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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 5

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  4. Capítulo 5 - 5 Sombra Azul en Hassdalia
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5: Sombra Azul en Hassdalia 5: Sombra Azul en Hassdalia Paltio y sus amigos ya habían cruzado el puente y estaban en camino a Hassdalia.

Sabían que iban por el camino correcto porque Mok llevaba el mapa, que funcionaba como una especie de GPS para guiarlos.

—Mok, cuéntame otra vez —comentó Paltio con curiosidad—, cuando era más pequeño me decías qué había en cada uno de los reinos.

—Bueno, señorito —respondió Mok con tono formal—, como verá, Avocadolia es el eje central de todo.

Los demás reinos deben apoyarla y seguir las normas impuestas por nuestro reino que es la voz de Avocios.

Uno de sus antepasados estableció que no solo los avocados o paltas doradas podían vivir en la metrópoli, sino que cualquiera que desee contribuir al reino creado por Avocios puede ingresar y quedarse a vivir aquí.

—¡Eso sí lo recuerdo!

—interrumpió Paltio con entusiasmo—.

Pero cuéntame, ¿qué tiene de distinto cada reino?

—Pues verá, señorito Paltio —continuó Mok—, los otros cinco reinos tienen características únicas en comparación con nosotros.

Por ejemplo, el reino de Hassdalia, al que nos dirigimos, está habitado por personas que dominan la magia.

Son especialistas en ese arte debido a una característica peculiar: su cáscara trasera es más gruesa, aunque no tan resistente como podría parecer.

Por eso se dedican principalmente a la magia y cuentan con la mayor población de todos los reinos.

» Luego está el reino de Fuertelia, el más pequeño de todos.

Sus habitantes poseen una protección natural que los hace inmunes a cualquier cambio climático además de ser fuetes.

Sin embargo, son muy herméticos y vanidosos; su lema es siempre estar listos para pelear.

» Los de Bacadolia son los ingenieros.

No destacan en combate cuerpo a cuerpo, pero son extremadamente inteligentes y construyen grandes obras, como el puente que acabamos de cruzar.

—¡Increíble!

—exclamó Alita, capturada por el relato de Mok.

—¿Y qué más?

—preguntó Ron, ansioso por saber más.

—Bien, los del reino de Pinkertalia se dedican a la caza, la agricultura, la ganadería, la pesca y otros oficios relacionados con el trabajo manual.

Son los más laboriosos entre todos los reinos.

Y, por último, están los del reino de Reedalia, el más letal de todos.

Son ágiles, expertos en camuflaje y manejan la espada con maestría.

Prefieren usar armas, pero también son letales en combate cuerpo a cuerpo.

Es mi lugar de origen.

—Así que eres un Reed —dijo Ron, mirando a Mok con admiración—.

Ahora entiendo por qué te mueves tan rápido y eres tan ágil.

Ron le quitó las palabras de la boca a Pax, quien iba a hacer el mismo comentario, pero prefirió callarse.

—Señorito Paltio, quería enseñarle algunos movimientos de combate, pero usted nunca presta atención —bromeó Mok, lanzándole una mirada cómplice a Ron.

—Como siempre, así es nuestro Paltio —dijo Ron, riendo mientras observaba a su amigo.

—Y ustedes dos, mis jóvenes compañeros —preguntó Mok, dirigiéndose a Alita y Ron—, ¿de dónde provienen?

Por ejemplo, tú, Alita, vienes de Hassdalia, ¿verdad?

Deberías saber algún hechizo mágico.

—La verdad es que no —respondió ella con cierta tristeza—.

Mis padres nunca me enseñaron nada.

—Ya veo —dijo Mok pensativo—.

Tal vez yo pueda enseñarte un poco.

Durante mis viajes aprendí algunos trucos mágicos interesantes.

—¿De verdad?

—exclamó Alita, iluminándose visiblemente—.

¡Me encantaría!

—Claro —respondió Mok con una sonrisa amable—.

Será un placer enseñarte.

