La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 33
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33: Problemas Mayúsculos 33: Problemas Mayúsculos La verdadera forma de Troba era más horripilante de lo que Maxin y Ragil jamás habrían imaginado, se ve horrenda indicaron ambas hermanas.
La villana se había transformado en una bestia colosal, sus ojos brillaban con un fulgor maligno mientras su cuerpo descomunal proyectaba sombras amenazantes sobre el campo de batalla.
“¡Lo pagarán caro!” rugió Troba, abriendo su inmenso hocico para devorar a los presentes.
Su voz retumbó como un trueno oscuro, haciendo temblar hasta el aire mismo.
“¡Cuidado!” gritó Mok mientras corría hacia el frente.
Con destreza, lanzó sus cuchillos al aire, formando una barrera protectora que brilló como un escudo plateado.
Las hojas giraron velozmente, desviando algunos de los ataques de Troba.
“¡Todos, evacúen la zona!” ordenó Galatea, su voz firme cortando el caos.
“Los que puedan pelear, únanse a mí.” Sin dudarlo, varios guerreros corrieron hacia ella, listos para enfrentarse a la bestia.
Entre ellos estaba Ron, quien tomó del brazo a Alita.
“Será mejor que nos vayamos,” le dijo, pero ella negó con vehemencia.
No quería huir; quería ayudar, aunque no supiera cómo.
Las soldados de Galatea intentaron atacar a Troba desde atrás, pero su inmensa cola, cubierta de púas afiladas, golpeaba el suelo con fuerza devastadora.
Cada estocada enviaba ondas de choque que hacían perder el equilibrio a los guerreros, derribándolos como fichas de dominó.
El caos reinaba.
La tejona monstruosa lanzó mechones de cabello endurecido hacia Mok, quien luchaba por proteger a los demás tras su improvisado escudo.
Los filamentos afilados silbaban al cortar el aire, clavándose en el suelo con precisión mortal antes de caer al suelo y lanzados nuevamente.
“Paltio, es momento de que actúes,” dijo Pax desde la seguridad de un árbol cercano.
Su tono era urgente pero calmado.
“No te liberamos del control de esa tejona sólo para mirar.
Debes tener algo entre manos.” Golden interrumpió dentro de la mente de Paltio, su voz cargada de frustración.
“Tiene razón, joven Paltio.
Es hora de atacar y acabar con esa cosa que interrumpió nuestra conexión.” El guantelete verde apareció en las manos del príncipe, emitiendo un leve resplandor.
“A un cinco por ciento… Espero que sea suficiente,” murmuró Paltio mientras observaba a la bestia frente a él.
Troba continuaba su embestida, lanzando sus cabellos como espadas vivientes que perforaban el suelo y regresaban a ella con rapidez sobrenatural.
Su cola trituraba todo a su paso, levantando nubes de polvo y fragmentos de tierra.
“¡Pagaran todos ustedes, tontos inútiles!
¡Pagaran caro por ver hacerme llegar a esto!” bramó Troba, su furia resonando como un eco infernal.
Alita, observando desde las sombras, cruzó una mirada significativa con Pax.
Ambas sabían algo que los demás ignoraban.
Paltio salió corriendo hacia Troba.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca, intentó lanzar un puñetazo, pero sus golpes fueron bloqueados por los cabellos endurecidos de la bestia.
“Este cabello es tan duro y resistente…” murmuró Paltio, frustrado.
“Ni siquiera le hice un rasguño.
Necesitaré más fuerza, Golden.” “Te necesito consciente, Paltio,” respondió Golden con severidad.
“Si te desmayas otra vez, tardarás dos días o más en recuperarte.
Y tiempo es algo que no tienes.” De pronto, Mok saltó frente a Paltio, blandiendo su espada para bloquear uno de los ataques de Troba.
“Señorito, debe tener más cuidado y concentrarse,” advirtió el mayordomo sin apartar la vista de la bestia.
“Probaré un ataque,” anunció Mok.
“Quizá pueda romper esos cabellos duros para abrirle paso, señorito.” Con un grito potente, Mok invocó su técnica: “¡RED BLADE SLASH!” La espada se iluminó de un rojo carmesí intenso, y con un movimiento fluido, cortó limpiamente uno de los mechones de Troba.
