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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 6

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  4. Capítulo 6 - 6 El Oboros
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6: El Oboros 6: El Oboros A la mañana siguiente, Paltio no había podido dormir bien.

—No pudiste dormir, ¿verdad?

—le dijo Ron, un poco soñoliento.

—No, la verdad es que no.

No dejé de pensar en lo que le están haciendo a la gente del pueblo… y en esa tal “sala”.

—Ni idea —interrumpió Alita—, pero por lo que dijo Tertrol, parece un lugar donde reeducan a la gente.

—Entonces la población de Hassdalia debe estar allí, en ese calabozo —indicó Mok.

—Tonto —masculló Pax—.

¿Por qué aceptaste la propuesta de Tertrol?

Mejor hubieras dejado a tus amigos aquí, en el calabozo, y podríamos haber seguido con el viaje.

—¡Tonto tú!

—replicó Paltio—.

Nunca abandonaría a nadie.

—Así es nuestro muchacho —dijo Mok—.

Es cierto que puede ser distraído y otras cosas peores, pero siempre está ahí para sus amigos… y para la gente en peligro.

Solo que a veces no mide bien el riesgo.

—¡Y nosotros lo apoyaremos hasta el final!

—dijeron Alita y Ron al unísono.

—Vaya, sí que son un grupo de tontos.

Luego no se quejen si mueren en esta misión.

Ya veremos cuán amigos son.

Como les dije, solo ayudaré al chico mientras no me cueste la vida —añadió Pax, sin apartar la vista de la ventana.

—Ya es de día —comentó Paltio, mirando el reloj que le había dado Tejod, marcando el inicio del nuevo ciclo con un numero dos en la pantalla.

—Aunque afuera todo sigue siendo oscuridad eterna, llena de sombras y neblina —interrumpió Alita.

De pronto, alguien abrió la puerta de la habitación.

Era un espacio pequeño, pero suficiente para que los cinco descansaran cómodamente gracias a las provisiones que Paltio había llevado en su bolsa.

—Vaya, sí que caben muchas cosas en esa pequeña bolsita —dijo Ron.

—Es un regalo de mi abuelo —respondió Paltio—.

Me pregunto dónde estará ahora… —Se fue en busca de nuestro dios o una pista que lo lleve a él —explicó Mok—, pero no ha vuelto desde hace muchos años.

—Sí, lo sé —dijo Paltio—.

Espero encontrarlo y que pueda ayudarnos a vencer a las sombras.

—Sin ofender —agregó, dirigiéndose a Pax.

—Ja, ja —rio este—.

¿Creen que pueden vencernos?

Ya hemos ganado.

No hay nada para ustedes, tonto niño.

Deja de soñar.

Cuando Tejod tenga el centro, todo habrá terminado.

La conversación se interrumpió cuando un guardia vestido de azul oscuro entró y les indicó que lo siguieran.

Los chicos salieron tras él y encontraron un carruaje esperándolos frente al palacio.

—Estas son las coordenadas a las que deben ir —les entregó el guardia—.

Mok, colócalas en tu dispositivo.

Buena suerte… la necesitarán —añadió entre risas burlonas.

Todo seguía envuelto en sombras cuando, de repente, apareció Tertrol.

—Les daré visibilidad —dijo, y de su dedo surgió una gran esfera luminosa hecha con el fuego rojo que ascendió hacia el cielo.

A medida que subía, fue creciendo hasta convertirse en un sol artificial que iluminó cada rincón del reino.

—Bien —continuó Tertrol—.

Tienen hasta que la luz desaparezca para encontrar lo que quiero: la uña de esa criatura.

Acábala si pueden… aunque dudo que logren hacerlo —se burló.

—¿Y cuánto tiempo es eso?

—preguntó Paltio.

—Como si fuera la mañana.

Doce horas.

Así que yo que ustedes me apuraría —contestó Tertrol con una sonrisa irónica.

Rápidamente, todos subieron al carruaje y se dirigieron hacia el lugar indicado.

Desde lejos, Tertrol les gritó: —¡Cuidado con el Oboros!

El nombre llegó hasta Pax, quien lo escuchó claramente gracias a su oído agudizado.

—Es más grave de lo que imaginé —dijo con gravedad—.

Pero igual les contaré… seguramente no volverán.

Miró a Paltio y prosiguió: —Escuchen bien, principito.

La criatura a la que te enfrentarás y de la cual debes traer una uña es el Oboros, otra de las creaciones de mi amo.

Ese monstruo es letal, así que deben tener cuidado.

No puede morir a menos que encuentren al original, ya que, si dañan a sus copias, estas se reproducirán al instante.

Es un lagarto gigantesco, del tamaño de una torre, camina erguido sobre dos patas, tiene una cola larga y afilada, y en el centro de su pecho lleva un prisma.

Ese prisma es su punto débil.

Solo destruyéndolo podrán acabar con él.

—Entonces es fácil —intervino Ron—.

Solo hay que darle en el pecho.

—No seas ingenuo —replicó Pax—.

El señor Tejod no crearía algo tan fácil de matar.

—Si el prisma brilla en blanco, significa que es una copia.

Y si matan una copia, surgirán aún más.

Pero si el prisma es ámbar, ese será el verdadero.

Sin embargo, el maldito animal se oculta entre sus réplicas, protegiéndose de cualquier ataque.

Tanto el original como las copias pueden devorarte sin pensarlo.

Así que atención: deben ser extremadamente cuidadosos.

—Ya veo —dijo Mok, pensativo—.

Qué mente tan enferma debe tener quien creó semejantes cosas —agregó Alita con un escalofrío.

—¡Silencio!

