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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 281

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281: El Juego Final (2) 281: El Juego Final (2) Meliradal se enfrentaba a Lujuria y Envidia, dos concejales demoníacos que adoptaban formas aterradoras.

Una enorme serpiente se lanzó hacia ella, intentando enrollarla con su cuerpo musculoso, mientras que un perro deforme con tres cabezas grotescas intentaba morderla con sus fauces descomunales.

En condiciones normales, Meliradal estaría en desventaja: después de todo, las serpientes y los perros son depredadores naturales de las aves.

Sin embargo, esta mujer con características de ave contaba con algo que las aves comunes no poseían: una poderosa magia que fluía dentro de ella.

Y ahora, potenciada por Paltio, esa magia era más fuerte que nunca.

Con un movimiento elegante, Meliradal invocó una magia ancestral.

Un centenar de golondrinas aparecieron frente a ella, pero no eran simples aves: eran espíritus cristalinos que brillaban como diamantes bajo la luz tenue.

Estos espíritus no solo volaban; también se transformaban en armas letales.

Sus afiladas alas cortaban el aire como cuchillas, dirigiéndose directamente hacia las dos criaturas que la atacaban.

Las golondrinas trazaron líneas precisas sobre la piel de la serpiente y el perro deforme, dejando cortes profundos que comenzaron a sangrar oscura energía.

Ni Lusta ni Envydas emitieron un solo grito de dolor, solo produjeron un sonido gutural extraño que resonó en el ambiente como un eco macabro.

Meliradal no les dio tiempo de recuperarse.

Con un gesto de su mano, convirtió las golondrinas en látigos etéreos que envolvieron a ambas criaturas, arrastrándolas al suelo con una fuerza devastadora.

La gran sacerdotisa hechicera no mostraba señales de rendirse.

A pesar de enfrentarse a dos poderosos enemigos simultáneamente, mantenía el control absoluto de la situación.

Con una mano conjuró bolas de fuego del tamaño de asteroides, que impactaron contra la enorme serpiente, causando explosiones que iluminaron el campo de batalla.

Con la otra mano invocó un rayo eléctrico que cayó directamente sobre el monstruoso perro de tres cabezas, envolviéndolo en una tormenta de energía que lo hizo rugir de furia.

Ambas criaturas sufrieron graves daños, pero seguían luchando, movidas por su naturaleza demoníaca.

Mientras tanto, Silver forcejeaba con el colosal monstruo de la Ira, una criatura híbrida que parecía una mezcla entre un búho, un león y un humanoide.

Su mirada amenazadora estaba fija en Silver, como si pudiera atravesarlo con sus ojos llenos de odio.

“No me mires así, horrenda criatura,” dijo Silver con desdén, antes de usar una fuerza sobrenatural para levantar al monstruo del suelo.

Con un movimiento rápido, lo inmovilizó con una llave que le hizo en uno de los dedos del enorme monstruo y lo lanzó al suelo con tal fuerza que todo el lugar retumbó.

La criatura rugió de frustración, pero no se quedó abatida por mucho tiempo.

Se levantó rápidamente, lista para continuar la pelea.

Silver no dudó.

Saltó sobre el monstruo y, con un fuerte rodillazo, golpeó directamente en sus ojos, dejándola temporalmente ciega.

La criatura, enfurecida, lanzó un rugido ensordecedor mientras intentaba atacar a ciegas con sus garras afiladas.

Pero Silver era ágil.

Esquivó cada uno de sus ataques con gracia, utilizando la cola de león que sobresalía del cuerpo del monstruo para tomar impulso y derribarlo nuevamente al suelo.

“¿Pero qué criatura tan molesta?” murmuró Silver, limpiándose el sudor de la frente mientras se preparaba para enfrentarla de nuevo.

Justo en ese momento, la criatura comenzó a lanzar bolas de fuego desde sus manos, iluminando el campo de batalla con destellos anaranjados.

“¡Maldición!

¿Cómo les gusta hacer las cosas más picantes?” dijo Silver al ver cómo el fuego bajo sus pies comenzaba a hervir como lava incandescente.

Sin embargo, su tono sarcástico no disminuía su determinación.

“Pero esto no es nada para mí,” murmuró mientras golpeaba el suelo con una fuerza sobrehumana.

El calor abrasador se extinguió instantáneamente, enfriando la lava con una ráfaga helada que brotó de su patada.

Aprovechando el momento, lanzó un potente golpe directo al estómago del demonio, haciéndolo retroceder con un rugido furioso.

