La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 60
- Inicio
- Todas las novelas
- La Ultima Esperanza de Avocadolia
- Capítulo 60 - 60 ¿Entrenamiento
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
60: ¿Entrenamiento?
60: ¿Entrenamiento?
Mientras el carruaje —ahora equipado con bandas en las ruedas que simulaban un tanque— avanzaba por el camino, cada uno de los chicos estaba absorto en sus respectivos entrenamientos.
Ron practicaba con Chiki, el pequeño pero mandón chihuahua; Paltio intentaba mejorar su técnica bajo la tutoría de Toco-Toco, quien esquivaba sus golpes con gracia felina mientras soltaba comentarios irónicos (“¡Miau!
Aún te falta mucho, muchacho”).
Mok, por su parte, disfrutaba tranquilamente de una taza de té, observándolos desde su asiento con aire distinguido.
Lukeandria, ya con su armadura restaurada de las Sombras Rojas, miraba a los demás con una mezcla de admiración y envidia.
Quería entrenar como ellos, aprovechar la energía de esos animales mágicos para volverse aún más fuerte, pero en lugar de eso se limitaba a observarlos y contemplarlos mientras entrenaban desde sus mentes.
Era frustrante sentirse al margen, especialmente cuando el destino del viaje dependía tanto de todos ellos.
En eso, el carruaje comenzó a disminuir la velocidad.
“Pero ¿qué es lo que pasa?” preguntó Mok, levantándose de su asiento con curiosidad mientras veía cómo el vehículo iba cada vez más despacio hasta detenerse completamente.
El tiempo había pasado rápido: ya habían transcurrido 24 horas desde que partieron, lo que significaba que estaban en el día 12 de su travesía.
Mok revisó el manual una vez más y frunció el ceño.
“Ah, claro,” murmuró para sí mismo.
“Este modo del vehículo requiere un mineral especial.” Miró a los chicos, quienes seguían concentrados en sus entrenamientos, y decidió no interrumpirlos.
En cambio, tomó el rastreador que encontraron en uno de los compartimentos del carruaje y se dirigió hacia Lukeandria.
“Vamos,” le dijo con calma, mostrándole el aparato.
“El libro del profesor menciona que necesitamos Irconio, una piedra verde brillante que puede ser procesada como combustible.
Según esto, debería estar en cualquier punto alto, pero bajo tierra.” Ambos asintieron y comenzaron a escalar una montaña cercana, guiados por el localizador.
Una vez arriba, Mok sacó sus cuchillos multifuncionales y empezó a excavar con precisión quirúrgica.
Después de unos minutos de trabajo meticuloso, algo brilló entre la tierra.
Sin perder tiempo, Mok usó sus manos para retirar el resto del polvo y descubrió un cristal de color verde dorado que irradiaba una tenue luz.
“¡Lukeandria!
¡Hemos encontrado el combustible!” exclamó, sosteniendo la piedra con una sonrisa triunfal.
Ambos estaban contentos, aunque sabían que, si querían llegar al siguiente reino en dos días, necesitarían más material.
Lukeandria, decidida a ayudar, utilizó su escudo como pala improvisada y comenzó a excavar junto a Mok.
Pronto lograron reunir una docena de cristales verdes brillantes.
Sin embargo, su suerte no duró mucho.
De repente, algo en el suelo emitió un aullido profundo y escalofriante.
Antes de que pudieran reaccionar, el terreno comenzó a desmoronarse bajo sus pies, como arenas movedizas que los jalaban hacia abajo.
Mok intentó salvar al menos una parte del material, pero fue inútil.
Como si fueran arrastrados por un remolino gigante, ambos fueron tragados por el suelo, desapareciendo en un abrir y cerrar de ojos.
Por su parte, Alita se enfocaba junto con Nakia en aprender a dominar otro elemento, dado que ya había logrado controlar el agua con éxito.
Esto último había impresionado mucho al ave, quien no dudó en felicitar a la chica por ser una alumna tan aplicada.
Mientras tanto, Ron comenzaba su primer entrenamiento con Chiki, el pequeño pero intimidante chihuahua rojo.
Ron no pudo evitar reírse al principio, burlándose de la idea de que un perro tan diminuto pudiera enseñarle algo útil.
Sin embargo, Chiki rápidamente le cerró la boca al demostrar cómo, con una simple golpe de su pequeña pata, podía destrozar una docena de bloques de cemento sin esfuerzo aparente.
“¡Bien, ahora te toca a ti!” dijo Chiki con tono autoritario, mirando fijamente a Ron.
“Vamos, muchacho de pelo de tenedor.” Ron tragó saliva y, tomando aire, respondió: “Está bien…
lo haré.” El can colocó otra pila de bloques frente a él.
Con determinación, Ron lanzó un puñetazo rápido contra el cemento, pero en lugar de romperlo, sintió un dolor indescriptible recorrer su brazo.
Gimió de frustración mientras sacudía su mano adolorida.
“¡Patético!” exclamó Chiki, soltando una carcajada burlona.
“Vaya tonto que me tocó.
Bueno, tendré que hacerte fuerte como sea.
Ni modo.” Acto seguido, Chiki ordenó a Ron realizar mil lagartijas.
