Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 49

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. La Ultima Esperanza de Avocadolia
  4. Capítulo 49 - 49 RUBY
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

49: R.U.B.Y.

49: R.U.B.Y.

Paltio estaba escondido detrás de Mok.

Sin los poderes de Golden, se sentía inútil… o al menos eso era lo que pensaba.

Pero ¿qué le había pasado a Golden?

Normalmente siempre respondía y disfrutaba conversar, pero ahora solo había estática.

Mok repelía a los robots con sus cuchillos mientras usaba su espada para cortar a los que se acercaban por otros flancos.

Sacó de la caja el anillo de electricidad, lo embebieron en su espada y lanzaron rayos que repelieron a los robots momentáneamente.

Sin embargo, Ruby no daba tregua.

Sacaba más y más soldados robóticos sin cesar.

Poco a poco, los iban cercando, forzándolos a retroceder hacia una esquina.

—Lo siento, Mok.

Por no ser útil sin el apoyo de alguien mágico —murmuró Paltio, derrotado, su voz cargada de frustración y culpa.

—No se preocupe, señorito —respondió Mok con firmeza, su tono decidido a pesar de la situación—.

Yo lo protegeré.

Aún me tiene.

Los robots comenzaron a quitarle los cuchillos a Mok.

Algunos de ellos eran destruidos en el intento, pero gradualmente lograron arrebatarle sus armas.

—¡Maldición!

—gritó Mok, continuando el combate con su espada, cortando robot tras robot.

Pero eran demasiados.

Uno a uno, los robots empezaron a subirse sobre su cuerpo, inmovilizando sus brazos y piernas hasta detener completamente sus funciones motoras.

Mok cayó al suelo con un golpe seco.

Paltio intentó tomar la espada de Mok para defenderse, pero fue en vano.

Los robots también lo aprisionaron, sujetándolo con fuerza implacable.

—Bien, ahora que los tengo… ¿cómo los mataré?

¿Algo rápido e indoloro?

¿O algo doloroso?

—reflexionó Ruby en voz alta, su tono frío y calculador.

En su monitor aparecieron ambas opciones, moviéndose como si estuvieran en una ruleta.

Finalmente, la opción “con dolor” quedó seleccionada.

—Vaya, parece que el destino quiere que sufran.

¿Quién soy yo para negarme?

Además, soy una inteligencia que aún está en aprendizaje —dijo Ruby con una risa maquiavélica, disfrutando del momento.

—Tráiganlos aquí —ordenó Ruby.

Los robots arrastraron a Mok y Paltio cerca de la caja dorada.

—Qué pena.

Estuvieron tan cerca.

No muchos llegan hasta mí —dijo Ruby, casi con fingida compasión.

Luego, abrió una compuerta debajo de ellos, revelando un montón de cadáveres y una máquina con varias hélices giratorias dispuestas en tres niveles.

—Esta cosa los cortará pedacito a pedacito hasta convertirlos en nada.

Pero, para mi deleite, escucharé cada grito que hagan.

Robots, amárrenlos —indicó Ruby.

En lugar de sogas, los robots usaron soldaduras para asegurar a Mok y Paltio.

—Por si acaso —añadió Ruby con frialdad.

—Eres una inteligencia muy desquiciada —espetó Mok, tratando de mantener su dignidad incluso bajo esas circunstancias.

—Gracias por el halago, pero así me construyeron —respondió Ruby sin inmutarse—.

El Consejo de Sombras aprobó mi creación porque pronto controlaremos esta parte del mundo.

Luego iremos por otros lugares… y quizás otros planetas, gobernándolos con puño de acero y cubriéndolos de oscuridad.

—¡No te saldrás con la tuya!

—gritó Paltio, luchando contra sus ataduras, aunque sabía que era inútil.

—¿Cómo cree, principito?

Ya me salí con la mía —replicó Ruby con desdén.

La inteligencia comenzó un conteo regresivo para activar la máquina que pondría fin a Paltio y Mok.

—Fue un placer servir a su lado, señorito —dijo Mok, su voz tranquila pero cargada de resignación.

Paltio tragó saliva, su mente llena de arrepentimiento y desesperación.

—Este no puede ser nuestro fin… No puede acabar todo así —murmuró, lamentándose por no haber podido hacer más, por no haber peleado hasta el final.

Mientras tanto, Toco-Toco corría como alma que lleva el viento hasta llegar al edificio de cristal.

—¡Miau!

Este debe ser —dijo el gato, comenzando a entrar con sigilo en el lugar.

Subió hasta la terraza y encontró a Nakia, quien parecía estar vigilando.

—¿Qué haces aquí?

—preguntó Toco-Toco.

—Estoy cuidando que nadie entre —respondió el ave con seriedad.

—Veo que eso no te funcionó —indicó el gato con sorna, señalando hacia abajo con un gesto de su pata.

—Pronto necesito tu ayuda —continuó Toco-Toco, ignorando el comentario anterior—.