Por otro lado, Kilibur estaba ocupado enfrentándose al Ogro Rojo, quien lanzaba monedas afiladas y explosivas hacia él.

De repente, el enorme enemigo sacó un mazo cubierto de púas y lo arrojó con una fuerza devastadora hacia el pequeño zorro.

Con una agilidad impresionante, Kilibur esquivó el ataque antes de contraatacar.

Con un movimiento rápido, usó su látigo encantado para enroscarlo alrededor del mazo y, con un tirón poderoso, derribó al colosal ogro.

“Para que vean que no solo Silver es fuerte,” dijo Kilibur con una sonrisa de satisfacción ante su hazaña.

Sin embargo, su triunfo momentáneo fue interrumpido cuando una lanza cayó del cielo, obligándolo a esquivarla justo a tiempo.

Al mirar hacia arriba, vio al demonio de la Pereza flotando con unas enormes alas de murciélago que parecían hechas de sombras vivientes.

“¿Pero qué cosa tan horripilante?” exclamó Kilibur, frunciendo el ceño ante la figura grotesca del demonio volador.

Sin perder tiempo, invocó llamas mágicas que lanzó hacia las alas del ser, causando que este perdiera el equilibrio y cayera en picada hacia el suelo.

Ambos demonios, el Ogro Rojo y el Murciélago de la Pereza, se levantaron nuevamente, listos para continuar la pelea.

Kilibur evaluó la situación por un instante.

“Bien, estos dos, contra mí…

Pues necesitaré ayuda,” pensó para sí mismo.

Con un gesto elegante, creó una copia perfecta de sí mismo usando su magia ilusoria real.

“Ahora estamos parejos,” dijo Kilibur con una sonrisa traviesa.

Ordenó a su copia que se encargara del demonio volador mientras él se concentraba en enfrentar al Ogro Rojo.

En otro frente, Krasper observaba a su oponente con cautela.

“Será mejor que tenga cuidado con esa cola,” murmuró para sí mismo mientras la enorme mosca demoníaca intentaba atraparlo con una especie de manguera que emergía de su boca.

La criatura intentaba absorberlo, pero Krasper era demasiado ágil.

Creó un montón de lanzas mágicas y las lanzó con precisión quirúrgica, clavándolas todas en la cola del demonio para inmovilizarlo.

“Vaya, qué débil es esta cosa,” comentó Krasper con una mezcla de burla y desdén.

Sin embargo, su atención se centró nuevamente en la manguera que volvía a aparecer.

“Otra vez esa probóscide…

Mejor corto eso,” dijo mientras sacaba una enorme tijera mágica.

Con un movimiento limpio, cortó la manguera, liberando un líquido ácido que salpicó el suelo.

Krasper retrocedió rápidamente para evitar el contacto corrosivo, antes de lanzar una flecha gigantesca que atravesó el cuello de la mosca con un sonido sordo.

“Bien, señor Serlet —digo, señor Krasper—, usted es el mejor,” dijo Lucca desde la distancia, mientras apoyaba a Paltio y observaba con admiración los movimientos estratégicos de su maestro.

“Qué bien, mi fan número uno sigue aquí,” dijo Krasper con una sonrisa sarcástica mientras observaba a la mosca tendida en el suelo.

Sin embargo, antes de que pudiera relajarse, la cabeza de la mosca comenzó a moverse.

Del cuerpo inerte emergió un nuevo cuerpo completo de mosca, y del abdomen surgió un alacrán gigante.

“Genial, problema doble,” murmuró Krasper, preparándose nuevamente para la lucha.

Sus ojos brillaron con determinación mientras evaluaba rápidamente cómo enfrentar esta nueva amenaza combinada.

A la par, Golden estaba ocupado esquivando los abanicos lanzados por Pridel, el concejal del Orgullo.

Cuando finalmente estuvo lo suficientemente cerca, Pridel utilizó su poder de gravedad para afectar gravemente el avance de Golden.

La fuerza gravitacional parecía estar haciendo efecto, hundiendo lentamente al felino humanoide en el suelo.

El no-muerto Pridel parecía estar riéndose con arrogancia ante su aparente ventaja.

Golden bajó la mirada por un momento, pero luego levantó la vista con una sonrisa confiada.

“Bueno, basta de actuar,” dijo con calma.

En ese instante, comenzó a mover sus piernas tan rápido que ni siquiera la gravedad artificial creada por Pridel podía detenerlo.

Con un movimiento preciso, conectó un gancho devastador en el rostro de su enemigo, lanzándolo por los aires.

Pridel, sin embargo, no se quedó indefenso.

