Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 285

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. La Ultima Esperanza de Avocadolia
  4. Capítulo 285 - 285 Una Nueva Era
Anterior
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

285: Una Nueva Era 285: Una Nueva Era Paltio luchaba desesperadamente contra Urugas, guiado por los consejos y visiones futuras que provenían de su cetro.

En un instante decisivo, logró cambiar el curso del destino: el ataque final de Urugas se convirtió en su propia perdición.

Con la ayuda de sus amigos, Paltio desató un poder colosal que provocó una fluctuación inusual en el “Agujero Negro” creado por el enemigo.

Este fenómeno extraordinario, bautizado por el joven príncipe como el “Agujero Blanco Marfil”, se convirtió en un punto de inflexión en la batalla.

Unidos, lanzaron un último ataque conjunto que encerró a Urugas en un bucle infinito del cual nunca podría escapar.

El esfuerzo fue abrumador.

Todos cayeron exhaustos al suelo, pero antes de perder el conocimiento, alcanzaron a sostener a Paltio, quien se desplomó tras usar un potente ataque alimentado por la energía del creador.

Aún no dominaba ese poder, y siendo mortal, lo agotó por completo, dejándolo inconsciente.

Mientras caía debilitado, escuchó voces distantes llamándolo: “¡Paltio, Paltio!” Luego, todo quedó en silencio.

En la distancia, los demás amigos de Paltio como el profesor Kuang se preguntaban.

—Profesor Kuang, ya todo pasó —dijeron los demás, aliviados al sentir que la fuerza opresiva que los había atrapado finalmente se disipaba.

“Sí, así parece”, indicó el profesor, poniéndose de pie mientras ajustaba sus lentes con gesto pensativo.

En otro lado, lejos del equipo del profesor Dall y Milko también sintieron que todo ese movimiento se detuvo.

—Gracias, Dall, me salvaste —dijo Milko con gratitud, sonriendo débilmente hacia su amigo.

—Al fin sirvo para algo… ¡y no lo arruiné!

—respondió Dall, orgulloso, aunque segundos después tropezó y se desplomó sobre una roca.

Milko soltó una risa breve, pero era evidente que apreciaba a Dall más allá de sus torpezas.

Lo veía como a un hermano mayor, por así decirlo.

Poco a poco los que estaban en el campamento del profesor, miraban hacia el horizonte, donde un enorme halo de luz ascendía hacia el cielo.

Los cielos comenzaron a purificarse lentamente, recuperando su brillo natural.

El sol emergió, matizando el mundo con un hermoso amanecer.

—Eso quiere decir que lo lograron —murmuró Paris, dirigiéndose a Karpi, mientras ambas observaban cómo la oscuridad que había cubierto el firmamento daba paso a un día radiante.

Se abrazaron llenas de felicidad y sumaron a Chiro y Chip en el afectivo saludo.

Todos en el lugar se emocionaron y también se abrazaron felices de haber podido lograr por fin salir del yugo de las sombras.

Al poco tiempo, el grupo que acompaño a Paltio regresaba, recibidos con alegría y cansancio compartido.

Paltio, aún dormido, descansaba sobre la espalda de su abuelo, quien lo cargaba con cuidado.

En ese instante se escuchó a alguien llamar a Paltio.

—Paltio… Paltio… —Una voz familiar lo llamó desde lejos.

—¿Avocios?

¿Eres tú?

—preguntó Paltio, reconociendo la presencia.

—Sí, muchacho —respondió Avocios, contemplando la confusión en los ojos de Paltio—.

Ves, pudiste hacerlo sin mí, con la ayuda de tus compañeros.

Tú eres la representación misma de la esperanza, como indica el nombre que con el que te bautizaron.

—Lamento una vez más dejarte todo a ti —dijo Avocios con un tono cargado de nostalgia—.

Espero que puedas descubrir cómo continuar.

—¿Continuar?

—preguntó Paltio, confundido, mientras sus ojos buscaban respuestas en los de su mentor.

—Pues claro, muchacho.

Esto no es más que la punta del iceberg de tu aventura.

Ahora que eres un ente creador mitad mortal, hay cosas que deberás enfrentar en el futuro.

Pero eso ya lo decidirás tú mismo —respondió Avocios con una sonrisa tranquilizadora—.

Me despido por ahora, muchacho.

Cuídate siempre.

Te estaré vigilando desde el otro lado… incluso desde tus sueños.

Creo que haré un trato con la entidad de la muerte, ya veré cómo lo arreglo.