—Y yo pregunto, Ron —interrumpió Alita con curiosidad—, ¿eres de la familia Fuerte?

—¡Así es!

Eso significa que tengo mucha fuerza y resistencia —declaró Ron con orgullo, inflando el pecho.

—Sí, pero también eres igual de vanidoso que ellos —bromeó Alita, lanzándole una mirada traviesa.

—¿Y qué dicen ustedes de Paltio?

—preguntaron ambos jóvenes al unísono, volteando hacia él.

Mok aclaró la garganta antes de responder: —Paltio es un descendiente directo de Avocios, creador de nuestro mundo.

Es por eso por lo que su color dorado es único, tanto en él como en sus padres, a diferencia de las otras especies de aguacates.

—Ah, era por eso… Pensé que se había caído en una lata de pintura —dijo Alita entre risitas, jugueteando con un mechón de su cabello.

—¡Así que ahora eres bromista!

—exclamó Ron, fingiendo indignación.

—Fue solo una pequeña broma —respondió ella con una sonrisa inocente.

Paltio soltó una leve carcajada, algo que no pasó desapercibido para Mok.

Este último sonrió aliviado mientras murmuraba: —Es la primera vez que lo veo sonreír desde que las sombras nos atacaron.

Sin embargo, al escuchar la mención de aquel evento, Paltio cambió su expresión alegre por una preocupada.

—Lo siento, señorito, no fue mi intención recordárselo —se disculpó Mok rápidamente.

En ese momento, el carruaje frenó de golpe.

—Hemos llegado a Hassdalia —anunció Pax desde adelante.

—Es verdad —confirmó Mok, consultando su GPS mágico.

—Bien, ¿y ahora qué hacemos?

—preguntó Ron, observando a través de la ventana—.

¿Por qué no seguimos?

—Será por el inmenso muro que hay delante —indicó Pax, alumbrando con una antorcha cuyo fuego azul danzaba en la oscuridad.

—Entonces bajemos y toquemos para que nos dejen pasar —sugirió Alita, encogiéndose de hombros.

—Creo que no queda de otra —coincidió Paltio.

Todos descendieron del carruaje y se acercaron a lo que parecía ser un gran portón de madera reforzada, decorado con dragones tallados que sostenían aldabas metálicas.

—Creo que deberíamos tocar —propuso Paltio, señalando las aldabas.

Ron se adelantó y golpeó las aldabas contra la puerta.

El sonido resonó profundamente, y tras unos segundos, una voz grave preguntó desde el otro lado: —¿Quién es y qué desea en Hassdalia?

—Soy yo, Paltio, el príncipe de Avocadolia, y he venido aquí para encontrar una pieza para el mago Tejod —respondió Paltio con firmeza.

Al escuchar ese nombre, detrás de las puertas se oyeron murmullos apresurados.

Luego, una voz clara respondió: —Está bien, pueden pasar.

Pasados unos momentos, se escucharon mecanismos internos moviéndose lentamente.

La gran puerta comenzó a abrirse con un chirrido profundo.

Cuando finalmente se abrió por completo, apareció un hombre envuelto en una túnica azul oscuro, con una capucha que le cubría el rostro.

—Pasen, señor Paltio.

Lo estábamos esperando.

El señor Tejod dejó dicho, mediante mensaje de aves de fuego, que lo ayudáramos a conseguir lo que busca.

Además, tienen libre acceso a este reino, ahora dirigido por las Sombras Azules.

Nuestro líder, Tertrol, los espera.

Yo seré su guía; me llamo Opal.

—¿Sombras Azules?

¿Mensaje de aves de fuego?

—preguntó Paltio, frunciendo el ceño.

—Las Sombras Azules son una de nuestras facciones al servicio de Tejod —explicó Pax brevemente.

—¿En serio?

¿Y cuántas facciones hay?

—preguntó Ron, interesado.

—No te lo voy a decir.

Así lo dictan mis reglas —respondió Pax con una sonrisa misteriosa que se podía ver en una hendidura de su mascara.

—¡Ay!

Yo quería saber —protestó Ron con un tono infantil.

