Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 62

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. La Ultima Esperanza de Avocadolia
  4. Capítulo 62 - 62 Manejemos el 10
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

62: Manejemos el 10 62: Manejemos el 10 Paltio comenzó a ir hacia Toco-Toco con paso decidido.

Sin embargo, antes de que pudiera acercarse, el gato se desvaneció en el aire, reapareciendo detrás de él con un destello casi imperceptible.

Paltio reaccionó rápidamente, moviéndose con una velocidad que no había tenido antes, y estiró su mano para tocar al felino.

“Buen intento, chico,” dijo Toco-Toco con una sonrisa burlona, esquivándolo con una maniobra ágil.

“¡Eso fue casi!” exclamó Paltio, jadeando ligeramente, pero sin perder energía.

Ahora era más rápido, mucho más rápido que antes.

Comenzó a zigzaguear por el lugar, persiguiendo al gato con renovada determinación.

Por unos segundos, sus dedos casi rozaron la cola peluda de Toco-Toco.

“¡No te muevas tan rápido, mendigo minino!” gritó Paltio mientras seguía corriendo tras él.

“Tú trata de alcanzarme y no te canses en el intento…

¡Miau!” respondió el gato con una risita traviesa, aumentando aún más su velocidad.

Golden observaba todo desde la distancia, cruzado de brazos.

“Vaya, parece que lo está tomando bien,” murmuró para sí mismo al ver cómo Paltio mantenía su ritmo sin mostrar signos de agotamiento.

“Si sigue así, podríamos subir al veinte por ciento del poder pronto.” Paltio no retrocedía en su empeño.

Aunque ahora era más rápido, Toco-Toco siempre lograba adelantársele, como si supiera exactamente cuándo iba a atacar.

“Aunque seas un poco más rápido, no podrás conmigo, ¡miau!” se burló el gato, lanzándole una mirada de superioridad.

“Si no lo atrapo, no me entrenarán, y ya han pasado varios días aquí,” pensó Paltio, apretando los dientes.

“Debo concentrarme.

Vamos, Paltio, concéntrate,” se animó a sí mismo, sintiendo cómo su cuerpo se adaptaba cada vez más al poder que corría por sus venas.

En simultáneo, Lukeandria llegaba al carruaje donde los tres chicos entrenaban.

Los vio sudando copiosamente, con los ojos cerrados, sumergidos en ese plano mental de entrenamiento.

Al principio, consideró despertar a Paltio para informarle sobre el peligro de Mok, pero luego se detuvo.

“¿Y si lo desconcentro?

Podría perder esta oportunidad crucial de mejorar,” reflexionó Lukeandria.

Finalmente, decidió actuar sin interrumpir su progreso.

Volteó su escudo y lo usó para improvisar una especie de silla portátil.

Con esfuerzo, ató a Paltio con cuerdas y lo aseguró a la estructura.

“¡Vaya!

Si que pesa este príncipe,” murmuró entre jadeos, ajustándose el peso sobre los hombros.

Comenzó a avanzar hacia la cima, luchando contra la fatiga que poco a poco se acumulaba en sus músculos.

El camino era empinado, y el sudor le resbalaba por la frente, pero no se detuvo.

Una vez en la cima, tocó los cristales tal como el Rochet le había indicado, señalando su regreso.

Al instante, la tierra bajo sus pies comenzó a temblar, abriéndose lentamente para tragarse a ambos, igual que había ocurrido cuando ella buscaba los minerales junto a Mok.

“Muy bien, muchacho, te dejaré una pequeña ventaja…

¡miau!” anunció Toco-Toco con tono juguetón.

Paltio aprovechó el momento, corriendo aún más rápido con cada paso que daba.

Sin embargo, por más esfuerzo que hiciera, Toco-Toco siempre encontraba la manera de escapar, aumentando su velocidad justo cuando parecía que lo tenía al alcance.

“¡Así nunca lo voy a atrapar!” pensó Paltio, frustrado pero decidido.

“Necesito una estrategia.

No puedo permitir que ese gato presumido siga riéndose de mí.” Respiró profundamente, enfocándose.

Notó algo curioso: su cuerpo ya no se sentía tan pesado.

Era como si estuviera adaptándose gradualmente al poder de Golden, como si fuera parte natural de él.

Golden seguía observando atentamente los movimientos de Paltio, aunque su atención no estaba centrada en Toco-Toco.

Quería evaluar si el príncipe era digno de soportar sus poderes al máximo.

“El diez por ciento va bien,” pensó Golden, notando cómo Paltio dominaba rápidamente ese nivel de energía.

“Pero aún no creo que pueda derrotar a Tejod con este poder…

Ni siquiera puede atrapar a mi gato.” Mientras tanto, Alita tomó aire profundamente y, con todo el respeto que podía reunir, le dijo a Nakia: “Quiero seguir entrenando.

No estoy lista para descansar todavía.” Nakia sonrió con calidez, pero también con firmeza.

“Bien dicho, de una estudiante mía,” respondió el ave con voz risueña.

“Entonces prepárate para el segundo asalto.” La muchacha asintió con determinación, poniéndose de pie nuevamente para enfrentarse al desafío.

Nakia lanzó otro torrente de fuego, esta vez más intenso y veloz.

