La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 31
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31: Smcat 31: Smcat “¿En serio?” Maxin y Ragil rieron entre dientes al escuchar el nombre.
“Te quedaba mejor Pax,” dijeron al unísono, intercambiando miradas cómplices.
“A mí me parece un buen nombre,” intervino Alita con una sonrisa amistosa dirigida a la joven.
“Sí, como sea, niña” respondió Lukeandria con un tono indiferente, aunque sus ojos revelaban cierta incomodidad.
“Niña, si tenemos la misma edad,” replicó Alita con sorna.
“Ya me parecía extraño que un soldado fuera tan bajito.” Lukeandria frunció el ceño, pero antes de que pudiera decir algo más, su expresión se endureció.
“Ahora que han visto mi rostro, no tengo más opción que acabar con ustedes para que no divulguen mi secreto,” declaró con voz firme, aunque una sombra de duda cruzó su mirada.
“Claro, claro,” respondió Alita con un gesto despreocupado, restándole importancia.
Sin embargo, Lukeandria las observó con seriedad, y por un momento pareció que hablaba en serio.
Antes de que pudiera actuar, Galatea intervino: “Primero deberás enfrentarte a Troba.
Ella fue quien vio tu rostro primero.” “Tienes razón,” admitió Lukeandria tras un breve silencio.
Comenzó a quitarles las piezas de su armadura a las demás, dejando solo el casco que estaba en manos de Alita.
Vestía una blusa y pantalón negros, ajustados como si fueran ropa interior.
“¿Por qué sigues ocultándote?” preguntó Alita, su tono cargado de genuina curiosidad mientras arrebataba de las manos de Lukeandria la última pieza de la armadura.
Lukeandria se detuvo un instante, como si las palabras pesaran más de lo que estaba dispuesta a admitir.
“No puedo ser reconocida,” respondió finalmente, su voz firme pero contenida, como si cada palabra fuera cuidadosamente medida.
“Aún debo permanecer encubierta…
No puedo darles mis motivos.” Su mirada se desvió por un momento, evitando los ojos inquisitivos de Alita, y en ese breve gesto había algo más: un destello de vulnerabilidad que rápidamente intentó disimular.
“¿Y eso por qué?
¿Acaso estás en contra de las Sombras?” insistió Alita, inclinando la cabeza con curiosidad.
“Tal vez sí, tal vez no.
Pero no lo sabrás por mí.
Quizá si sobrevives a esta travesía, lo descubras,” respondió Lukeandria con un tono críptico, su mirada perdida en algún punto distante.
“¿Qué te parece esto?” propuso Alita, extendiéndole la mano con una sonrisa astuta.
“Si vencemos a Troba, nos contarás tu historia.” Lukeandria la observó por un momento, evaluando la oferta.
Finalmente, asintió.
“De acuerdo.
Si vencemos a Troba, bien.
Pero no les dirás a los demás mi verdadera apariencia.
Seguirás llamándome Pax.” “Trato hecho,” confirmó Alita, estrechando su mano con decisión.
Ambas se levantaron y buscaron la manera de salir de la celda en la que estaban atrapadas.
Galatea señaló hacia la estructura metálica que las rodeaba.
“Esta jaula funciona igual que la de la torre,” explicó.
Alita asintió y, sin perder tiempo, usó su anillo para lanzar un chorro de agua que provocó un cortocircuito en el sistema.
La puerta de la celda se abrió con un zumbido eléctrico, y las cinco jóvenes salieron finalmente al exterior.
Sin embargo, antes de que pudieran avanzar, una de las paredes se deslizó hacia un lado, revelando una especie de portal.
De él emergió una criatura enorme, del tamaño de un puma, bloqueando su camino.
Su pelaje era de un verde oscuro, y sus garras afiladas brillaban bajo la tenue luz.
En la punta de su cola, un destello azul indicaba la presencia de un láser letal.
“No puede ser…
Esta bruja tenía que tener un Smcat,” murmuró Lukeandria, llevándose una mano a la frente con frustración.
