La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 72
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- Capítulo 72 - 72 Paris
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72: Paris 72: Paris “¡Por fin te encuentro!” dijo una voz detrás de Mok.
“¡Ah!
Eres tú, Pax.
¿Cómo me encontraste?” preguntó el mayordomo, sorprendido.
La persona que estaba en la celda, hasta entonces acostada sobre una fría cama de metal, se levantó lentamente.
“¿Pax?
¿Escuché bien?
¿Dijiste Pax?” preguntó con curiosidad.
“¡Tú!” exclamó Pax, admirada.
“Sí, soy yo,” respondió la prisionera mientras se acercaba a los barrotes.
Era una joven con rasgos similares a los de una piña, pero con apariencia humanoide.
Su cabello, recogido en una cola alta, parecía una estrella ninja de color negro.
“¡Paris!” exclamó Pax, reconociéndola al instante.
“¿Qué haces aquí?
¿Te capturaron?” “Bueno, amiga, hemos tenido problemas con eso de la resistencia,” explicó Paris con un tono más relajado, a pesar de las circunstancias.
“Coloqué unos artefactos para destruir uno de sus fuertes, pero lamentablemente fui rodeada y capturada.” “¿Y qué pasó con los demás?
¿Dónde están?
No pudieron haberte dejado sola,” preguntó Pax, preocupada.
“Lo siento, Lukeandria, pero hice tiempo para que los demás escaparan.
Solo Chip murió tratando de ganar tiempo al grupo,” respondió Paris con tristeza.
“No…
Pobre Chip.
Sabía que en algún momento el pobre iba a acabar muerto por lo extremo que llevaba las cosas,” murmuró Pax, bajando la mirada.
Ambas seguían conversando, pero Mok carraspeó ligeramente para interrumpirlas.
“Creo que deberíamos salir de este lugar.
Podemos seguir hablando después,” sugirió el mayordomo, señalando con discreción la puerta de la celda.
Ambos asintieron, y Mok usó uno de sus anillos mágicos para congelar la cerradura de la puerta, permitiendo que Paris saliera.
Al hacerlo, la joven corrió directamente hacia Lukeandria, quien ya sabía quién era Pax, y la abrazó con fuerza.
Mok intervino rápidamente: “¿Hay alguien más de tu grupo capturado?” “No, nadie más,” respondió Paris.
“Pero debemos averiguar dónde está la fuente que controla este reino.
Lo presiento esta cerca.” “Lo sabía,” dijo Lukeandria.
“Hay algo raro con este lugar.” “Será mejor que salgamos de aquí,” indicó Mok, tomando el liderazgo de la situación.
Los tres estuvieron de acuerdo, y Mok hizo uso de sus anillos mágicos para abrirse paso.
“¡Guau!
Ese mayordomo que viene contigo está cargado de sorpresas,” comentó Paris con admiración.
“Ni que lo digas, y eso que no has visto nada,” respondió Lukeandria con una media sonrisa.
Salieron del palacio, pero no sin antes llevarse uno de los libros llenos de garabatos extraños que Mok no había podido descifrar.
Pasaron por varios tejados, pero en uno de ellos, el techo se rompió bajo su peso, haciéndolos caer en una casa abandonada.
Un ruido estridente resonó en el aire: era la alarma.
Comenzó a sonar, alertando a todos en el área de que el prisionero había escapado.
Rápidamente, Mok tomó una sábana vieja que encontró en el suelo y la acomodó con sus cuchillos para que pareciera una capucha y un manto improvisado colocándoselo a Paris.
“Síganme por aquí,” dijo Lukeandria, quien conocía bien el camino por donde había llegado.
Los otros dos la siguieron sin dudarlo, atravesando varios pasillos mientras observaban cómo un gran contingente de guardias comenzaba a moverse por la zona.
El general Tredus estaba acompañado de un grupo de soldados, revisando y enviando refuerzos a diversos puntos.
Lukeandria, Mok y Paris avanzaban por los pasajes oscuros mientras veían a los soldados encender sus antorchas con fuego negro, cuya luz siniestra iluminaba cada camino.
Encontraron una tapa que los llevó al drenaje.
Al bajar, Lukeandria sintió algo extraño, pero no le dio importancia; estaban siendo perseguidos por los guardias y no había tiempo para detenerse.
Prosiguieron siguiendo el rastro de los canales subterráneos, tal como Lukeandria lo había hecho antes, hasta llegar a una de las tapas que los condujo directamente al baño del restaurante.
“Por aquí,” indicó Lukeandria, levantando la tapa con cuidado.
Una vez arriba, salieron por la puerta para revisar si había alguien cerca, pero el lugar estaba vacío.
Decidieron abandonar el restaurante con cautela, caminando en silencio.
Lukeandria le preguntó a Mok si sabía dónde estaba Paltio y sus amigos, pero el mayordomo negó con la cabeza.
“Salí sin pensarlo,” admitió.
“Pero si vemos el carruaje estacionado en algún lugar, es probable que el príncipe esté ahí.” “Mok, eso es una idea tonta…
o una buena,” respondió Lukeandria con ironía, aunque no había tiempo para discutirlo.
Los soldados estaban por todas partes, buscándolos.
De repente, en uno de los callejones, Mok comenzó a escuchar una voz familiar.
Sin pensarlo dos veces, jaló a las dos muchachas y entraron rápidamente a una de las casas cercanas.
“Y eso es lo que pasó,” explicó Mok al ver a Paltio, quien, sin pensarlo, abrazó al mayordomo con alivio.
“Qué bueno que estás bien, Lukeandria,” dijo Alita con una sonrisa.
“No gracias a ustedes,” respondió ella secamente.
“¿Y quién es el sujeto que los acompaña?” preguntó Paltio, señalando a Paris.
Antes de que pudieran responder, se escucharon voces fuera de la casa.
Los guardias estaban revisando cada hogar, acercándose peligrosamente.
“No hay tiempo, señorito,” dijo Mok con urgencia.
“¿Y dónde la escondemos?” preguntó Lukeandria, mirando a Paris.
“¿La?” dijo Ron, confundido.
“Luego te explico,” respondió Lukeandria rápidamente.
“¿Por qué no la metemos en la bolsa de Paltio junto con Nakia y Chiki?” interrumpió Alita, proponiendo una solución.
“¡Buena idea!” exclamó Ron.
“No sé si una persona pueda entrar en esa bolsa,” dudó Paltio, observando el pequeño objeto.
“No hay tiempo para averiguaciones,” insistió Lukeandria.
Se acercó a Paris y le susurró algo al oído.
La joven asintió, comprendiendo la situación.
Paltio abrió su pequeña bolsa mágica, y Paris ingresó de inmediato, junto con Nakia y Chiki, desapareciendo en su interior.
El general Tredus tocó la puerta, y Paltio la abrió con cautela, permitiéndole pasar.
El líder de los soldados los observó uno por uno antes de hablar.
“¿Han visto a alguna persona sospechosa en esta zona?” preguntó Tredus con tono autoritario.
Los muchachos negaron rápidamente con la cabeza.
“No, señor, no hemos visto a nadie,” respondió Paltio con calma.
Rykaru estuvo a punto de decir algo, pero Paltio lo interrumpió al instante, tapándole la boca con firmeza.
Tredus frunció el ceño, claramente insatisfecho con sus respuestas.
Sus ojos recorrieron cada rincón de la habitación, deteniéndose en las miradas nerviosas del grupo.
Aunque no tenía pruebas, decidió revisar el lugar de todas formas.
Varios de sus hombres ingresaron, registrando cada objeto minuciosamente.
Miraron debajo de los muebles, revisaron armarios y examinaron cada rincón.
Sin embargo, no encontraron nada fuera de lo común.
Al no obtener lo que buscaban, Tredus se preparó para marcharse.
Antes de salir, les lanzó una advertencia: “Si ven a alguien sospechoso, avísenme de inmediato.” Todos asintieron rápidamente.
“Por supuesto, señor,” respondió Paltio con fingida seriedad.
Una vez que el general y sus hombres se alejaron, el grupo soltó un suspiro colectivo de alivio.
“Vaya, estuvo cerca,” murmuró Paltio, secándose una gota de sudor de la frente.
“Pero…
¿alguien sospechoso?
Todos aquí en este lugar son sospechosos, nomás míralos actuar,” comentó Ron con una sonrisa sarcástica, rompiendo la tensión del momento.
Una vez pasada la conmoción inicial, Paltio decidió abrir la pequeña bolsa mágica, dejando salir a Paris.
Lukeandria aprovechó para presentarla al grupo.
“Les contaré sobre ella,” comenzó Lukeandria.
“Su nombre es Paris, y es parte de mi grupo de resistencia contra las sombras.” Sin embargo, lo que todos querían saber era la razón de su presencia allí.
Paris se quitó la capucha lentamente y, tras mirarlos a todos con expresión decidida, dijo: “Bien, está bien… Les contaré.”
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