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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 63

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  4. Capítulo 63 - 63 Rocky
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63: Rocky 63: Rocky “Aquí estamos, Rochet,” anunció Lukeandria mientras bajaba cuidadosamente a Paltio de su espalda.

El joven príncipe seguía en trance, ajeno al mundo que lo rodeaba.

El enorme Rochet inclinó su cabeza, observando una especie de reloj incrustado en la pared de la cueva.

“Bien, justo a tiempo,” dijo con voz grave pero calmada.

Luego miró a Paltio, notando las expresiones extrañas en su rostro.

Parecía estar soñando algo intenso, tal vez luchando contra un enemigo imaginario o simplemente necesitando ir al baño.

“¿Por qué está así?” preguntó el Rochet, frunciendo sus enormes cejas brillantes.

“Está entrenando en un plano mental,” respondió Lukeandria rápidamente.

“Es parte de su preparación.” “Interesante…

Pero no sirve de nada si no lo despiertas y me ve a los ojos,” replicó el Rochet con impaciencia.

“Necesito hablar con este muchachito si quieren ver a su mayordomo.” Lukeandria siguió la mirada del Rochet hacia una de las paredes de la cueva.

Allí estaba Mok, cubierto por una sustancia verde viscosa que comenzaba a cristalizarse lentamente.

“Pero…

¿Qué le has hecho?” murmuró Lukeandria para sí misma, sintiendo una mezcla de preocupación y frustración.

“Señor Rochet, no puede levantarlo tan rápido,” argumentó ella.

“Debe estar muy concentrado en su entrenamiento.” “¡Tonterías!” gruñó el Rochet, acercándose al oído de Paltio.

Sin previo aviso, soltó un grito atronador que resonó en toda la caverna.

Paltio, que estaba a punto de alcanzar a Toco-Toco en su plano mental, sintió un dolor agudo en los oídos que lo sacó abruptamente de su trance.

Despertó alterado, confundido y completamente desorientado.

Miró a su alrededor, parpadeando varias veces antes de enfocar a Lukeandria a su lado y, frente a él, una criatura gigantesca que parecía salida de una pesadilla.

Cuando finalmente recuperó algo de claridad, divisó a Mok atrapado en una prisión de mineral verde.

“¡Mok!

¿Qué te han hecho?” gritó, alarmado.

Luego miró al Rochet con incredulidad.

“¿Y qué cosa eres tú?” “¡Ah!

Por fin despiertas, principito,” dijo el Rochet con una sonrisa apenas perceptible en su enorme hocico.

“Y permíteme presentarme: soy un Rochet, no una cosa.

Y tú mayordomo está bien, solo está en mi prisión de mineral.

Tranquilo, sigue con vida.” Paltio giró bruscamente hacia Lukeandria, buscando respuestas.

“¿Es otra creación de Tejod?” preguntó con urgencia.

“Así es,” respondió ella, cruzando los brazos.

“Pero no recordaba que esta…

cosa existiera.” “¡Tranquilo, niño!” interrumpió el Rochet, levantando una de sus enormes patas.

“Estoy de tu lado.

A mí tampoco me gustan las sombras, y aborrezco a mi creador, Tejod, con todo mi ser.

Me gustaría unirme a tu causa, pero solo si lo que me cuentes me parece emocionante.” “Bien,” respondió Paltio con firmeza.

“Si quieres estar de nuestro lado, libera a mi amigo Mok.” “¡No!” replicó el Rochet con determinación.

“No hasta que me cuentes tu historia.” “De acuerdo,” dijo Paltio tras unos segundos de tensión.

“Entonces dejaré que Golden te lo muestre.” En ese momento, Paltio extendió su mano y activó su semilla.

Un holograma dorado emergió, proyectando la figura imponente de Golden dentro de la cueva.

El Rochet observó fascinado cómo el caballero dorado cobraba vida frente a él.

Golden, consciente de la situación, proyectó una serie de imágenes en la mente del Rochet, mostrándole todo lo que habían enfrentado hasta ahora, como si fuera una película épica.

