tenga alguna solución, puesto que la base fue destruida.” “¿Qué dijeron?
¿Te refieres a que mataron a Rose?” preguntaron todos al unísono, sorprendidos y consternados por la noticia.
“Sí, fue algo triste para el profesor, pero todos están bien escondidos,” explicó Toco-Toco rápidamente.
“Es algo que se me olvidó decirles a todos creo… Mi error,” admitió, bajando las orejas con vergüenza.
“Pobre profesor,” murmuraron todos, sintiendo una mezcla de pena y preocupación.
“Bueno, nada pierdo pidiéndole ese apoyo,” dijo Toco-Toco, y los demás asintieron, señalando que estaría bien intentarlo.
Sin embargo, justo antes de que pudiera avanzar hacia la dirección en donde se encontraba el profesor, algo golpeó a Toco-Toco con fuerza.
Era una especie de pared invisible que lo detuvo en seco.
“¿Pero?
¿qué…?” murmuró Toco-Toco, sacudiendo su cabeza con confusión mientras intentaba procesar lo que acababa de ocurrir.
Los demás, al notar su desconcierto, se acercaron rápidamente.
“¿Estás bien, Toco-Toco?
¿Qué sucede?” preguntaron preocupados, observando cómo el felino parecía luchar por encontrar las palabras adecuadas.
Sin embargo, Toco-Toco no sabía qué responderles.
Su mente estaba nublada, como si algo dentro de él estuviera tratando de emerger, pero no lograba comprenderlo del todo.
Sacudió la cabeza una vez más, intentando despejar sus pensamientos, pero el gesto solo aumentó la inquietud de los presentes.
“No estoy seguro…” respondió finalmente Toco-Toco, su voz apenas un susurro que se perdió entre los murmullos de preocupación del grupo.
Levantó una pata y tocó el aire frente a él, sintiendo algo duro e invisible bajo sus almohadillas.
Frunció el ceño, presionando con más fuerza, como si intentara comprender la naturaleza de aquello que los aprisionaba.
“Me pregunto qué será,” dijo el gato, inclinando la cabeza con curiosidad mientras movía su pata arriba y abajo, explorando la superficie invisible.
Su tono era una mezcla de desconcierto y determinación, como si estuviera tratando de resolver un acertijo complejo.
Los demás observaban atentamente el raro comportamiento del felino, preguntándose qué estaba ocurriendo y por qué aún no se había dirigido hacia donde estaba el profesor.
“No puedo avanzar desde este punto,” dijo Toco-Toco, señalando con su pata hacia adelante mientras tocaba el aire con insistencia.
“¿Qué cosas dices, gato tonto?” respondió Chiki con escepticismo, dando un paso al frente para demostrar que no había nada allí.
Sin embargo, antes de que pudiera avanzar más, chocó contra algo invisible con un fuerte ¡pum!
“¡Auch!” exclamó el chihuahua, frotándose la cabeza con gesto adolorido mientras retrocedía unos pasos.
Miró hacia donde había chocado, incrédulo, y añadió: “Es verdad…
¿Pero?
¿qué puede ser esto?” Su tono pasó rápidamente de burlón a intrigado mientras extendía una pata para tocar la barrera invisible.
Los demás intercambiaron miradas preocupadas, comprendiendo que lo que sea que estuviera impidiendo el avance de Toco-Toco ahora también les afectaba a ellos.
El misterio de una barrera invisible comenzaba a tomar forma, aunque seguía siendo tan desconcertante como inquietante.
Mientras tanto, Paltio volvió a chocar fuerzas con Urugas.
El príncipe, en un momento dado, esquivó los ataques de su enemigo mientras aumentaba su energía.
Con el uso de sus guantes, como lo había hecho anteriormente contra otros oponentes, cortó limpiamente la mitad de los brazos de Urugas, como si estuviera cortando un pan.
Los brazos del señor oscuro cayeron al suelo con un estruendo sordo.
Urugas observó lo sucedido sin hacer ninguna expresión en su rostro.
Luego, giró lentamente su mirada hacia donde estaban los amigos de Paltio y dijo con una sonrisa macabra: “Ah, se me olvidaba mencionarlo.
Tus amigos no podrán salir de aquí ni por cielo, ni por tierra, ni mucho menos por debajo de esta prisión,” señalando especialmente a Rocky.
Se echó a reír solo, disfrutando de la desesperación que comenzaba a crecer entre los presentes.
“Todos morirán aquí,” declaró con frialdad antes de volver su atención hacia Paltio.
“Maldición, ese maldito de Urugas colocó una barrera invisible,” dijo Toco-Toco con frustración, usando sus orejas mientras procesaba la información.
Su aguda audición le había permitido captar claramente las palabras de Urugas cuando este mencionó la prisión que ahora los rodeaba.
El grupo guardó silencio por un instante, asimilando la gravedad de la situación.
La revelación del felino no solo confirmaba sus peores sospechas, sino que también dejaba claro que estaban completamente a merced de Paltio para escapar.
“¿Entonces estamos atrapados aquí sin posibilidad de escapar?” preguntó Alita, rompiendo el silencio con un tono que mezclaba incredulidad y preocupación.
“Sí, así parece.
Si el señorito Paltio no vence a esa cosa, permaneceremos aquí para siempre,” respondió Mok con seriedad, cruzando los brazos mientras observaba el escudo invisible que los rodeaba.
“Pero solo debe ser por ese camino,” dijo Ron, señalando hacia donde Toco-Toco había intentado avanzar inicialmente.
“¿Y si buscamos otro lugar de escape?
Tal vez el subsuelo o el aire,” sugirió con una mezcla de esperanza y determinación, como si estuviera aferrándose a cualquier posibilidad de encontrar una salida.
Sin embargo, antes de que alguien pudiera responder, Rocky intervino con un suspiro pesado.
“Ya intenté excavar,” explicó, mostrando sus manos cubiertas de polvo y rasguños.
“Hay algo duro allá abajo, como una barrera sólida.
No pude avanzar ni un centímetro.” “El aire tampoco es una opción,” añadió Rykaru, visiblemente frustrado mientras se frotaba la cabeza, todavía adolorida por el choque contra la barrera invisible.
“Intenté volar hacia arriba, pero me topé con lo mismo.
Es como si estuviéramos dentro de una caja completamente cerrada.” “Parece que Urugas creó una especie de caja que nos encerró y no podemos salir al exterior,” dijo Rodelos, visiblemente preocupado mientras observaba cómo todos los intentos de escape terminaban en fracaso.
El grupo se quedó en silencio, asimilando la magnitud del problema.
Cada posible ruta de escape parecía bloqueada, dejándolos atrapados sin alternativas claras.
“Entonces estamos atrapados aquí…
sin escapatoria,” murmuró Alita, su voz apenas un susurro cargado de preocupación.
Toco-Toco bajó las orejas, sintiendo el peso de la situación.
“Así parece,” respondió finalmente, mirando hacia donde Paltio seguía luchando contra Urugas.
“Nuestra única esperanza ahora es que él pueda derrotar a ese monstruo antes de que sea demasiado tarde.” “Solo depositamos nuestra fe y confianza en que Paltio encontrará la manera de acabar con Urugas,” dijo Alita, suspirando profundamente mientras sus ojos se posaban en la figura del joven príncipe, quien seguía luchando con determinación contra el enemigo más poderoso que jamás hubieran enfrentado.
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