Con esas palabras, Avocios se desvaneció en el aire, dejando a Paltio solo frente a la inmensidad.

El joven intentó seguirlo, pero de pronto sintió que el suelo bajo sus pies desaparecía.

Cayó por un precipicio interminable, mientras en el cielo sobre él aparecían varios ojos brillantes que lo observaban con intensidad.

En eso, Paltio abrió los ojos lentamente, despertando de lo que parecía un sueño a medias, entre la realidad y una pesadilla.

Al mirar a su alrededor, se dio cuenta de que estaba en su propia cama.

Confundido, se preguntó cómo había llegado allí y qué había ocurrido con la batalla contra Urugas.

Unos golpes en la puerta interrumpieron sus pensamientos.

Era Mok, quien entró con una sonrisa radiante.

Paltio saltó de la cama para abrazarlo, sintiendo un alivio inmenso al verlo sano y salvo.

—¡Ya despertó!

—anunciaron unas voces familiares.

Eran Alita y Ron, quienes habían estado esperando pacientemente a que el joven príncipe recuperara el conocimiento.

—Por fin despertaste.

Tuviste un sueño muy tranquilo —dijo Alita con calma.

—¿Tranquilo?

¿Cuánto dormí?

—preguntó Paltio, aún desorientado.

—Un mes, amigo —respondió Ron, revolviendo juguetonamente el cabello de Paltio—.

Eres todo un dormilón, además de siempre tener la cabeza en las nubes.

—¡Ron, basta!

—exclamó Paltio, apartando su mano con una sonrisa.

Luego, el joven príncipe recordó algo importante.

—¿Dónde están Rykaru, Lukeandria y los demás?

Antes de que alguien pudiera responder, una explosión resonó en la habitación.

La ventana de su cuarto había sido destrozada por nada más y nada menos que Rykaru, el dragón blanco.

—¡Despertaste, papi!

—rugió el joven dragón, asomando su enorme cabeza por el hueco de la ventana.

—¡Rykaru!

Ahora sí que has crecido mucho… Creo que tendré que pedir que agranden mi ventana.

Será mejor que me arregle y salga a verte afuera —dijo Paltio, riendo entre dientes.

—Está bien, señorito.

Todos los demás están esperando a que despertara —informó Rykaru con entusiasmo.

—¿Todos?

—repitió Paltio, sorprendido.

Se cambió rápidamente y salió de su habitación.

Pero al recorrer los pasillos, notó que estaban completamente vacíos.

La sala y la cocina también estaban desiertas.

Intrigado, decidió salir al exterior.

Al abrir las puertas, se encontró con una enorme multitud que, al verlo, comenzó a ovacionarlo.

Muchos se arrodillaron ante él, llenando el aire de murmullos reverentes.

—No es necesario… —murmuró Paltio, incómodo.

—Es que todos se enteraron de que tienes el poder del señor Avocios, nuestro creador —le susurró Ron al oído.

—¡No tenían por qué contarlo!

—protestó Paltio, visiblemente avergonzado.

—Bueno, fue Golden quien fue con el cuento.

Le pedimos que no lo hiciera, pero ya sabes cómo es: no pudo resistir el chisme y se lo contó a todo el mundo.

Ahora todos piensan que eres el nuevo creador —explicó Meliradal, encogiéndose de hombros.

Los cinco guardianes también estaban arrodillados junto a sus compañeros animales.

—Ya les dije que no es necesario —insistió Paltio, intentando disipar la tensión.

—Claro, típico de ti —comentó Lukeandria desde una esquina, con un tono sarcástico que no pasó desapercibido.

—Oye, ¿y tú no vas a saludar a tu novio, como en esa visión que te mostró el enemigo?

—bromeó Lume, dejando escapar las palabras sin pensar.

—¡Él no es mi novio!

—se apresuró a aclarar Lukeandria, sonrojándose intensamente.

—¿Y por qué no?

—preguntó Paltio, inocentemente.

La joven se puso aún más roja y desvió la mirada, tratando de disimular su turbación.

—¡No digas esas cosas!

—exclamó ella, cruzándose de brazos mientras evitaba mirarlo directamente.

—Deberían dejar de ocultar sus sentimientos —dijo Alita con una sonrisa pícara.

—Tienes razón —respondió Ron, aprovechando el momento para darle un beso en la mejilla.

Había intentado besarla en los labios, pero sintió que unos ojos lo vigilaban.

Seguramente eran los padres de Alita, pensó, y prefirió no arriesgarse.

—¡Lo sabíamos!

¡Ron está enamorado de ella!

—exclamaron los hermanos de Ron entre risas.

—¡Oigan!

—protestó Ron, pero sus hermanos ya se habían alejado corriendo para jugar por ahí.

Lukeandria, aún incómoda por la conversación anterior, miró a Paltio y suspiró.

—Mira, yo… todavía no estoy lista para esas cosas.

Después de todo, perdí mi hogar, mi pueblo, y a mi familia —dijo ella con voz suave, cargada de nostalgia.

—Pero nos tienes a nosotros —replicó Paltio con calma—.

Al principio fue raro viajar contigo cuando fingías ser un soldado de las sombras rojas y tratabas de hacerte la ruda, pero poco a poco te fuimos conociendo.

Siempre estuviste ahí, apoyando, aunque a regañadientes.

A pesar de tu actitud reservada, te preocupabas profundamente por los demás.

—¡No digas esas cosas!

¡Me haces sonrojar!

—exclamó Lukeandria, lanzándole un golpe juguetón que no llegó a lastimarlo.

—Lo siento —se disculpó ella inmediatamente, aunque sus mejillas seguían encendidas.

Paltio soltó una carcajada y se levantó, sonriendo.

—Está bien, no hay prisa.

Cuando estés lista, podemos intentarlo.

Tal vez podríamos empezar con una salida… ¿qué dices?

—¿Una cita?

—preguntó ella, ahora completamente roja.

—¡Ja!

¡Quién lo diría!

Nuestro hijo es todo un donjuán… ¡parece que ya va a tener novia!

—bromeó la madre de Paltio desde la multitud, arrancando aún más risas entre los presentes.

—¡Mamá!

—reclamó Paltio, avergonzado, mientras Rodelos, su abuelo, reía a carcajadas desde lejos.

—¡Abuelo!

—lo llamó Paltio, acercándose para abrazarlo.

Lukeandria observó la escena con una mezcla de felicidad y melancolía.

Aunque estaba rodeada de personas que la apreciaban, aún sentía una profunda tristeza por haber perdido a su familia.

Sin embargo, también experimentaba alivio al saber que había liberado al mundo de las sombras.

De repente, sintió una mano tocarle el hombro por detrás.

Instintivamente, actuó con rapidez, aplicando una llave al desconocido.

—¡Auch!

—se quejó una voz familiar—.

Vaya, sí que has estado practicando.

Esa voz… era imposible no reconocerla.

—Esta voz… me resulta familiar —murmuró Lukeandria, girándose lentamente.

Al verlo, sus ojos se abrieron de par en par.

Era nada más y nada menos que su hermano mayor.

—¿Cómo…?

¿Eres tú en verdad, hermano?

¿No es un truco?

—preguntó ella, incrédula pero radiante de alegría.

—Claro que soy yo.

¿Acaso no me reconoces?

—respondió él con una sonrisa cálida.

Lukeandria lo examinó detenidamente: alto, cabello corto, idéntico a cómo era antes del ataque de Tejod.

Finalmente, sus ojos se llenaron de lágrimas de felicidad.

—¡Eres tú, Lute!

—exclamó, lanzándose a abrazarlo con fuerza.

—Solo recuerdo haber despertado en el campo de batalla después de nuestra lucha contra las Tejod y sus sombras —explicó Lute—.

Luego empecé a buscarte desesperadamente.

Fue entonces cuando me encontré con un robot que proyectó la imagen de un señor que se reía como loco.

Me dijo que te conocía y que podría ayudarme a encontrarte aquí.

—Estuviste mucho tiempo en Jade, eso explica por qué no has cambiado —reflexionó Lukeandria, limpiándose las lágrimas—.

Pero si sigues siendo mi hermano, no hay duda de ello.

Ambos compartieron una sonrisa, disfrutando del milagroso reencuentro.

—Tú debes ser quien salvó este mundo… debes ser el creador —dijo Lute, arrodillándose ante Paltio con respeto.

Luego, tras escuchar la conversación previa, añadió con una sonrisa traviesa—: Y está bien si quieres estar con mi hermana.

Sería un honor.

—¡Hermano, deja de decir tonterías!

—protestó Lukeandria, molesta pero visiblemente sonrojada.

Sus palabras provocaron carcajadas entre todos los presentes, quienes disfrutaban del momento de ligereza después de tantas tensiones.

—Miau, mi señor, ¿y ahora cuál es el plan?

—preguntó Toco-Toco, acercándose a Paltio con curiosidad.