Este cayó al suelo con un sonido metálico, partido como si fuera una simple cuerda.
“¡Vaya, sí funcionó!” exclamó Paltio, impresionado.
“¡Eres genial, Mok!” “Gracias, señorito,” respondió Mok con modestia.
“Usted tampoco lo hace mal.” “¡Oye, mayordomo!” llamó Golden con urgencia.
“Sigue haciendo eso.
Abre camino al principito.” “Claro,” respondió Mok sin dudar, su expresión resuelta.
“Paltio, prepárate,” indicó Golden con firmeza.
“Quizás necesites más velocidad.” Entonces, sacó a Toco-Toco de entre los pliegues de su armadura invisible.
El gato emergió con un brinco ágil, sus ojos brillando de curiosidad.
“¿Para qué soy bueno, miau?” Golden no perdió tiempo en explicaciones.
“Toco-Toco, conviértete en tu forma felina gigante y lleva al príncipe a la cabeza de esa bestia.
¡Ahora!” “Entendido, mi forma Felica” maulló Toco-Toco antes de comenzar a transformarse.
Su pequeño cuerpo se expandió rápidamente, músculos y pelaje creciendo hasta convertirlo en una criatura imponente.
Ahora, un gato gigante rugía frente a ellos, sus colmillos reluciendo bajo la luz tenue.
“Vaya, ese es el pequeño Toco-Toco,” comentó Ron desde su posición junto a Alita, observando al felino con asombro.
“Sí, pero ahora parece cualquier cosa menos pequeña,” añadió Alita, impresionada por la transformación.
Luego, miró a Ron con una sonrisa irónica.
“Creo que pensaré dos veces antes de acariciarlo…
No quiero que me coma.” Ron tragó saliva, fingiendo valentía.
“Eso sería incómodo,” murmuró, aunque su tono traicionaba cierto nerviosismo.
“Listo, jefe.
Ya me transformé,” anunció Toco-Toco con voz grave, su postura erguida y lista para la acción.
“Bien, Paltio, súbete,” ordenó Golden.
El enorme felino se agachó, permitiendo que el joven príncipe trepara a su lomo.
Con un rugido resonante, Toco-Toco se preparó para escalar al monstruo tejón.
Mientras tanto, el resto del grupo se dividió estratégicamente.
Mok y Pax se concentraron en enfrentar los cabellos-espada que Troba lanzaba sin cesar, mientras Galatea lideraba un equipo encargado de inmovilizar la cola de la bestia.
“Tenemos un plan,” dijo Galatea, acercándose a Paltio brevemente.
“Sabemos que no podemos hacer nada contra esos cabellos afilados como lo hace Mok, así que nos enfocaremos en la cola.
Intentaremos destruirla o, al menos, retenerla.” “Vaya, al fin todos piensan en algo útil,” comentó Pax desde su posición, bloqueando otro mechón de cabello con su escudo.
“Creo que Alita los inspiró,” agregó con una sonrisa sarcástica mientras desviaba un ataque cercano.
Galatea y sus guerreros del Reino Fuerte comenzaron a atar sogas resistentes alrededor de la cola de Troba, clavando estacas profundamente en el suelo para inmovilizarla.
Era una tarea titánica; cada movimiento de la bestia amenazaba con romper sus esfuerzos.
“¡La tenemos!” gritó Galatea, aunque su voz denotaba preocupación.
“Pero no sé por cuánto tiempo, Paltio.
¡Hazlo rápido!” “Es hora de irnos, Toco-Toco,” dijo Paltio, inclinándose hacia adelante sobre el lomo del felino.
“Aunque deberías tener un nombre más intimidante ahora que eres un gato gigante.” “El nombre se queda,” rugió Toco-Toco con determinación.
“Está bien, pero no te enojes,” respondió Paltio con una risa nerviosa.
“¡Vamos a la carga!” Golden no necesitó dar más órdenes.
Con un impulso poderoso, Toco-Toco corrió hacia el cuerpo colosal de Troba, escalando con agilidad felina mientras esquivaba los ataques de los cabellos-espada sin que esta se diera cuenta de su presencia.
“¡Ten cuidado, tonto!” gritó Pax desde abajo, cubriéndose con su escudo cuando uno de los mechones cortados casi la alcanzó.
“Lo siento,” respondió Mok rápidamente, continuando su labor de cortar los filamentos afilados.
“Debemos encontrar una manera de detener esto.” Alita observaba todo desde la distancia, su mente trabajando a toda prisa.
“Debo hacer algo,” murmuró para sí misma, viendo cómo los demás luchaban desesperadamente contra la monstruosa Troba.
“No puedo quedarme aquí sin ayudar…” Por su parte, Galatea seguía liderando a su equipo con firmeza.
“¡Jalen con fuerza!” ordenó a los guerreros, quienes tiraban de las sogas con todas sus energías.
“¡Somos los Fuertes!
¡Usen su gran fuerza para retenerla!” Con un esfuerzo sobrehumano —o mejor dicho, “sobre avocado”—, lograron mantener la cola de Troba inmovilizada temporalmente.
Sin embargo, la bestia no iba a rendirse tan fácilmente.
Enfadada, lanzó más cabellos hacia ellos, intentando liberarse.
“Mok, ¡cuidado!” gritó alguien cuando uno de los mechones se curvó repentinamente, escapando del alcance del mayordomo.
Aunque Mok actuó rápido, cortando la mayoría, uno logró pasar desapercibido, rozando peligrosamente a los guerreros.
Alita intentó usar su anillo de agua, apuntando hacia la monstruosa figura de Troba.
Un chorro potente surgió de la joya, impactando contra la piel endurecida de la bestia.
Sin embargo, el ataque apenas dejó una marca superficial.
Troba ni siquiera pareció notarlo.
“Creo que es mejor que salgamos de aquí,” sugirió Ron, preocupado por la seguridad de Alita.
Su voz era firme pero cargada de urgencia.
Pero ella no cedió.
Estaba decidida a ayudar, negándose a huir como antes.
Parecía que algo dentro de ella había cambiado; tal vez el tiempo pasado junto a las mujeres “Fuerte” había despertado un sentido de valentía y propósito que nunca supo que tenía.
“Yo puedo hacerlo…
Puedo ser útil,” murmuró Alita entre dientes, apretando el anillo con fuerza mientras seguía lanzando chorros de agua hacia Troba.
Sin embargo, pronto se dio cuenta de que sus esfuerzos eran en vano.
La magia del anillo se agotó, dejándola indefensa frente a la gigantesca criatura.
Ron y Alita comenzaron a discutir.
Él insistió: “¡Debemos salir del campo de batalla!
Esto es demasiado peligroso.” Mientras tanto, uno de los cabellos-espada que Mok no logró cortar cobró vida propia.
Se deslizó sigilosamente por el aire, brillando bajo la tenue luz como una hoja afilada.
Ron lo vio de reojo y, sin pensarlo dos veces, se colocó delante de Alita justo cuando el filamento mortal se dirigía hacia ellos.
El impacto fue devastador.
El cabello-espada atravesó la espalda de Ron con un sonido sordo y metálico, resonando en el campo de batalla como un eco macabro.
Ron cayó de rodillas, su cuerpo tembloroso mientras trataba de mantenerse consciente.
“¡No!
¡Ron, no!” gritó Alita, su voz quebrándose en un grito desgarrador.
Lágrimas brotaron de sus ojos mientras era empujada hacia abajo por el cuerpo inerte del muchacho, incapaz de creer lo que acababa de presenciar.
Su corazón latía desbocado, mezclando pánico, culpa y desesperación.
El grito de Alita resonó por todo el campo, captando la atención de todos los presentes.
Los guerreros, Galatea, Mok e incluso Paltio sobre Toco-Toco voltearon al unísono hacia la escena.
El caos momentáneamente se detuvo mientras observaban horrorizados cómo Alita gritaba por Ron, quien ahora yacía inmóvil encima de ella sin dejarla moverse.
“¿Por qué lo hiciste?” sollozó Alita, su voz apenas audible entre los gemidos.
“Ron, por favor, resiste…” La tensión en el aire era palpable.
Todos compartían la misma sensación de impotencia, viendo cómo la tragedia se desplegaba frente a sus ojos.
Incluso Troba pareció pausar su ataque por un breve instante, como si fuera consciente del peso del momento.
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