El Rochet comenzó a sentir una mezcla de emociones mientras las imágenes de la historia de Paltio y sus amigos pasaban una tras otra por su mente.

Era como si cada escena cobrara vida frente a él, llenándolo de asombro, tristeza y esperanza.

Cuando la proyección terminó, el Rochet tenía lágrimas en sus enormes ojos brillantes.

Conmovido, trató de secárselas torpemente con sus patas delanteras.

“Es la mejor historia que haya visto,” dijo con voz temblorosa.

Se acercó lentamente a Paltio y lo miró directamente.

“Entonces…

eres el indicado,” afirmó con solemnidad.

“Puedes llevarte todo el mineral que quieras.” Paltio lo miró confundido.

Lukeandria no le había mencionado nada sobre eso, pero en ese momento solo tenía un objetivo en mente: recuperar a Mok.

Antes de que pudiera decir algo, el Rochet soltó un suave soplido, y la prisión de esmeralda que envolvía al mayordomo se desvaneció en el acto.

Mok, visiblemente aliviado, se inclinó hacia Paltio con gratitud.

“Gracias, señorito,” dijo con su habitual cortesía, aunque sus ojos reflejaban cansancio.

El Rochet, con voz más suave ahora, se disculpó ante los tres.

“No era mi intención lastimarlos,” explicó.

“Solo quería ponerlos a prueba.

No soy como las otras creaciones de Tejod, no busco la destrucción.

Ustedes tienen razón, principito, en que mis acciones podrían haber estado mal, pero he aprendido que no soy malo…

ni quiero serlo.” Paltio asintió, aceptando las disculpas del colosal ser.

“Bienvenido a nuestro lado,” respondió con una sonrisa sincera.

Luego, el Rochet anunció su decisión: “Me uniré a tu causa.

Si alguna vez me necesitan, pueden contactarme chocando estas dos piedras de Irconio rojo.” Les entregó dos pequeñas gemas relucientes.

“El más mínimo sonido será suficiente para que yo los escuche, incluso a kilómetros de distancia.” El príncipe se emocionó al pensar en contar con un aliado tan poderoso para enfrentar a las sombras.

Sin embargo, también sintió que merecía algo más personal.

“Si vas a estar con nosotros,” dijo pensativo, “deberías tener un nombre propio.

No solo el que tu creador te dio.” Paltio se llevó la mano al mentón, reflexionando durante unos segundos.

Finalmente, sugirió: “¿Qué tal…

Rocky?” El enorme ser sonrió, mostrando sus enormes dientes afilados.

“Rocky…” repitió, probando el nombre en su voz profunda.

“Me gusta.

Desde ahora, ese será mi nombre.” Rocky les agradeció antes de permitirles llevarse la mayor cantidad posible de mineral para alimentar su vehículo.

Se despidieron con respeto mutuo, y Paltio, emocionado, exclamó: “Hoy he ganado un amigo.” Rocky bajó la cabeza en señal de gratitud y respeto, visiblemente conmovido por las palabras del joven príncipe.

Una vez de regreso en la superficie, subieron al carruaje y comenzaron a cargar el mineral en un compartimiento especial diseñado para licuar el material.

El vehículo cobró vida lentamente, listo para continuar su viaje.

Al llegar, encontraron a Ron y Alita exhaustos, sentados en el asiento del carruaje.

Ambos estaban sudorosos y agotados después de sus respectivos entrenamientos con Nakia y Chiki.

“Vaya, pensé que el entrenamiento solo afectaba la mente,” comentó Lukeandria, observando a los dos jóvenes con curiosidad.

“Pero veo que el cuerpo también sufre las consecuencias.

Interesante.” Paltio usó una parte del cetro para sanar a sus amigos, quienes despertaron renovados y agradecidos.

Una vez recuperados, emprendieron nuevamente el viaje, listos para enfrentar lo que les esperaba en el camino.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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