La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 75
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75: Te Veo En Todas Partes 75: Te Veo En Todas Partes De las paredes emergieron varios ojos gigantes, y de ellos salieron rayos directos hacia Paltio y su equipo.
Estaban a punto de ser aniquilados cuando Mok, con una rapidez impresionante, utilizó sus cuchillos como espejos reflectores para desviar los ataques, salvándolos de una muerte segura.
—Gracias, Mok —dijo Paltio, respirando aliviado.
—Por poco y no la contamos —murmuró Paris, aun temblando de miedo.
—Pronto debemos sacar a Kilibur de ahí —indicó Golden con urgencia.
—¡No!
Amigo, huyan… Ese monstruo es muy peligroso —advirtió el joven zorro, su voz cargada de angustia.
—No te dejaremos aquí —respondió Paltio con firmeza.
Los ojos volvieron a lanzar rayos láser hacia el equipo, pero Mok nuevamente los contrarrestó con sus cuchillos.
—Señorito, si va a sacarlo de esa máquina, que sea pronto.
No podré hacer esto por mucho tiempo —advirtió Mok, su tono revelando un ápice de cansancio.
Paltio corrió hacia donde estaba Kilibur, decidido a quitarle el casco.
Pero en cuanto intentó tocarlo, una gran descarga eléctrica lo lanzó hacia atrás, dejándolo tendido en el suelo.
—Lo siento… Me olvidé de decirles que esta cosa está protegida por una fuerte descarga eléctrica —dijo Kilibur, apenado.
—Me lo hubieras dicho antes… —gruñó Paltio desde el suelo, su cuerpo todavía adolorido por la electrocución.
—¿Y ahora cómo lo sacamos?
—preguntó Ron, preocupado.
—Alita, ¿puedes cortar esos cables?
Creo que son la fuente de poder —sugirió Nakia, señalando los gruesos cables que conectaban la máquina.
—¿Cuáles exactamente?
—preguntó Alita, observando detenidamente.
—¡Córtalos todos, muchacha!
—exclamó Chiki, impaciente.
Alita conjuró su magia de agua, endureciéndola hasta convertirla en púas afiladas como metal, y las lanzó en todas las direcciones.
Las púas impactaron contra los cables, interrumpiendo el flujo de energía.
Uno a uno, los cables comenzaron a explotar, liberando chispas y humo mientras la máquina se desestabilizaba.
—¡Genial, Alita!
—dijo Ron con admiración—.
Has mejorado mucho en estos tres meses de entrenamiento mental.
—Sí… Gracias —respondió ella tímidamente, rascándose la nuca con una sonrisa avergonzada.
Ron se acercó a Paltio, quien aún se recuperaba del golpe eléctrico que lo había lanzado hacia atrás momentos antes y le dijo déjamelo a mi.
Ron cerró los ojos y concentró su energía.
Su cuerpo comenzó a cubrirse con una armadura brillante, aunque esta vez era diferente de la que había mostrado antes con Troba.
Era más ligera y refinada, similar a las que usaban los miembros de la familia Fuerte.
Con su cuerpo completamente blindado, Ron avanzó hacia donde estaba Kilibur, prisionero en la máquina.
Con movimientos precisos, arrancó los dispositivos como si fueran papel.
—Nada mal, muchacho.
Después de ese entrenamiento, al menos pudiste usar tu primera capa de armadura —comentó Chiki, cruzándose de brazos.
—Sí, sí… Como digas —respondió Ron, restándole importancia, aunque su leve sonrojo delataba su orgullo.
—¡Niño tonto!
¡Todavía que te hago un cumplido!
—gruñó Chiki, fingiendo molestia.
—Vaya, tú también has hecho bien —añadió Alita con una sonrisa, dándole otro cumplido.
Ron se sonrojó aún más, llevándose una mano a la nuca como si se rascara, tratando de disimular su incomodidad.
Finalmente, al retirarle el casco, pudieron ver por primera vez el verdadero rostro de Kilibur.
Era un zorro humanoide de pelaje anaranjado, con orejas adornadas por pequeños pendientes circulares en cada una.
Sus grandes ojos amarillos brillaban con intensidad, y su cola, decorada con un brazalete, terminaba en una punta blanca.
Llevaba un traje plomo, como si fuera un prisionero, que resaltaba aún más su figura frágil pero llena de dignidad.
—Vaya, sí que eres un bonito zorro —dijo Alita al ver a Kilibur, sonriendo con amabilidad.
Kilibur se sonrojó levemente, pero antes de poder responder, sus ojos se cerraron y cayó desmayado.
—¿Qué le pasó?
—preguntó Ron, preocupado.
—¡Saquen a Kilibur rápido de aquí!
—indicó Mok mientras continuaba defendiéndolos con sus cuchillos, que ahora brillaban bajo la luz de los rayos láser.
