La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 45
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- Capítulo 45 - 45 Sombra Verde En Control
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45: Sombra Verde En Control 45: Sombra Verde En Control “Tranquilos, no se muevan.
El algoritmo podría pensar que ustedes también están desobedeciendo a Trebolg,” advirtió Yaco con calma mientras observaba la escena frente a ellos.
Cuando el sujeto que caía en picada casi tocaba el suelo, otro par de manos robóticas emergieron de repente, atrapándolo en el aire y evitando un impacto fatal.
La pantalla gigante volvió a encenderse, y la voz robótica resonó nuevamente: “Por favor, realice sus labores diarias y no intente pasarse de listo, o será eliminado.
No habrá una tercera vez.
¿Entiende, ciudadano B-50?” El hombre, todavía colgando del pie y temblando de miedo, asintió rápidamente con la cabeza, aún sobrecogido por la cercanía de su posible muerte.
La máquina interpretó el gesto como un “sí” y lo bajó lentamente, depositándolo en una faja transportadora.
“Regrese a sus labores,” ordenó la voz fría antes de apagarse.
Yaco miró al grupo y añadió: “Ya ven, todo está controlado aquí gracias a la inteligencia artificial creada por Trebolg.
Se llama Ruby, y está encargada de todo el reino.
Sin ella, nadie puede salir de este lugar sin permiso.
Nadie intente ser un héroe tratando de salvar a otros,” dijo, lanzando una mirada significativa a Paltio, quien había estado a punto de intervenir.
Si no fuera porque Mok lo detuvo, probablemente le hubiera pasado lo mismo al príncipe.
“Mientras estén conmigo, estarán a salvo.
Pero no pueden andar solos por esta ciudad.
Por eso, nuestro señor me encomendó acompañarlos.
Siempre tendrán que estar junto a mí hasta que encuentren lo que vinieron a buscar y salgan del reino.” “Una superinteligencia que controla toda la ciudad…
Interesante,” comentó Golden a través del enlace psíquico compartido con el grupo.
“Qué bueno que lo detuve, señorito,” dijo Mok, dirigiéndose a Paltio con una sonrisa aliviada.
“Sí, gracias, Mok,” respondió Paltio, avergonzado.
“Siempre actúas por impulso,” le reprocharon Alita y Ron casi al unísono.
“Casi te pasa lo mismo.” “Sí, lo sé.
Lo siento por eso.
Pero será mejor que, Golden, no salgas más, y nos comuniquemos únicamente por telepatía como ahora,” sugirió Paltio.
“Bien, creo que tienes razón.
No puedo causarles problemas,” aceptó Golden, no mostrándose en público para permanecer en el enlace mental.
Todos quedaron callados por un momento, sumidos en sus pensamientos.
Yaco, notando el silencio, preguntó: “¿Muchachos?
¿Pasa algo?” Pax, consciente de que todos estaban en un enlace psíquico, sintió una punzada de irritación por no haber sido incluido.
“Estos malditos no me invitaron,” pensó para sí mismo.
Sin embargo, decidió intervenir para disimular.
“Seguro se asustaron con lo que pasó,” respondió Pax a Yaco en voz alta.
“Sí, eso debe ser,” indicó Yaco, aunque su tono sugería cierta sospecha.
Cambiando de tema, preguntó: “Bien, ¿a dónde debemos ir?
¿Saben ya dónde está la pieza?” Pax le dio un codazo a Paltio, sacándolo momentáneamente del enlace psíquico.
Este último respondió: “Necesitamos un cuarto para poder meditar y determinar dónde podría estar la pieza.” “Bien, entonces los llevaré al Hotel Azul,” anunció Yaco.
De su brazo emergió una especie de computadora integrada, y dijo: “Ruby, llévanos al hotel rápido.” La voz de Ruby respondió inmediatamente a través del comunicador en el brazo de Yaco: “Entendido.” Rápidamente, el camino bajo sus pies comenzó a moverse, ajustando su trayectoria para llevarlos directamente hacia el hotel.
En el letrero sobre el edificio, se leía claramente: Azul.
Al ingresar al hotel, Yaco se acercó a una ciudadana de Bacadolia que administraba el lugar y le indicó: “Necesitamos una habitación.
El chico dorado necesita meditar.” La señora, con la mirada perdida y una expresión ausente, parecía haber pasado por situaciones similares a las del sujeto castigado momentos antes.
Sin decir palabra, les entregó una especie de tarjeta magnética.
El camino bajo sus pies volvió a moverse automáticamente, llevándolos hacia la habitación correspondiente a esa tarjeta.
Yaco colocó la tarjeta frente a la puerta, y esta se abrió automáticamente tras leerla.
Paltio entró junto con el grupo y anunció: “Me sentaré aquí para buscar la pieza.” Adoptó la posición de flor de loto en el centro de la habitación mientras sus amigos tomaban asiento en unas sillas cercanas.
Yaco observó con curiosidad el comportamiento del príncipe, pero finalmente comentó: “En fin, es su búsqueda.” Pax y Yaco quedaron de pie, uno al lado del otro, mirando hacia la ventana.
El silencio entre ellos fue breve.
