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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 42

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  4. Capítulo 42 - 42 Ciertarias
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42: Ciertarias 42: Ciertarias “¡Prepárense a ser aniquilados, intrusos!” exclamó la voz con un tono amenazante.

Pero después de una breve pausa, añadió: “¡Esta tonta alarma no funciona!

No me avisó de estos intrusos.” Rápidamente, Mok intervino: “¡Espere!

No somos intrusos.

Un monstruo nos comió, y por eso estamos aquí.” “¡Ah!

Eso lo cambia todo.

Hubieran dicho eso desde un principio,” respondió la voz mientras encendía las luces del lugar.

Al iluminarse, el espacio reveló su verdadera naturaleza: parecía una especie de estación científica o laboratorio avanzado.

“Mil disculpas.

Mi amiga aquí probablemente los tragó por casualidad,” dijo la voz.

“¿Su amiga?” preguntaron todos al unísono, confundidos.

“Sí, mi amiga, y se quitó una especie de megáfono de su boca.

Me llamo el profesor Kuang, y esta pequeña que los engulló por error es mi amiga Ciertarias.” El científico apareció ante ellos.

Era un hombre mayor con lentes redondos y cabello blanco rizado, una barba espesa y blanca, y facciones que recordaban a un aguacate Bacon: una semilla de forma alargada como una pera, piel suave y un tono verde claro en la parte trasera.

Llevaba una bata blanca impecable, propia de un científico dedicado.

“¿Una Ciertarias?

¿Qué es eso?” preguntaron todos al mismo tiempo.

“Bien, una Ciertarias es una especie de reno con patas de jirafa…

o bueno, ese es el nombre con el que la bauticé científicamente hablando.

La encontré moribunda y vi la oportunidad de hacerla vivir nuevamente colocándole componentes tecnológicos.

Hoy, gracias a mis invenciones, sigue viva.

Además, me permite quedarme dentro de ella como medida de protección.

Aunque prefiero llamarla Rose, en honor a mi difunta esposa,” explicó el profesor con nostalgia.

“Vaya, este tipo sí que no se calla y suelta todo sin que le pregunten,” murmuró Pax en voz baja.

“Es lógico.

Es un Bacon,” respondió Mok sin dudar.

“¿Te refieres a esos que son ingenieros y científicos?” preguntó Alita, curiosa.

“Sí, esos mismos,” confirmó Mok con un asentimiento.

“Y ustedes, ¿quién son?” inquirió el profesor, observándolos detenidamente por primera vez.

Paltio tomó la palabra y presentó a cada uno de sus compañeros.

Sin embargo, cuando miro a Pax, el profesor Kuang frunció el ceño.

“¿Por qué viajas con una sombra roja, muchacho?

¿No ves que ellos son nuestros enemigos?

¡Pronto, pónganse detrás de mí, que yo los protejo!” ordenó el científico, adoptando una postura protectora frente al grupo.

“Tranquilo, profe.

Él viene con nosotros,” intervino Paltio rápidamente.

“Déjeme que le cuente todo.” Paltio comenzó a explicar la situación, pero fue interrumpido cuando Golden tomó la palabra directamente.

El holograma dorado emergió frente al profesor, quien dio un paso atrás, visiblemente sorprendido.

“¿Qué clase de tecnología futurista es esta?” pensó el profesor en voz alta mientras escuchaba atentamente las palabras de Golden.

Su mente ya estaba maquinando posibles teorías sobre cómo era posible que un ser holográfico pudiera hablarle.

Pasaron un buen rato hasta que lograron convencer al profesor Kuang.

Después de escuchar atentamente y comprender su situación, este volvió a disculparse por su “pequeña” Rose, quien los había tragado sin previo aviso.

“Con gusto les ayudare a encontrar a sus caballos dentro de mi Rose,” aseguró el científico.

“No deben de estar muy lejos.” “¿Y hacia dónde se dirigen?” preguntó Kuang, interesado.

“Como ya le comentamos, profesor, estamos buscando el Cetro de Avocios.

Debemos entregárselo a Tejod en la fecha acordada, o matará a mis padres y destruirá mi pueblo,” explicó Paltio con voz triste, dejando entrever el peso de su responsabilidad.

“Ya veo,” murmuró el profesor, pensativo.

“Pero será mejor que yo los lleve en mi Rose.

