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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 70

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  4. Capítulo 70 - 70 Pero Que Está Pasando
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70: Pero Que Está Pasando?

70: Pero Que Está Pasando?

Al abrirse las puertas y escuchar las palabras de Mejod, el grupo pudo observar al pueblo de Pinkertalia realizando diversas labores: recolectaban frutas y verduras, ordeñaban vacas, criaban otras especies y se dedicaban a manualidades como tejidos y bordados.

También había quienes forjaban espadas y armamento.

Era extraño ver que todos parecían estar bien, muy diferente a lo que habían presenciado en los otros reinos, donde los residentes eran esclavizados.

Paltio y su grupo comenzaron a preguntarse qué era lo que hacía que este lugar fuera tan distinto.

Sin embargo, antes de que pudieran decir algo, Mejod interrumpió sus pensamientos: “Se preguntarán cómo es posible que nadie intente escapar de aquí o por qué no mantenemos a los habitantes como esclavos, como hacen los otros reinos.

Si esa es su pregunta, les diré que aquí les damos todo lo que necesitan.

Fomentamos que ellos mismos organicen sus trueques y actividades, y a cambio de una módica compensación, nosotros los cuidamos y aseguramos que vivan felices en este lugar.

Incluso su rey estuvo de acuerdo con este arreglo.” “¡Guau!

Eso es interesante,” comentó Ron, sorprendido.

“¿Será cierto?” dijo una vocecita.

Algunos de los presentes miraron hacia atrás, confundidos.

“¿Alguno de ustedes dijo algo?” preguntó Mejod, levantando una ceja.

“No, nadie, señor,” respondió rápidamente Paltio mientras tapaba la boca de Rykaru para evitar que hablara de nuevo.

“Bien, deben estar cansados por su viaje,” continuó Mejod, cambiando de tema mientras observaba al grupo.

Llamó a uno de sus hombres.

“Llévalos a un lugar donde puedan refrescarse y descansar.

Mañana podrán iniciar su búsqueda.” Sin más que decir, Mejod se retiró acompañado de un grupo de soldados.

El soldado asignado escoltó a Paltio y su grupo hasta lo que parecía ser una especie de restaurante.

“Bien, aquí pueden quedarse.

Si necesitan algo, estaré afuera patrullando,” dijo el joven soldado, cuyo aspecto delgado y juvenil contrastaba con su postura firme.

Una vez solos, Paltio rompió el silencio: “Algo no cuadra aquí.

¿Cómo es posible que la gente no esté siendo oprimida y, en cambio, estén trabajando conjuntamente con las sombras moradas?” “Lo mismo pienso yo,” añadió Pax.

“Esta división de sombras es conocida por rechazar tanto la tecnología como la magia, pero tener una especie de simbiosis con los habitantes a los que conquistaron me parece sospechoso.” “Entonces, ¿crees que deberíamos investigar?” interrumpió Alita.

“Creo que sí,” respondió Ron con determinación.

“Si lo desean, puedo ir a hablar con los locales y recabar información,” ofreció Mok.

“Será mejor que reporte esto a Tejod,” reflexionó Pax.

“Aunque…

¿qué le diría?

¿Que nos hizo ese maldito líder de las sombras azules?

No, sin pruebas, Tejod no me haría caso.

Sería una pérdida de tiempo, y probablemente me reprendería a mí.” Parecía algo frustrante lo que dijo Pax, pero no había otra opción.

Mok decidió salir un rato del lugar una vez que les dieron comida y bebida.

Paltio le advirtió que tuviera cuidado antes de que se marchara.

Por su parte, Alita, Ron y Paltio salieron a preguntarle al soldado que los había acompañado dónde podían alojarse.

Mientras tanto, Pax se dirigió hacia lo que parecía ser un cuarto cerrado para contactarse con Tejod.

Informó que ya se encontraban en el cuarto reino.

El gran tejón, aunque emocionado por la noticia, respondió de manera seca y despiadada: “Deben apurarse.

Ya han pasado 17 días.” Al salir, Pax notó que nadie estaba esperándolo: ni los tres chicos ni Mok.

Parecía que se habían olvidado de él.

“Tengo que ir a buscar a estos tontos…

Espero que no se metan en problemas,” pensó, recordando lo que Paltio había dicho antes sobre que algo raro ocurría en la ciudad.

Mientras tanto, Mok comenzó a desplazarse por la ciudad.

Los guardias lo observaban con curiosidad, pues nadie en Pinkertalia vestía de esa forma; era como si vivieran en la época de las cavernas.

Aunque sentía sus miradas fijas en él, el mayordomo no les dio importancia.

Sin embargo, permaneció alerta.

Comenzó a preguntar a los residentes del lugar, buscando información.

Pero todos repetían lo mismo: “Todos somos amigos, y Mejod es un gran líder.” Esto le pareció extraño.

Nadie parecía tener una opinión propia, como si estuvieran programados para responder de esa manera.

El mayordomo concluyó que, si quería obtener más información, debía ir directamente a la fuente: el palacio donde se encontraba Mejod.

Comenzó a caminar por el pueblo, alejándose poco a poco del centro.

Sabía que para reunirse nuevamente con Paltio solo tenía que buscar el carruaje.

Después de un rato, llegó a un enorme lugar construido con restos de barcos, formando lo que parecía ser la estructura más grande de la zona.

“Este debe ser el palacio,” pensó Mok.

Y estaba en lo correcto, porque justo en ese momento, de una de las puertas salió un gran contingente de soldados armados con lanzas y escudos, listos para patrullar la zona.

Mok rápidamente se escondió en uno de los pasajes cercanos, observando cuidadosamente.

Buscaba una entrada en la que pudiera pasar desapercibido.

Luego de unos minutos, encontró lo que estaba buscando: una ventana sin vigilancia.

Sacó uno de sus anillos mágicos y creó una pequeña ventisca que levantó tierra y distrajo a los guardias cercanos.

Con sigilo, entró por la ventana.

Una vez adentro, encendió su linterna.

El lugar estaba oscuro y silencioso.

Comenzó a investigar, revisando algunos libros y documentos que encontró en un escritorio.

Las notas parecían estar escritas en un lenguaje extraño o en algún tipo de código.

“¿Qué serán estas cosas?” se preguntó en voz baja mientras examinaba los documentos.

De repente, escuchó pasos acercándose a una de las puertas.

Sin perder tiempo, dejó los documentos donde los había encontrado y se ocultó rápidamente, preparándose para lo que pudiera venir.

La luz se encendió de repente, y uno de los guardias entró llevando una bandeja con comida.

Lo que Mok no había notado hasta ese momento era que frente a él había una celda, y dentro de ella había alguien acostado de espaldas.

El guardia dejó la comida en el suelo y le dijo al prisionero con tono frío: “Es cuestión de tiempo…

y cooperarás.” El sujeto no respondió.

Permaneció inmóvil, sin siquiera voltear hacia el guardia, quien, tras unos segundos de silencio, se marchó cerrando la puerta tras de sí.

Mok, intrigado por la escena, decidió acercarse sigilosamente a los barrotes de la celda para ver quién era el prisionero.

Sin embargo, antes de que pudiera decir algo o hacer algún movimiento, una voz detrás de él lo tomó por sorpresa: “Te tengo.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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