Opal lo miró de reojo antes de responder: —En total somos seis facciones: las Sombras Negras, las Amarillas, las Verdes, las Azules —que es la nuestra—, las Moradas y las Rojas, a las que todos debemos seguir, ya que son las del amo Tejod.

Desde atrás, Pax masculló entre dientes: —Maldito sombra azul, ¿por qué tenías que darles esa información a estos tontos?

Opal lo ignoró y respondió serenamente: —Lo siento, pero él preguntó, y yo contesté.

Luego, con un gesto autoritario, añadió: —Bueno, déjense de chácharas.

Es hora de que me acompañen.

Mi amo Tertrol los espera.

Pueden dejar su carruaje por allá.

Antes de comenzar a caminar, Opal se giró hacia Ron y explicó: —Las aves de fuego son un sistema de comunicación del señor Tejod con sus otras legiones de sombras.

Aparecen frente al que llama y luego se convierten en un mensaje escrito.

—¡Guau!

¡Qué loco!

—exclamó Ron, impresionado.

Todos siguieron a Opal hacia el interior de Hassdalia.

Avanzaron por calles desiertas, donde no se veía a nadie transitar.

Después de unos minutos de caminata, divisaron unas estructuras altas que se erguían a lo lejos.

Todo a su alrededor estaba sumido en una oscuridad casi palpable.

—¡Oh!

¡Dónde están mis modales!

—exclamó Opal de pronto.

Con un par de palmadas, todo el lugar se iluminó con llamas de un intenso color rojo.

—¿Llamas rojas?

—preguntó Alita, confundida—.

Pensé que cada bando tenía llamas del mismo color que su facción… Pero al parecer, los azules tienen llamas rojas, y los rojos tienen llamas azules.

Ya me mareé.

—Así es, muchacha —respondió Opal con calma—.

Tenemos el fuego inverso a nuestro color, como bien has notado.

El grupo llegó frente a un castillo pintado de un azul profundo, similar al lugar donde vivía Paltio, pero este tenía dos torres conectadas en el centro por una estructura rectangular que parecía una casa alargada.

Entraron al gran salón, custodiado por dos guardias enormes y musculosos.

Al fondo, sobre un trono elevado, estaba sentado un tejón que se parecía mucho a Tejod, aunque su pelaje era azul y era más pequeño, del tamaño de Mok.

—Ah, veo que han llegado —dijo el tejón con voz grave—.

Yo soy Tertrol, el nuevo soberano de estas tierras.

Con un chasquido de dedos, hizo desfilar a varias jóvenes del pueblo de Hassdalia.

Eran hermosas, vestidas de azul, con un tul que les cubría la mitad del rostro, dejando solo sus ojos al descubierto.

Cada una llevaba bandejas con manjares exquisitos para el deleite de Tertrol.

El tejón probó algunos platos, pero uno de ellos no le gustó.

Con un gesto brusco, empujó a una de las chicas, diciendo: —Haz bien tu trabajo, o irás al calabozo.

La joven cayó al suelo y, desesperada, suplicó: —Por favor, no, mi señor.

No fue mi intención.

Intentó tocarle la túnica azul para implorar clemencia, pero Tertrol la detuvo con un grito: —¡No me toques!

Acto seguido, le propinó un bofetón y ordenó a los guardias: —¡Llévenla a la sala para que aprenda!

—¡No, a la sala no!

¡Prefiero el calabozo!

—sollozó ella.

Pero los guardias no escucharon y se la llevaron a rastras.

Las demás jóvenes, temblorosas, asintieron rápidamente cuando Tertrol les advirtió: —Y ustedes dos, hagan bien su trabajo, o también irán para allá.

Las chicas se retiraron presurosas, obedeciendo las órdenes de Tertrol.

—Maldito Tertrol… —murmuró Paltio entre dientes, con los puños apretados.

—Tranquilo, señorito —advirtió Mok en voz baja, mirando de reojo hacia las sombras donde se ocultaban más soldados—.

No haga nada imprudente; hay demasiados enemigos.

