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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 53

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53: Salgamos de Aquí 53: Salgamos de Aquí “Estoy en posición, jefe,” informó Toco-Toco con un maullido apenas audible.

“Bien, sigue a esos inspectores,” ordenó Golden.

“Y si ves algo que nos pueda incriminar, avísame.

Dejaré abierto un canal mental para ti.” “¡Sí, señor!

¡Miau!” respondió el gato con entusiasmo.

Toco-Toco siguió de cerca a los inspectores hasta un edificio que parecía un gran laboratorio futurista.

Al entrar, el minino observó cómo colocaban varias muestras sobre una larga mesa metálica.

Eran fragmentos extraños, algunos brillaban débilmente, otros emitían un leve zumbido.

“¡Jefe!

Veo un montón de muestras en la mesa.

¡Miau!” informó Toco-Toco.

“¿Qué procede?” Golden le respondió con calma: “Revisa las muestras.

Si encuentras algo que pueda incriminarnos, haz todo lo posible por deshacerte de eso.” El gato activó su poder especial: un ojo mágico que podía detectar rastros de energía.

Con rapidez sobrenatural, examinó cada muestra hasta que encontró algo alarmante.

“Jefe, hay restos de polvillo de la magia de Nakia en una de las muestras,” comunicó Toco-Toco.

“Entendido,” respondió Golden sin vacilar.

“Debes encontrar la forma de limpiarlo.

No podemos dejar evidencia.” Con movimientos precisos y casi invisibles, Toco-Toco comenzó a manipular el laboratorio.

Corrió tan rápido que ni las cámaras de seguridad pudieron captarlo.

Nadie habría podido seguir sus pasos, ni siquiera el ojo más agudo del mundo conocido.

“¡Pájaro tonto!” murmuró Toco-Toco entre dientes, refiriéndose a Nakia y su imprudencia.

El felino tomó la muestra comprometedora con sumo cuidado.

Sacó un trozo de material que había traído consigo, intercambió las muestras y, finalmente, tragó el contenido incriminatorio como si fuera un simple bocado.

“Jefe, todo quedó bien,” informó Toco-Toco con satisfacción.

“Excelente.

Puedes regresar,” respondió Golden.

En un abrir y cerrar de ojos, el gato reapareció frente a todos.

Los presentes se sorprendieron.

“¿Pero en qué momento salió el gato?

¿Cómo llegó detrás de nosotros?” preguntaron, incrédulos.

“Listo, ahora sé que ya no nos incriminarán,” declaró Golden con una sonrisa confiada.

“Así que tu plan fue enviar al gato a sabotear las pruebas…

Interesante,” comentó Pax, impresionado.

“Ese gato sí que es rápido,” dijeron todos, celebrando al pequeño héroe felino.

Un día más pasó.

El reloj de Paltio marcaba 11 cuando Pax llamó a su jefe, Tejod, para informarle que ya habían encontrado la pieza.

“¡Bien!” exclamó Tejod con una risa malévola.

“Será mejor que se apuren.

Solo quedan dos piezas, y el tiempo está avanzando.

¡No me falles, niño!

O destruiré a otro ciudadano si me llaman para perder el tiempo.” “Sí,” respondió Paltio con la cabeza gacha, cargando el peso de la culpa.

Luego de esto, Yaco regresó con noticias esperadas: “Nada los inculpa.

Así que pueden irse de inmediato.

Nosotros estaremos ocupados rearmando la ciudad.” Paltio se lamentó profundamente.

No podía evitar sentir que su entrada a Ruby había causado estragos irreparables.

Por obtener la pieza, algunos aldeanos habían muerto y otros habían sido torturados para regresar a sus labores.

Su corazón estaba pesado, y su mirada reflejaba el tormento de saber que su misión tenía un costo demasiado alto.

A las afueras del reino, Paltio hizo una promesa solemne a los habitantes que dejaban atrás: “Volveré por ustedes.” Aunque su voz estaba cargada de tristeza, el grupo partió hacia el siguiente destino: el reino de Pinkertalia.

El carruaje comenzó a avanzar lentamente, como si percibiera el pesar de sus ocupantes, alejándose poco a poco del reino devastado.

Trebolg, mientras tanto, no había notado al principio el carruaje que Paltio utilizaba.

Sin embargo, justo antes de que desaparecieran de vista, algo llamó su atención.

El diseño del vehículo era intrigante: una mezcla perfecta entre lo antiguo y lo moderno, un artefacto único que solo alguien de su séquito podría haber creado.

“¿Quién habrá sido el responsable?” se preguntó en voz baja, curioso por descubrirlo.