—los interrumpió Pax—.

No hables mal del señor Tejod.

Solo hizo algunas cosas defectuosas que luego descartó… como este animal.

Pero mi jefe es el mejor.

—Bueno —dijo Ron—, pero al menos tenemos a Mok.

Seguro con él tendremos alguna posibilidad.

—Sí, eso es verdad —afirmó Paltio—.

Ya ves, la esperanza es lo último que se pierde.

—Tienes razón —dijo Alita.

—Tontos… Ya verán que no es tan fácil —concluyó Pax mientras tomaba las riendas del carruaje.

Llegaron a un lugar elevado, en lo alto de una colina, donde se abría una cueva oscura y silenciosa.

—Hemos llegado —anunció Pax.

Todos bajaron del vehículo antes de comenzar la ascensión, pues el camino era demasiado empinado y estrecho para que el carruaje continuara.

—Iremos despacio —indicó Pax—.

Una vez que lleguemos a lo que parece su madriguera, estén alertas y no hagan mucho ruido.

Tras un arduo ascenso, los cinco alcanzaron la entrada de la cueva.

Estaban cansados; el sendero había sido sinuoso, angosto y exigente, obligándolos a avanzar uno tras otro.

Pax sacó un poco de su polvo mágico y generó una pequeña llama azul, apenas suficiente para iluminar unos pasos adelante.

—¿Por qué es tan pequeña esa llama?

—preguntó Alita—.

¡Así no vamos a ver nada!

—Precisamente por eso —respondió Pax—.

No quiero alertar a la bestia.

Una vez dentro, comenzaron a avanzar por una cueva más grande por dentro de lo que parecía por fuera.

El techo era alto y goteaba en algunos puntos, lo que añadía una sensación fría y húmeda al ambiente.

—Creo que aquí no hay nada —dijo Ron en voz alta.

—¡Baja la voz, tonto mocoso!

—lo reprendió Pax—.

O nos descubrirá.

Siguieron caminando hasta llegar a lo que parecía un callejón sin salida.

Por un momento, pensaron que ese era el final de la cueva.

Ron retrocedió un poco y, al moverse, resbaló con algo extraño.

—¿Qué es esta cosa tan larga?

—preguntó en voz baja.

—Es una piedra, tonto —respondió Alita—.

Aquí hay un montón.

—Pero esta se siente diferente… es más blanda —dijo Ron mientras la tocaba.

De pronto, la “piedra” empezó a moverse.

Ron intentó tocarla otra vez, pero ya no estaba allí.

—Qué raro… ¿Las piedras se mueven?

—preguntó confundido.

—No que yo sepa —replicó Alita—.

Y deja de hacer preguntas tontas.

En ese momento, un rugido ensordecedor retumbó en toda la cueva, rebotando en las paredes como un eco interminable.

Pax se dio la vuelta de inmediato y, entre las sombras, vio unos ojos brillantes que los observaban fijamente.

—¡Es el Oboros!

—exclamó.

Miró con atención y bajó la vista hacia su pecho.

El prisma brillaba con luz blanca.

—Es solo una copia —dijo—.

¡Corran!

Seguro hay más.

Aumentó la llama de su antorcha y entonces todos lo vieron: un animal enorme, tal como Pax lo había descrito, pero aún más terrorífico en persona.

Saltaba entre las rocas, persiguiéndolos con furia.

—Todas son copias —indicó Mok—.

Son cinco… —Ni se te ocurra sacar tus cuchillos —le advirtió Pax—.

Recuerda que, si atacas a una, se multiplicará.

—Entonces… ¿qué debemos hacer?

—preguntó Mok.

—Huir —respondió Pax—.

Y no dejar que nos coman.

—Eso suena bien para mí —dijo Ron, tomó la mano de Alita y ambos echaron a correr junto con Paltio.

—Maldición… correr no nos ayudará mucho —masculló Mok mientras esquivaba una cola gigante y unos colmillos afilados como dagas.

—Necesitamos encontrar al original —gritó Alita—.

Si no lo eliminamos, estas copias jamás desaparecerán.

Una de las bestias apareció junto a Paltio y los demás, lanzándose con violencia y tratando de golpearlos con su cola.

Mok, sin poder contenerse, sacó sus cuchillos y atacó.

Las hojas se clavaron en la criatura, que soltó un grito agudo antes de dividirse en dos.

Ahora eran siete.

—¡Tonto!

—le gritó Pax—.

¡Te dije que no les hicieras nada!

¡Ahora se han multiplicado!

—¡Ya casi llegamos a la salida!

—avisó Ron.

Todos corrieron apresurados.

Alita y Ron iban delante, creyendo que ya estaban a salvo… cuando, justo en la entrada de la cueva, surgió una figura mucho más grande que las demás.

Era el verdadero.

Su prisma brillaba con una luz ámbar, intensa y casi hipnótica bajo la penumbra de la gruta.

La bestia se alzó sobre sus patas traseras, mostrando su tamaño colosal.

Abrió su hocico gigantesco, dejando ver hileras de dientes afilados como cuchillas, y los dos jóvenes se quedaron inmóviles, paralizados por el miedo.

Pero Paltio no titubeó.

Con un empujón decidido, lanzó a sus amigos hacia adelante, lejos del peligro.

Fue su último acto consciente.

Con un movimiento rápido y brutal, la criatura lo envolvió entre sus mandíbulas, tragándolo de un solo bocado.

—¡No!

—gritó Mok—.

¡Señorito Paltio!

Su voz se quebró en el aire húmedo de la cueva, cargada de dolor y desesperación, mientras veía cómo su príncipe desaparecía para siempre dentro de la boca del monstruo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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