Tertrol, sin inmutarse, continuó hablando: —Pues bien, les ofrecería comida, pero ya vieron que no estaba bien preparada.

Bueno, ahora es de noche en mi hermoso reino, pero mañana haré que brille un poco para que puedan disfrutar buscando la pieza del dichoso cetro, joven príncipe.

¿De persona de alcurnia a otra, no le parece?

El tejón azul observó atentamente a Paltio, notando la expresión molesta en su rostro cuando había maltratado a las jóvenes.

—Sí, está bien —respondió Paltio secamente, tratando de mantener la compostura.

—Bien, Opal, muéstrale al príncipe su habitación, una digna de él, junto con su mayordomo, claro está.

Y también dales una habitación a Pax; siempre es bueno verte, soldado favorito de Tejod.

Luego, señalando a Alita y Ron con desprecio, preguntó: —¿Y quiénes son estos?

¿Intrusos, acaso?

Los guardias se acercaron rápidamente hacia ellos.

—¡Guardias!

¡Atrapen a esta podredumbre y métanlos en el calabozo!

Alita vestía un sencillo vestido azul con leggins negros y botas, mientras Ron llevaba una camisa blanca y pantalón verde.

Ambos lucían ropa común, nada elegante.

—¡No, señor Tertrol!

—exclamó Paltio, interponiéndose—.

Son mis amigos y vienen conmigo para ayudarme a encontrar la pieza.

—¿Tus amigos?

¡Eh!

—replicó Tertrol, frunciendo el ceño—.

Tejod no me dijo nada sobre eso.

Así que al calabozo irán.

—¡Espere, señor!

¡No puede hacer eso!

—insistió Paltio, desesperado.

Tertrol lo miró fijamente, con una sonrisa burlona.

—Te vi mal cuando le hice daño a la servidumbre.

¿Crees que no me di cuenta?

¿Te crees mejor que yo, niño?

—No, señor —respondió Paltio, tragando saliva—.

Pero, por favor, no puede llevarse a mis amigos.

Un guardia se acercó a Tertrol y le susurró algo al oído.

El tejón reflexionó por un momento antes de hablar: —Quizás sí… Está bien.

Dejaré que tus amigos permanezcan contigo, por ahora, si haces una tarea por mí.

—¿Qué clase de tarea, señor?

—preguntó Paltio, sintiendo un nudo en el estómago.

—Hay un monstruo que está azotando a mi pueblo, bueno, a mis soldados.

Vive en la parte alta de las montañas.

Si acabas con él y me traes una de sus garras, dejaré que tus amigos no formen parte de mi calabozo.

—Bien —respondió Paltio sin titubear—.

Acepto.

—¡Pero, Paltio, no!

—intervino Mok, preocupado.

—Son mis amigos, y haría cualquier cosa por salvarlos —dijo Paltio con determinación.

—Ese es nuestro Paltio —comentó Ron con orgullo, aunque los guardias aún los tenían retenidos a él y a Alita.

—Qué bueno escuchar que hay compañerismo en estos días oscuros —dijo Tertrol con sorna, mientras seguía comiendo despreocupadamente.

—Bien, déjenlos libres.

Descansen —ordenó Tertrol—.

Mañana tendrán trabajo que hacer… Y, príncipe, desearás no haber aceptado.

Su risa resonó estruendosamente por todo el salón, dejando a todos incómodos.

Todos se retiraron a una alcoba juntos, esperando lo que les depararía el día siguiente.

En su alcoba, Tertrol murmuraba para sí mismo: —Tonto mocoso… Morirá, es seguro mañana.

—Pero, señor —intervino Opal—, si lo mata, no podrán conseguir las piezas, y Tejod estará molesto.

—Tranquilo —respondió Tertrol con frialdad—.

No dejaré que él muera, solo sus amigos.

Pero le daré un escarmiento por mirarme de ese modo tan despectivo.

Mañana el Oroboros tendrá con quién jugar.

Y soltó una carcajada maquiavélica que helaba la sangre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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