No siento a mi amo Golden, y sus poderes se han desvanecido.

Nakia reflexionó por un momento antes de responder: —Quizá sea algo que bloquea su magia en este edificio.

—Ya busqué en todas partes y nada —explicó el gato, moviendo su cola con frustración.

—¿Ya te fijaste si hay algún subsuelo?

Por lo general, los malos crean mazmorras y laboratorios secretos para hacer sus bases —sugirió el pájaro.

—¡Oh!

¡Claro!

¿Cómo no se me ocurrió?

—exclamó Toco-Toco antes de bajar rápidamente, esquivando cualquier posible detección.

Encontró unas escaleras que conducían hacia abajo y decidió seguirlas, desapareciendo en la penumbra.

Simultáneamente, en el cuarto donde estaban Alita, Ron y Pax, Alita sentía una inquietud creciente.

Su rostro reflejaba preocupación mientras miraba hacia la puerta, como si pudiera percibir algo más allá de las paredes.

—¿Qué pasa, Alita?

—preguntó Ron, notando su incomodidad.

—No lo sé… Presiento que algo malo va a pasar con Paltio —respondió ella con voz temblorosa.

—¡Bah!

Tonterías.

Esas cosas de presentimientos no existen —interrumpió Pax, cruzándose de brazos y mostrando su escepticismo habitual.

—Crees que no —replicó Ron, defendiendo a Alita—.

Ella es buena en eso.

Una vez presintió que algo malo me pasaría… Y, bueno, así fue.

Me caí en un hueco porque no sabía dónde pisar.

Estaba solo porque me había molestado con mi padre, y pasaron horas mientras todos me buscaban.

Nadie daba conmigo, pero entonces a ella le vino a la mente que estaba “en la oscuridad, pero una luz me iluminaba”.

La gente no le creyó, pero ella siguió su instinto, y junto con Paltio llegaron al lugar que ella percibió: un viejo pozo a las afueras de la ciudad.

Me encontraron al final.

Ni los mejores policías del reino pudieron hacer algo tan simple.

—Sí, sí, como sea —dijo Pax, restándole importancia con un gesto de la mano, aunque sus palabras sonaban menos convincentes ahora—.

Este tipo de cosas no existen, o solo las tienen los mejores magos y hechiceros.

—¿Y qué es lo que viste esta vez, Alita?

—preguntó Ron, volviendo su atención hacia ella con preocupación genuina.

Alita tragó saliva antes de responder: —Vi que algo estaba por partir a Paltio en muchos pedazos… como un rayador.

Ron tragó saliva también, tratando de disimular su nerviosismo con una sonrisa forzada.

—Espero que esta vez no tengas razón… Si no, ¿cómo voy a armar a mi amigo?

—bromeó, aunque su tono traicionaba un temor real por Paltio.

—Entonces, si dices eso, ¡vamos a por él!

—propuso Pax, levantándose de golpe.

—Pero no podemos salir de este cuarto —interrumpió Ron con un gesto esperanzador—.

¿Y si regresan?

—¡Bah!

—Pax soltó un bufido, apartando su mano de la empuñadura de su espada con frustración—.

¿En qué lío te has metido, Paltio?

—se dijo Alita, cubriéndose el rostro con las manos mientras intentaba contener su ansiedad.

Ron, viendo su angustia, se acercó y la abrazó para consolarla.

En tanto, Toco-Toco llegó al subsuelo 2.

Frente a él, una puerta cerrada bloqueaba el acceso.

No podía ingresar directamente, pero su agudo instinto felino le permitió detectar una ventilación cercana.

Sin dudarlo, se introdujo por el conducto y avanzó varios metros, moviéndose con sigilo y rapidez hasta encontrar una salida.

Al asomarse, vio una escena que lo heló por completo: varios robots sujetaban firmemente a Paltio y Mok, arrastrándolos hacia una máquina aterradora.

Era una especie de colador gigante con hélices giratorias dispuestas en niveles.

Cada giro parecía prometer un destino fatal.

—¡Miau!

Debo actuar —se dijo el gato, saliendo rápidamente del ducto con determinación.

Se preparó para lanzarse hacia sus amigos y salvarlos, pero Ruby lo detectó en ese preciso instante.

—Despídete de tus amiguitos, gato —dijo Ruby con frialdad, presionando un botón en su consola.

La máquina cobró vida con un zumbido escalofriante, y las hélices comenzaron a girar con velocidad letal mientras los robots bloquearon el paso al felino.

Toco-Toco se quedó paralizado, su cuerpo rígido por el miedo y el horror.

Sus ojos reflejaban impotencia mientras veía cómo sus amigos eran arrastrados hacia el mecanismo mortal.

El pequeño felino sintió un nudo en el pecho; ya había desarrollado un cariño especial por el muchacho.

—¡Miau!

—exclamó en voz baja, mezclando desesperación y tristeza.

Sabía que no podía hacer nada para detenerlo en ese momento, y esa sensación de impotencia lo devastó por completo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo