La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 55
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55: Forma Felica de Nakia 55: Forma Felica de Nakia Al caer, por suerte para ellos, Mok logró sujetar a Alita y Ron justo antes de que tocaran fondo.
Con un movimiento rápido, utilizó su enjambre de cuchillos como amortiguador, desplegándolos estratégicamente para frenar su descenso.
Cuando finalmente se detuvieron, los tres miraron a su alrededor, desconcertados.
“¿Qué lugar es este?” se preguntaron al unísono, observando lo que parecía ser una mina abandonada.
Las paredes estaban cubiertas de musgo y humedad, y el aire era pesado y frío, cargado de ecos distantes que resonaban como susurros.
“Será mejor ocultarnos de esas cosas,” indicó Mok con urgencia, señalando hacia las sombras que aún parecían acechar desde arriba.
Mientras tanto, Paltio iluminaba el camino con sus botas, cuya luz parpadeaba débilmente en la oscuridad.
Aunque intentaba disimularlo, el lugar le provocaba un miedo visceral.
La atmósfera opresiva y los sonidos fantasmagóricos no ayudaban; cada rincón parecía ocultar un espíritu o ente esperando para atacar.
“Cobarde,” murmuró Lukeandria con una media sonrisa, notando cómo Paltio sobresaltaba ante cualquier crujido del suelo.
“¡Oye!” protestó Golden dentro de su mente.
“¿No le has temido a los entes que nos hicieron llegar hasta aquí?” “Sí, pero ahora que sé lo que son, me dan un poco de miedo,” admitió Paltio, apretando los dientes mientras avanzaba.
Lukeandria rodó los ojos, aunque en el fondo encontraba su nerviosismo algo entrañable.
Extendió su mano hacia él.
“Toma mi mano y no la sueltes.
Así no tendrás tanto miedo.” El muchacho aceptó sin chistar, aferrándose a ella como si fuera un salvavidas en medio de un mar oscuro.
Ambos siguieron adentrándose en la mina, donde encontraron una especie de escaleras hechas de barro resbaladizo.
Decidieron subir con cuidado, pero cada pisada producía un chillido agudo que helaba la sangre de Paltio.
Con cada sonido, él apretaba aún más la mano de Lukeandria.
“¡Vaya!
Pero qué miedoso resultaste ser, principito,” bromeó ella, aunque su tono tenía un deje de diversión más que de burla.
“Compórtate, Paltio,” intervino Golden.
“Sé valiente, como yo, que no le tengo miedo a nada.” Sus palabras resonaron en la mente del joven, dándole un poco más de valor.
Continuaron avanzando hasta que divisaron un destello de luz en la distancia.
Paltio sintió un renovado impulso de salir de ese lugar infernal y jaló a Lukeandria con más fuerza hacia la luz.
Sin embargo, al llegar, se dieron cuenta de que la mina seguía extendiéndose interminablemente.
“¡Rayos!
¿Este sitio nunca se acaba?” exclamó Paltio, frustrado.
“Mira, allá hay otras escaleras,” indicó Lukeandria, señalando hacia adelante.
Sin más remedio, decidieron seguir avanzando.
Siguieron avanzado otra vez, pero justo antes de dar el primer paso, algo pasó rozando el hombro de Paltio, haciéndolo saltar del susto.
Una mano firme le tapó la boca mientras lo arrastraban hacia las sombras.
Eran Mok y sus amigos, quienes les hicieron señas de silencio.
“Guarden silencio,” susurró Mok con urgencia.
“Los espectros están merodeando cerca.” Todos estaban reunidos nuevamente, pero Mok y Ron no pudieron evitar sorprenderse al ver a la chica que acompañaba a Paltio.
“Señorito Paltio, ¿quién es ella?
¿Acaso se encontró una novia aquí abajo?” preguntó Mok con una sonrisa pícara, levantando una ceja mientras observaba cómo Paltio sostenía la mano de Lukeandria.
“¡No!
¡Ella no es mi novia!” respondió Paltio rápidamente, aunque el rubor que subió a sus mejillas lo delataba.
“Pero la forma en que la toma de la mano dice otra cosa,” bromeó Ron con una sonrisa traviesa, dándole un codazo a Paltio.
