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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 56

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56: El Extraño 56: El Extraño “¡Apúrense o los dejo!” indicó el extraño con voz apresurada.

“Lo que hice con esas cosas es momentáneo.

Así que volverán a aparecer.” El equipo de Paltio comenzó a correr detrás del misterioso salvador, aunque no estaban seguros si realmente los estaba ayudando o simplemente robándose el carruaje.

“¡Hey, espera!” gritó Paltio mientras intentaba alcanzar al sujeto, quien corría a una velocidad impresionante a pesar de llevar el pesado carruaje sobre su hombro.

“¿Cómo puede correr tan rápido y cargar algo tan pesado?” preguntó Alita, jadeando mientras trataba de seguirle el paso.

Ron, por su parte, pensó para sí mismo: Esa persona quizá pueda enseñarme a usar mis poderes.

Su mente ya estaba llena de ideas sobre cómo aprovechar este encuentro inesperado.

Seguían corriendo tras el desconocido hasta que llegaron a una especie de cascada imponente.

Sin previo aviso, el sujeto desapareció tras ella.

Paltio y su grupo llegaron poco después, aunque el príncipe fue el último en cruzar, ya que había olvidado usar el poder de velocidad de sus botas y Golden, distraído, tampoco había sacado a Toco-Toco para facilitarles el viaje.

De la cascada emergió una mano que les hizo señas.

“¡Vengan por aquí!” dijo el extraño desde el otro lado.

El camino hacia la cascada era peligroso, lleno de rocas resbaladizas y un vacío profundo que amenazaba con tragárselos si daban un paso en falso.

Mok actuó rápidamente, utilizando sus cuchillos para crear un puente improvisado.

Uno por uno, todos cruzaron y entraron por detrás de la cascada, donde descubrieron una gran cueva que parecía más bien una casa.

Había muebles rústicos, utensilios y un ambiente acogedor que contrastaba con la tensión del exterior.

“¡Vaya!

Pensé que no iban a llegar,” comentó el sujeto con el sonido de una sonrisa socarrona.

“Pero me alegra que lo hayan hecho.” “¿Quién eres tú?” preguntaron todos al unísono, ansiosos por saber quién era ese extraño que los había salvado.

El sujeto se quitó la capucha y la capa, revelando su verdadera apariencia.

Tenía rasgos humanoides mezclados con características de un cane corso: un rostro fuerte, orejas pequeñas que sobresalían de su cabellera celeste y una piel plateada que brillaba bajo la tenue luz de la cueva.

Sus ojos ámbar irradiaban calma, y a pesar de su apariencia intimidante, su actitud era amigable y relajada.

“Soy Silver,” se presentó con una reverencia teatral.

“¡Silver!” exclamaron todos, excepto Golden.

“¡Es un perro!” dijo Ron, señalándolo sin disimulo.

“Así que aquí estabas escondido, como el perro infiel que eres,” dijo Golden con evidente molestia en su voz.

Era claro que su relación con Silver no era precisamente cordial.

“¿Ustedes se conocen?” preguntó Paltio, mirando alternativamente a Golden y al recién llegado.

“Conocernos…

Desearía que no,” respondió Golden con un bufido.

“¡Bah!

Tan molesto como siempre, Golden,” replicó Silver con una sonrisa burlona, buscando al pequeño ser con la mirada.

Finalmente, lo encontró saliendo de la semilla de Paltio, haciendo señas dramáticas.

“¿Qué haces dentro de esa semilla?

¡Sal de una vez!

Necesitamos ayuda para enfrentarnos con las sombras,” le dijo Silver, cruzándose de brazos.

“Lo haría,” respondió Golden con ironía, “si pudiera salir de este niño.” Silver soltó una carcajada ante el comentario.

“¡Bah!

Viejo amigo, tan descuidado como siempre,” dijo entre risas.

Luego, dirigiéndose al grupo, añadió: “Bien, deberían tomar asiento mientras preparo té y algo de comida.

Vi que Nakia está debilitada, y todos necesitan recuperar fuerzas.” Procedieron a comer mientras comenzaban a hablar sobre lo sucedido.

Golden, con reticencia, empezó a relatar los eventos recientes a Silver, aunque era evidente que no quería compartir nada con él.

Entre ambos había una rivalidad palpable, cargada de desconfianza y resentimiento.

“¿Por qué nos abandonaste ese día?” preguntó Golden con un tono acusador, mirando fijamente a Silver.

“Yo no los abandoné, Golden,” respondió Silver con calma, aunque su voz tenía un deje de tristeza.

“Me encomendó una gran tarea directamente de Avocios en persona, algo de suma importancia.

Juré no decirles nada a ninguno de ustedes, pero por eso quedé como el desertor…

ante tus ojos.” Silver bajó ligeramente la cabeza, como si pidiera disculpas en silencio.

Golden, sin embargo, no le creyó ni una palabra.

Cada frase que salía de la boca de Silver le parecía una mentira más.

Furioso y molesto, decidió retirarse del diálogo.

“Mientras estemos con este tipo, me guardaré,” dijo antes de encerrarse en la semilla, rompiendo el enlace mental que mantenía con el grupo.

“¡Vaya!

Resultó ser todo un personaje ese Golden,” comentó Lukeandria con sarcasmo, cruzándose de brazos.

“Pero ¿qué había pasado exactamente?

¿Nos lo puedes explicar?” preguntó Alita con cortesía, tratando de mantener un ambiente pacífico.

Silver suspiró profundamente antes de responder.

“Se los contaría, pero es algo que Avocios me ordenó no revelar a nadie,” dijo con firmeza.

“¡Patrañas!

Son mentiras,” interrumpió Golden desde dentro de la semilla de Paltio, su voz resonando con irritación.

“Así te comportas como un niño,” replicó Silver con una sonrisa irónica, claramente disfrutando de la situación.

“Pues no voy a hablar con un traidor como tú,” respondió Golden con desdén, su voz cargada de irritación.

Sin darle tiempo a Silver para responder, Golden se retiró nuevamente a la semilla de Paltio, donde se aisló por completo.

Para asegurarse de no escuchar ni una palabra más, sacó unos pequeños auriculares imaginarios —o tal vez mágicos— y se los colocó, cruzándose de brazos como un niño enfurruñado.

Era evidente que no tenía intención alguna de colaborar o escuchar a Silver, al menos no por el momento.

Todos miraron la escena con una mezcla de incredulidad y diversión contenida.

Era difícil no notar la rivalidad palpable entre ambos guardianes, aunque también resultaba casi cómica ver a Golden comportarse de manera tan infantil.

“¡Vaya carácter!” comentó Silver, levantando las manos en señal de rendición fingida.

“No hay caso con ese viejo gruñón.” Lukeandria soltó una risita baja, incapaz de contenerse.

“Parece que Golden tiene más orgullo que sentido común,” murmuró, ganándose una mirada divertida de Alita.

Mientras tanto, Paltio observaba la interacción con preocupación.

Sabía que necesitaban trabajar juntos si querían sobrevivir a los espectros, pero con Golden encerrado en su semilla y Silver actuando como si fuera el dueño del lugar, las cosas no pintaban bien.

Todos presentes podían sentir la tensión en el aire.

Era evidente que la pelea entre Golden y Silver sería grande, pero nadie quería intervenir hasta que Paltio tomó la palabra.

“Silver,” dijo Paltio con calma, tratando de mediar, “puedes decirnos lo que pasó.

Incluso Golden puede leer tu mente y confirmarnos si lo que dices es verdad.” Silver soltó una carcajada breve.

“¿Leer mi mente?

Ese terco no puede.

Entre guardianes no podemos leer nuestras mentes; fue una cláusula que Avocios colocó en todos nosotros.” “¡Hey!” interrumpió Ron, levantando la mano para llamar la atención.

“Señor Silver, veo que usted es muy fuerte.

¿Podría ser mi maestro?” Antes de que Silver pudiera responder, una sensación de peligro invadió la cueva.

Silver levantó una mano para callar a todos, su expresión ahora seria.

“Sé que esos espectros no morirán con el poder que usé antes.

Aún los buscan,” advirtió.

“Por lo que dijiste, muchacha de pelo rojo,” continuó Silver, dirigiéndose a Lukeandria, “esas almas en pena no morirán hasta cumplir su objetivo, ¿verdad?” Lukeandria asintió con gravedad.

“Así es.

No descansarán hasta llevarse a Paltio o completar su misión.” “Entonces,” dijo Silver con determinación, “la única manera de acabar con esas cosas es usar mi arma secreta.” “¿Arma secreta?” preguntaron todos al unísono, llenos de curiosidad.

Sin dar más explicaciones, Silver se adentró más en la cueva, no sin antes indicarles: “Entretengan a los enemigos mientras preparo esto.” Paltio decidió quedarse en la cueva, argumentando que no estaba listo para enfrentarse a los espectros.

Además, Golden seguía negándose a salir en presencia de Silver, lo que dejaba al príncipe sin su apoyo.

Mok y Lukeandria, por otro lado, decidieron salir a enfrentar a los espectros.

Ambos salieron tras la cascada, atrayendo a las criaturas hacia ellos.

Aunque desconocían el alcance de los poderes de Silver, confiaban en que, como habían visto anteriormente, él podía “apaciguar” a los entes.

Decidieron seguirle el juego y ganar tiempo.

Los espectros no daban tregua.

Sus movimientos etéreos y rápidos los hacían difíciles de combatir, y sus lanzas brillaban con una energía oscura mientras los perseguían implacablemente.

Incluso traspasaron la cascada, invadiendo la cueva donde Paltio, Ron y Alita intentaban protegerse.

Ron y Alita estaban listos para actuar, armados con sus habilidades únicas.

Pero Paltio, aún temeroso de los fantasmas y entes, no podía evitar retroceder cada vez que uno de ellos se acercaba demasiado.

Uno de los espectros invocó varias lanzas de energía oscura y comenzó a dispararlas hacia los muchachos.

Mok se movió rápidamente, bloqueando los ataques con sus cuchillos mientras intentaba contrarrestar al espectro que lo enfrentaba directamente.

Las chispas volaban cada vez que sus armas colisionaban, iluminando brevemente la penumbra del lugar.

De repente, un grito escalofriante resonó en el aire.

Los espectros se levantaron las capuchas, revelando máscaras blancas que ocultaban sus rostros.

Con movimientos lentos y deliberados, se quitaron las máscaras, dejando al descubierto unos rostros que parecían calaveras de ultratumba.

Sus cuencas vacías brillaban con un resplandor siniestro, y sus bocas desdentadas se abrieron para emitir gritos aún más fuertes, ensordecedores.

El sonido atravesaba los oídos como agujas afiladas, provocando un dolor insoportable en todos los presentes.

Aprovechando el momento de confusión y debilidad, los espectros atacaron.

Con una fuerza sobrenatural, empujaron a Mok y Lukeandria hacia una de las paredes de la cueva, inmovilizándolos al instante.

Lanzas oscuras surgieron de sus manos y se clavaron alrededor de ellos, aprisionándolos como si fueran mariposas en un tablero de exhibición.

Sin detenerse, los espectros avanzaron hacia Ron, Alita y Paltio.

Estos intentaron resistir, pero fueron rápidamente superados.

Ron y Alita también fueron lanzados contra una de las paredes contiguas con una fuerza brutal, dejándolos aturdidos e incapaces de moverse.

Paltio, paralizado por el miedo, llamaba desesperadamente a Golden dentro de su mente.

“¡Golden!

¡Me escuchas!” gritaba mentalmente, pero no recibía respuesta.

Golden permanecía inmerso en la semilla, obstinadamente alejado del mundo exterior.

No quería hablar ni ver a Silver, a quien consideraba un traidor a la causa.

“¡Eh!

¡Golden, me escuchas!” volvió a intentar Paltio, su voz mental cargada de pánico mientras veía a los dos espectros acercarse lentamente hacia él.

Las criaturas inclinaron sus cabezas, como si estuvieran disfrutando del terror que emanaba del príncipe.

“Presaaaaa encontradaaa,” susurraron en coro con voces guturales y distorsionadas.

“Hacer sufrirrr…

y luego matarr.” Sus palabras resonaron en la mente de Paltio como un eco macabro, aumentando su desesperación.

Miró a su alrededor, buscando ayuda, pero todos sus compañeros estaban fuera de combate.

Estaba solo frente a esas criaturas aterradoras, sin escapatoria aparente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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