Alita reaccionó rápidamente, formando esferas de agua que bloqueaban casi todos los ataques.

Para los que no logró detener, se impulsó hacia un lado con agilidad, esquivándolos justo a tiempo.

“Vamos, muchacha, trata de contraatacar con fuego,” pensó Nakia mientras observaba a su pupila.

Con un rugido, el ave lanzó llamaradas aún más poderosas, como si fueran lanzallamas dirigidos directamente hacia Alita.

La joven luchaba con todas sus fuerzas, pero el fuego parecía abrumarla.

Sin embargo, justo antes de que su defensa de agua se extinguiera por completo, algo sorprendente ocurrió.

Con un esfuerzo sobrehumano, Alita extendió sus manos y repelió el fuego con un movimiento fluido, como si las llamas obedecieran su voluntad.

Sus ojos brillaron intensamente, adoptando el mismo color dorado del fuego.

Pero el esfuerzo fue demasiado para ella.

Antes de que pudiera continuar, sus rodillas cedieron y cayó al suelo, exhausta.

En ese instante, Nakia lanzó una de sus plumas hacia Alita, desviando el fuego restante y protegiéndola de quemaduras.

“¡Uff!

Eso estuvo cerca,” murmuró Nakia para sí misma.

“Pero me alegra que Meliradal haya puesto su fe en esta muchacha.

Por ahora, necesita descansar.” Por otro lado, Chiki seguía presionando a Ron, quien parecía al borde de sus límites.

El muchacho ya llevaba cinco bloques pesados sobre su espalda, además de dos bolsas de arena en cada extremidad, mientras intentaba hacer lagartijas con dificultad.

Su rostro estaba empapado de sudor, y su respiración era entrecortada.

“¡Vamos, muchacho perezoso!” lo regañó Chiki sin compasión.

“¿Te dices parte de la familia Fuerte?

¡He visto guerreros más fuertes cargar estos simples bloques y niños más pequeños que tú hacerlo sin quejarse!” Ron apretó los dientes, murmurando en su mente: “Estoy tratando, mendigo perro enano.” Pero por fuera, solo se le notaba exhausto, con los músculos temblando bajo el peso y la fatiga acumulándose en cada fibra de su cuerpo.

“¡Vamos, niño!” continuó Chiki, su tono cargado de provocación.

“¿No quieres entrar en esa forma que obtuviste hace ya un buen tiempo?” Ron frunció el ceño, preguntándose cómo era posible que el canino supiera tanto.

“¿Y cómo es que lo sabes?” logró articular finalmente, aunque sus palabras apenas salieron entre jadeos mientras trataba de concentrarse en mantenerse en pie.

Chiki lo miró con una sonrisa astuta.

“Digamos que tengo mis fuentes,” respondió, dejando a Ron con más preguntas que respuestas.

El pequeño perro inclinó la cabeza con una sonrisa traviesa.

“No te lo diré a menos que logres hacer cien lagartijas,” dijo Chiki con tono desafiante.

En tanto que observaba a Ron luchar contra el peso, sus pensamientos vagaron.

“Sé que tu gente puede crear armaduras a partir de su propio cuerpo…

Lo he visto en los viajes con el señor Silver,” murmuró para sí mismo.

“Pero, en realidad, fue Golden quien me transmitió esa información.” Chiki se detuvo un momento, reflexionando en silencio.

“Creo saber qué clase de armadura de la familia Fuerte es,” pensó, mirando a Ron con una mezcla de curiosidad y preocupación.

“Este niño necesitará muchísima energía si quiere volver a usarla.” “¡Apúrate, holgazán!” exclamó el perro, rompiendo su breve pausa introspectiva.

“Si tocas el suelo, no cuenta.” Ron apretó los dientes, el sudor resbalando por su frente mientras sus brazos temblaban bajo el peso.

Aunque quería protestar, sabía que no tenía tiempo para distracciones.

Tenía que seguir adelante, aunque cada movimiento pareciera arrancarle las últimas reservas de fuerza.

Al tiempo que, en las profundidades del subsuelo, Lukeandria se encontró inmersa en un mar de arena que parecía tragársela lentamente.

Paltio seguía inmerso en su subconsciente sobre la espalda de ella, ajeno al viaje que estaba realizando.

“Vaya, principito,” murmuró Lukeandria entre jadeos, ajustando el agarre sobre el escudo improvisado que usaba como soporte.

“A pesar de ser delgado, sí que pesas.

Pero bueno, ya estamos aquí.

Espero que me ayudes…

o, mejor dicho, espero que ayudes a tu querido mayordomo.” Lukeandria avanzó con dificultad, el peso de Paltio y la resistencia de la arena haciendo que cada paso fuera un esfuerzo monumental.

A pesar de su cansancio, no podía evitar sentir cierta curiosidad por lo que les esperaba al final de este extraño viaje.

Por otro lado, Paltio permanecía sumido en su plano de entrenamiento junto con Toco-Toco, completamente ajeno a que su cuerpo estaba siendo trasladado a otro lugar.

En su mente, seguía persiguiendo al gato, intentando alcanzarlo con renovada determinación.

Sin embargo, no tenía idea de que un ser desconocido lo aguardaba en el subsuelo, observándolo desde las sombras.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo