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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 69

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  4. Capítulo 69 - 69 Bienvenidos a Pinkertalia
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69: Bienvenidos a Pinkertalia 69: Bienvenidos a Pinkertalia Un día más pasó en el reloj de Paltio, y llegó el momento de regresar al mundo real.

Golden les avisó que ya estaban cerca del siguiente reino.

Paltio, Ron y Alita despertaron del espacio mental; para ellos habían transcurrido dos meses, pero para Mok y Lukeandria solo habían pasado dos días.

Al despertarse, todos se llevaron un susto al ver una criatura blanca con enormes ojos junto al príncipe.

Pensaron que se trataba de algún tipo de monstruo que había logrado colarse mientras dormían.

Paltio tuvo que intervenir rápidamente cuando sus amigos retrocedieron asustados.

“¡Esperen!” exclamó, deteniéndolos justo cuando la criatura comenzó a bostezar y saludó con voz dulce: “Buenos días.” El príncipe procedió a explicarles que se trataba del ser que había estado dentro del huevo y que acababa de nacer.

Les contó lo ocurrido en el plano mental de Golden y el nombre que había decidido darle al recién llegado.

“¡Vaya!

Siempre pasa todas las cosas geniales cuando no estamos cerca de ti,” comentó Ron con fingida indignación.

“Yo quería ver cómo nacía este ser.” “Pero si es adorable,” dijo Alita después de observarlo por un momento.

Lukeandria pensó lo mismo, aunque prefirió guardárselo para sí misma debido a su naturaleza reservada.

“Tienes razón,” coincidió Ron.

Luego, dirigiéndose a la criatura, añadió: “Perdón, no sabíamos que no eras una cosa…

¿Cuál es tu nombre?” “No soy una cosa.

Mi nombre es Rykaru,” respondió el ser con inocencia.

“Así es, verdad.

Con la conmoción nos olvidamos,” intervino Ron, rascándose la cabeza.

“Un nuevo miembro, ¿eh?, señorito,” comentó Mok con una leve sonrisa.

El muchacho asintió.

Todos se rieron al escuchar cómo Rykaru llamaba “papi” a Paltio, haciendo eco de la broma que Toco-Toco había hecho antes sobre el tema.

Rykaru se acercó a Paltio y trepó a sus brazos para que lo cargara.

Aunque el príncipe estaba confundido sobre cómo la criatura había logrado regresar al mundo real, no pudo evitar sonreír ante su entusiasmo.

Antes de que pudieran decir algo más, el carruaje emitió un sonido y mostró en una pequeña pantalla que estaban cerca de Pinkertalia.

“¡Al fin llegamos!

El cuarto reino,” anunció Paltio con emoción.

El carruaje continuó avanzando por el camino hasta llegar a unas murallas que no eran tan sofisticadas como las de los reinos anteriores.

Estas parecían estar hechas de madera, frágiles a simple vista, pero cuando Ron las tocó, sintió que golpeaba una roca sólida.

A lo lejos, un río cruzaba el reino.

De repente, comenzaron a encenderse luces en todo el lugar, iluminando la escena como si fuera un día común.

Recordaron que Tejod había ennegrecido el cielo, dejando solo oscuridad perpetua, excepto durante la noche, cuando la luna hacía acto de presencia.

Con todo iluminado, pudieron ver embarcaciones flotando en el río.

Gente de avocado pescaba tranquilamente con redes, acompañados por soldados vestidos con armaduras.

En las velas de las embarcaciones ondeaba el símbolo de las sombras, aunque estas eran de un tono morado distintivo.

Este río, aparentemente, desembocaba en el mar, conectando el reino con otros territorios.

Sin embargo, quedaba claro que no estaban solos; los soldados vigilaban atentamente, asegurándose de mantener el control sobre el lugar.

Uno de los barcos se acercó al carruaje, y un sujeto con armadura les gritó desde la embarcación: “¿Qué clase de cosa es esa en la que andan?