“¿Un qué?” preguntaron las demás al unísono.
“Un Smcat.
Es un gato gigante con las características de un puma: dientes feroces, garras afiladas, y una cola que lanza rayos láser,” explicó rápidamente mientras se colocaba el casco.
“Debería haberlo adivinado: otra creación de Tejod,” dijo Alita, entrecerrando los ojos con desconfianza.
Lukeandria asintió en silencio, su cuerpo tenso y listo para el combate.
El Smcat dio un paso adelante, emitiendo un rugido grave que resonó en el aire.
“¿Y cómo vencemos a esa cosa?” preguntó Alita mientras observaba al Smcat con una mezcla de asombro y preocupación.
“Primero, es mejor no dejar que te toque,” explicó Lukeandria con urgencia.
“Ya de por sí es un felino peligroso, y encima tiene una cola que lanza láser.
Así que…
¡esquiva!” Sin darle tiempo a reaccionar, Lukeandria lanzó una patada precisa que empujó a Alita hacia un costado justo antes de que el Smcat atacara.
“¡Auch!” se quejó Alita, sobándose la espalda mientras se levantaba.
“¿No podrías avisarme antes de hacer eso?” “No hay tiempo,” respondió Lukeandria con urgencia, su voz cortante como el filo de una hoja.
“Así es.
Es momento de pelear,” añadió Galatea, adoptando una postura defensiva mientras su cuerpo se tensaba, listo para la acción.
“A sus posiciones,” ordenó con firmeza, su tono resonando como un eco de determinación.
Las palabras de Galatea parecieron electrificar el ambiente.
Las demás intercambiaron miradas rápidas, asintiendo en silencio mientras se preparaban para enfrentar lo que venía.
Galatea y sus hijas activaron su endurecimiento, cubriendo sus cuerpos con una capa protectora que repelía las garras afiladas y los dientes letales del animal.
Sin embargo, el láser de su cola era otra historia: cada vez que lo disparaba, las chicas salían despedidas varios metros hacia atrás.
Buscaron refugio detrás de unas rocas cercanas, tratando de recuperar el aliento.
“Para vencerlo, debemos cortar su cola y luego darle la estocada final,” explicó Lukeandria, observando al Smcat con cautela.
“Pero ese animal es rápido y escurridizo.
No será fácil.” “Nada mal.
Suena como un plan,” comentó Galatea, incorporándose con renovada determinación mientras sus ojos brillaban con resolución.
“Pero hay un problema: no tenemos armas,” añadió Alita, cruzando los brazos con frustración evidente.
“Eso dile a esa loca y a sus hijas que van sin decirnos nada hacia la bestia,” replicó Lukeandria, señalando a Galatea con un gesto irritado.
Su tono era mordaz, pero en su mirada había un destello de preocupación que delataba algo más que simple molestia.
Sin inmutarse, Galatea y sus hijas se lanzaron contra el Smcat.
El animal respondió con ferocidad, esquivando sus golpes o bloqueándolos con su agilidad sobrehumana.
Cada vez que intentaban acercarse, el láser de su cola las enviaba volando hacia atrás, dejándolas maltrechas, pero no derrotadas.
“Maldición, una bestia así no me va a detener,” murmuró Galatea, limpiándose el sudor de la frente mientras se ponía de pie nuevamente.
Con renovada energía, cargó contra el Smcat, pero este se movía a una velocidad vertiginosa, evadiendo cada uno de sus ataques.
“Es muy rápido,” jadeó Galatea, frustrada.
Sus hijas se unieron a la pelea, pero incluso juntas no lograban tocar al animal.
Una vez más, el láser de su cola las envió a estrellarse contra la pared.
“¿Tienes alguna idea, chica genio?” preguntó Lukeandria, mirando a Alita con una mezcla de sarcasmo y esperanza.
“Bueno, se me ocurre algo,” respondió Alita, observando cómo las demás luchaban ferozmente sin rendirse.