Pero no eran lagartijas normales: cada vez que completaba una serie, el chihuahua añadía más peso a su espalda y colocaba pesas en sus brazos y piernas.
Para cuando Ron tenía un par de bloques de cemento sobre su espalda, apenas podía moverse.
“¡Auch!
¡Esto es demasiado!” protestó Ron, jadeando y sudando profusamente.
“Tonterías,” replicó Chi con desdén, arqueando una ceja.
“¿Acaso no me dijiste que querías ser fuerte?
¿No fue eso lo que le pediste a mi señor Silver?” “Sí, pero…” intentó argumentar Ron, pero Chiki lo interrumpió antes de que pudiera continuar.
“Entonces no te quejes,” dijo el chihuahua con una voz risueña, claramente disfrutando del sufrimiento de su pupilo.
Mientras tanto, en su mente, Ron pensaba preocupado: “¿Cómo les estará yendo a los demás?” En otro rincón del plano creado por Golden, Paltio seguía persiguiendo incansablemente a Toco-Toco, quien parecía estar jugando con él.
Cada vez que el gato reducía la velocidad, haciéndole creer que finalmente lo alcanzaría, aceleraba de nuevo justo antes de que Paltio pudiera tocarlo.
“¡Maldición!” murmuraba Paltio, casi sin aliento.
Aunque estaban en ese espacio mental, sentía cada movimiento como si fuera real.
No era para menos: esos planos canalizaban tanto lo físico como lo mental, convirtiendo cualquier entrenamiento en una experiencia tan agotadora como si ocurriera en el mundo real.
Toco-Toco, disfrutando de su ventaja, comentó con sorna: “¡Miau!
¿Ya te cansaste, muchacho?
Si quieres alcanzarme, tendrás que esforzarte más.” Paltio gruñó en respuesta, decidido a no rendirse.
Sabía que este tipo de entrenamiento era crucial para mejorar su resistencia y habilidades, pero eso no significaba que tuviera que gustarle.
Al mismo tiempo, Alita continuaba su entrenamiento con Nakia, enfrentándose a una batalla elemental.
El ave utilizaba sus plumas embebidas en fuego para atacar a Alita, quien intentaba contrarrestarlas con chorros de agua.
Sin embargo, la cantidad de plumas ardientes era abrumadora, y sus pequeños chorros apenas lograban detener unas pocas.
“¡Pon más potencia, niña!” gritó Nakia mientras lanzaba más plumas envueltas en llamas azules intensas.
“Te enseñé lo básico del agua; con eso deberías poder defenderte de este ataque.” El fuego de Nakia cambió repentinamente a un tono azul eléctrico, haciéndolo aún más difícil de extinguir.
Alita trató de protegerse levantando un muro de agua, pero los ataques del ave eran constantes e implacables.
Finalmente, tras un último esfuerzo fallido, Alita cayó al suelo, exhausta y derrotada.
“¡Vaya!
Creo que me excedí,” dijo Nakia, observando a Alita con una mezcla de orgullo y preocupación.
“Tomemos un descanso.” Pero Alita, a pesar de su evidente cansancio, negó con la cabeza.
“No, quiero seguir peleando,” insistió, aunque su respiración entrecortada y su rostro pálido decían lo contrario.
Nakia sonrió con ternura y se acercó a ella.
“El descanso también es parte del entrenamiento, pequeña.
Recupera fuerzas, porque mañana será aún más difícil.” Alita asintió lentamente, aceptando a regañadientes la pausa.
Sabía que Nakia tenía razón, pero su determinación de mejorar no permitía que se rindiera tan fácilmente.
“Toma esto, gato: ¡Golpe de Guante Verde!” gritó Paltio mientras lanzaba un ataque directo hacia Toco-Toco.
“Esa es nueva, principito,” respondió el felino con una sonrisa burlona, esquivando el golpe con facilidad.
“Pero eso ni cerca está de alcanzarme.” Golden observaba desde su posición, notando cómo Paltio aún no lograba conectar ningún ataque contra el ágil gato.
Frunció ligeramente el ceño, evaluando la situación.
“Mmm,” murmuró pensativo.
“Quizá es hora de usar un diez por ciento de mi poder, Paltio.
Creo que ahora podrás mantenerlo.” Hizo una pausa antes de añadir: “Además, en este plano que creé no hay restricciones de paso.
Así que puedes ir acostumbrándote…
¿podrás?” Paltio, limpiándose el sudor de la frente con el dorso de la mano, asintió con decisión.
Levantó el pulgar en señal de confianza, aunque su respiración entrecortada revelaba cuánto estaba costándole mantenerse en pie.
“Sí,” respondió con firmeza, aunque sus piernas temblaban ligeramente.
“Bien, iniciemos,” dijo Golden, cruzándose de brazos mientras comenzaba a canalizar parte de su poder hacia el campo de entrenamiento.
Todos estaban concentrados en sus respectivos entrenamientos, cada uno enfrentándose a sus propios desafíos.
Sin embargo, lo que ninguno sabía era lo que estaba ocurriendo con Mok y Lukeandria, quienes habían sido tragados por la tierra sin dejar rastro.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com