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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 282

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282: El Juego Final (3) 282: El Juego Final (3) “Muchachos, ¿puedo pedirles un favor?” dijo Paltio, su voz cargada de urgencia mientras sostenía el cetro firmemente.

“¿Sí?

¿Cuál?” respondieron todos al unísono, mirándolo con atención.

“Necesito que me lleven hasta donde está Urugas, pero rápido.

No hay tiempo que perder.

Ese ataque que está creando acabará con nuestro mundo, y no puedo permitirlo.” Su tono era firme, pero había un deje de preocupación en sus palabras.

“Solo les pido que me lleven y me den cinco minutos.

Espero poder tenerlos, porque así podré encontrar la respuesta para acabar de una vez con Urugas.” “Bien, cuenta con nosotros, miau,” dijo Toco-Toco con determinación, moviendo su cola rápidamente.

“Y conmigo,” añadió Ban, levantando su arma con confianza.

“Yo también estoy contigo,” dijo Alita, lanzando un ataque mágico que derribó a varios enemigos cercanos.

“Y yo,” “Nosotros,” “Tus padres y tu abuelo…

¡Cuenta conmigo, papi!” exclamó Rykaru junto a los demás, cada uno expresando su apoyo incondicional.

“Solo debo concentrarme y utilizar el cetro.

Ustedes deberán guiarme y protegerme hasta llegar al señor de las sombras lo antes posible, antes de que esa cosa que está creando acabe con todo,” indicó Paltio, su mirada decidida reflejando la magnitud de la tarea que tenía por delante.

Todos estuvieron de acuerdo y comenzaron a avanzar.

Antes de partir, Paltio les otorgó un poder especial para que sus armas y ataques pudieran dañar efectivamente a los no-muertos.

Los padres de Paltio tomaron la delantera, guiando a su hijo con cuidado, mientras los demás formaban un escudo protector a su alrededor, luchando contra las hordas interminables de enemigos.

“¡Vaya, esta cosa es grande!” exclamó Ban al ver un Vichus zombi acercándose.

Pero antes de que pudiera actuar, Gikel apareció y, con un puñetazo devastador, lanzó al monstruo volando por los aires.

“Gracias, amigo,” dijo Ban con una sonrisa de agradecimiento.

“Ni que lo digas,” respondió Gikel, limpiándose el polvo de las manos antes de continuar peleando.

Ludra seguía combatiendo con los no-muertos inferiores, moviéndose con agilidad mientras repartía golpes precisos.

“¡Cuidado, Ban!” gritó ella al ver que un enemigo se acercaba sigilosamente hacia su líder.

Con una patada de karate, Ban noqueó al zombi, que se desvaneció al instante.

“¡Sigamos!” exclamó Alita, conjurando ataques de hielo que congelaban a los enemigos en su lugar.

Nakia aprovechó el momento para rematarlos con sus alas explosivas, causando estragos entre las filas enemigas.

Ron y Chiki estaban usando una combinación de golpes furiosos para derrotar a los no-muertos.

Cuando apareció un Vichus, ambos coordinaron un potente puñetazo simultáneo que eliminó al enemigo en un instante.

“¡Aquí hay más de estas cosas!” dijo Rocky mientras rasguñaba a varios enemigos que intentaban rodearlo.

“Tienes razón,” respondió Lucca, corriendo a gran velocidad a pesar de su edad.

Con sus espadas en sus manos, trazaba un camino claro para Paltio, eliminando a cualquier obstáculo que se interpusiera.

“¡Vengan, tontas criaturas!” gritó Rodelos, enfrentándose a cinco Vichus al mismo tiempo.

Golpe tras golpe, trataba de abrirse paso mientras mantenía su posición estratégica.

Mok, por su parte, usaba su espada Luara junto con ráfagas de energía espiritual que cortaban a los enemigos en dos, creando un camino seguro para el avance del grupo.

“¡Miau, son demasiados!” dijo Toco-Toco mientras saltaba de un lado a otro, acabando con los enemigos que encontraba en su camino.

Rykaru seguía lanzando su ataque de dragón, una ráfaga poderosa que barría con grandes cantidades de enemigos de un solo golpe, asegurando que el camino hacia Urugas permaneciera despejado.

Lukeandria creó varios clones que alzaron sus espadas al unísono, listos para enfrentar a los enemigos.

Con movimientos precisos, eliminaron a decenas de zombis en cuestión de segundos.

Lume, transformado en su forma de zorro, lanzaba grandes llamas verdes que envolvían a los enemigos en fuego vivo, reduciéndolos a cenizas al instante.

Geki, montado sobre el lomo de Lume, generaba armas mágicas como flechas y lanzas que lanzaba hacia los enemigos cercanos.

Luego, saltó desde el lomo de su amigo y se transformó en una enorme tortuga de guerra, aplastando a varios enemigos bajo su peso colosal.

“¡Continúen!” les gritó Geki a los demás mientras se reincorporaba a la batalla.

“Bien,” respondieron todos, avanzando con determinación.

Los padres de Paltio seguían guiándolo, cada uno sosteniendo uno de sus brazos como si fuera ciego, ya que él mantenía ambas manos firmemente aferradas al cetro, completamente concentrado en su objetivo.

“¿Así que quieres llegar hasta mí, eh, Paltio?” resonó una voz terrorífica proveniente de Urugas.

“Pero no te será fácil.

Mi ejército de no-muertos no te lo permitirá, y muy pronto mi ataque estará completo para destruir tu mundo.” “Faltan cuatro minutos,” pensó Paltio telepáticamente, enviando su mensaje a todos los aliados.

“Solo resistan un poco más.

Estamos cerca.” El avance era lento pero seguro, aunque la presión aumentaba con cada paso.

Los guardianes seguían enfrentándose a los concejales, manteniéndolos ocupados para que Paltio pudiera continuar.

Sin embargo, Toco-Toco, observando cómo el ataque de Urugas comenzaba a expandirse peligrosamente, alertó al grupo: “¡Debemos apresurarnos!

El ataque de Urugas está creciendo más rápido de lo que pensábamos.” Todos estaban aproximadamente a la mitad del camino entre las hordas interminables de soldados no-muertos.

Aunque derrotaban a muchos enemigos, Urugas simplemente los revivía una y otra vez, prolongando la lucha.

“Faltan tres minutos,” indicó Paltio mentalmente, su tono firme pero cargado de urgencia.

En ese momento, los seis tejones líderes aparecieron frente a ellos, bloqueando el camino.

Ron, Alita, Lucca, Galatea, Nomak y Lukeandria se posicionaron al frente, dispuestos a enfrentarlos.

“Continúen,” dijo Ron sin mirar atrás, su voz reflejando determinación.

“Yo me encargo de esa Troba.

Ya le tenía hambre por lo que hizo esa vez,” dijo Alita con ira contenida al ver a la tejona transformarse en un monstruo similar al que habían enfrentado antes.

“Bien, yo voy por Blajon.

Tengo cuentas pendientes con ese sujeto después de lo que le hizo a la ciudad donde estuve,” afirmó Lucca, recordando una vieja herida que aún ardía en su memoria.

“Bien, entonces yo me encargaré del del bastón.

Creo que se llama Mejod.

Total, ya lo vencí una vez,” declaró Galatea con confianza, ajustando su postura de combate.

“Yo me encargo del del platillo volador, el tal Trebolg,” dijo Nomak con su habitual tono sombrío y serio, preparándose para enfrentar al enemigo.

“Bien, entonces yo me encargaré de Tertrol,” indicó Ron con determinación, ajustando su postura mientras observaba al enemigo frente a él.

“Gracias por dejarme a Tejod para mí,” añadió Lukeandria con una sonrisa feroz, su voz cargada de confianza mientras se preparaba para enfrentar al tejón zombi de la sombra roja.

Su aura comenzó a brillar con intensidad, irradiando una energía que parecía iluminar incluso la más densa oscuridad.

Era evidente que estaba lista para la batalla, ansiosa por saldar cuentas pendientes con su oponente.

Mientras los demás continuaban avanzando, apareció DeathSpark, lanzando un rayo devastador que amenazaba con detener a todos.

Mok se quedó atrás para enfrentarlo.

“Lo siento, señorito Paltio.

No creo que pueda llegar con usted hasta el final,” dijo Mok con calma, pero con una firmeza inquebrantable.