“Pero sería mucho más fácil si tuviéramos armas.” “¿Armas?
Aquí tengo este escudo.
¿Te servirá de algo?” dijo Lukeandria, lanzándole una mirada dubitativa.
“Podría ser útil,” admitió Alita, examinando el escudo rápidamente.
“Escucha, tíraselo a Galatea.
Ella sabrá qué hacer.” Lukeandria asintió y lanzó el escudo hacia Galatea, quien lo atrapó con un gesto de confusión.
Alita le hizo señas desde la distancia, tratando de comunicarle su plan en silencio.
“Espero que entienda,” murmuró Alita, cruzando los dedos.
Galatea intercambió unas palabras con sus hijas, quienes asintieron con determinación.
Las tres avanzaron hacia el Smcat, flanqueándolo estratégicamente.
Mientras las hijas distraían al animal con ataques coordinados, Galatea aprovechó el momento.
Con un salto impresionante, elevó el escudo sobre su cabeza y giró en el aire, clavándolo directamente en la cola del Smcat.
El animal rugió de dolor y forcejeó, pero Galatea ejerció toda su fuerza sobre el escudo, inmovilizándolo.
“¡Ahora, chicas!” gritó.
Las hijas de Galatea corrieron hacia el Smcat, sujetando sus patas delanteras con firmeza.
A pesar de los intentos del animal por morderlas, la protección endurecida de las jóvenes impedía que pudiera lastimarlas.
“¡Y ahora qué hacemos, Alita!” gritaron las tres al unísono, buscando instrucciones.
“No lo sé,” respondió Alita, su rostro reflejando incertidumbre.
Pero antes de que pudiera pensar en algo más, Lukeandria se movió con rapidez sorprendente.
De uno de sus brazales extrajo una daga brillante y, con precisión letal, la lanzó directamente a la frente del Smcat.
El animal cayó al instante, inerte.
“¡Vencimos!” celebraron las hermanas Maxin y Ragil, chocando las manos con entusiasmo.
“¡Vaya!
Así que la tenías escondida,” comentó Alita con una sonrisa irónica mientras miraba a Lukeandria.
“Solo para ciertas ocasiones… y ciertos enemigos,” replicó Lukeandria encogiéndose de hombros, aunque un brillo de satisfacción cruzó su mirada.
“Ahora que hemos vencido a esa cosa, hay que ir por esa tejona,” dijo Galatea, levantándose y devolviendo el escudo a Lukeandria con un gesto de agradecimiento.
“Para enfrentar a esa tejona deben saber una cosa: no será fácil,” advirtió Lukeandria, su tono sombrío.
“Me tomó por sorpresa.
Me noqueó antes de que pudiera reaccionar.” “Nos pasó lo mismo,” coincidieron las demás, intercambiando miradas preocupadas.
“Pero…
¿lograste ver algo en ella?
¿Algo que nos pueda ayudar?” preguntaron las chicas, inclinándose hacia Lukeandria con curiosidad.
“Bueno, sí,” admitió Lukeandria tras una breve pausa.
“Esa tejona es más astuta y mágica de lo que imaginamos.” Procedió a explicarles cómo operaba la tejona y por qué absorbía la energía de los hombres.
“¡Ah!
Por eso era,” murmuraron las hermanas, asintiendo lentamente mientras procesaban la información.
“Por una maldición…
ya veo,” reflexionó Galatea, llevándose una mano al mentón pensativamente.
“Además, ya sé dónde está Paltio y tus amigos,” continuó Lukeandria, dirigiéndose a Alita.
“Si logramos que nos ayuden, tendremos una oportunidad real.” “¿En serio?” La voz de Alita se iluminó con emoción contenida.
“¿Qué tienes en mente?” preguntó, clavando sus ojos en Lukeandria con renovado interés.
“Tú no eres la única con planes aquí, Alita,” respondió Lukeandria con una media sonrisa.
“Ya sé cómo podemos vencer a Troba, pero primero debemos hacer que muestre su verdadera forma.”
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