La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 48
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48: ¿Golden perdido?
48: ¿Golden perdido?
—Adiós, elemento sorpresa —indicó Paltio con frustración.
—Es momento de pelear, señorito —dijo Mok, desenvainando sus cuchillos con determinación.
Estaba listo para enfrentarse a lo que fuera necesario.
—¿Cómo osan entrar en mi estructura principal?
Serán eliminados.
La voz metálica de Ruby resonó por toda la sala, y comenzó a desplegar pequeños robots del tamaño de Paltio.
En cada uno de ellos, una pantalla mostraba el rostro inquietante de Ruby.
Los robots empuñaban espadas brillantes, preparados para atacar.
—Debemos llamar su atención para que no pida ayuda al exterior, o estaremos fritos —advirtió Paltio, evaluando la situación con rapidez.
Ruby interrumpió con frialdad: —No necesito ayuda del exterior.
Yo misma soy capaz de acabar con dos ratas como ustedes.
Esta será su tumba.
Cientos de robots rodeaban a Paltio y Mok.
Mok, con un movimiento ágil, formó un escudo con sus cuchillos para repeler a los robots mientras protegía a Paltio.
Sin la ayuda de Golden, el príncipe no era útil en combate.
—¿Dónde estás, Golden?
¿Por qué no puedo comunicarme contigo?
—murmuró Paltio, tratando de mantener la calma mientras el caos lo rodeaba.
Mientras tanto, en el cuarto donde se encontraban los amigos de Paltio y Pax, reinaba un ambiente tenso y aburrido.
Ron comenzó a hacer ruidos molestos con la boca, irritando a Alita y Pax.
Toco-Toco, con la apariencia ilusoria de Paltio, estaba sentado encima de Mok, quien bueno era una silla que semejaba la forma del mayordomo, pero como una ilusión gracias a la magia de Golden.
—¡Miau!
Qué aburrido es esto.
No me gusta esperar.
Al menos en el lugar donde está Golden podía entrenar y saltar libremente —se quejó Toco-Toco, moviendo la cola con impaciencia.
Alita observó la escena y, por un momento, olvidó su molestia con Ron.
—Se ve medio raro ver a Paltio sentado en el regazo de Mok.
Parece como si fuera su hijo pequeño —comentó entre risas.
Sin embargo, Ron, tratando de hacer más ruido, pasó su mano a través de la ilusión de “Paltio”, haciendo que Toco-Toco cayera al suelo.
Se escucharon sonidos de un felino molesto, y Pax no pudo evitar reír también.
Ron rompió el silencio con un tono que mezclaba aburrimiento y preocupación: —Estoy aburrido.
No hay nada que hacer… Además, si salimos de aquí, nos tratarán como esclavos o algo así.
Pax se giró hacia él con un movimiento brusco, su postura rígida y su voz afilada como una hoja.
—Sí, pero deja de hacer ese tonto sonido o te corto la lengua —espetó, claramente molesto.
Ron detuvo los ruidos molestos que hacía con la boca, pero casi de inmediato comenzó a chasquear los dedos, incapaz de quedarse quieto.
—¡Eh!
Si sigues con eso, te voy a cortar los dedos también —advirtió Pax, su tono cargado de irritación mientras apretaba los puños con fuerza.
Justo en ese momento, la puerta se abrió.
Un soldado joven entró empujando un carrito con comida.
—Vengo a traerles algo de comer mientras mi jefe Yaco regresa —anunció sin mucho interés, su tono neutro y profesional.
El soldado entregó un plato a cada uno, pero cuando llegó frente a las ilusiones de Paltio y Mok, Alita y Ron intervinieron rápidamente.
—Ellos no tienen hambre.
Nosotros nos encargaremos de guardarles la comida —dijeron casi al unísono, fingiendo naturalidad.
El guardia los miró con indiferencia.
—Como sea —respondió antes de retirarse.
Ambos se secaron el sudor de la frente, aliviados por haber evitado ser descubiertos.
La ilusión de la silla y del gato se desvaneció, revelando nuevamente a Toco-Toco y a la silla real.
Justo antes de que la puerta se abriera de nuevo, Alita le indicó a Toco-Toco: —Ve al baño.
Simulemos que Paltio y Mok están allí.
La puerta se abrió una vez más.
Era el mismo guardia.
—¡Ah!
Mi jefe indicó que se va a demorar más de lo previsto.
Volverá en tres horas más de lo que les aviso.
El guardia miró el lugar y preguntó con curiosidad: —¿Y el mayordomo y el príncipe?
¿Dónde están?
Alita respondió nerviosa, tratando de mantener la compostura: —¡Ah!
Ellos están en el baño.
El guardia arqueó una ceja, desconfiado.
—¿Los dos?
Ron intervino rápidamente, improvisando: —Sí, es que los dos estaban mal.
Les dio ganas de vomitar.
Toco-Toco, siempre dispuesto a colaborar, simuló un sonido de vómito en su forma gatuna.