No tiene ni conductor ni caballos…

¿Es magia?

Aquí está prohibida la magia; solo los altos mandos pueden usarla.

¡Identifíquense!” El hombre saltó del barco, revelando un rostro humanoide similar al de una aceituna, con cabello verde lacio y un porte imponente.

Desenvainó su espada mientras otros soldados lo seguían, rodeando el carruaje y bloqueando su paso.

Lukeandria tuvo que detener el vehículo y rápidamente se puso su traje, volviendo a adoptar la identidad de Pax.

Al bajar del carruaje, levantó las manos en señal de paz y respondió con calma: “Esto no es magia, solo es tecnología.

Saludos, soy Pax, emisario de Tejod, y vengo acompañado del príncipe Paltio.

Estamos aquí para encontrar la pieza del cetro que reside en este reino.” “La tecnología tampoco está permitida,” replicó el hombre, quien parecía ser el líder de la legión.

Los soldados avanzaron, listos para arrestar al grupo.

Justo cuando la situación parecía tensa, una voz fuerte resonó en el aire: “¡Alto!” Todos los soldados detuvieron su avance y, en un acto de respeto inmediato, se arrodillaron.

Desde la sombra de los árboles cercanos, apareció caminando un anciano tejón humanoide morado, con cabello blanco y un bastón en la mano.

Aunque parecía no necesitarlo para apoyarse al caminar, su figura era imponente y musculosa, aunque no tan alta como la de Tejod.

“¿Dijiste Pax y Paltio?” preguntó el anciano con seriedad.

“Así es, señor,” respondió el líder de los soldados, aún arrodillado.

“¡Tontos!

Ya les había advertido que, si veían a personas con esos nombres, debían dejarlos pasar de inmediato.

No quiero tener problemas con Tejod,” dijo el anciano con autoridad.

Luego, dirigiéndose al líder de los soldados, añadió: “General Tredus, usted es quien debería estar más al tanto de esto.” El anciano tejón se acercó al grupo de Paltio con pasos lentos pero firmes.

Su cuerpo, aunque pertenecía a un anciano, parecía esculpido como el de un joven entrenado, destacando su fuerza y presencia.

“Tranquilos,” dijo con una sonrisa amable.

“A veces mis hombres son así…

La tecnología y la magia están prohibidas en mi legión de sombras, pero bueno, donde están mis modales.

Me presento: soy Mejod.” Paltio extendió su mano libre para estrechar la del anciano, ya que sostenía a Rykaru con la otra.

“El gusto es nuestro,” respondió el príncipe con cortesía.

Antes de que el anciano pudiera notarlo, Paltio le susurró rápidamente a Rykaru: “No hables y compórtate como un peluche inanimado.” “Vaya, no pensé que un príncipe de su edad aún jugara con peluches,” comentó Mejod con una sonrisa traviesa, mirando a Rykaru en los brazos de Paltio.

“Es su peluche de apoyo emocional,” interrumpió Pax rápidamente.

“Después de lo que Tejod hizo con sus padres, lo necesitaba…

y mucho.” El anciano tejón asintió lentamente, comprendiendo la seriedad detrás de las palabras de Pax.

Con un gesto amable, les dijo: “Por favor, pasen.” Los soldados comenzaron a encender sus llamas, un fuego negro que danzaba en sus manos, iluminando el camino hacia la entrada.

“Genial,” pensó Pax para sí mismo con ironía.

“Nos encontramos con el grupo de tontos que no les gusta ni la magia ni la tecnología.” El general Tredus indicó a los guardias que accionaran el puente elevadizo, una estructura metálica que conectaba con la entrada principal.

Al hacerlo, se escuchó un ruido metálico resonante mientras las puertas de metal se abrían lentamente, revelando el interior del reino.

Mejod extendió los brazos en un gesto de bienvenida y anunció con voz firme pero cálida: “Bienvenidos a mi reino, Pinkertalia.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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