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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 35

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35: Fuertelia Libre 35: Fuertelia Libre “¡Estás vivo!” exclamó Alita, suspirando aliviada mientras una sonrisa iluminaba su rostro.

Sin embargo, al principio se llevó un susto al escuchar la voz de Ron y, al verlo mejor, notó algo diferente en él.

Ron la miró a los ojos, todavía desorientado.

“Estoy bien… creo,” dijo, pero al bajar la vista hacia su cuerpo, se dio cuenta de que estaba completamente cubierto por una extraña capa verde oscura, como si llevara un caparazón protector.

La punta del cabello-espada que lo había atravesado cayó al suelo; al parecer, no había tocado ningún punto vital gracias a esa coraza que había sanado su tejido rápidamente.

“Ron, pero ¿cómo?” preguntó Alita, admirada y confundida.

“No lo sé,” respondió él, mirándose los brazos con asombro.

“Solo quise protegerte con todo mi corazón, y luego… algo me cubrió entero.” Su piel ahora tenía una textura dura y resplandecía débilmente bajo la luz, como una armadura natural.

“No sé qué fue, pero algo hizo que recordara cosas… cosas que mi abuelo solía decirme.

¡Genial!, ¿no?” “Sí,” dijo Alita, tomando un pedazo de vidrio del suelo para mostrárselo.

“Parece que tienes una especie de armadura en todo tu cuerpo, pero… en realidad es tu piel.” Un momento después, Alita frunció el ceño.

“Espera… ¡tu abuelo!

¿No falleció hace tiempo?” “Sí,” confirmó Ron, pensativo.

“Pero cuando esa cosa me atravesó, hizo contacto con algo dentro de mí… y me hizo recordarlo a él, y también lo que siempre me decía.” Alita lo miró con ternura, aunque trató de disimularlo.

“Eso está bien, Ron… pero no vuelvas a hacer eso, tonto.

Pensé que morías.” Estaba ligeramente sonrojada, aunque trató de ocultarlo.

“Ya puedes quitarte de encima mío.” “Lo sé, te lo veo en tus ojos llorosos,” bromeó Ron, provocándola.

“¡No estaba llorando, tonto!” replicó ella, dándole un pequeño golpe en el pecho.

“Claro, como digas,” respondió Ron, levantándose finalmente y rascándose la nuca, también sonrojado.

Mientras tanto, Galatea observaba desde la distancia con asombro.

“Bien, muchacho, acabas de descubrir tu poder: el poder de dureza de la familia ‘Fuerte’,” murmuró para sí misma mientras ayudaba a controlar la cola de Troba.

“Nunca había visto uno así en años… Este chico es especial.

Debo preguntarle después.” En lo alto de Troba, Paltio también notó algo distinto en Ron.

“Qué bueno que Ron está bien,” comentó mientras Toco-Toco continuaba escalando hacia la cabeza de la bestia.

“Ya lo sabías, ¿verdad, Golden?” preguntó Paltio.

“Puede ser, muchacho,” respondió Golden con calma.

“Pero ahora concéntrate.

Vamos contra esa monstruosa tejona.” “Lo veo diferente…,” murmuró Paltio, pensativo.

“¡Deja de pensar en eso y enfócate!” ordenó Golden.

“Sí,” asintió Paltio, sacudiendo la cabeza para centrarse en la misión.

Desde su posición, Mok también suspiró aliviado.

“Menos mal que estás vivo, Ron,” murmuró para sí mismo.

“Ese chico tiene suerte… o algo más,” añadió Pax con su habitual sarcasmo.

“Bien, continuemos cortando estos cabellos,” indicó Mok, volviendo a la acción y blandiendo su espada para cortar otro mechón afilado.

“Permíteme hacer algo por ti, Alita,” dijo Ron, colocándose frente a ella nuevamente mientras más cabellos-espada venían hacia ellos.

Aunque no entendía del todo cómo funcionaba su nueva coraza, estaba decidido a protegerla.

“¡Usa tu fuerza, chico!” gritó Galatea desde la distancia mientras seguía tirando de la soga para inmovilizar la cola de Troba.

Ron agarró dos cabellos-espada que se dirigían hacia ellos, pero estos lo hicieron girar y bailar, jalándolo de un lado a otro como si fuera una marioneta.

“¡Novato!” gritó Galatea, exasperada, mientras seguía luchando contra la cola de Troba.

La villana reía a carcajadas, sin darse cuenta de que Paltio estaba a punto de llegar a su cabeza.

“Hasta aquí llegas, niño,” rugió Toco-Toco antes de lanzar a Paltio muy alto, directamente hacia el cráneo de la enorme tejona.