—¿Quién diría que pasarías de ser un simple príncipe a convertirte en un ser divino?

—añadió el gato, con su habitual tono sarcástico pero cariñoso.

—Es verdad, Paltio, ¿qué piensas hacer ahora?

—preguntó Golden, uniéndose a la conversación.

—Señor, estamos para servirle —respondieron los otros guardianes al unísono, inclinándose ligeramente.

Paltio reflexionó por un momento antes de responder.

—Por ahora, no hay necesidad de grandes planes.

Debemos disfrutar esta tranquilidad y paz que hemos recuperado.

Necesitamos reconstruir ciudades y sanar las heridas de nuestro mundo.

Aún soy un adolescente, así que no pienso en asumir responsabilidades demasiado grandes… Tal vez en el futuro visite otros lugares fuera de este planeta.

Avocios mencionó que, en un principio, había dado al mundo entero el nombre de Avocadolia.

Sin embargo, todos malinterpretaron su intención y terminaron asignándole ese nombre solo al reino.

—Deberías dar algunas palabras, muchacho —interrumpió Rodelos, su abuelo, con una expresión seria pero orgullosa.

—¡Vamos, Paltio!

¡Hazlo!

—dijeron sus amigos, animándolo con entusiasmo.

Paltio, aunque nervioso, finalmente cedió ante sus súplicas.

—Bueno, está bien… Si insisten… —respondió, tomando una profunda bocanada de aire mientras se preparaba para hablar.

El joven se preparó aclaro la garganta y empezó a hablar: —Lo que nos separó fue lo que permitió que las sombras invadieran nuestro mundo.

Pero gracias a esta luz de esperanza que hemos creado juntos, hemos logrado renacer completamente, purificando nuestros hogares.

En honor al anterior ser creador, Avocios, propongo que este planeta sea rebautizado como Avocadolia.

Un murmullo de asombro recorrió a los presentes.

—¿Entonces todo el planeta llevará ese nombre?

—preguntaron algunos, sorprendidos pero emocionados.

—Sí, así es —confirmó Paltio con seguridad—.

Ya no habrá un solo reino ni cinco separados.

Durante mi viaje, conocí muchos más reinos y razas de este mundo de los que jamás imaginé.

Por eso, todo debe ser paz y armonía.

Este mundo será una sola nación, unida bajo un mismo propósito.

—¿Y ahora cómo se llamará nuestra nación?

—preguntaron los presentes, visiblemente confundidos.

—A eso… —indico Paltio, haciendo una breve pausa al notar que todas las miradas estaban fijas en él.

—Desde hoy, el reino de Avocadalia ya no será llamado mas así.

En su lugar, este reino llevará el nombre de Hopedalia, en honor a la esperanza que hemos forjado juntos.

Los reinos que deseen unirse a esta nueva nación son bienvenidos.

Un estruendoso aplauso estalló entre los ciudadanos al escuchar las palabras de Paltio.

Las emociones se desbordaron: algunos lloraban, otros vitoreaban, y todos compartían un sentimiento de renovación y unidad.

Incluso aquellos que solían fastidiarlo en la escuela ahora gritaban y vitoreaban el nombre del príncipe con entusiasmo.

—Sabias palabras, señorito —dijo Mok, limpiándose las lágrimas conmovido.

—Sí que eres un tanto sentimental, dentro de toda esa seriedad —comentó Luara con una sonrisa cálida, suavizando el momento con su habitual tono juguetón.

—Sabía que algún día serías alguien grande, hijo mío —agregaron sus padres, mirándolo con un orgullo inmenso que iluminaba sus rostros.

Todos observaban atentamente a Paltio, cuyas palabras eran transmitidas en tiempo real gracias a los inventos del profesor.

Estas grabaciones, similares a transmisiones globales, llegaban a cada rincón del mundo, conectando a personas de todos los reinos y razas en un momento histórico de esperanza y unidad.

Poco a poco, los reinos comenzaron a reconstruirse.

Ahora trabajaban en igualdad con sus vecinos, siempre dispuestos a apoyarse mutuamente.

En Ariafilis, los Reedalianos liderados por su gente se dedicaban a levantar edificios y casas, devolviendo vida y esperanza a su tierra.

En Bacadolia y Pinkertalia, los reyes fueron reemplazados por decisión popular, ya que el pueblo sintió que no eran los líderes adecuados para guiarlos hacia un futuro mejor.

Además, siempre habían priorizado sus propios intereses, incluso antes de la guerra contra las sombras.

