Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 54

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. La Ultima Esperanza de Avocadolia
  4. Capítulo 54 - 54 ¿Y Tú Eres
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

54: ¿Y Tú Eres?

54: ¿Y Tú Eres?

Paltio y Pax seguían cayendo en lo que parecía ser un antiguo pozo minero, abierto por la poderosa lanza del segundo individuo encapuchado.

Pax fue la primera en tocar fondo tras empujar a Paltio para amortiguar su caída.

Al impactar, la armadura de Pax comenzó a fracturarse en varias partes.

Era evidente que no estaba hecha de aleaciones muy resistentes, o tal vez la altura desde la que habían caído era simplemente demasiado alta.

Paltio también descendía rápidamente, pero en el último instante, Golden intervino con telequinesis, deteniéndolo justo antes de que chocara contra el suelo.

Sin esa intervención, seguramente habría muerto.

“¿Qué eran esas cosas?” preguntó Paltio, todavía aturdido por la caída.

“No lo sé,” respondió Golden.

“Nunca las había visto.” “Sí, yo sí,” dijo Pax con voz entrecortada.

La caída la había dejado inmóvil en el suelo, con hilos de sangre goteando de su boca.

“¿Pax, estás bien?” preguntó Golden con preocupación.

“No, no me quedé aquí porque quisiera descansar,” dijo Lukeandria con un tono sarcástico mientras permanecía tirada en el suelo, inmóvil.

“Es solo que…

después de esa caída épica, parece que mi cuerpo decidió que este es el lugar perfecto para una siesta improvisada.” Su voz destilaba ironía, aunque era evidente que estaba luchando contra el dolor.

“¡Maldición!” gruñó Pax, mirando a Paltio con furia.

“Por tu culpa me pasó esto.” Paltio se acercó lentamente hacia donde yacía Pax.

Al notar que el casco de su armadura se había roto en la parte delantera, pudo ver su rostro por primera vez.

Mechones de cabello ensortijado rojos sobresalían, revelando rasgos inconfundibles.

“¡Tú…

eres una chica!” exclamó el príncipe, sorprendido.

“¡Vaya!

Qué observador resultaste,” respondió Pax con sarcasmo, aunque su tono era débil.

“Te mataré por ver mi rostro, aunque ya no tiene sentido porque moriré aquí de todos modos.

No puedo moverme.” “Pero ¿qué eres?

Pareces a nosotros los avocado, pero tienes un color extraño,” preguntó Paltio, examinándola con curiosidad.

“Soy una lúcuma,” respondió ella secamente.

“Pero eso no importa ahora.

Quiero que me dejes aquí para morir.

Fallé como soldado.” “Eres muy melodramática, muchacha,” interrumpió Golden con tono calmado.

“Paltio, cúrala con la magia del cetro.” El muchacho asintió y sacó de su bolsa la esfera de recuperación Ulimeo.

Al pasarla sobre Pax, esta brilló intensamente y comenzó a sanar sus heridas al instante.

En cuestión de segundos, Pax pudo moverse nuevamente.

“¡Ah, maldición!” exclamó, poniéndose de pie mientras limpiaba la sangre de su boca.

“Me había olvidado de tu maldita esfera curativa.

Aunque, técnicamente, ahora me necesitas viva.

Mi maestro te necesita para encontrar los pedazos del cetro.” Si y no puedo utilizarla dos veces en la misma cosa o persona el mismo día indico Paltio.

“Pero entonces, ¿quién eres?” preguntó Paltio, frunciendo el ceño mientras la miraba con curiosidad.

“Si no eres Pax, ¿por qué fingías ser un hombre?” Lukeandria lo fulminó con la mirada, su voz cortante como el filo de una espada.

“Eso no te incumbe,” le espetó, aunque sus mejillas se colorearon ligeramente, revelando un atisbo de incomodidad.

Pero tras unos segundos de silencio tenso, suspiró y suavizó el tono, aunque seguía siendo firme.

“Mi nombre es Lukeandria,” respondió finalmente, sosteniendo su mirada sin pestañear.

“Lukeandria…

es un hermoso nombre.

Como tú,” comentó Paltio con una sonrisa amable, su voz cálida y sincera.

“Además, me dices ‘niño’ o ‘mocoso’ todo el tiempo, pero tenemos casi la misma edad, ¿sabes?” “Ja,” replicó Lukeandria con una risa burlona, aunque sus mejillas se tiñeron de un leve carmesí que contrastaba con su intento de mantenerse impasible.

“Soy mayor que tú, niño, y soy toda una guerrera.” A pesar de su tono desafiante, el cumplido de Paltio había logrado desarmarla momentáneamente.

Su sonrojo era sutil, casi imperceptible bajo la tenue luz de la mina, pero estaba ahí, traicionando su fachada de indiferencia.

Incómoda por la situación, cruzó los brazos sobre el pecho y desvió la mirada hacia un lado, como si el comentario no le hubiera afectado en absoluto.

Sin embargo, el ligero fruncimiento de su ceño y la forma en que evitaba mirarlo directamente decían lo contrario.

Paltio miró el casco roto y lo levantó con curiosidad.

“Entonces, ¿con esta cosa es que hablabas como un hombre con voz grave?

Interesante.” “¡Suelta eso, principito!” le ordenó ella, arrebatándoselo de las manos con un gesto brusco.

“Lo siento, te lo devuelvo,” dijo Paltio mientras le entregaba el casco a Lukeandria.

“Pero ¿por qué nos ocultaste tu verdadera forma?

Y, ¿por qué estás al servicio de Tejod?” “Esas son muchas preguntas, príncipe,” respondió Lukeandria con un suspiro que resonó en la penumbra de la mina.

Su voz era calmada, aunque teñida de cansancio, como si las palabras mismas pesaran sobre sus hombros.

“Te contaré todo…

una vez que regresemos al camino.” Hizo una pausa breve, mirando hacia las sombras que los rodeaban con una mezcla de precaución y resignación.

“Si es que sobrevivimos,” añadió en un murmullo apenas audible, cargado de ironía y fatalismo.

“Bien, ¿Y cómo vamos a regresar?” preguntó Paltio, mirando hacia arriba.

El sendero parecía interminable, un abismo profundo que conectaba con la superficie.

“Dile a tu amigo mágico que nos eleve con su telequinesis,” sugirió Lukeandria, señalando a Golden.

Golden intervino con calma, pero firmeza.

“No sabemos cuán alto es este lugar.

Mi poder no podría sostenernos por mucho tiempo sin conocer el camino exacto.” “Vaya sorpresa,” replicó Lukeandria con sarcasmo.

“Qué útil eres ahora.” Golden ignoró el comentario y señaló hacia adelante.

“Hay un camino más allá, parece una especie de mina abandonada.

Creo que conecta con la parte superior, o al menos eso puedo presentir.” “Tal vez si llamas a tu gato, nos pueda llevar en su forma de gato gigante,” propuso Lukeandria.

“Su forma FELICA, querrás decir,” corrigió Paltio con una sonrisa traviesa.

“Como sea,” respondió ella, rodando los ojos.

Golden negó con la cabeza.

“No podemos depender de Toco-Toco ahora.

Si esos espectros regresan, necesitaremos su ayuda para enfrentarlos.

No podemos arriesgarnos.” “¡Bien!” dijo Lukeandria, haciendo un sonido molesto con la boca.

“Espera,” interrumpió Paltio.

“Dijiste que conocías esas cosas.

¿Qué son?” Lukeandria bajó la mirada por un momento antes de responder.

“Son Spelectrums, espectros oscuros invocados por alguien.

No se irán hasta cumplir su objetivo, y al parecer, ese objetivo eres tú.

Sus ojos rojos siempre se fijaron en ti desde el principio.” “Entonces, ¿mis amigos están a salvo?” preguntó Paltio, preocupado.

“No lo sé,” respondió ella secamente.

“También intentaron atacarlos.

Quizá planeen ejecutarlos después de capturarte a ti.” “Debemos subir de inmediato,” dijo Paltio con urgencia en su voz.

“¿Y qué piensas hacer, principito?” replicó Lukeandria con escepticismo.

“Esas cosas son inmortales.

No morirán por nada.” “No lo sé,” admitió Paltio, su determinación brillando en sus ojos.

“Pero encontraré la manera.” Ambos decidieron ingresar a la mina abandonada, avanzando con cautela entre las sombras.

Mientras tanto, arriba, Mok seguía luchando contra el espectro.

El ente era increíblemente hábil con su lanza, moviéndose con una precisión sobrenatural.

Solo susurraba una y otra vez: “Muere…

muere…

capturar a Paltio.” “Así que vienen por mi señorito,” murmuró Mok, blandiendo su espada roja con destreza para repeler los ataques del espectro.

Alita y Ron, por otro lado, estaban en apuros.

El segundo espectro también los perseguía, blandiendo su lanza con maestría.

Aunque Alita intentó detenerlo lanzándole agua, esto solo frenó momentáneamente el arma, pero no hizo daño al espectro.

“Será mejor que corramos,” dijo Ron, jalando a Alita del brazo.

Esta vez, ella estuvo de acuerdo y ambos huyeron hacia donde Mok estaba.

“¿Dónde está Paltio?” preguntó Mok al verlos llegar.

“El otro espectro hizo que cayera a un enorme hueco junto con Pax,” respondió Alita rápidamente.

“¿Qué otro espectro?” preguntó Mok, justo cuando otra lanza descendió hacia ellos con un silbido agudo que cortó el aire.

La explosión resonó como un trueno ensordecedor, abriendo un enorme hueco en el suelo.

Aunque no tan grande como el que había engullido a Paltio y Pax, fue lo suficientemente amplio como para desestabilizar la tierra bajo sus pies.

El suelo se desmoronó en una cascada de polvo y escombros, arrastrando a Mok, Alita y Ron hacia las profundidades.

Sus gritos se mezclaron con el rugido del colapso, mientras las sombras los tragaban sin piedad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo