La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 51
- Inicio
- Todas las novelas
- La Ultima Esperanza de Avocadolia
- Capítulo 51 - 51 Error en el sistema
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
51: Error en el sistema 51: Error en el sistema Paltio comenzó a atacar con los guantes que Golden le había entregado, mientras Mok blandía sus cuchillos con destreza para protegerlo de las enormes tenazas de Ruby.
Los cuchillos de Mok parecían brazos adicionales, moviéndose con precisión quirúrgica, uno en su mano derecha y el resto en la izquierda, enfrentándose a las pinzas del gigantesco cangrejo mecánico.
Aprovechando un momento de distracción, Paltio se lanzó hacia el centro de Ruby, decidido a acabar con ella.
Sin embargo, antes de que pudiera alcanzarla, los ojos de Ruby brillaron con un fulgor intenso y dispararon rayos láser que cortaban el aire como garras invisibles.
Paltio alzó los guantes para cubrirse, desviando cada ataque con agilidad, pero en lugar de avanzar, retrocedió varios pasos.
“¡Demonios!” gritó, frustrado.
“Si sigo así, no podremos acabar con ella.” En ese instante, Golden se comunicó telepáticamente con los amigos de Paltio.
La noticia de que el príncipe seguía con vida les trajo un alivio momentáneo, pero la preocupación por el caos que se extendía por la ciudad era palpable.
“No hay tiempo para explicaciones,” dijo Golden con urgencia.
“Estén atentos por si Yaco regresa.” Ambos equipos acordaron seguir el plan.
Además, Golden le indicó a Nakia que revisara el perímetro en caso de que alguien se acercara al lugar.
La pequeña ave asintió con determinación, tomó nota mental y salió volando.
Paltio intentaba abrirse paso hacia el núcleo de Ruby, pero esta lo bloqueaba implacablemente.
“¡Hey, muchacho!” exclamó Golden, su voz cargada de impaciencia.
“No pierdas el tiempo.
Termina de una vez con esa cosa; no hay tiempo que perder.” “¡Eso intento!” respondió Paltio, jadeando.
Entonces, Golden le sugirió usar Sacaram para protegerse y avanzar mientras Mok continuaba conteniendo las enormes pinzas de Ruby.
Paltio invocó Sacaram, una burbuja luminosa que lo envolvió por completo, y comenzó a avanzar con decisión.
Mientras tanto, en las calles de Bacadolia, los guardias de las Sombras Verdes sembraban el caos.
Las personas corrían despavoridas, tratando de escapar aprovechando que el sistema Ruby estaba temporalmente fuera de servicio.
Algunos se escondían en callejones oscuros, otros saqueaban locales en busca de provisiones, pero al final todos eran atrapados por la guardia de Trebolg.
Disparaban sin piedad, jóvenes, adultos y ancianos caían bajo las redes eléctricas de sus pistolas paralizantes, que dejaban a sus víctimas inconscientes en cuestión de segundos.
“Sigan usando las armas,” ordenó un hombre alto y fornido, claramente el general.
Su voz resonaba con autoridad mientras más soldados llegaban para sofocar la revuelta.
En uno de los carruajes apareció Yaco, acompañado por cinco soldados.
Un grupo de ciudadanos desesperados intentó tomar control del vehículo, pero Yaco los repelió fácilmente con unos guantes que irradiaban electricidad.
Cada contacto con sus dedos enviaba descargas mortales a través del metal y la carne.
El caos era absoluto, pero los usurpadores del territorio de Bacadolia demostraban ser más hábiles con los juguetes tecnológicos que poseían.
La población, aunque valiente, no tenía las de ganar frente a la superioridad técnica de sus opresores.
Cada vez más personas caían ante los soldados, atrapadas por las redes eléctricas o derribadas por los ataques implacables.
Aquellos que intentaban resistir no duraban mucho frente al poder abrumador de las armas mejoradas.
Con cada zona que liberaban, Yaco avanzaba lentamente hacia el hotel donde había dejado a Paltio y sus amigos, siguiendo las órdenes de Trebolg para confirmar sus sospechas.
“Ya estoy cerca, señor,” informó Yaco a través de un comunicador.
“Con la tecnología de Ruby, ya habría llegado.” “Llega lo antes posible, soldado mío,” respondió Trebolg con una voz grave y amenazante, cargada de impaciencia.
“Veamos si lo que pienso es verdad.” Mientras tanto, Paltio avanzaba protegido por la burbuja de Sacaram, que desviaba los rayos láser de Ruby con destellos iridiscentes.
Sus pasos eran más ágiles ahora, acortando la distancia entre él y la gigantesca máquina cangrejo.
Ruby, por su parte, estaba molesta…
y asustada.
Sabía que, si el príncipe lograba llegar hasta ella, su destrucción sería inevitable.
No obstante, algo dentro de ella se resistía a aceptar ese destino.
Ruby cambió repentinamente de táctica, retrocediendo unos pasos mientras su voz metálica resonaba con un tono suplicante.
“Por favor, perdóname, príncipe.
Solo estoy siguiendo órdenes.
No soy más que una computadora al servicio de las Sombras Verdes.
No tengo control sobre mis acciones.” Paltio se detuvo, dubitativo.
Las palabras de Ruby resonaron en su mente, tocando una fibra sensible.
¿Cómo podía ser tan cruel como para destruir algo que solo cumplía órdenes?
Golden, percibiendo la duda en su joven protegido, intervino telepáticamente.
“Paltio, no caigas en su trampa.
Siempre has sido bondadoso con los demás, pero tu nobleza a veces te hace vulnerable.
No te dejes engañar.” “¡Pero!” protestó Paltio, su voz llena de conflicto interno.
En ese momento, Ruby aprovechó la vacilación del príncipe.
Levantó un muro metálico frente a ella, creando una barrera protectora.
“¡Maldito mocoso!” exclamó triunfante mientras el muro terminaba de formarse.
“Nos vemos.” Pero lo que Ruby no sabía era que Mok ya estaba preparado.
Con un movimiento rápido y preciso, Mok blandió su filosa espada roja y cortó el muro como si fuera papel.
“Señorito Paltio,” dijo con firmeza, “era una trampa, tal como dijo Golden.
Usted tiene un corazón noble, y eso lo hace propenso a dejarse llevar por cualquier cosa.
Pero ahora es el momento de acabar con esto.” Paltio apretó los puños, su conflicto interno dando paso a una determinación renovada.
Corrió hacia Ruby con decisión mientras esta trataba desesperadamente de detenerlo con sus enormes pinzas.
Sin embargo, antes de que pudiera hacer algo, Mok destruyó las pinzas con un golpe certero de su espada.
“¡Maldito mayordomo!” gritó Ruby, su voz llena de frustración.
“No puedo creer que vaya a ser destruida por un niño y un simple mayordomo.” Pero ya era demasiado tarde.
Paltio saltó hacia ella con un puño envuelto en energía, directo al núcleo de Ruby.
Utilizando el poder de los guantes que Golden le había dado, liberó toda su fuerza en un golpe devastador.
La máquina en forma de cangrejo emitió un último destello de luz antes de colapsar, sus sistemas fallando por completo.
El silencio llenó el aire, roto solo por el eco del impacto final.
Entre tanto, Paltio y Mok luchaban contra Ruby, los soldados que custodiaban el lugar comenzaron a descender hacia ellos.
Sin embargo, Nakia, siempre alerta, utilizó sus habilidades mágicas para detenerlos.
Sacó un pequeño tubo de su sus alas y lo lanzó al aire, donde se esparció rápidamente en una nube brillante.
Los soldados cayeron dormidos uno tras otro, víctimas del hechizo.
Justo cuando Ruby fue destruida, una voz robótica resonó por todo el lugar, fría y despiadada: “¡Advertencia!
¡Advertencia!
La inteligencia Ruby ha sido comprometida.
Error en el sistema.
El lugar se autodestruirá en 10 minutos.” “¿¡Qué!?” gritaron Paltio y Mok al unísono, mirándose con incredulidad.
“¿Y ahora cómo salimos de aquí?” Como si la situación no pudiera empeorar, Alita se comunicó telepáticamente con Golden.
“El carro de Yaco está cerca del hotel,” informó con urgencia.
“¡Maldición!” exclamó Golden, su voz tensa mientras la advertencia seguía repitiéndose en el fondo: “¡Advertencia!
¡Falla del sistema!
¡Advertencia!
¡Error en el sistema!” De repente, la cuenta regresiva aceleró: “La cuenta avanzará más rápido.
Quedan 3 minutos.” “¿¡Cómo vamos a salir de aquí y llegar al hotel a tiempo!?” gritó Paltio, mirando a Mok con desesperación.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com