Luego cambió a su forma Felica y repitió el mismo gesto, esta vez con voz grave y teatral.
El guardia retrocedió un poco, asustado por los sonidos grotescos.
—¡Oh, entiendo!
Por eso no querían comer.
Ya veo… Bueno, espero que se mejoren.
Si necesitan algo para eso, les diré a los encargados que les envíen algo.
Se retiró apresuradamente, dejando a todos aliviados por haber evitado ser descubiertos.
Alita suspiró y dijo: —Ya puedes salir, Toco-Toco.
—Gran trabajo, minino —elogió Ron, sonriendo.
El gato, cruzándose de brazos (o lo más cercano que podía hacerse en su forma), respondió con sorna: —Yo sí entiendo la situación y las indirectas, no como su amigo distraído, Paltio.
Pax interrumpió, pensativo, mientras los otros dos reían por el comentario del gato: —Qué raro que no nos alertaron por las cámaras.
Ahora que lo mencionas, algo extraño está pasando.
Primero, la magia de Golden se desvanece, y luego las cámaras no funcionan.
Déjenme probar mi teoría.
Abrió la puerta con cuidado, temiendo que algo lo detectara de inmediato.
Sin embargo, al subirse a la faja deslizadora del piso, nada ocurrió.
Ni una alarma ni un solo sonido.
Era como si no lo hubieran reconocido.
—¿Qué puede ser?
—murmuró Pax, desconcertado—.
Esto requiere investigarlo.
—Pero no podemos irnos de aquí —intervino Alita rápidamente—.
Si descubren que nos fuimos o, peor aún, que faltan dos de nuestros integrantes, tendrán suficiente excusa para aprisionarnos.
—Bueno, tienes un punto —admitió Ron, rascándose la cabeza—.
Pero será mejor hacer algo, ¿no les parece?
—Tienes razón —dijo Toco-Toco, maullando con determinación—.
Yo puedo ayudar.
Puedo investigar rápidamente fuera de este lugar sin correr riesgos.
Sin perder tiempo, Toco-Toco utilizó su velocidad para recorrer los alrededores.
Comprobó que todo estaba igual afuera: al pisar los pisos móviles, tampoco ocurrió nada.
Regresó junto al grupo para informarles lo sucedido.
—¿Qué hacemos ahora?
—preguntó Alita, preocupada—.
Si salimos y no nos encontramos con Paltio, pensará que nos hicieron algo o podríamos meternos en graves problemas.
—Tienes razón, chica lista —respondió Pax, asintiendo con seriedad—.
Pero prefiero investigar el porqué de las cosas.
Normalmente solo le haría caso a mi amo Golden, pero él no está en estos momentos.
Me preocupa que su magia, bueno, sus poderes de ilusión hayan desaparecido así de repente.
Algo debe haber pasado.
—¡Miau!
—concluyó Toco-Toco, compartiendo la misma preocupación.
—Quizá pueda ir yo —propuso Toco-Toco con decisión—.
Soy el más rápido y puedo ver todo lo que ocurre afuera.
Ustedes pueden quedarse aquí para guardar las apariencias y esperar, por si Paltio y compañía llegan primero.
¿Qué les parece?
¡Miau!
Alita asintió con firmeza: —Bien, creo que es lo más sensato.
Ron también apoyó la idea: —Sí, tiene sentido.
Pax, aunque con un gesto de fastidio, aceptó: —¡Bah!
Qué más da.
Tendré que quedarme en este terreno.
Gana el gato veloz —dijo mirando a Toco-Toco con una mezcla de admiración y resignación.
Los tres se quedaron en la habitación, tensos pero atentos, mientras Toco-Toco salió disparado como una flecha, listo para buscar a los demás.
En otro lugar, Yaco se inclinó ante Trebolg, quien lo observaba desde su trono.
—Señor, ¿para qué me llamó?
—preguntó Yaco con respeto.
Trebolg sonrió con malicia.
—¡Ah!
Veo que llevaste a ese grupo al hotel B.
Bien, déjalos allí hasta que se cumpla lo dicho por Tejod como me comentaste.
Si ellos no logran conseguir, en menos de 24 horas, la pieza que supuestamente el príncipe cree que está en las instalaciones centrales de Ruby, podré tener más trabajadores a mi cargo.
Su rostro se iluminó con una expresión siniestra.
—Humillar a la realeza siempre ha sido mi motivo.
Aún recuerdo cuando los reyes del reino donde estuve antes siempre me cancelaban mis trabajos y me menospreciaban.
Ahora hago que ellos trabajen para mí sin paga.
Trebolg soltó una carcajada resonante mientras señalaba una sala en la que el rey y la reina del reino actual trabajaban arreglando una máquina, con cadenas pesadas en sus tobillos.
Miró un reloj en su pared, cuya manecilla marcaba el mediodía.
—Les queda menos de un día para que Paltio encuentre la pieza… o Tejod destruirá a otro ciudadano.
O tal vez a alguien más cercano a ellos.
Volvió a soltar una risa desenfrenada y a la vez aterradora.
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