“Pero ¿qué es lo que está pasando?

Sentí algo,” indicó Troba, frunciendo el ceño mientras miraba a su alrededor con desconfianza.

Toco-Toco, rápido como un rayo, volvió a su forma felina y salió del campo de visión de la tejona antes de que esta pudiera detectarlo.

“Fue mi imaginación,” murmuró Troba, tratando de convencerse a sí misma.

“Paltio, es tu oportunidad.

Ataca mientras está ocupada con tus amigos,” dijo Golden dentro de la mente del joven príncipe.

En ese momento, Paltio sintió algo familiar: una conexión extraña, similar a la que había experimentado al enfrentarse a otras bestias.

“Golden, algo pasa,” dijo, confundido.

“Es como cuando me enfrenté a la reina Curchacos o a las Serugulas, pero no sé qué es.

Además, algo se marcó en mis ojos… como una especie de aspa en medio de los ojos de Troba.” “Entonces debe ser algún tipo de sentido que te indica dónde debes atacar,” respondió Golden rápidamente.

“Te aconsejo que le hagas caso.

Apunta hacia donde ves esa marca.

Recuerda, el tiempo de mis guantes no es eterno.” “Así lo haré,” afirmó Paltio con determinación.

Se preparó, apuntando una de sus manos hacia el lugar señalado por la marca en sus ojos.

Con un rugido interno, corrió hacia adelante y clavó su mano como una cuchilla en el punto exacto.

Troba lanzó un alarido ensordecedor, retorciéndose de dolor.

“¡Pero!

¡¿qué es lo que me ha hecho doler?!

¡Ah!” Al mover sus ojos frenéticamente, finalmente divisó a Paltio entre ellos.

“¡Tú, maldito príncipe!

¿Cómo llegaste hasta allá sin que me dé cuenta y osas subir y manchar mi hermoso rostro?

¡Morirás!” La gigantesca tejona envió sus cabellos-espada hacia Paltio, decidida a eliminarlo.

“¡Rápido, Paltio!

¡Vuelve a apuntar hacia ese lugar!” ordenó Golden al ver que los cabellos-espada venían directamente hacia el joven.

Con rapidez, Paltio utilizó su otra mano para golpear el mismo punto.

Justo cuando los cabellos-espada estaban a punto de alcanzarlo, Toco-Toco reapareció con un maullido feroz, blandiendo sus armas en sus patas delanteras.

“¡Aquí estoy yo, miau!” “¡Otro intruso!

¿Cómo llegó aquí ese feo animal?” gritó Troba, furiosa.

Sin perder tiempo, envió más cabellos-espada hacia ellos, junto con sus enormes manos, intentando aplastarlos como insectos.

Mientras tanto, Ron seguía lidiando con los cabellos-espada que lo hacían girar de un lado a otro.

Pero cuando vio que su amigo Paltio estaba en peligro, algo dentro de él se activó.

Con una fuerza sobrehumana —o, mejor dicho, sobre avocado— agarró dos mechones con todas sus energías y, tras dar un gran pisotón que provocó una pequeña grieta en el suelo, jaló con todas sus fuerzas.

El movimiento hizo que Troba se tambaleara momentáneamente, evitando que sus manos alcanzaran a Paltio y dirigiéndolas hacia el suelo.

“¡Pronto, muchacho, miau!” exclamó Toco-Toco, quien rápidamente atrapó a Paltio justo antes de que este perdiera el equilibrio por el movimiento brusco.

“Sí,” respondió Paltio, recuperándose.

“¡Vamos, tú puedes, Paltio!

¡Acaba con esta tejona monstruo!” gritó Ron desde abajo, animándolo con todas sus fuerzas.

Paltio, decidido, usó nuevamente su guante y lo incrustó en el mismo punto.

Troba se retorcía de dolor, y esta vez Paltio notó algo diferente: una pequeña fisura comenzó a formarse en el lugar donde había golpeado.

Al abrir la brecha con ambas manos, descubrió un orbe negro brillante en su interior.

“Eso debe ser la fuente de su poder.

Si la destruyo, todo se acabará,” murmuró Paltio, aunque una sombra de inseguridad cruzó su rostro.

“Bien, lo haré ahora o nunca,” se dijo a sí mismo.

Con un grito potente, lanzó un golpe devastador al orbe negro, que explotó en mil pedazos.

Troba comenzó a gritar con un dolor horripilante, un sonido que resonó por todo el reino.

Su cuerpo gigantesco empezó a encogerse rápidamente hasta quedar reducido a la figura de una anciana decrepita.

