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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 74

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  4. Capítulo 74 - 74 Salvemos a Kilibur
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74: Salvemos a Kilibur 74: Salvemos a Kilibur ¿Kilibur?, dijeron todos al unísono.

¿Un guardián puede ser un niño?, preguntó Ron con tono dubitativo.

—Claro que no.

Solo tiene la apariencia de un niño, pero es mucho más viejo de lo que parece —miau, respondió Toco-Toco, moviendo su cola con aire misterioso.

—Entonces, debemos salvarlo —indicó Paltio con determinación.

—No será sencillo, muchacho —advirtió Paris, cruzándose de brazos.

—No importa.

Si se trata de un amigo de nuestro amigo Golden, lo haremos sin importar cómo —afirmó Paltio con firmeza, sus ojos brillando con resolución.

—¡Sí!

—respondieron los demás al unísono, siguiendo el ejemplo de Paltio.

Golden lo miró con admiración y le dijo: —Gracias, muchachos.

El gato también quedó sorprendido por la respuesta de Paltio y cómo los otros aceptaron sin dudarlo.

—No era tan tonto como pensaba… miau —reflexionó Toco-Toco en voz baja.

Luego de eso, Golden procedió a mostrarle las imágenes de las vivencias de Paltio a Paris.

Aunque no podía leer mentes en este reino, sí tenía la habilidad de proyectar recuerdos visuales.

Una vez terminado, Paris exclamó: —¡Uy!

Cuánto lo siento, joven príncipe.

Después de todo lo que has pasado… —Sí, únete al club —dijo Lukeandria con una sonrisa irónica.

Paltio solo le devolvió una sonrisa cálida, llena de gratitud.

Mientras todos comenzaban a armar un plan para rescatar a Kilibur, Paris continuaba descifrando los escritos del libro.

—Creo recordar que sentí algo cuando estuvimos en los canales subterráneos —murmuró Paris, concentrado en decodificar los símbolos.

—¿Es esto una letra o no?

—pensó en voz alta mientras revisaba la documentación.

—¿Me permites ver?

—intervino Golden, observando los símbolos con atención.

Tras unos segundos, añadió: —Esto es lenguaje antiguo, solo usado por los guardianes.

Golden sabía entonces exactamente qué significaba y ayudó a desentrañar el mensaje oculto.

—Dice que lo que buscamos estaba bajo tierra —indicó, completando la traducción del mensaje del libro.

Una vez descifrado todo, Paris le preguntó: —¿Me enseñarías el lenguaje antiguo?

—Cuando terminemos con esta misión, lo pensaré —respondió Golden, dejando la respuesta en el aire.

El problema ahora era cómo salir sin ser descubiertos por los guardias.

Para eso, Lukeandria tenía una idea: —Podríamos usar los canales subterráneos.

Casi nadie los usa —sugirió con seguridad.

Por suerte, había una tapa de acceso en la casa donde se encontraban.

Todos decidieron partir de inmediato, aunque temían que los soldados pudieran regresar y registrar nuevamente el lugar.

—No hay tiempo para esas nimiedades —dijo Lukeandria con urgencia—.

Debemos irnos lo antes posible.

Sin más demora, todos empezaron a bajar por los canales.

Los túneles subterráneos eran amplios y se dividían en múltiples direcciones, formando una maraña de caminos.

Paltio pensó que quizás aquello coincidía con lo que había visto en el plano mental de búsqueda.

—Puede ser… —murmuró Golden, asintiendo lentamente.

Todos se detuvieron frente a la red de caminos, indecisos sobre cuál tomar.

—Quizá Toco-Toco pueda ayudarnos con esto —pensó Ron en voz alta.

Toco-Toco salió al frente y comenzó a revisar los túneles con su ojo verde brillante, intentando detectar alguna pista.

Sin embargo, no encontró nada útil.

—Ya sé qué hacer —indicó el gato, y de un salto, comenzó a correr por todos los caminos a una velocidad vertiginosa, dejando estelas de polvo tras cada ida y vuelta.

—Ese gato siempre hace estas cosas.

Por eso es tan escurridizo —dijo Chiki con una mezcla de molestia y fastidio.

Después de varias idas y vueltas por los caminos, Toco-Toco encontró una enorme puerta cubierta de símbolos en uno de los túneles.

—¡Esa debe ser!

—indicó Paris, comparando una imagen del libro con la puerta frente a ellos.

El gato los había guiado por el camino correcto.

Lo que podría haber tomado una eternidad debido a la maraña de caminos posibles, se redujo a minutos gracias al compañero de Golden.

Siguieron avanzando hasta llegar a la puerta.

Era inmensa, con inscripciones en lenguaje antiguo que parecían talladas a mano.

La estructura recordaba una caja fuerte, pero no tenía cerradura ni mecanismo visible para abrirla.

—Déjenmelo a mí —dijo Chiki, decidido.

Con un puñetazo cargado de fuerza, intentó derribarla, pero la puerta ni siquiera tembló.

El perro gruñó frustrado y comenzó a golpearla desde todos los ángulos, desatando una ráfaga de puñetazos furiosos.

Sin embargo, la puerta permaneció intacta, resistiendo cada ataque sin dejar ni un rasguño.

Solo una pequeña parte brilló momentáneamente antes de volver a opacarse.

—Perro tonto, las cosas no se hacen a la fuerza bruta —miau, dijo Toco-Toco con sorna.

—¡Ah, claro!

Y tú lo harías mejor, ¿verdad, gato de ojos de colores?

—ladró Chiki, fulminándolo con la mirada.

—Ay, no… Ahí van esos dos otra vez —suspiró Nakia, poniendo los ojos en blanco—.

Siempre peleando como perro y gato desde las décadas que los conozco.

—Tranquilos, muchachos, tranquilos —intervino Nakia, tratando de calmar la creciente tensión entre ellos.

Mientras tanto, Paris notó el breve brillo en la puerta y sacó su libro.

Al examinarlo detenidamente, descubrió que las inscripciones seguían un patrón específico.

Consultó a Golden, quien confirmó su teoría.

—Déjenmelo a mí —dijo Paris con seguridad.

Se estiró los dedos, preparándose, y luego colocó su mano sobre los símbolos, siguiendo una secuencia que mostraba el libro.

A medida que tocaba cada uno, los símbolos comenzaron a emanar una luz tenue, hundiéndose suavemente en la superficie de la puerta.

—Genial.

Entonces debo empezar por aquí —murmuró Paris, concentrada.

Repitió el proceso siete veces, moviéndose de izquierda a derecha, de arriba abajo, con la ayuda de Golden, quien la hacía flotar para alcanzar las partes más altas.

Cuando tocó el último símbolo, ubicado en el centro de la puerta, todo comenzó a girar.

Los símbolos se interconectaron formando un intrincado diseño: una pica, similar al símbolo de una carta de la baraja de naipes.

Una luz verde destellante emergió de la puerta, irradiando con tal intensidad que los cegó por unos momentos.

Poco a poco, la puerta comenzó a desvanecerse, dejando la entrada completamente libre.

Cuando el resplandor finalmente se disipó, todos abrieron los ojos, sorprendidos por lo que acababan de presenciar.

Se secaron los ojos y, cuando los abrieron, vieron un gran cuarto lleno de máquinas y cables que surgían de todas partes y convergían en el centro.

Al bajar la mirada, divisaron a un joven zorro sentado en una silla, conectado a todos esos artefactos.

Golden se adelantó y exclamó: —¡Eres tú, Kilibur!

El muchacho levantó la vista hacia Golden, aunque su casco impedía que sus ojos se encontraran.

—Golden… ¿En verdad eres tú?

—preguntó con voz débil, cargada de asombro y confusión.

—Sí, soy yo.

Hemos venido a liberarte —respondió Golden, acercándose con determinación.

—¿Hemos?

—repitió Kilibur, pero de inmediato su tono cambió a uno de pánico—.

¡No, Golden!

¡Deben irse ahora mismo o los capturarán!

—gritó con una voz temblorosa, envuelta en miedo.

—¿Por qué?

—preguntó Golden, deteniéndose por un instante.

Antes de que Kilibur pudiera responder, las paredes comenzaron a cobrar vida.

Varias esferas luminosas emergieron de ellas, proyectando ojos gigantes que los observaban fijamente.

De pronto, los ojos lanzaron rayos hacia ellos, iluminando el cuarto con destellos eléctricos.

—¡Oh, no, Golden!

—gritó Kilibur, desesperado al escuchar los disparos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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