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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 67

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  4. Capítulo 67 - 67 ¿Mok vs Lukeandria
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67: ¿Mok vs Lukeandria?

67: ¿Mok vs Lukeandria?

Mok y Lukeandria intercambiaron golpes con precisión y fuerza: codo contra codo, rodilla contra rodilla.

A primera vista, parecía que estaban a la par, pero era evidente que Mok estaba midiendo su poder.

Su destreza superaba con creces la de la joven, aunque él se contenía cuidadosamente para no lastimarla.

Lukeandria seguía lanzando ataques rápidos y certeros, pero el mayordomo los esquivaba con cierta exageración, como si estuviera entrenando a un niño pequeño.

La chica pronto se dio cuenta de lo que ocurría.

Aunque sus golpes y patadas lograban hacerlo retroceder ligeramente, no había ni una mueca de dolor en el rostro de Mok.

Sus puños chocaban contra su cuerpo sin conseguir moverlo, algo muy distinto a lo que ella había visto en otras peleas.

“¡Vamos, pelea con todas tus fuerzas!

Sé que me estás engañando.

¡Esa no puede ser toda tu fuerza…

sé que eres más fuerte que yo!” exclamó Lukeandria, frustrada pero decidida.

También estaba midiendo hasta dónde llegaba su propio poder, tratando de comprender sus límites frente a un oponente tan hábil.

Desenvainó su espada y se lanzó nuevamente contra Mok, quien defendió cada uno de sus ataques con un par de cuchillos pequeños pero afilados.

La muchacha era diestra con la espada, pero aún no estaba al nivel del mayordomo.

“¡Vamos, Mok!

Sé que ese no puede ser todo tu poder,” insistió ella mientras observaba cómo él apenas utilizaba un par de cuchillos para bloquear sus embestidas.

“Por favor, no te contengas.

Necesito saber y comprender cuál es mi límite.” El mayordomo, al ver la determinación reflejada en los ojos de Lukeandria, decidió complacerla.

Se llevó una mano al cabello, como si limpiara el sudor de su frente, y le dijo con calma: “Bien, iré en serio.” De su saco emergió una ola de cuchillos que flotaron en el aire como si estuvieran suspendidos por hilos invisibles.

Lukeandria, al ver la cantidad de armas acercándose hacia ella, sonrió emocionada.

Sin embargo, rápidamente notó que estos cuchillos se movían a una velocidad mucho mayor que antes.

Esquivó la primera oleada con agilidad, pero apenas terminaba de desviarlos cuando otra tanda aparecía para reemplazarlos.

Los cuchillos parecían infinitos, persiguiéndola sin darle respiro.

Lukeandria sonrió, disfrutando del desafío.

Decidió avanzar hacia Mok, enfrentando directamente la lluvia de cuchillos.

Con movimientos rápidos y precisos, comenzó a bloquear cada arma que se le acercaba.

Era como una ráfaga de energía, golpeando y desviando los cuchillos que intentaban alcanzarla.

Sin embargo, por más que lograra bloquear algunos, otros surgían inmediatamente para obligarla a retroceder.

Intentó usar el entorno a su favor.

Saltó ágilmente entre las ramas de los árboles cercanos, buscando confundir a los cuchillos.

Pero, para su sorpresa, estos cruzaban los troncos como si tuvieran mente propia, siguiéndola implacablemente.

“Estos cuchillos…

¿tienen vida propia?” pensó Lukeandria, asombrada al ver cómo atravesaban los obstáculos para continuar persiguiéndola.

Lukeandria decidió seguir saltando entre los árboles, tratando de ganar ventaja sobre los cuchillos que la perseguían implacablemente.

Sin embargo, uno de ellos cortó su camino con precisión quirúrgica, obligándola a perder el equilibrio.

“¡Maldición!” exclamó mientras caía del árbol.

Pero antes de tocar el suelo, sacó su escudo y lo usó como si fuera una rama, clavándolo en el tronco para dar un volantín en el aire y aterrizar sin sufrir daño alguno.

“Esos cuchillos son fuertes…

y no me dejan de perseguir,” pensó Lukeandria mientras recuperaba el escudo del árbol.

“Debo encontrar la manera de evadirlos.” “Con eso es suficiente,” dijo Mok, alzando una mano para detener el ataque.

Pero la joven no estaba lista para rendirse.

“No, quiero más,” respondió con determinación.

Al ver su energía inagotable, Mok lanzó nuevamente la horda de cuchillos, esta vez con mayor intensidad.