Con odio en su mirada, murmuró: “Los odio, malditos,” antes de deshacerse en polvo y desvanecerse completamente en el aire.

“¡Lo logramos!” exclamó Paltio mientras descendía lentamente gracias a la telequinesis de Golden.

“¡Sí, lo logramos!” respondieron los demás al unísono, sus voces llenas de alivio y júbilo.

“Bien hecho, muchacho,” dijo Galatea, dándole una fuerte palmada en la espalda que casi hace que Paltio pierda el equilibrio.

“Lo lograste, señorito Paltio,” añadió Mok con una reverencia respetuosa.

“No solo yo; todos ustedes ayudaron,” respondió Paltio con humildad.

“Sí, todos lo hicimos,” afirmó Ron, sonriendo orgulloso.

Luego, Paltio mirando la armadura que aún cubría el cuerpo de su amigo, bromeó: “Vaya, esa armadura te queda muy bien, te hace ver más rudo y fuerte.” “¿Verdad?” respondió Ron con una sonrisa.

Sin embargo, poco después, la coraza que lo protegía comenzó a desvanecerse, dejando al descubierto su ropa rasgada y una cicatriz mediana en su espalda, resultado del ataque del cabello-espada de Troba.

“Bueno, fue bueno mientras duró,” comentó Ron con una risita, provocando que los demás se rieran también.

Alita, sin embargo, permaneció callada, molesta consigo misma por no haber podido contribuir tanto como los demás.

“Vaya, chico, ¿qué fue eso?” preguntó Galatea, observando a Ron con curiosidad.

“No veía un traje así desde hace mucho tiempo.

Si mal no recuerdo, los caballeros de Fuertelia solían usar algo similar.

¿Acaso eres un descendiente de uno de ellos?” “Pues… no lo sé,” respondió Ron, pero antes de poder terminar su frase, sus fuerzas lo abandonaron y cayó hacia adelante.

Alita y Pax lo atraparon justo a tiempo.

“Vaya, creo que todavía es un novato,” comentó Galatea con una media sonrisa.

“Necesitará un maestro que le enseñe a controlar su poder.” Una vez concluida la batalla, los remanentes de las sombras amarillas fueron apresados y despojados de sus armaduras antes de ser enviados a prisión.

Aunque parecían desorientados —quizás influenciados por Troba—, no se les dio mayor importancia y fueron encarcelados sin más.

Galatea se acercó a Alita y le recordó su promesa: la llevaría ante la sacerdotisa.

Alita se alegró ligeramente, aunque aún sentía celos de que sus amigos tuvieran habilidades especiales y ella no.

En un intento por sentirse útil, preguntó: “Oigan, ¿creen que esa sacerdotisa pueda saber algo sobre el paradero de la pieza?” “Tal vez,” respondió Galatea.

“Es posible que sí.” “¿Pero no habrá represalias por parte de Tejod por haber derrotado a la legión de las sombras amarillas?” preguntó Mok, preocupado.

“No, no creo,” intervino Pax.

“A Tejod nunca le gustó esta legión, y menos le agradaba la idea de que una mujer liderara las tropas.

Además, vio potencial en ella y la dejó hacer lo que quería.

Pero si surge algún problema, yo me haré responsable.” Miró a Alita brevemente.

“Después de todo, le debo una.” “Eso espero,” dijo Galatea, lanzando una mirada seria tanto ella como Nomak a Pax.

El comerciante Jorl se acercó a Paltio con una reverencia exagerada.

“Joven príncipe, nos has vuelto a salvar.

Ya no nos debes nada por el huevo que le vendí.” “Está bien,” respondió Paltio con calma, aunque su tono cambió cuando añadió: “Pero asegúrate de que nadie hable o diga nada sobre lo que pasó aquí, ¿entendido?” Levantó una ceja, mirando fijamente al comerciante.

“Entendido, mis labios serán como una tumba, joven príncipe,” respondió Jorl rápidamente.

“Si no hay nada más, nos retiramos al siguiente reino.” Con una última reverencia, él y su tribu partieron.

Una vez que Ron despertó, Paltio y sus amigos se reunieron con Galatea, quien los esperaba afuera de una casa cercana.

Estaban listos para partir en busca de la sacerdotisa, ya que Paltio no quería realizar el ritual para encontrar la pieza en ese momento.

“Bien, estamos listos.

Vámonos,” indicó Galatea.

Todos subieron al carruaje y se pusieron en marcha, siguiendo a Galatea y sus hijas en su búsqueda de la sacerdotisa.

Faltan 23 días para que el alma marina y el fin del término del contrato con Tejod.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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