En su lugar, se organizaron elecciones para elegir nuevas figuras que verdaderamente representaran los ideales y aspiraciones de la gente.

La calma llegó a cada rincón del mundo.

Incluso en Raditalia, el nuevo nombre que adoptó la antigua capital de las sombras conocida como Tehtra, se presenció una escena emotiva: el profesor Kuang llegaba acompañado de Chiro, quien, al ver a sus padres, corrió hacia ellos y los abrazó con lágrimas de felicidad.

Si te preguntas qué ocurrió con ellos y por qué no desaparecieron junto con las demás sombras, la respuesta es sencilla: con la energía purificadora que creé yo, Paltio, todos aquellos que tenían un buen corazón fueron redimidos.

Pudieron comenzar una nueva vida, libres de las cadenas del pasado.

Ban, Ludra y sus amigos aceptaron formar parte de Hopedalia, pero también decidieron regresar a su hogar con un objetivo claro: reconstruir su reino.

Lucca, Dall y Milko se sumaron al esfuerzo, aportando su energía y habilidades, aunque —como era de esperarse— Dall seguía siendo tan torpe como siempre.

Rocky, por su parte, los apoyó con su fuerza y destreza, asegurándose de que cada tarea se llevara a cabo sin contratiempos.

Aunque, para ser sinceros, tuvo que intervenir más de una vez para corregir los desastres accidentales que solo Dall podía causar.

“Mi primera salida” con Lukeandria no fue del todo buena.

A donde quiera que fuéramos, todos nos observaban.

Las miradas constantes y los murmullos a nuestro alrededor hacían imposible tener una velada tranquila.

Los fisgones no nos daban tregua, y ni siquiera mi familia ayudaba: iban detrás de nosotros, incluyendo al hermano de Lukeandria.

Todo eso terminó por arruinar el momento.

Por otro lado, Alita y Ron se les veía cada vez más juntos en público.

Sin embargo, los padres de Alita no perdían detalle de los movimientos de Ron, vigilándolo como halcones.

Era evidente que aún no confiaban del todo en él, aunque su esfuerzo por impresionarlos era palpable.

Mok, fiel a su papel, continuó sirviendo como mayordomo en el palacio, pero también acompañaba a mi abuelo en sus viajes.

Su presencia siempre era un recordatorio de la calma y la sabiduría que ambos compartían.

En cuanto a Toco-Toco y los demás animales acompañantes de los guardianes, no paraban de correr de un lado a otro detrás de mí, junto con Golden y los propios guardianes.

Decidí asumir mi rol como creador y enviarlos a apoyar a los demás reinos y pueblos en la reconstrucción del mundo.

Sabía que su ayuda sería invaluable en esos momentos de recuperación.

Por suerte, podía escapar de todos gracias a mi hijo dragón, Rykaru.

No sé por qué, pero siempre me llamaba “papi” —algo que, aunque inesperado, me hacía sonreír.

Con su increíble velocidad surcando los cielos, Rykaru me ayudaba a escapar de los curiosos.

En cuestión de segundos, desaparecíamos entre las nubes, dejando atrás a los fisgones y regalándome momentos de paz que tanto necesitaba.

Y como mencioné al comienzo de esta historia, estábamos rodeados de innumerables enemigos.

Junto a mis amigos, enfrentamos hordas descomunales, luchando contra la oscuridad que amenazaba con consumirlo todo.

Pero gracias a nuestro trabajo en equipo y a la esperanza que nunca dejamos de alimentar, logramos que la luz de la esperanza prevaleciera.

Eso les contaba Paltio a los niños reunidos en la plaza, quienes escuchaban sus aventuras con total atención, absortos en cada palabra.

Entre una historia y otra, no dudaban en hacerle preguntas llenas de curiosidad, ansiosos por conocer más detalles.

Por eso, quiero terminar esta historia diciéndoles: Mientras una chispa de esperanza siga encendida en el corazón de cualquiera, la oscuridad jamás ganara.

Porque incluso la luz más frágil puede desafiar a las sombras y encender el amanecer de un nuevo mañana y llevarnos a UNA NUEVA ERA.

FIN REFLEXIONES DE LOS CREADORES Cocoelcool38 Gracias por quedarte y seguir mi historia.

Aprecio de verdad tu apoyo.

Estoy especialmente agradecida, ya que esta es la primera historia que he completado y compartido con ustedes.

Este capítulo ha terminado, ¡pero el protagonista regresará en futuras historias web!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo