La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 50
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50: Caos R.U.B.Y.
50: Caos R.U.B.Y.
La máquina comenzó a funcionar, acelerándose con cada pasada.
Las hélices giraban con fuerza subiendo con cada pasada, aproximándose peligrosamente a las piernas de Paltio y Mok.
Pero justo cuando parecía que los alcanzarían, se apagaron de golpe, dejando a ambos ilesos.
—Eso estuvo cerca —dijo Paltio, mirando sus piernas intactas con alivio.
—Sí, señorito, eso fue extraño —comentó Mok, aún aturdido por lo ocurrido.
Desde su posición, Toco-Toco exclamó: —¡Miau!
¡Qué bueno que no los tocó!
—mientras seguía peleando con los robots que intentaban atraparlo.
En uno de los monitores, Ruby apareció visiblemente molesta: —Pero ¿qué pasa?
¿Por qué esta cosa no funciona?
¡Ya presioné el botón con este tonto brazo robótico!
Ruby continuó refunfuñando, frustrada: —¿Cómo es posible?
Estas máquinas no son tan obsoletas como para fallar así…
Bueno, si no funciona el corte metálico, será por láser.
Dirigió las grandes armas láser que custodiaban su caja dorada hacia Paltio y Mok.
Los láseres emitieron un destello amenazante antes de disparar… pero también se apagaron instantáneamente.
—¡¿Pero qué demonios pasa con estas cosas?!
¡Nunca habían fallado, y ahora están fallando justo en este momento!
¡Me lleva!
—gritó Ruby, furiosa.
De repente, en uno de los monitores apareció Golden, sonriendo tranquilamente: —Hola, Paltio.
¿Me extrañaste?
—¡Golden!
¿Cómo?
¿Qué haces en ese monitor?
¿Y por qué no contestabas?
—preguntó Paltio, sorprendido.
—Larga historia, muchacho.
La versión corta es que pude infiltrarme en el sistema de Ruby.
Por eso no podía responderte; no pensé que drenaría todas mis ilusiones.
Golden señaló hacia ellos mientras hablaba.
Era evidente que las ilusiones ya no estaban activas: Paltio y Mok lucían normales, ya no disfrazados como soldados de las Sombras Verdes, y Toco-Toco había regresado a su forma felina.
Con un gesto rápido, Golden controló los láseres para liberar a Mok y Paltio de sus ataduras.
—¡Tú!
¿Quién eres, maldita cosa dorada?
—rugió Ruby, fuera de sí.
—Pues, podrías decirse que soy como un virus en tu sistema… o algo así —respondió Golden con una risa contenida en su voz.
—Bueno, Paltio, ¿qué esperas?
Ve por esa pieza mientras yo me encargo de esta loca inteligencia.
—¿A quién llamas loca?
—chilló Ruby, indignada.
—Pues a ti —replicó Golden sin inmutarse—.
Creo que tendré que darte de baja.
Ruby gritó desesperada: —¡No!
¡Espera!
Podemos discutirlo…
Pero ya era tarde.
Golden activó todas las armas láser, dirigiéndolas hacia la caja dorada.
Un destello intenso iluminó la habitación, y la caja explotó en mil pedazos.
El cuarto cambió de color rojo a normal, y todas las máquinas se apagaron al instante.
Mok, recuperando sus cuchillos, cortó rápidamente los restos de las ataduras que los tenían atrapados.
—Bien, señorito Paltio, aquí estará la pieza —dijo Mok, señalando hacia la pila de huesos bajo sus pies.
—Sí, aquí es donde pude ver una luz que me guio hasta este lugar —respondió el muchacho con un tono reverente, recordando la extraña pero clara visión que lo había llevado hasta allí.
Paltio se arrodilló frente a los restos, inclinando la cabeza con respeto.
Con voz baja pero sincera, murmuró: —Perdón por profanarlos… Con cuidado, casi con delicadeza, se sumergió entre los huesos, apartándolos suavemente mientras buscaba la pieza que sabía estaba oculta en ese lugar.
Después de unos momentos, la mano del joven emergió de entre los huesos, sosteniendo una pieza brillante del cetro.
—¡Qué genial, Golden!
Esta es Sacaram —indicó Paltio, sosteniendo la pieza brillante del cetro con orgullo, esta pieza tenía un círculo en el centro y era una pieza robusta.
—¡Qué bueno!
—dijo Toco-Toco, golpeando un robot inactivo que ya no funcionaba para acercarse al grupo.
Después de encontrar la pieza y salir del lugar donde habían estado atrapados, Paltio, Mok y Toco-Toco se quedaron mirando a Golden en el monitor.
—¿Y ahora qué?
¿Cómo vas a apoyarnos desde ahí?
¿Cómo vas a regresar a mí?
—preguntó Paltio, intrigado.
