La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 47
- Inicio
- Todas las novelas
- La Ultima Esperanza de Avocadolia
- Capítulo 47 - 47 A La Central
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
47: A La Central 47: A La Central —Bien, Paltio, elige con quién vas a ir hacia allá —preguntó Golden.
La respuesta era obvia: Mok.
Aun así, Golden formuló la pregunta de todos modos.
—Mok —respondió el muchacho sin dudarlo.
Mok se sintió profundamente agradecido por acompañar al joven príncipe.
Sabía que este viaje no sería fácil, pero su lealtad hacia Paltio lo impulsaba más allá de cualquier temor.
—Antes de encogerlos, necesitaremos hacernos cargo de esas cámaras —dijo Golden, creando una imagen mental de todos ellos en los dispositivos de vigilancia—.
Ahora sí, haz tu magia, Nakia.
Nakia sacó una de sus alas, que se transformó en un tubo lleno de un líquido verde brillante.
—Tomen un sorbo, ambos, deprisa —indicó la pequeña ave con urgencia.
El mayordomo Mok y el príncipe Paltio obedecieron, llevándose el líquido a los labios.
En un instante, sus cuerpos comenzaron a reducirse de tamaño hasta quedar diminutos.
Sin perder tiempo, Nakia extendió sus plumas y los recogió delicadamente sobre su dorso.
—Vaya, que pequeñitos son —comentó Ron, observando con asombro a través de unas manchas en Nakia.
Había usado una botella vacía como lupa para verlos mejor.
—No hay tiempo que perder —intervino Golden con firmeza—.
Ahora, lo que falta es que, mientras no estén, debemos suplir la ausencia de Paltio y Mok.
Por eso les dije que necesitaba la ayuda de todos.
¡Toco-Toco, sal!
El minino emergió del holograma.
Golden continuó explicando: —Mi magia de ilusión no dura mucho, así que también deben darse prisa, Paltio y Mok.
Golden hizo que Toco-Toco adoptara la apariencia de Paltio.
Pax levantó una ceja.
—¿Y qué hay con el mayordomo?
¿Cómo vamos a simularlo?
—¡Ah!
Eso es fácil —respondió Golden con rapidez—.
Coloquen en esa silla algunas prendas de cada uno.
Rápido.
Alita colocó su gorra, Ron añadió el chaleco que llevaba puesto, y Pax puso su escudo.
Con un destello mágico, se formó la ilusión de Mok.
—Eso fue increíble —murmuraron Alita y Ron casi al unísono.
—¡Oigan!
—interrumpió Pax—.
¿Y qué hacemos si se demoran y les piden hablar a los falsos Mok y Paltio?
—Pues ahí estará el problema —respondió Golden, cruzándose de brazos—.
Debemos ser rápidos y tratar de ganar tiempo.
Ahora que todos saben sus papeles, es momento de que Paltio se vaya junto con Mok y Nakia.
Me comunicaré con ustedes, Alita y los demás, por el enlace mental.
Nos vemos.
Ya fuera de la habitación, Paltio miró a su alrededor con asombro.
Incluso las plumas de Nakia parecían enormes ahora que estaban encogidos.
—No puedo creer que nos hayamos encogido, Mok —dijo Paltio, aún maravillado por todo lo que veía.
Salieron por la abertura de la ventana y se encontraron afuera, bajo el vasto cielo de Bacadolia.
—Sujétense —indicó Nakia antes de desplegar sus alas.
La pequeña ave comenzó a volar tan rápido como podía, recibiendo instrucciones telepáticas de Golden, ya que Paltio y Mok, al estar encogidos, no podían ser escuchados.
Nakia surcó los cielos de Bacadolia, evitando ser detectada por los escáneres de Ruby.
Volaba tan alto como le era posible.
—Aunque no creo que le vayan a hacer algo a una simple ave… —murmuró Nakia, tratando de convencerse a sí misma.
Pero su tranquilidad se desvaneció cuando vio un murciélago pasar cerca de uno de los edificios y ser exterminado por un arma láser.
Un monitor cercano emitió un mensaje automático: Falsa alarma, pero nadie se mete en mi espacio aéreo.
Nakia tragó saliva.
—Mejor volaré más alto —decidió, ajustando su trayectoria hacia las nubes.
Nakia continuó volando tan alto como le era posible, esquivando cualquier posibilidad de ser detectada por la inteligencia artificial Ruby.
Finalmente, llegaron al edificio, pero surgió una pregunta crucial: ¿cómo iban a descender sin ser vistos por Ruby?
Para su fortuna, divisaron a dos soldados patrullando en lo más alto del edificio.
Al parecer, esa zona no estaba bajo vigilancia directa de Ruby, ya que observaron cómo una parvada de gorriones pasaba cerca de los soldados sin ser detectada.