“Eres todo un pillín, señorito.” Paltio, incómodo por las insinuaciones, decidió cambiar de tema.
“Miren su ropa y lo que queda de su armadura,” dijo, señalando a Lukeandria.
Mok y Ron se acercaron para observar más de cerca.
Al notar los detalles de su atuendo y la armadura dañada, intercambiaron miradas sorprendidas.
Paltio aprovechó el momento para explicar quién era Lukeandria.
Alita intervino también, añadiendo con calma: “Ya sabía quién se escondía bajo el casco.
Ya habíamos tenido un encuentro cuando tratamos de salvarlos.” De veras dijeron todos, pero Alita les indico que era un secreto entre chicas.
“Y decía que éramos unos mocosos,” comentó Ron, cruzándose de brazos y frunciendo el ceño al recordar el incidente.
“Pensé que era un viejo amargado.” “Vaya, señorita Lukeandria…
Es un buen nombre para una Lúcuma,” dijo Mok con cortesía.
Luego se volvió hacia Paltio.
“¿Conoces de esa raza, Mok?” preguntó el príncipe.
“Solo por libros,” respondió Mok.
“Con todo lo que he visto últimamente, empiezo a creer que hay muchas más especies en este mundo de las que imaginaba.” Ron, siempre juguetón, intentó molestar a Lukeandria lanzando algún comentario sarcástico.
Sin embargo, ella lo fulminó con una mirada tan aterradora que el joven retrocedió de inmediato, escondiéndose detrás de Alita.
“Si sigues así, te mataré,” advirtió Lukeandria con frialdad, su voz cargada de amenaza.
“¡Luego hablamos de esto!” interrumpió Mok con urgencia.
“Necesitamos vencer a esas cosas ahora.” Mok les indicó a todos que apagaran cualquier fuente de luz innecesaria, incluyendo las botas de Paltio.
En su lugar, sacaron pequeñas linternas para iluminarse entre ellos lo mínimo posible.
El grupo avanzaba sigilosamente, pero los lamentos y ruidos fantasmagóricos seguían resonando en el aire, acompañados por una frase repetitiva: “Mueran, debemos llevar a Paltio al señor Tertrol.” “Ese maldito de Tertrol,” gruñó Lukeandria con furia contenida.
“Cómo se atreve a enviar esas cosas…
Se lo haré saber a Tejod para que lo despeje.” “No creo que en esa forma te acepte,” comentó Alita con franqueza, mirando significativamente el casco roto de Lukeandria.
La guerrera bajó la cabeza, sabiendo que las palabras de Alita eran ciertas.
Por ahora, lo único que podían hacer era escapar de esos espectros y encontrar una manera de reparar su disfraz.
“Pero ¿cómo vamos a escapar de esas cosas?” preguntó Mok, frustrado.
“Si ni siquiera podemos tocarlas o destruirlas.” “Quizá yo pueda hacer alguna especie de magia contra ellos,” sugirió Nakia tímidamente, levantando su pequeña ala.
“¿Qué clase de magia?
¿Algo que pueda vencer a esas cosas?” preguntaron todos al unísono, mirándola con curiosidad.
“Bien…
puedo entrar en mi forma FELICA,” respondió Nakia con determinación.
“¿Tú también tienes esa forma?” preguntó Alita, sorprendida.
“¡Sí!” respondió Nakia con entusiasmo.
Ron no pudo evitar pensar en voz alta: “Me pregunto en qué se convertirá…” “Pero ¿crees que eso sirva de algo?
¿O tal vez puedas repelerlos?” preguntó Paltio, esperanzado.
“Puedo intentarlo,” dijo Nakia con firmeza, aunque luego añadió con una sonrisa traviesa: “Pero después de usar mi forma, voy a necesitar mucha comida.” “Eso se puede conseguir,” aseguró Alita rápidamente, sin dudar en apoyar a la pequeña ave.
Los espectros continuaban merodeando por los alrededores, sus pasos etéreos y susurrantes llenando el ambiente de tensión.
Sin embargo, cuando Paltio encendió brevemente sus botas para iluminar el camino, los espectros detectaron su ubicación.