Golden respondió con una sonrisa traviesa: —Bueno, no lo sé… Creo que me quedaré en este lugar ayudando a los Bacadolians…
juguetito un poco con lo que decía.
Sin embargo, algo interrumpió su explicación.
El monitor en el que aparecía Golden se rompió repentinamente.
—¡Oh, creo que así!
—exclamó Golden mientras volvía a la semilla de Paltio.
—¡Qué bueno que regresaste!
—dijo Paltio con alegría genuina.
Pero su felicidad duró poco.
De pronto, escucharon la voz de Ruby, esta vez distorsionada, ronca y endemoniada: —Tendré que acabar con ustedes por mi cuenta.
Los restos de la caja dorada comenzaron a moverse, uniéndose con otras partes hasta formar un enorme cangrejo robótico gigante.
—No saldrán de este lugar —declaró Ruby con frialdad, su tono cargado de odio.
Mientras tanto, en la ciudad, la tecnología de Ruby había dejado de responder.
Las fajas transportadoras seguían funcionando, pero no llegaban muy lejos.
Los guardias observaban confundidos.
—Qué raro… —murmuraron algunos entre sí.
Aprovechando el caos, algunos aldeanos decidieron probar si era seguro moverse.
Al ver que no eran detectados, la noticia corrió rápidamente entre los ciudadanos, quienes comenzaron a huir de sus lugares de trabajo.
Otros optaron por enfrentarse a los guardias invasores, desencadenando rebeliones por toda la ciudad.
Un guardia llamó preocupado a Trebolg: —Señor, algo pasa con Ruby.
Tenemos motines por todas partes, y fallan las interacciones con la gran inteligencia.
Incluso algunas cámaras han dejado de funcionar.
Trebolg sintió cómo la furia le hervía en las venas.
—Pero ¿¡quién pudo hacer eso!?
Con determinación, ordenó: —Soldados, tienen autorización de fuerza letal.
En caso de que la gente de este reino no obedezca, controlen la situación lo antes posible.
No me quitarán mi sueño.
—Entendido —respondió el guardia antes de cortar la comunicación.
Por otro lado, en el castillo, Yaco fue convocado por Trebolg: —Ve con el príncipe.
Algo está pasando, y creo que él y sus amigos son la causa.
No creo en coincidencias.
Llegaron ellos, y Ruby tiene malfuncionamiento.
—De inmediato —respondió Yaco antes de salir apresurado del palacio.
En el refugio donde estaban Alita, Ron y Pax, el caos en las calles era evidente.
—¡Miren qué está pasando por las calles!
—indicó Pax, observando incendios y gente movilizándose desde su posición.
Alita y Ron salieron a ver.
Desde donde estaban, pudieron confirmarlo todo.
Ron utilizó la botella como binoculares para observar mejor.
—¿Qué está pasando?
¿Por qué todo empezó a ser un caos?
—preguntó Alita, desconcertada.
—No tengo ni la más mínima idea —respondió Pax, pensativo—.
Pero será mejor que ahora sí permanezcamos en este lugar.
En paralelo, Ruby hablaba consigo misma, furiosa: —Me han hecho entrar en modo offline para poder sobrevivir.
He dejado el reino en pura oscuridad tecnológica.
Solo lo básico funciona.
Tengo que destruirlos para poder volver a estar online.
—Paltio, ¿estás listo?
—preguntó Golden con seriedad.
—Sí…
Creo que aún necesito de tu poder —respondió Paltio, bajando la cabeza con cierta frustración.
—Si, luego hablamos de eso, muchacho.
Por ahora, es momento de pelear —dijo Golden con firmeza.
Golden materializó el par de guantes especiales de siempre y se los entregó a Paltio, quien los ajustó rápidamente, preparándose para enfrentar al robot cangrejo controlado por Ruby.
Mientras tanto, Mok sacó sus cuchillos y empuñó su espada, colocándose el anillo de tierra y fuego.
Estaba listo para la batalla.
Toco-Toco, por su parte, regresó al holograma para recargar energía.
Había estado mucho tiempo fuera de Golden, y al parecer, estar en la semilla de Paltio limitaba el tiempo que podía permanecer activo fuera de ella.
A diferencia de Nakia, quien podía estar fuera de Meliradal durante largos períodos, Toco-Toco necesitaba recargar fuerzas.
El enorme cangrejo robótico se alzaba imponente frente a ellos, sus tenazas brillando bajo la luz tenue del lugar.
Ruby habló con voz altanera: —Un mayordomo y un niño no me destruirán.
¡Soy lo mejor que se ha podido crear!
—Parece que esta inteligencia es muy soberbia… y esa será su caída —comentó Mok con una sonrisa confiada mientras se preparaba para el ataque.
Sin perder tiempo, Paltio y Mok se lanzaron hacia el cangrejo gigante.
Las enormes tenazas de Ruby se movieron con velocidad, esperando aplastarlos sin piedad.
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