Era una oportunidad perfecta.
Con precisión, Nakia lanzó a Paltio y Mok al aire, justo detrás de los soldados, antes de lanzar un hechizo que los hizo crecer instantáneamente.
Ambos cayeron sobre los soldados, aunque, debido al tamaño de estos últimos, no lograron noquearlos de inmediato.
Mok reaccionó rápido: con sus anillos, invocó un gran montículo de tierra que sepultó a ambos soldados, dejándolos inconscientes.
—Golden, necesitamos que uses esa magia que empleaste con Toco-Toco y la silla —dijo Mok, inspeccionando a los soldados.
Estos llevaban consigo comunicadores similares al de Yaco—.
Recuerden, este truco solo sirve para parecerse a ellos.
No somos sólidos; si nos tocan, se darán cuenta de inmediato porque podrían atravesarnos.
Así que mucho cuidado.
Paltio y Mok asintieron, comprendiendo la delicadeza de la situación.
Abrieron la puerta que daba acceso a unas escaleras.
Antes de bajar, Nakia les ofreció una opción adicional: inducir un sueño profundo a los soldados.
Ella se quedó arriba para vigilar, lista para actuar en caso de que algo saliera mal.
Mientras descendían las escaleras, Golden activó la ilusión que los hacía parecer soldados de las Sombras Verdes.
Cada piso que bajaban estaba custodiado por dos guardias.
Paltio, aún encubierto, levantó la mano en un saludo discreto, pero Mok lo detuvo con un gesto sutil.
No debían llamar demasiado la atención.
En el tercer piso, uno de los guardias los interceptó.
—¡Eh!
¿A dónde van ustedes dos?
—preguntó, observándolos mientras se dirigían hacia abajo.
Paltio y Mok intercambiaron una mirada rápida.
Fue Mok quien habló, imitando el tono parecido a la voz de Yaco: —Tenemos órdenes de bajar por unos desperfectos.
Nos envía el mismísimo Trebolg.
El guardia los observó por un momento, luego asintió.
—Bien, vayan, pero no se demoren.
No pueden dejar su posición por mucho tiempo.
Ambos avanzaron, secándose el sudor frío que perlaba sus frentes tras el susto de casi ser descubiertos.
—Al parecer, esos sujetos que noqueamos también son ingenieros de los mejores —comentó Golden telepáticamente.
—Vaya, qué buena imitación haces, Mok —elogió Paltio, tratando de aligerar el ambiente.
—Gracias, señorito —respondió Mok, con un leve tono de orgullo en su voz.
Continuaron bajando hasta llegar al subsuelo número 2.
Al entrar, colocaron las tarjetas de acceso que los soldados llevaban consigo en el lector.
La puerta se deslizó hacia un lado, y en la pantalla central apareció Ruby, la inteligencia artificial.
—Bienvenidos, caballeros.
Hoy es día de arreglar mis servicios —dijo Ruby con su característica voz metálica.
—¡Eh!
Sí —respondió Mok, alterando nuevamente su tono para disimular su identidad.
—Bien, entonces comiencen.
Luego vuelvan a su lugar —indicó Ruby antes de apagarse momentáneamente.
Al entrar, vieron varias cajas grandes de color cobre alineadas en la habitación.
Al fondo, una caja dorada destacaba entre las demás, protegida por lo que parecían rayos láser.
De pronto, Paltio experimentó la misma visión que había tenido en ocasiones anteriores.
—Aquí es el sitio, Mok —dijo con seguridad—.
La pieza se encuentra debajo de esa caja.
Mok frunció el ceño, evaluando la situación.
—¡Ay!
¡No!
será más difícil de lo que pensé, señorito.
Burlar a los sujetos fue fácil, aunque por poco nos atrapan.
Pero esto… —Señaló la caja dorada y los rayos láser—.
Esta máquina piensa más que cualquier ser vivo.
Si hacemos un movimiento en falso, nos destruirá.
Paltio, preocupado, intentó comunicarse con Golden.
—Golden, ¿tienes algo que nos pueda ayudar?
Pero Golden no respondió.
El silencio inquietante llenó el ambiente.
—¿Qué está pasando?
—preguntó Paltio, alarmado por la falta de respuesta.
En ese preciso instante, el disfraz ilusorio que ambos llevaban puesto comenzó a desvanecerse.
La voz metálica de Ruby resonó desde la pantalla, inundando la sala con una luz roja ominosa.
—Ustedes, ¿qué hacen aquí?
Son intrusos.
Pagaran con su vida por ingresar a una instalación prohibida —declaró Ruby con frialdad, mientras el cuarto se sumía en una alerta total.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com