Abrió sus alas para frenar su caída y desenfundó una espada que comenzó a lanzar potentes esferas de energía hacia Golden.

Estos ataques impactaban en el campo de batalla, creando cráteres enormes que sacudían el terreno.

Golden esquivaba los proyectiles con agilidad, acercándose cada vez más a su objetivo.

Cuando estaba a punto de alcanzar a Pridel, este usó sus alas para escapar en el último momento, elevándose en el aire y lanzando una lluvia de esferas explosivas desde arriba.

“Esas malditas alas son un problema,” murmuró Golden, frunciendo el ceño.

“Pero no hay problema que no pueda solucionar.” Con la ayuda de su telequinesis y su velocidad sobrehumana, Golden detuvo momentáneamente las esferas en el aire antes de que explotaran.

Creó un camino improvisado con los proyectiles suspendidos y, usando sus reflejos extraordinarios, ascendió rápidamente.

Con sus dedos convertidos en cuchillos filosos, cortó las alas de Pridel con precisión quirúrgica.

Luego, en el aire, lanzó una patada cargada de velocidad que envió a su enemigo directamente al suelo con una fuerza tremenda.

“Nada mal,” comentó Ron al ver la escena, impresionado por la habilidad de Golden.

“Claro, después de todo, el maestro Golden es rápido y fuerte, miau,” añadió Toco-Toco con orgullo.

“Así es, pero el señor Silver es el más fuerte.

Incluso le está dando una tunda a ese sujeto,” dijo Chiki señalando hacia donde Silver seguía peleando contra el demonio de la Ira.

“Te refieres a ese que casi nos mata?

Pues sí,” respondió Ron con una mezcla de admiración y alivio.

“Nada como la señora Meliradal,” intervino Nakia, observando cómo la gran sacerdotisa seguía dominando a sus dos oponentes con elegancia y poder.

“Sí, así es, amiga,” respondió Alita con una sonrisa, compartiendo la admiración por la destreza de Meliradal.

“El señorito Kilibur está arrasando,” dijo Lume con orgullo mientras observaba a su maestro enfrentarse hábilmente a sus dos oponentes.

“Sí, pero nada como mi jefecito Krasper,” replicó Geki, señalando hacia donde Krasper seguía combatiendo con una mezcla de astucia y fuerza bruta.

“¡Sí, el señor Krasper es el mejor!” exclamó Lucca con entusiasmo, mientras observaba cómo su maestro derrotaba a la mosca mutante con un movimiento limpio y preciso.

Su voz resonó con admiración, reflejando el orgullo que sentía al ver las habilidades de Krasper en acción.

“Qué impresionante son todos…” murmuró Rocky con asombro genuino, sus ojos recorriendo el campo de batalla mientras observaba a cada uno de los combatientes en acción.

“¡Dejen de estar conversando todos y sigan peleando!” interrumpió Lukeandria con firmeza, su tono cargado de urgencia.

“Necesitamos llegar hasta donde Urugas; está por terminar lo que sea que esté haciendo, esa cosa se ve peligrosa.” “Bien,” respondieron todos al unísono, volviendo inmediatamente a la acción.

“¡Sí, vamos con todo, muchachos!

Debemos darle espacio a Paltio,” dijo Rodelos mientras lanzaba un ataque conjunto con su equipo para abrirse paso entre las hordas de zombis.

“¿Pero en qué está pensando Paltio?

Solo está avanzando con el cetro pegado en la frente,” comentó Ban, observando cómo el joven príncipe caminaba con determinación, ajeno a todo lo que ocurría a su alrededor.

“Debe ser algo importante.

No desconcentren al señorito,” indicó Mok con seriedad, lanzando una ráfaga de energía con ayuda de sus anillos mágicos, que derribó a varios enemigos cercanos.

“Así es.

Nosotros debemos asegurarnos de que mi papi llegue hasta allá.

Solo necesita cinco minutos, ¡y se los daremos!” exclamó Rykaru con decisión, mientras lanzaba rayos luminosos que desintegraban a los zombis que intentaban acercarse.

Alita, por su parte, usaba su poder para lanzar ataques mágicos elementales, combinando fuego, hielo y electricidad para barrer con sus enemigos.

Gracias a Sacaram, todos contaban con una protección impenetrable, y gracias a la luz de Zafarax, sus armas eran efectivas incluso contra los no-muertos más resistentes.

“Solo denme un poco más de tiempo… y lograré encontrar la forma de acabar con esto,” murmuraba Paltio en su mente mientras avanzaba con paso firme, sosteniendo el cetro contra su frente como si estuviera canalizando una energía inmensa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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