Sin embargo, pronto desechó la idea y regresó a su tarea de atormentar y sancionar a los ciudadanos del reino, sumiéndolos aún más en el caos.

En el camino, Paltio y sus amigos permanecían pensativos, cada uno perdido en sus propios pensamientos.

Pax, siempre práctico, decidió leer el manual del carruaje para familiarizarse con sus funciones.

El trayecto, como todos los anteriores, era oscuro y opresivo, incluso a plena luz del día.

La magia oscura de Urugas envolvía el mundo en tinieblas impenetrables, y lo único visible era lo que alcanzaban a iluminar los caballos gracias a las lámparas de fuego azul que Pax había colocado en el carruaje.

Al revisar algunas páginas del manual, Pax descubrió algo interesante: el carruaje tenía su propia fuente de luz incorporada.

Esto podría ser útil, ya que el fuego azul no crecía en los árboles y no quería estar pidiendo más a su jefe constantemente; sabía que eso solo lo molestaría.

“¿Cuántos días son, Mok, para llegar al siguiente reino?” preguntó Paltio, rompiendo el silencio.

El mayordomo sacó su mapa y lo estudió cuidadosamente.

“Si mantenemos este ritmo,” respondió finalmente, “llegaremos en tres días.” “¡¿Tres días?!” exclamó Paltio, alarmado.

“Eso es demasiado tiempo.” Y no era para menos: ya iban a ser 14 días en su misión, y con la búsqueda de la próxima pieza, probablemente estarían a mitad de camino en otro día.

Además, el siguiente reino estaba aún más lejos, y eventualmente tendrían que regresar a Avocadalia.

“Tal vez podrías aprovechar esos días para entrenar,” sugirió Golden.

“Así estarías mejor preparado para enfrentarte a Tejod.” Pax soltó una carcajada irónica.

“¿Enfrentarse a Tejod?

¡Ja, ja!

Son unos tontos si creen que pueden hacerlo.

Él los transformaría en jade antes de que pudieran dar diez pasos hacia él.” “Qué poca fe nos tienes,” replicó Alita, cruzándose de brazos.

“Quizá con tu ayuda podríamos lograrlo.” “Mi ayuda sería mi fin,” respondió Pax con frialdad.

“No puedo traicionarlo.” Mientras discutían sobre sus próximos pasos, un sonido agudo cortó el aire.

De repente, algo afilado seccionó las correas que sujetaban a los caballos al carruaje.

Un estruendo ensordecedor resonó en el ambiente, y los animales, asustados, salieron corriendo a toda velocidad, dejando el carruaje estático en medio de la nada.

“¿¡Qué fue eso!?” pensaron todos al unísono mientras salían del carruaje para revisar lo ocurrido y tratar de buscar a los caballos.

En ese preciso instante, algo o alguien emergió de las sombras, blandiendo una especie de lanza que parecía dirigida específicamente hacia Paltio.

Mok reaccionó con rapidez, colocándose frente al príncipe para protegerlo.

“¡Cuidado!” gritó el mayordomo mientras bloqueaba el ataque con su cuerpo.

Los demás miembros del grupo miraron alarmados y adoptaron posiciones defensivas.

Frente a ellos, una figura encapuchada permanecía oculta, excepto por sus ojos rojos brillantes, llenos de furia y determinación.

Sin previo aviso, volvió a atacar, lanzando su arma con precisión letal.

Mok continuó repeliendo cada golpe, su cuerpo actuando como un escudo impenetrable para Paltio.

“¡Huyan!” ordenó Mok con urgencia, su voz firme pero cargada de sacrificio.

Los demás obedecieron sin dudarlo, corriendo hacia la oscuridad para ponerse a salvo.

Sin embargo, Paltio no quería abandonar la pelea.

Se resistió, intentando regresar junto a Mok.

“No sabemos si hay más,” dijo Pax mientras corría, su voz tensa y alarmada.

Era evidente que conocía algo sobre esa criatura encapuchada, aunque no había tiempo para explicaciones.

De pronto, otra lanza cayó justo frente a Paltio, pero esta irradiaba un poder oscuro y destructivo.

Al impactar contra el suelo, generó una explosión que abrió un enorme hueco a su alrededor.

Pax intentó salvar a Paltio, consciente de que lo necesitaban para encontrar las piezas del cetro, pero la tierra bajo ellos comenzó a desmoronarse aún más.

Ambos perdieron el equilibrio y empezaron a caer en las profundidades del abismo.

“¡No!

¡Paltio!” gritaron Alita y Ron al unísono, sus voces llenas de angustia mientras veían cómo sus compañeros desaparecían en el hoyo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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