La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 41
- Inicio
- Todas las novelas
- La Ultima Esperanza de Avocadolia
- Capítulo 41 - 41 ¿En Dónde Estamos
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
41: ¿En Dónde Estamos?
41: ¿En Dónde Estamos?
“Así se hace, Alita.
Tienes que seguir mis movimientos,” decía Nakia con entusiasmo.
“Mira, ya has estado en contacto con el Anillo Mágico del Agua.
Te estoy enseñando los movimientos básicos para liberar el poder del agua que llevas dentro porque eres Hassdaliana.” La pequeña pajarita Nakia agitaba sus diminutas alas mientras hacía poses elegantes frente a Alita, quien trataba de imitarla con concentración.
Alita extendió sus manos y, después de unos segundos, logró hacer brotar unas pequeñas gotas de agua de uno de sus dedos.
Aunque fue apenas un destello, la sonrisa de satisfacción iluminó su rostro.
“Bueno, vas bien,” indicó Nakia con un tono alentador.
“Creo que tienes potencial, niña.” Mientras tanto, en el plano mental de Paltio, Golden observaba cómo el muchacho intentaba controlar una fracción del poder que le había sido otorgado.
“Vamos, Paltio, debes dominar este cinco por ciento,” insistió Golden con severidad.
“Si no lo haces, no podrás manejar todo mi poder, y tendrás problemas cuando nos enfrentemos a enemigos más peligrosos en el camino.” “Sí, lo sé,” respondió Paltio con fastidio, “pero me parece tonto golpear solo al aire sin un oponente real.” Golden lo miro y decidió llamar a Toco-Toco, su compañero felino.
“Bien, amigo felino, tú serás el oponente del muchacho,” dijo Golden con una media sonrisa.
“¡Eh!
Pero yo me refería a algo básico, ¡no a Toco-Toco!” protestó Paltio, tragando saliva nerviosamente.
“Tranquilo, él sabe lo que hace,” aseguró Golden.
“Toco-Toco, no pelees con todas tus fuerzas.
Solo enséñale lo básico al muchacho.” El gato respondió con un “¡miau!” a regañadientes, relamiéndose los bigotes antes de acercarse lentamente hacia Paltio.
Sin previo aviso, Toco-Toco lanzó un rápido golpe con sus patas sobre los tobillos del príncipe, haciéndolo caer al suelo de inmediato.
“¡Oye!
¡Eso fue muy rápido!” se quejó Paltio, frotándose la parte afectada.
En lugar de apoyarlo, Golden cruzó los brazos y replicó: “Nada es justo en la vida ni en las peleas.
Aprende a usar tu ingenio y esas herramientas que te di,” señalando los guantes que llevaba Paltio.
“Aquí el tiempo es ilimitado, pero en la vida real no lo será, muchacho.” Paltio se puso de pie, decidido.
“Tienes razón,” dijo, ajustándose los guantes.
“Vamos por el asalto dos.” Se preparó para recibir otro ataque del minino, esta vez con más determinación.
Mientras tanto, en el mundo físico, Ron observaba a Alita y Paltio, quienes permanecían inmóviles dentro del carruaje.
“¿Qué traen estos dos?
Ni se mueven ni hablan.
No es propio de ellos,” murmuró Ron para sí mismo mientras el carruaje avanzaba por el camino.
Ya había pasado un día más, lo que convertía aquella jornada en el noveno día de viaje.
Ron comenzó a moverlos suavemente, primero a Alita, luego a Paltio, hasta que finalmente tomó aire en sus pulmones y les gritó fuertemente.
Ambos salieron abruptamente de sus planos mentales.
“¡¿Por qué hiciste eso?!” exclamaron ambos al unísono, mirándolo con expresiones de enojo.
“Pensé que estaban atrapados en algún tipo de trance,” respondió Ron, encogiéndose de hombros con inocencia.
“¡Estábamos entrenando!” protestó Alita, cruzándose de brazos.
“Y nos interrumpiste.” “Lo siento, no lo sabía,” admitió Ron.
“Desde que tienen esos acompañantes, solo se la pasan durmiendo o concentrados.
Me aburro mucho en este carruaje.
Incluso Mok está tranquilo, y eso que siempre es así.” “Tal vez yo también debería tener uno,” reflexionó Ron en voz alta.
“Quizá le hubiera pedido a Meliradal un ave como tú, Alita.” “No lo creo,” replicó ella con una sonrisa.
“Si no te hubiera dado una, sería porque no es lo tuyo.” “¿Qué hay de ti, Paltio?
¿Le puedes decir a Golden que me deje entrenar con Toco-Toco?” preguntó Ron con un dejo de esperanza.
“Es que así no funcionan las cosas, Ron,” respondió Paltio con paciencia.
“Solo los que están conectados a ellos pueden ingresar a ese plano,” interrumpió Golden desde el interior del muchacho, dejando claro que no había espacio para excepciones.
“No es justo.
Yo también quiero entrenar,” protestó Ron, cruzándose de brazos con frustración.
En ese preciso momento, el carruaje se detuvo abruptamente, sacudiendo a todos dentro.
“¿Qué pasó, Pax?” preguntó Mok, mirando hacia adelante con curiosidad.
“No lo sé.
Los caballos pararon de golpe.