Lukeandria usó su escudo para repelerlos, aprovechando el momento para lanzar el escudo contra los cuchillos y abrirse paso hacia Mok.

Con un salto ágil, se acercó rápidamente al mayordomo, espada en mano.

“Nada mal,” comentó Mok, desenvainando su propia espada justo a tiempo para bloquear el ataque de Lukeandria.

“Bien, entonces será espada contra espada,” pensó ella con resolución.

“Si eso es lo que deseas,” respondió Mok con calma.

Ambos comenzaron a intercambiar golpes rápidos y certeros.

El metal de sus espadas chocaba con fuerza, despidiendo chispas con cada impacto.

Lukeandria buscaba desesperadamente una abertura para asestarle una estocada a Mok, pero este bloqueaba cada intento sin dejarle ninguna posibilidad de ataque.

Cada vez que creía haber encontrado una brecha, Mok la cerraba con maestría, dejándola frustrada.

La joven empezó a sentirse agotada, no solo físicamente sino también mentalmente.

El duelo se estaba prolongando demasiado, y no había logrado hacer nada más que chocar espadas.

Decidió cambiar de estrategia, utilizando sus piernas y su brazo libre para intentar sorprenderlo.

Sin embargo, Mok seguía siendo impenetrable, bloqueando incluso esos ataques con solo la mano que sostenía la espada.

“Sin duda es alguien de temer…

Me pregunto por qué no se enfrentó a nosotros cuando llegamos,” pensó Lukeandria, alterada por su incapacidad para vencer al mayordomo.

Mok, notando que los ataques de Lukeandria comenzaban a debilitarse, decidió poner fin al combate.

Con un movimiento circular rápido y preciso, como si formara un tornado, desarmó a la joven con facilidad.

En un instante, su espada cayó al suelo, y Mok acercó la punta de su propia arma al cuello de Lukeandria.

“Esto terminó,” declaró con serenidad.

La muchacha cayó rendida al suelo, exhausta por el esfuerzo que había hecho.

Nunca había peleado contra alguien que se moviera con tal rapidez, como un rayo, dejándola completamente indefensa.

“¿Acaso los entrenamientos que tuve no sirvieron de nada?” se preguntó Lukeandria en silencio, llena de frustración.

“Siempre va a haber alguien más fuerte que yo en este vasto mundo…” añadió en sus pensamientos, sintiendo una mezcla de derrota y humildad.

“Nada mal, muchacha, pero descansa un rato,” dijo Mok, guardando su espada con tranquilidad.

Luego de un momento de descanso, Lukeandria abrió lentamente los ojos y miró al mayordomo con admiración.

“Eres alguien interesante, mayordomo Mok,” dijo con sinceridad.

“Me pregunto…

¿quién te enseñó todo lo que sabes?” Mok, siempre con su tono educado y sereno, respondió: “Bueno, muchacha, han sido años de arduo entrenamiento.

Además, tuve a uno de los mejores maestros.” “¿Ah?, ¿sí?

¿Cuál?” preguntó ella, intrigada.

“Pues…

la vida misma,” respondió Mok con una leve sonrisa.

“Ella me hizo ser quien soy hoy.

Además, le debo mucho a uno de los reyes de Avocadolia, quien me dio cobijo cuando más lo necesitaba.

Jamás podría pagarle todo lo que hizo por mí.

Siempre seré su fiel sirviente, y aunque ya no esté, continuaré con su legado protegiendo a Paltio.” “¡Ah!

Ya veo…

Ese principito tiene suerte,” comentó Lukeandria con una pequeña sonrisa.

“No digas eso,” replicó Mok con calma.

“Solo es cuestión de práctica.

Y si hubiera más tiempo, podría enseñarte algunas cosas.

Pero como ves, el tiempo es corto.

En otros momentos, tal vez podríamos dedicarnos a ello.” Hizo una pausa antes de añadir: “Y respecto a lo que dices de Paltio…

No sé si sea suerte exactamente, pero yo siempre estaré ahí para protegerlo, así como todo lo que él considere preciado.

Incluyendo a sus amigos…

y tú eres parte de ellos ahora.” “¡No digas esas cosas!” exclamó Lukeandria, desviando la mirada mientras un ligero rubor aparecía en sus mejillas.

“Bien, es hora de irnos,” dijo Mok, cambiando de tema con su habitual compostura.

“Un día más y llegaremos al siguiente reino.” Ambos subieron al carruaje y emprendieron nuevamente el viaje, dejando atrás el bosque oscuro bajo la luz de la luna.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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