“Así que eres un soldado de Tejod,” dijo Yaco, examinándolo de pies a cabeza.
“Pensé que los tuyos eran más altos.” Pax frunció el ceño, molesto por el comentario.
“Mi tamaño no importa.
Soy muy hábil y fuerte.
Que mi apariencia no te engañe.” “¡Bah!” respondió Yaco, soltando una risa desdeñosa.
“Prefiero usar la tecnología para ganar batallas en lugar de mis puños.
Además, tenemos a Ruby de nuestro lado.” Su sonrisa tenía un toque de malicia mientras pronunciaba estas palabras.
“Si, como sea,” murmuró Pax, desviando la mirada.
En su mente, intentó contactarse con Golden.
“¡Golden!
¿Dónde estás?
¿Por qué no me metiste en tu canal telequinético?
¿Tienen otro?” “Te oí, Pax,” respondió Golden rápidamente.
“Lo siento, pero aún no confío plenamente en ti.
Además, Paltio me indico que no leyera tu mente.” “Bien, lo que digas,” replicó Pax, visiblemente irritado.
“Pero la próxima vez que no me incluyan en sus conversaciones, no voy a intervenir con el enemigo.” “¿Quieres que te llame por tu verdadero nombre?” preguntó Golden con tono burlón.
“Tú ganas, tonto ser dorado.
Por esta vez,” respondió Pax con sarcasmo, aunque su voz mental dejaba entrever cierta molestia.
“Bien, no tengo tiempo para hablar contigo.
Debo ayudar a Paltio a encontrar esa pieza y salir de este lugar terrible lo antes posible,” concluyó Golden antes de desconectarse de la mente de Pax para centrarse completamente en el príncipe.
“Bien, muchacho, enfócate.
Empecemos a buscar esa pieza,” indicó Golden.
“Sí, tienes razón.
Cuanto antes salgamos de aquí, mejor,” pensó Paltio, cerrando los ojos.
Sin embargo, una parte de él seguía preocupada por la gente del reino.
“Aunque también quiero salvar a estas personas…
Pero veo que, con esa inteligencia artificial, Ruby, va a ser imposible.” “Paltio, no pienses en esas cosas por ahora.
Concéntrate en encontrar la pieza,” interrumpió Golden con firmeza.
“Espero que, como estamos encontrando las piezas en orden, esta sea Sacaram.
Tal vez tengamos alguna oportunidad contra Ruby si logramos obtener esa pieza.” “Sí, me concentraré.
Si es esa pieza, sería genial.
Podríamos proteger a cada ciudadano con una esfera,” pensó Paltio mientras cerraba los ojos.
Estuvo meditando por un par de minutos, intentando sintonizarse con el plano de búsqueda.
“¡Eh!
Niño dorado, ¿ya encontraste lo que buscas?” preguntó Yaco con impaciencia, rompiendo el silencio de la habitación.
“Tranquilo, déjenlo concentrarse,” intervino Mok rápidamente, lanzándole una mirada seria a Yaco.
“A veces la visibilidad de esas cosas le llega de un momento a otro.” “¡Bah!
No me gusta esperar.
Si me necesitan, estaré fuera de la habitación.
Espero que no intenten nada tonto.
Recuerden que, sin mí, Ruby los verá como intrusos,” advirtió Yaco antes de salir del cuarto, dejando tras de sí una atmósfera más tranquila.
“Qué bueno que se fue ese tipo.
Me da mala espina,” dijo Ron, apretando sus puños con frustración.
“No pelea limpiamente con los puños; solo usa aparatos tecnológicos.” “Sí, y tampoco me gusta que tenga tanto control aquí,” añadió Alita, cruzándose de brazos.
“Además, tengo que mantener a Nakia escondida en este gorro rojo que traje del cuarto que nos dio el profesor Kuang,” comentó Alita, ajustando su gorra para ocultar mejor al pequeño ser dentro.
“¡Y ni me cae bien!” exclamó Nakia, asomando ligeramente su pico por un lado del gorro.
“¡Silencio, chicos!
Déjenme concentrarme.
Si queremos salir de este lugar lo antes posible, necesito enfocarme,” dijo Paltio, levantando una mano para calmar a todos.
“Bien, vale,” respondieron al unísono, guardando silencio.
Paltio volvió a concentrarse profundamente, y esta vez logró trasladarse al plano de búsqueda.
Allí, vio imágenes borrosas y objetos pasando rápidamente a su alrededor.
En medio de todo, una especie de flecha comenzó a serpenteante frente a él.
Decidió seguirla, aunque esta vez no era tan fácil como la primera vez que había entrado en ese estado.
La flecha empezó a dar vueltas alrededor de su cuerpo, casi mareándolo, hasta que finalmente lo llevó directamente al objetivo: lo que buscaba y dónde estaba.
De repente, Paltio sintió un pequeño golpecito en su mente.
Era Golden, quien lo despertaba cuidadosamente del trance de un sartenazo como antes.
“Paltio, ¿encontraste algo?
¿Sabes dónde está la pieza del cetro?” preguntaron todos al unísono apenas abrió los ojos.
“Sí,” respondió Paltio con seriedad.
“Pero no les va a gustar dónde está.”
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