“Sin embargo, sé que todo saldrá bien.

Debo encargarme de esto.” Con un movimiento rápido, Mok bloqueó el rayo de DeathSpark y lo empujó hacia atrás, asegurándose de mantenerlo alejado del grupo.

“Faltan dos minutos,” indicó Paltio telepáticamente, su mente centrada en la tarea que tenía por delante.

Ya solo quedaban junto a Paltio sus padres, su abuelo Rodelos, Rykaru, Rocky, Ban, Ludra, Gikel, Toco-Toco, Lume, Chiki, Geki y Nakia.

Todos seguían avanzando con determinación, enfrentando oleadas tras oleadas de enemigos que intentaban detenerlos.

Hasta que apareció una manada de Vichus, pero no venían solos.

Los generales y jefes de los ejércitos de las sombras los acompañaban, liderando a las hordas con ferocidad implacable.

Sin dudarlo, Gikel, Ludra, Ban, Rocky y Rodelos se quedaron atrás para enfrentarlos.

“Los demás deben continuar,” dijo Rodelos mientras blandía su espada contra uno de los generales.

“Confiamos en ustedes.” Con renovada urgencia, el resto del grupo continuó avanzando, abriéndose paso hacia Urugas.

Estaban a punto de llegar cuando, de repente, algo inesperado y aterrador emergió frente a ellos.

“¡Ese que viene es más grande!” exclamó Toco-Toco, señalando al colosal enemigo que se acercaba.

“Es un Tropogax.

Antes los guardianes tuvieron que unirse para derrotar a uno de ellos…

¡Pero ahora ya soy más fuerte!” “¡miau!, así que probaré suerte peleando contigo,” dijo el felino, lanzándose valientemente contra el enorme monstruo con sus armas desplegadas.

Sin embargo, no era el único: nueve Tropogax más aparecieron, rodeándolos.

“Nosotros te apoyaremos,” dijeron Chiki, Lume, Nakia y Geki al unísono, posicionándose al lado de Toco-Toco para enfrentar a los gigantescos enemigos.

“Falta un minuto,” pensó Paltio, transmitiendo su mensaje telepáticamente a todos los que aún luchaban por él.

“Espero lograrlo…” La responsabilidad final ahora recaía únicamente en los padres de Paltio y Rykaru, quienes lo acompañaban en los últimos metros hacia su destino.

En ese momento, frente a ellos apareció Badogorfo, en forma de dragón zombi de proporciones colosales.

Sus ojos vacíos brillaban con una luz siniestra mientras rugía con furia.

“Lo que faltaba…

¡Un dragón zombi!” exclamaron los padres de Paltio, mirando con preocupación al enorme enemigo.

“Yo me encargo de este,” dijo Rykaru con firmeza, colocándose al frente.

“Protegeré a mis abuelos y a mi papi.” El joven dragón lanzó un rugido ensordecedor y exhaló un poderoso aliento de fuego que obligó a Badogorfo a retroceder, apartándolo momentáneamente del camino.

Ahora solo quedaban los padres de Paltio junto a él, llevándolo hasta la meta.

Pero justo cuando parecía que estaban a punto de alcanzar su objetivo, más soldados no-muertos surgieron de la nada, bloqueando completamente su avance.

Paltio ya les estaba comentando telepáticamente que faltaba poco tiempo y que Urugas parecía tener listo su ataque final.

Ambos padres evaluaron rápidamente el panorama.

Sabían que no había forma de seguir avanzando sin poner en peligro a su hijo.

Con lágrimas en los ojos y corazones llenos de amor, tomaron una decisión difícil.

“Lo siento, hijo,” dijeron al unísono, mirándolo con profunda tristeza, pero también con orgullo.

“Creo que hasta aquí podremos acompañarte.” “Esperamos que puedas hacerlo tú solo.

Te queremos, da lo mejor de ti…

y por favor, no mueras,” añadieron, antes de lanzar a Paltio con todas sus fuerzas por los aires, enviándolo directamente hacia donde estaba Urugas.

“3, 2, 1…” contaba Paltio mentalmente mientras volaba por los aires, acercándose rápidamente a su objetivo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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