Hay una especie de cúmulo de tierra frente a nosotros,” respondió Pax, ajustando su postura en el asiento del conductor mientras observaba el obstáculo con atención.
“¿No me digas que es otro Raitrobal, acaso?” preguntó Alita, inclinándose hacia adelante.
“No lo creo.
Tejod solo creó uno que yo recuerde,” indicó Pax, frunciendo el ceño.
“Entonces, ¿no podemos rodearlo para seguir por el sendero?” sugirió Mok, buscando alternativas.
“Eso voy a hacer,” afirmó Pax, tomando las riendas con firmeza y guiando a los caballos para intentar sortear el cúmulo.
Pero cada vez que intentaban moverse hacia un lado u otro, el montículo de tierra los seguía como si estuviera bailando con ellos.
“Qué raro…
esta cosa se mueve cuando trato de pasarla,” murmuró Pax, notando cómo los caballos comenzaban a inquietarse ante los movimientos erráticos del obstáculo.
“Seguro es un troll de tierra o algo por el estilo,” dijo Pax, bajando del asiento del conductor y desenvainando su espada con decisión.
Se acercó al cúmulo con cautela, dispuesto a dar una estocada certera.
Antes de que pudiera incrustar su espada en la masa de tierra, esta comenzó a moverse.
De repente, se elevó en el aire como si fuera la pata de un animal gigantesco.
No solo eso: pronto aparecieron otra cosa similar, seguidas de dos más atrás.
“Parece que nos hemos topado con un animal enorme,” pensó Pax, alarmado, justo antes de que una enorme boca llena de dientes emergiera de la tierra y los engullera a todos junto con el carruaje.
Dos sombras merodeaban a Paltio y sus amigos desde lejos, pero se detuvieron al ver cómo eran tragados por aquella criatura colosal.
Observaron el panorama con detenimiento antes de perderlos de vista.
Todos gritaron mientras eran arrastrados hacia el interior de la criatura, temiendo que aquel fuera su fin.
Cayendo por un camino que parecía una resbaladilla, el carruaje se despedazó producto del impacto, y los caballos salieron disparados en distintas direcciones, escapando despavoridos.
“¿Dónde estamos?” preguntó Mok, mirando a su alrededor mientras intentaba orientarse.
Dentro de aquel lugar, todo parecía moverse de manera extraña.
Paltio activó las luces de sus botas para iluminar el entorno.
Lo que vieron los dejó atónitos: las paredes se dilataban de arriba abajo y viceversa, como si respiraran.
Todo estaba cubierto de lo que parecían órganos vivos, pero también había componentes metálicos que emitían destellos ocasionales, como si fueran engranajes de una máquina.
“¿Qué clase de criatura es esta?” murmuró Alita, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda mientras observaba cómo el lugar palpitaba con vida propia.
“¿Qué es esto?” se preguntó Golden en voz alta, algo que nunca antes había hecho.
Paltio lo notó al instante; Golden siempre parecía tener una respuesta para todo, pero esta vez su desconcierto era evidente.
“Paltio, ¿nunca te había visto sorprendido por algo?” le preguntó el muchacho con curiosidad.
“No sé nada al respecto,” respondió Golden, dejando entrever su propia incertidumbre.
Los demás también se volvieron hacia Pax, buscando alguna explicación, pero él simplemente negó con la cabeza.
Tampoco tenía idea de qué clase de criatura los había tragado ni dónde estaban ahora.
“Debemos reunir a los caballos,” pensó Mok en voz alta, preocupado por su transporte perdido.
Luego se dirigió a Paltio: “Señorito, ¿podría reparar el carruaje con su esfera mágica?” “Sí, eso sí puedo hacer,” respondió Paltio con determinación, aunque su mente aún estaba ocupada intentando comprender el extraño lugar en el que se encontraban.
“¡Oigan!” interrumpió Golden, con un tono más animado.
“¿Por qué no usas la otra parte del cetro que encontraste?
Podrías usarlo para ver en el presente cercano o incluso en el futuro.
Así sabremos exactamente en qué clase de criatura estamos atrapados.” “Gran idea, Golden,” respondió Paltio, asintiendo con entusiasmo.
Estaba a punto de sacar a Tropalia cuando, de repente, el lugar donde se encontraban comenzó a moverse violentamente de un lado a otro.
El suelo bajo sus pies se desplazó, cambiando de posición, y todos perdieron el equilibrio, cayendo hacia lo que parecía un profundo hoyo.
“¡Sujétense todos!” gritó Ron, extendiendo los brazos como si pudiera detener la caída de los demás.
Pero fue inútil.
Todos empezaron a precipitarse rápidamente, y un grito sordo resonó en el espacio mientras descendían en la oscuridad.
Cayeron durante varios minutos hasta que finalmente tocaron fondo.
Al chocar, Paltio activó accidentalmente choco sus botas, y estas se apagaron casi de inmediato, sumiéndolos en una penumbra absoluta.
Estaban en lo que parecía un cuarto oscuro y frío, pero algo o alguien los observaba desde las sombras.
Habían sido detectados.
“¿Quiénes son ustedes?” preguntó una voz grave y amenazante desde la oscuridad.
“Son intrusos.
Prepárense para ser aniquilados.”
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com