Pero al llegar, solo encontraron las botas abandonadas del muchacho.
Paltio había logrado ocultarse junto al resto del grupo, dejando una pista falsa.
En ese momento, Mok lanzó un contraataque con sus cuchillos, cortando las armas de los espectros.
Aunque estas se regeneraron casi al instante, el movimiento ganó tiempo valioso para el grupo.
“¡Nakia, es tu turno!” gritó Alita, señalando hacia adelante.
Nakia emitió un grito poderoso: “¡Forma FELICA!” La pequeña ave comenzó a transformarse ante sus ojos, creciendo hasta alcanzar el tamaño de un águila, aunque su apariencia era más parecida a la de un majestuoso halcón.
Sus alas brillaban con un azul intenso, y su cola resplandecía como la de un fénix, irradiando un calor casi tangible en el ambiente frío de la mina.
Su voz cambió, volviéndose más clara y autoritaria, mientras extendía sus enormes alas y comenzaba a aletear con fuerza.
El viento generado por sus movimientos empezó a dispersar a los espectros, aunque estos intentaban resistir.
Nakia aprovechó el momento para darle tiempo al equipo de escapar.
“¡Ten cuidado!” le gritó Alita desde abajo.
“¡Nos vemos arriba!” Con su nueva forma, Nakia surcaba el aire como un relámpago viviente, enfrentándose a los espectros con una ferocidad que nadie esperaba.
Nakia, en su nueva forma, extendió sus enormes alas y lanzó una tormenta de viento azul que crepitaba como fuego hacia los entes.
Este poder formó una especie de barrera brillante que ella llamó “Repelente de Espíritus.” En su mente, esperaba que este ataque lograra demorar a esas criaturas el tiempo suficiente para que el grupo pudiera escapar.
La barrera de viento no era completamente impenetrable, pero sí lo suficientemente fuerte como para ralentizar a los espectros.
Aunque avanzaban con dificultad, aún seguían moviéndose, decididos a cumplir su objetivo.
Nakia, sin detenerse, arrancó una de sus plumas y la lanzó como si fuera una bomba.
La pluma explotó al impactar contra el suelo, destrozando parte del terreno donde los entes intentaban atravesar.
Mientras tanto, Paltio y sus amigos aprovecharon la distracción para subir apresuradamente las escaleras.
Al llegar arriba, Ron miró hacia el carruaje con frustración.
“¡Genial!
Y ahora, ¿qué hacemos?
No podemos ir a ningún lugar sin caballos,” dijo, señalando el vehículo abandonado.
Poco después, Nakia regresó con ellos.
Alita corrió hacia ella, emocionada por volver a verla.
“Gracias por tu ayuda, Nakia.
Me encantaría aprender más sobre tu magia,” dijo Alita con entusiasmo, aunque rápidamente su expresión se ensombreció.
“Pero supongo que ya no habrá tiempo para eso…” El grupo pensó que finalmente habían salido de apuros, pero los entes reaparecieron, emergiendo directamente del suelo como sombras vivientes.
Esta vez, cargaron con mayor ferocidad hacia ellos antes de que Nakia pudiera realizar algún ataque o conjuro.
Sin previo aviso, las puntas de las lanzas de los espectros atraparon las dos alas de Nakia, dejándola indefensa.
Una vez más, parecía que no tenían ninguna oportunidad contra esos monstruos invencibles.
Justo cuando todo parecía perdido, una figura misteriosa apareció de entre las sombras.
Con movimientos precisos, el desconocido golpeó a los espectros con sus puños, cada uno irradiando una energía brillante que desintegró a las criaturas en cuestión de segundos.
“¿Quién eres?” preguntaron todos al unísono, mirando al recién llegado con asombro.
El sujeto, vestido con un traje blanco que cubría completamente su rostro, no respondió más allá de unas pocas palabras crípticas: “Síganme si quieren vivir.” Sin darles tiempo a replicar, el misterioso salvador levantó el pesado carruaje con facilidad sobre uno de sus hombros y echó a correr a una velocidad sobrehumana, dejando al grupo boquiabierto.
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