Ella es muy rápida, y podrán llegar en un día a las afueras de Bacadolia.” “¿Un día?” exclamó Pax, sorprendido.

“¡Vaya!

Eso nos ahorra mucho tiempo.

Por lo general, tardaríamos tres días más.” “Eso es verdad, profesor,” añadió Ron.

“Sí, muchacho.

Mi amiga Rose es extremadamente veloz,” confirmó Kuang con orgullo.

“Pero solo los dejaré en las afueras.

No me gusta estar cerca de la ciudad.

No quiero que capturen a mi muchacha, ya que esta criatura es noble y solo se alimenta de tierra y hojas.

Además, las sombras verdes están en el lugar.” “¿Las sombras verdes?” preguntó Alita, intrigada.

“Sí, niña,” respondió el profesor.

“¡Ah!

Las sombras verdes.

Ya veo…

Tiene sentido,” dijo Pax, reflexionando en voz alta.

“¿Por qué dices eso?” preguntó Ron, curioso.

“Las sombras verdes son las encargadas de suministrar los adelantos tecnológicos al reino oscuro.

Ellas crean superarmas con su ayuda y la magia de nuestro señor oscuro.

Han creado grandes cosas, como unos seres poderosos…” Pax hizo una pausa dramática antes de continuar.

“…pero es extraño que Tejod no los haya usado contra ustedes.

Con ellos, ya tendría a los cinco reinos y Avocadalia bajo sus pies en un abrir y cerrar de ojos.

Aunque él prefiere la magia sobre lo tecnológico.” “¿De qué seres hablas?” inquirió Mok, inclinándose hacia adelante con interés.

“Nunca los he visto, pero entre los soldados hablan de unos guerreros gigantes sin mente que aniquilan todo a su paso.

Solo los conozco bajo el nombre de Tropogax.

Fueron creados con tecnología y magia.” “Vaya…

¿Qué otras cosas tienen guardadas en su arsenal estas malditas sombras?” reflexionó Paltio, preocupado.

“Bien, muchachos, será mejor que tomen asiento,” indicó Kuang mientras del suelo emergía una especie de mesa con sillas integradas.

Todos tomaron asiento, aunque algunos lo hicieron con cierta desconfianza.

Sin embargo, pronto sintieron que el profesor Kuang no era malintencionado.

Para mayor seguridad, Paltio le pidió a Golden que leyera la mente del científico.

“¡Oh!

Es verdad,” exclamó el profesor, aplaudiendo tres veces.

De repente, aparecieron unas pequeñas figuras metálicas del tamaño de Toco-Toco: robots de dos patas, con brazos extensibles y ojos azules brillantes.

“Estos son mis ayudantes, mis Kbots.

La ‘K’ es por la inicial de mi nombre, si quieren saberlo,” explicó el profesor con orgullo.

“Nadie iba a preguntar eso,” murmuró Pax a Alita, quien no pudo evitar soltar una risita contenida.

Rápidamente, los robots se acercaron al profesor para solicitarle órdenes.

Este les indicó que prepararan bebidas y bocadillos.

Los Kbots obedecieron al instante, moviéndose con precisión mecánica.

En pocos segundos, la mesa quedó repleta de comida y bebidas variadas.

Todos comieron hasta sentirse satisfechos.

“¡Guau!

Gracias por la comida, señor,” dijo Ron mientras se frotaba la panza con satisfacción.

El profesor sonrió y susurró algo a otros Kbots, quienes asintieron y desaparecieron rápidamente.

“¿Qué les dijo, profesor?” preguntó Paltio, curioso.

“Paciencia, muchacho.

Muy pronto lo verás,” respondió Kuang con aire misterioso.

“Eso me parece raro,” murmuró Pax, frunciendo el ceño dentro de su casco.

“Bien, creo que están cansados.

Síganme,” indicó el profesor mientras una especie de puerta amplia emergía del suelo frente a ellos.

Entraron, y esta se cerró detrás de ellos antes de comenzar a descender como si fuera un ascensor.

Al abrirse las puertas, se encontraron en un corredor iluminado con varias puertas a los lados.

“Bien, chicos, no recibo muchos visitantes, pero espero que puedan descansar.

Les avisaré cuando lleguemos,” dijo el profesor mientras caminaba hacia una de las habitaciones.

“Me tomé la libertad de colocarles ropa limpia, pijamas y toallas en caso de que quieran tomar un baño.” “¡Vaya, profesor!

Esto es genial.

Tiene todo lo que necesita dentro de este animal, como si fuera su casa,” comentó Ron emocionado, especialmente al notar que había un baño privado en su habitación.

“Sí, muchacho.

Arréglense, pónganse cómodos y disfruten del viaje.

Mandaré a uno de mis Kbots a avisarles cuando lleguemos,” concluyó el profesor antes de retirarse.

Todos decidieron seguir el consejo del profesor.

Después de ducharse y cambiarse, se reunieron en la habitación de Paltio para conversar.

“Todo esto me parece muy raro,” dijo Pax, rompiendo el silencio.

“Tanta amabilidad por parte del profesor…

No me cuadra.” “Lo más extraño es lo que les susurró a esos robots.

Además, dijo que era una sorpresa.

Espero que sea algo bueno,” añadió Ron, pensativo.

“Además, estamos dentro de un animal gigante mitad vivo, mitad robot.

¿Eso no les parece aterrador?” intervino Alita, mirando hacia la puerta como si temiera que algo saliera de ella.

“Un ciervo con patas de jirafa…

Es lo que ese profesor llamó Ciertarias,” explicó Pax.

“Pero con una ‘x’ al final: Ciertariax.

Es una criatura creada por Tejod.

Sin embargo, era inofensiva, por eso supongo que acabó casi muerta.” “Así que es una criatura creada por ese tejón,” reflexionó Ron.

“Sí,” confirmó Pax.

“Interesante…

y que bueno que una de sus criaturas no nos quiera comer o matar…” murmuró Ron, pero antes de continuar, Alita lo interrumpió.

“¡Oigan!

¿Y tus reglas?

¿Ya te olvidaste?” le insinuó Alita con una sonrisa maliciosa.

“¡Bah!

Por ahora estoy cansado.

No te pases de lista o te cortaré la lengua,” respondió Pax, fulminándola con la mirada.

“Tranquilos, relájense, muchachos,” intervino Paltio para calmar la tensión entre ambos.

“No creo que sea nada malo.

Para responder a tu pregunta inicial sobre lo que el profesor no nos quiso decir, si hubiera sido algo malo, ya lo habríamos sabido.” “Déjame adivinar…

Hiciste que Golden leyera su mente, ¿verdad?” preguntó Alita con una sonrisa astuta.

“Bueno, sí.

Solo para estar seguro de que estaba del lado de los buenos,” respondió Paltio, encogiéndose de hombros.

“Bueno, creeremos lo que dices, Paltio,” dijo Ron con un asentimiento.

“Sí, señorito, está bien.

Yo siempre confío en su juicio,” añadió Mok, mostrando su apoyo.

Los demás también estuvieron de acuerdo.

Por ahora, no quedaba más que descansar.

El cuarto era espacioso, y la cama resultaba grande y suave, invitándolos a relajarse después del largo día.

En su habitación, Paltio sacó de su bolsa las dos piezas del cetro y las unió cuidadosamente.

Al hacerlo, un resplandor emergió al instante, iluminando la estancia.

La esfera central y los tres círculos de Tropalia comenzaron a parpadear entre sí, como si se reconocieran mutuamente.

Esto le pareció fascinante al muchacho, quien luego sacó el huevo que le había entregado el comerciante.

Este brillaba con destellos arcoíris, irradiando un aura misteriosa.

“¿Qué habrá dentro?

Ya quiero saberlo,” se dijo Paltio para sus adentros, observando el objeto con curiosidad.

“Paltio, será mejor que entrenemos,” intervino Golden desde su interior.

“Además, puedo estar alerta por los dos.” El joven asintió y cerró los ojos, sumergiéndose en el plano mental para continuar su entrenamiento.

En otro cuarto, Alita hizo lo mismo con Nakia, mientras Ron simplemente se quedaba profundamente dormido.

Pax, por su parte, aprovechó el tiempo para arreglarse el cabello y pulir su armadura con meticulosidad.

Mok, fiel a su estilo, estaba ocupado contando y organizando sus cuchillos.

“Bien, ya nuestros amigos están en plena relajación,” murmuró el profesor Kuang para sí mismo, una sonrisa sombría se dibujándose en su rostro.

“Es hora de hacer lo que debemos hacer.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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