Ron cargó al joven zorro en su espalda y, junto con Alita, comenzaron a retirarse del lugar.
Paltio, aun recuperándose de la descarga eléctrica, se puso de pie lentamente.
—Creo que lo que vimos en el plano de búsqueda era real… Y esos ojos estaban ahí desde el principio —murmuró, observando la escena con seriedad.
Golden miró a Kilibur, pensativo.
Pero ¿qué te han hecho, amigo?, se preguntó en silencio.
De inmediato, los ojos aumentaron la presión de sus rayos, haciendo que los cuchillos de Mok perdieran su formación y cayeran esparcidos por el suelo.
Los chicos se acercaban a la salida con Kilibur a cuestas cuando, de repente, una enorme anca de rana bloqueó la única salida.
—¿Y ahora qué hacemos?
—preguntó Alita, mirando con ansiedad cómo les cerraban el paso.
Los ojos comenzaron a avanzar hacia ellos, y bajo la tenue luz, pudieron distinguir la figura de un enorme sapo morado del que emergían múltiples ojos.
—¿Qué es esa cosa horrenda?
—exclamó Paris, retrocediendo instintivamente.
Kilibur, quien había recuperado el conocimiento, se levantó con dificultad.
—Es un Sapurus —explicó, su voz débil pero firme—.
Sí, esa cosa es peligrosa.
No solo lanza rayos láser de sus ojos, sino que tiene el poder de inhibir mis habilidades.
Soy inútil en este lugar y con esa bestia cerca.
—¿Cómo sabes eso?
—preguntó Golden, frunciendo el ceño.
—Tienes que tener cuidado con su lengua —continuó Kilibur, ignorando la pregunta—.
Es así como bloqueó mis poderes antes.
No dejes que te toque, Golden.
El enorme sapo morado soltó una risa grave y burlona antes de lanzar su lengua hacia Paltio.
El príncipe logró esquivar el ataque justo a tiempo, aunque apenas.
Si no hubiera escuchado la advertencia de Kilibur, probablemente ya estaría en problemas.
—¡Esa lengua es muy rápida!
—gritó Paltio, tensando su cuerpo para mantenerse alerta.
El monstruo volvió a atacar, lanzando su lengua nuevamente hacia el príncipe, quien esta vez se movió con más agilidad, evitando el impacto por poco margen.
—Golden, es hora.
Dame el 20 por ciento de tu poder —dijo Paltio con urgencia.
Golden asintió sin dudarlo y canalizó su energía hacia él.
De repente, en las manos de Paltio aparecieron unos guantes relucientes, junto con muñequeras y botas, todas de un intenso color verde esmeralda.
—¡Guau!
¡Eso es nuevo!
—exclamó Ron al ver a su amigo con los guantes, muñequeras y botas relucientes de color verde esmeralda.
Paltio se movía con mayor velocidad gracias a los aditamentos, pero la lengua del sapo seguía siendo igual de rápida.
Además, los rayos láser que lanzaba atacaban desde todas direcciones sin darles un respiro.
Alita invocó una barrera de agua para bloquear algunos de los ataques, mientras Ron se colocaba al frente, protegiendo al grupo con su armadura brillante.
Lukeandria también desenfundó su espada y escudo, cubriendo a Paris, quien intentaba buscar una solución en su libro.
Sin embargo, los ataques parecían multiplicarse, rebotando contra las paredes como si el monstruo los dirigiera estratégicamente hacia ellos.
Mok sacó su espada y comenzó a bloquear los rayos que se acercaban peligrosamente.
Los ataques venían como ráfagas implacables, dejándolos sin tiempo para recuperarse.
—¡Maldición!
Si seguimos así, todos nos cansaremos antes de poder hacer algo —gruñó Paltio, buscando una salida.
Chiki, decidido, corrió hacia el sapo con la intención de golpearlo, pero este lo tocó con su lengua.
De inmediato, Chiki sintió cómo su cuerpo se volvía pesado y sus movimientos se ralentizaban.
El monstruo brilló intensamente, absorbiendo la energía del perro, y sus rayos láser se volvieron aún más potentes.
—Tu amigo tiene razón, Golden —dijo Paris, observando la escena con preocupación—.
Si esa lengua te toca, no solo te quita tus poderes, sino que aumenta el poder de ese monstruo.
Golden asintió pensativo, su mirada perdida en el caos que los rodeaba.
De pronto, una idea cruzó por la mente de Paltio.
Sus ojos se iluminaron con determinación mientras se volvía hacia Golden.
—Golden —dijo con urgencia, su voz firme pero cargada de preocupación—, se me ocurre algo, pero es un poco arriesgado para vencer a esa cosa.
Necesitaré estar lo más cerca posible de él.
Golden lo observó en silencio por un momento, evaluando sus palabras.
Finalmente, respondió: —Ya veo qué quieres hacer, muchacho.
Bien, hagámoslo.
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