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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 277

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277: La Ultima Esperanza de Avocadolia (4) 277: La Ultima Esperanza de Avocadolia (4) Urugas lanzó un potente rayo oscuro hacia Paltio, causando una explosión devastadora que iluminó brevemente el campo de batalla con su resplandor sombrío.

El estruendo resonó como un trueno, levantando una densa nube de polvo y escombros que cubrió por completo la figura del joven príncipe.

El señor oscuro observó la escena con una mezcla de satisfacción y decepción.

Había esperado más resistencia de su oponente, pero al ver que Paltio no había intentado cubrirse ni esquivar el ataque, asumió que el muchacho había sido aniquilado al recibir el impacto directamente.

“Qué patético,” murmuró Urugas con desdén, su voz cargada de arrogancia mientras cruzaba los brazos.

“Pensé que me ofrecerías algo más de entretenimiento antes de morir.

Supongo que incluso aquellos con grandes poderes tienen sus límites.” Sin embargo, antes de que pudiera continuar disfrutando de su aparente victoria, Paltio emergió del humo ileso, su figura imponente destacándose contra el caos que lo rodeaba.

Sin perder un segundo, saltó hacia lo alto con una velocidad impresionante, dirigiéndose directamente hacia Urugas.

Con precisión calculada, cargó la energía en la punta de su pie, tal como Desirnight le había enseñado, y lanzó una patada devastadora que impactó en el costado de su enemigo.

El golpe fue tan poderoso que Urugas salió despedido, destrozando rocas a su paso mientras intentaba detenerse.

El señor oscuro se levantó con dificultad, pero al mirar su costado y darse cuenta de que esa parte de su cuerpo no se regeneraba, su rostro se contorsionó de furia.

“¡¿Qué me has hecho, maldito mocoso?!” gritó Urugas, su voz resonando con una mezcla de ira y desconcierto.

“Bien, funcionó,” murmuró Paltio para sí mismo, una sonrisa de determinación cruzando su rostro.

“Y ahora que tengo la energía de Avocios recorriendo mi cuerpo, es hora de acabar con esto.” Sin darle tiempo a reaccionar, Paltio corrió rápidamente hacia Urugas.

Aunque el villano estaba usando el noventa por ciento de su poder, esquivar los ataques del príncipe no era tarea fácil.

Paltio no le daba tregua; aumentó aún más su energía y comenzó a repartir golpes a diestra y siniestra, cada uno cargado con la técnica DRYENERGY.

Cada vez que sus ataques impactaban, las partes afectadas de Urugas dejaban de regenerarse, quedando inútiles e inertes.

“¡¿Qué pasa?!

¡¿Por qué no puedo recuperarme?!” bramó Urugas, su orgullo herido siendo tan evidente como su cuerpo dañado.

Pero el señor de las sombras no retrocedía; su arrogancia y soberbia lo mantenían firme, negándose a huir como un cobarde.

Esto jugó a favor de Paltio, quien aprovechó para seguir lanzando ráfagas tras ráfagas de ataques sin descanso.

“Diez segundos, ¿eh?

Entonces los aprovecharé al máximo,” pensó Paltio mientras continuaba golpeando a Urugas sin detenerse ni un instante.

El cuerpo de Urugas comenzó a tomar un tono carmesí, como si estuviera cubierto de hematomas oscuros.

Las partes afectadas por la técnica quedaron completamente inmovilizadas, dejándolo incapaz de moverse con libertad.

Furibundo, Urugas empezó a lanzar relámpagos y olas de fuego al azar, desesperado por detener al príncipe.

Sin embargo, Paltio bloqueaba cada ataque con su energía, asegurándose de que nada interrumpiera su embestida final.

“¡Guau!

¡Mi papi es extremadamente fuerte!” exclamó Rykaru con admiración, observando cómo Paltio mantenía a Urugas acorralado sin dejarle escapatoria.

“¡Vamos, amigo!” animaron sus amigos desde la distancia.

“¡Ese es nuestro hijo!” dijeron sus padres con orgullo.

“¡Vamos, señorito!” añadió Mok, alzando la voz con entusiasmo.

“¡Ese es mi nieto!” indicó Rodelos, visiblemente emocionado.

Todos estaban maravillados al ver cómo Paltio dominaba la batalla, atacando sin cesar y dejando a Urugas sin opciones de escape.

Patadas, puños y movimientos engullidos en la técnica DRYENERGY seguían surtiendo efecto, hasta que solo quedó expuesta la cabeza de Urugas, el último punto vulnerable.

“Ríndete, Urugas,” dijo Paltio con firmeza, preparándose para asestar el golpe final.

“¡No!

¡No es posible que un maldito mocoso como tú pueda hacerme daño y ganarme!

¡yo que soy energía pura!

¡Eso no lo voy a permitir!” gritó Urugas, aunque su cuerpo ya no respondía.

Estaba completamente inmovilizado, incapaz de dar un paso o mover una sola extremidad.

“Esto es por todo lo que has ocasionado en mi mundo,” declaró Paltio con voz firme y justiciera.

“Libraré al mundo de tu vil oscuridad.

No atacarás más mundos, y el universo estará a salvo.” Concentró toda su energía en su cabeza, listo para lanzar el golpe definitivo.

“¡¿Qué?!

¡No puede ser!

¡Yo, una parte del aclamado RULER, no puedo morir aquí, y mucho menos a manos de un mísero mocoso!

¡No lo permitiré!” gritó Urugas desesperado, aunque su destino ya parecía sellado.

Paltio agarró a Urugas de los hombros con firmeza y, con un cabezazo final, golpeó directamente su frente.

El impacto fue devastador; el cuerpo de Urugas se volvió del mismo tono carmesí que el resto de su ser, quedando inmóvil en el lugar mientras soltaba un último grito desesperado: “¡Maldición!” Con un movimiento rápido y preciso, Paltio lanzó una patada cargada de fuerza que destruyó por completo el cuerpo de Urugas, reduciéndolo a polvo.

Todos observaron cómo Paltio acababa con su enemigo.

El silencio inicial pronto fue reemplazado por vítores y celebraciones.

Corrieron hacia donde estaba el muchacho, sus rostros llenos de alegría, desbordando felicidad por la victoria que tanto tiempo habían esperado.

“¿Es este el fin?

Por fin,” pensó Luara, emocionada al ver cómo el villano que tanto daño había causado era derrotado.

“Este ser que nos causó problemas incluso al señor Avocios por tanto tiempo…

Ha sido vencido.

Estoy sorprendido,” dijo Toco-Toco, observando el lugar donde antes estaba Urugas.

“No puedo creer que la energía pueda ser destruida,” comentó Luca, asombrado ante lo que acababan de presenciar.

“¿Es que acaso no era energía pura después de todo?” reflexionó Mok, tratando de comprender qué había hecho posible la derrota de Urugas.

“¡Bien, hijo!” exclamaron los padres de Paltio, abrazándolo con cariño mientras lo mimaban como si fuera un niño pequeño.

“No te vamos a volver a dejar,” dijeron ambos, emocionados.

“Nuestro pequeño.” “Mi nieto es poderoso,” dijo Rodelos uniéndose al abrazo.

Rykaru, debido a su enorme tamaño como dragón, solo pudo colocar suavemente su cabeza sobre ellos, como si intentara abrazarlos también.

Todos compartieron ese momento de unidad y felicidad.

“¿Dónde aprendiste eso, muchacho?” preguntó Chiki, curioso por el ataque devastador que había acabado con Urugas.

“Fue gracias al Desirnight.

Ese ataque se llama DRYENERGY, y bloquea todo flujo de energía,” explicó Paltio con calma, aunque su mirada reflejaba orgullo por haber logrado dominar la técnica.

“Ahora ya no es más que polvo ese tonto de Urugas,” dijo Ron, mirando hacia el suelo donde antes estaba el cuerpo del villano.

“Vaya, ya se acabó todo…

En serio, después de tantas cosas, por fin lo hemos logrado,” dijo Lukeandria, casi con lágrimas en los ojos, sintiendo una mezcla de alivio y emoción.

“Esto se ha acabado, señor,” dijo Ludra a Ban.

“Así parece,” respondió este, visiblemente aliviado.

“Oigan, si esto ya terminó, ¿por qué el cielo aún no ha sido limpiado de las sombras?” preguntó Gikel, señalando hacia arriba.

“Mi amigo, ahora hablas,” dijo Rodelos con una sonrisa burlona.

“Sí, señor,” respondió Gikel, un poco sonrojado por el comentario de Rodelos, aunque una pequeña sonrisa se asomaba en su rostro al sentirse reconocido.

“Es cierto, aún sigue oscuro,” dijeron Lucca y Rocky al unísono, mirando hacia el cielo cubierto mientras intentaban discernir qué podría estar causando que las sombras persistieran.

“Seguramente Urugas oscureció nuevamente el cielo antes de ser derrotado,” sugirió Rodelos, quien, emocionado por escuchar a Gikel hablar, lo agarró del cuello en un gesto juguetón pero afectuoso, sacudiéndolo ligeramente como si fuera un amigo cercano.

“Bien, no importa.

Será solo cuestión de decirle al profesor que sus robots limpien los cielos.

Seguramente hay algunos cristales escondidos por ahí, o tal vez haya que hacer algún arreglo técnico,” sugirió Ban con calma, siempre práctico y pensando en soluciones.

“Sí, eso debe ser,” añadió Ludra, asintiendo con convicción mientras cruzaba los brazos, mostrando su confianza en que el problema sería resuelto pronto.

“Qué bueno que estás bien, señorito,” dijo Mok interrumpiendo, y dirigiéndose a Paltio con una reverencia.

“Por fin logramos vencer las sombras,” indicaron Alita y Ron al mismo tiempo, luciendo especialmente cercanos.

“Y ustedes, ¿qué se traen?” preguntó Paltio, notando algo diferente entre ellos.

“Es que nosotros…” comenzaron ambos, sonrojándose visiblemente.

“Ja, ja, ya era hora,” interrumpió Lukeandria con una sonrisa pícara.

“¿Oigan, por qué dices eso?” preguntaron Ron y Alita al unísono, claramente incómodos.

“Ja, ja, ya era hora,” repitió Paltio, riendo con diversión.

“¿Tú sabías?” le preguntaron ambos, mirándolo con reproche fingido.

“Ay, por favor, soy distraído, pero eso se olía a leguas,” indicó Paltio con una sonrisa amplia.

“Pues creo que no son los únicos,” dijo Lume, mirando significativamente a Lukeandria.

“¡Eh!

Dices algo y te asesino,” le susurró Lukeandria a Lume, bajando la mirada y sonrojándose intensamente mientras trataba de ocultar su vergüenza.

“Entonces, ¿quién es el afortunado?” preguntó Paltio, disfrutando del momento.

“¡Eh!

Hijo, ese traje te queda bien,” interrumpió rápidamente la madre de Paltio, salvando a Lukeandria de una situación aún más incómoda.

“Gracias, señora,” susurró Lukeandria, incapaz de mirar a nadie a los ojos.

“Es el poder de Avocios.

Ahora reside en mí,” dijo Paltio con calma, aunque su tono reflejaba la responsabilidad que sentía al portar tal fuerza.

“Así que ahora eres el creador, nuestro señor,” dijo Lucca, mirándolo con asombro mientras procesaba lo que acababa de escuchar.

Sin pensarlo dos veces, se arrodilló frente a Paltio en señal de respeto.

“Algo así,” respondió Paltio con modestia, rascándose la cabeza, un poco incómodo por toda la atención.

“Pero no hay necesidad de que hagas eso,” le dijo rápidamente a Lucca al verlo en esa posición, intentando aligerar el ambiente.

De inmediato, Toco-Toco observó lo que hizo Lucca y, sin perder tiempo, exclamó: “Ahora usted es nuestro señor, miau,” mientras se arrodillaba también con reverencia.

Nakia, Chiki, Lume y Geki, siguiendo el ejemplo, inclinaron sus cabezas en señal de respeto hacia el joven príncipe.

El gesto colectivo dejó a Paltio visiblemente incómodo.

Sus mejillas se tiñeron de un leve rubor mientras trataba de encontrar las palabras adecuadas para detenerlos.

“No, no, tranquilo, todos.

No hace falta hacer esas cosas,” les dijo Paltio rápidamente, haciendo gestos con las manos para que se levantaran.

A pesar de su tono calmado, era evidente que el muchacho estaba un poco apenado por toda la situación.

“Lo sabía desde siempre.

Sabía que mi hijo…

Bueno, nuestro hijo, llegaría muy lejos y daría esperanza a todos,” dijo el padre de Paltio, lleno de orgullo mientras observaba al joven con admiración.

Todos estaban disfrutando del momento, compartiendo risas, palabras de aliento y celebraciones cuando, de repente, Paltio escuchó algo.

Sin pensarlo dos veces, se colocó rápidamente delante de todos para protegerlos.

Un rayo oscuro emergió de la nada, perforando directamente su pecho.

La sangre brotó de la enorme herida mientras el cuerpo de Paltio temblaba por el impacto; luego, lentamente, cayó al suelo.

“¡Paltio!

¡Paltio!

¡Nooo…!” gritaron todos los presentes, horrorizados al ver cómo el joven caía frente a ellos.

Detrás de ellos, una voz familiar y siniestra resonó: “Les dije que nunca moriría, y no me dieron otra opción que alcanzar mi cien por ciento.” Mok y Rodelos corrieron desesperados para sostener a Paltio antes de que impactara contra el suelo.

Lo levantaron con cuidado, pero ya era evidente que la herida era grave.

“Algo que no me gusta porque pierdo todo el control…” La voz de Urugas se dividió en dos tonos: uno grave y amenazante, y otro risueño que parecía burlarse del sufrimiento ajeno.

Ambas voces se fusionaron en una sola, sacada de ultratumba, que resonó con un eco escalofriante: “Y ahora todos sufrirán.

Desearán estar muertos ahora, porque el momento de su esperanza ha expirado.” Todos voltearon hacia donde provenía la voz y vieron a Urugas frente a ellos.

Su cuerpo estaba completamente transformado, irradiando una energía maligna que oscurecía aún más el ambiente.

Ya no era solo el villano arrogante que habían derrotado momentos antes; ahora era algo mucho más aterrador, algo que había superado incluso sus propios límites.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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