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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 283

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283: Muy Tarde 283: Muy Tarde “¿Por qué estos tipos no se mueren como los otros zombis?” decía Ron mientras intercambiaba golpes con Tertrol, el tejón zombi de las sombras azules.

Su tono era una mezcla de frustración y asombro, pero su determinación no flaqueaba.

“Tal vez sea porque son jefes finales,” respondió Alita, lanzando ráfagas de magia elemental contra Troba, cuya forma monstruosa rugía con furia.

“Es como ese videojuego que jugábamos,” añadió, recordando viejas conversaciones entre ellos.

“Vaya, pensé que no te gustaban esas cosas,” dijo Ron con una media sonrisa, buscando aligerar el momento a pesar de la tensión.

“¿Qué cosas dices?” replicó Alita, sonrojándose ligeramente mientras evitaba un ataque de Troba con una barrera de tierra.

Sin perder tiempo, lanzó un ataque de fuego que envolvió al monstruo en llamas.

Mientras tanto, Lucca enfrentaba a Blajon, su espada brillando con cada movimiento preciso.

“Vaya, sí que peleas bien, señor Blajon,” murmuró Lucca con frialdad.

“Lástima que ya no estés vivo; si lo estuvieras, vengaría a mis compañeros que mataste.” Sus movimientos eran calculados, sus ataques certeros.

“Es fácil predecir tus ataques, ya que son medio erráticos,” continuó, recordando el pasado.

En su mente, Lucca revivió el momento en que Blajon y su ejército masacraron a una provincia entera.

Recordó cómo algunos aldeanos lo habían salvado cuando estaba herido, ayudándolo a caminar con un bastón improvisado tras fracturarse la pierna.

Esa gratitud nunca fue olvidada, y ahora la frustración por no haber podido salvarlos ardía dentro de él.

“Lamento no haber salvado a esos aldeanos,” dijo en voz alta mientras descargaba toda su furia en un ataque devastador.

“Pero sé que fuiste tú y tus aliados quienes lo hicieron, al ver tu estandarte en ese lugar.” Por otro lado, Galatea enfrentaba a Mejod, el tejón de las sombras moradas.

Con un empujón poderoso, lanzó al enemigo varios metros hacia atrás.

“Bien, ya había acabado contigo antes,” dijo Galatea con una sonrisa confiada.

“Pero será bueno hacerlo de nuevo.” Mejod intentó levantarse apoyándose en su bastón, mostrando una resistencia sorprendente incluso para un zombi.

“Bueno, ahí voy de nuevo,” murmuró Galatea al ver cómo el tejón volvía a pararse.

“Al parecer eres muy resistente, incluso estando muerto.” Nomak, por su parte, luchaba contra Trebolg, el tejón que flotaba en un platillo volador.

“¡Este del platillo volador no se queda quieto!” exclamó Nomak, saltando para intentar alcanzarlo.

Pero Trebolg seguía flotando fuera de su alcance, lo que solo aumentaba la irritación de Nomak.

De repente, ocho manos robóticas emergieron del platillo, blandiendo espadas filosas.

Nomak, decidida, comenzó a esquivarlas y cortar algunas en el proceso.

Aunque era hábil, las manos destruidas eran rápidamente reemplazadas por otras nuevas.

“¡Es en serio!” gritó Nomak, visiblemente enfurecido.

Ron seguía burlándose de Tertrol mientras lo sujetaba del brazo y lo hacía golpearse a sí mismo.

“Ya deja de jugar, Ron,” le reprochó Alita mientras lanzaba dardos de fuego contra Troba.

El cabello gigante de Troba se lanzó hacia Alita, quien lo bloqueó con una barrera de tierra antes de contraatacar con magia eléctrica que derribó al monstruo momentáneamente.

Lukeandria, por su parte, enfrentaba a Tejod, el tejón zombi de la sombra roja.

Ambos chocaron espadas, creando chispas con cada impacto.

“Hace tiempo que quise acabar contigo, maldito Tejod, y hoy lo voy a hacer,” dijo Lukeandria con determinación.

“Bueno, más o menos, porque ya estás muerto.

En todo caso, te voy a rematar.” Con un movimiento rápido, desarmó a Tejod y lo dejó vulnerable.

“No me lo pongas tan fácil,” murmuró Lukeandria mientras aprovechaba la oportunidad para preparar el golpe final.

Por otro lado, Mok seguía enfrentándose a DeathSpark, un zombi errático que lanzaba rayos y activaba torretas para atacar.

Sin embargo, Mok, junto a su espada mágica, demostraba una habilidad extraordinaria al desactivar cada trampa y contraatacar sin vacilación.

“Vaya que, si eres una molestia, hermano mío, incluso muerto,” murmuró Mok mientras bloqueaba un rayo con su arma y avanzaba hacia el enemigo.

“Pero volveré a acabar contigo las veces que sean necesarias.” Con un movimiento fluido, blandió su espada y cortó limpiamente una de las torretas, dejándola inservible.

En otro frente, Rocky golpeaba a varios Vichus con sus enormes garras, mientras Rodelos coordinaba ataques estratégicos.

Ban y Ludra se encargaban de cortar a los enemigos para que Gikel diera el golpe final con sus puños devastadores.

“¡Estamos haciendo un buen equipo!” exclamó Ban con una sonrisa, felicitando a los demás por su sincronización perfecta.

“¡Cuidado, señor!” gritó Ludra al ver a otro enemigo acercarse sigilosamente.

Sin perder tiempo, se lanzó con una patada voladora que impactó directamente en la cabeza del Vichus, derribándolo al instante.

“Gracias,” respondió Ban rápidamente, pero Rodelos interrumpió cualquier celebración.

“Será mejor que no bajen la guardia y guarden los cumplidos para después,” dijo con seriedad mientras eliminaba a dos Vichus simultáneamente con movimientos precisos.

“¡Esto sí que es ejercicio!” comentó Rocky entre jadeos, usando sus garras para deshacerse de más enemigos que intentaban rodearlos.

Por su parte, Toco-Toco, Lume, Nakia, Geki y Chiki estaban poniendo a raya a los temibles Tropogax.

Aunque estos enemigos carecían de inteligencia, su fuerza bruta era abrumadora.

Lume lanzaba llamas mágicas que envolvían a los Tropogax en fuego vivo, mientras Nakia lanzaba sus alas explosivas para desestabilizar a los gigantes.

Geki, transformándose en una enorme tortuga, se dejaba caer de espalda con su caparazón lleno de púas, aplastando a varios enemigos bajo su peso colosal.

El número de Tropogax comenzó a aumentar, pero ellos no mostraban señales de rendirse.

Chiki saltó al frente, dando potentes golpes con sus patas de lobo cuyas garras brillaban con un rojo intenso.

Cada ataque detenía momentáneamente el avance de los monstruos.

Toco-Toco, aprovechando su super fuerza y armas mejoradas, combinando sus ataques con los de Chiki para eliminar a los enemigos que no dejaban de llegar.

Habían acabado con siete Tropogax, pero más seguían apareciendo, como si Urugas mismo los estuviera reviviendo continuamente.

Rykaru, al ver a Badogorfo, el dragón zombi, rugió con furia.

“¡Parece ser que tú no entiendes!” exclamó Rykaru, sus ojos brillando con determinación.

“¡No dejaré que toques a mi papi ni a mi familia!” Con un rugido ensordecedor, el joven dragón lanzó un poderoso ataque combinado: su aliento de dragón y el cuero endurecido de su piel crearon una ráfaga devastadora que obligó a Badogorfo a retroceder.

Los guardianes, por su parte, mantenían a raya a los concejales demoníacos, bloqueando cualquier intento de interferir con el avance de Paltio.

Los enemigos eran extremadamente resistentes y no caían fácilmente, pero los guardianes no flaqueaban.

Los padres de Paltio peleaban ferozmente contra oleadas de soldados no-muertos que intentaban detenerlos.

Finalmente, tomaron la decisión de lanzar a su hijo hacia Urugas, asegurándose de que completara su misión.

“¡La batalla está emparejada!” pensó Ron mientras seguían luchando.

Todos hacían todo lo posible para mantener a raya a los ejércitos de Urugas, sabiendo que el destino del mundo dependía de ellos.

Paltio estaba contando mentalmente mientras descendía por los aires.

Al llegar al último número de su cuenta, el príncipe cayó frente a Urugas, quien lo esperaba con una espada en forma de colmillo de jabalí que se materializo, lista para perforarlo en cuanto tocara el suelo.

Sin embargo, justo antes de que el filo pudiera alcanzarlo, Paltio abrió los ojos repentinamente y esquivó el ataque con una agilidad sobrehumana.

“Ya es hora,” dijo Paltio con voz firme, sus ojos brillando con una determinación inquebrantable mientras se ponía de pie frente a su enemigo.

“¿Hora de qué?” preguntó Urugas, inclinando la cabeza con una sonrisa burlona.

“Veamos…

lograste llegar hasta mí, pero llegaste demasiado tarde.

Mi ataque de destrucción masiva ya está listo.” En ese instante, la esfera oscura que flotaba detrás de Urugas comenzó a moverse a gran velocidad.

Era como un agujero negro voraz, jalando todo a su alrededor y engullendo cualquier cosa que se acercara.

El suelo temblaba, el aire se distorsionaba y los ejércitos de no muertos en el campo eran absorbidos sin piedad, al igual que todo lo que estaba cerca.

“Despídete de tu mundo, niño.

Pronto no quedará nada más que yo,” declaró Urugas con una sonrisa maquiavélicamente triunfante, disfrutando del caos que su creación estaba desatando.

“¡Oh, no!” exclamó Paltio, horrorizado al ver cómo la esfera empezaba a tragar todo a su alrededor a una velocidad alarmante.

La tierra, el cielo, incluso algunos ríos cercanos parecían ser devoradas por esa oscuridad insaciable.

“Adiós, niño.

Fue un gusto conocerte, pero tengo cosas que hacer,” dijo Urugas con desdén, observando cómo su ataque final consumía todo lo que alguna vez fue el mundo de Avocadalia.

“Creo que…

llegué muy tarde,” murmuró Paltio con un hilo de voz, sus ojos fijos en el ataque que se acercaba infaliblemente.

La devastación que lo rodeaba parecía corroborar sus peores temores: Es el fin.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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