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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 78

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  4. Capítulo 78 - 78 Un Raro Escape
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78: Un Raro Escape 78: Un Raro Escape El gran destello dejó a todos momentáneamente cegados y provocó que Rykaru y Paltio se conectaran mentalmente.

Dentro de su mente, Paltio estaba sumido en sus pensamientos cuando, de repente, vio una pequeña bola blanca acercarse flotando hacia él.

—¡Rykaru!

¿Qué haces aquí?

—preguntó Paltio, sorprendido al ver cómo el pequeño ser le caía encima de la cabeza.

—Pues… no lo sé —respondió Rykaru con inocencia—.

Estaba desesperado porque te desmayaste.

Además, Lukeandria me dijo que, si nos capturaban, iban a experimentar conmigo, ¡y no quiero eso!

Ni separarme de tu lado… —sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas mientras continuaba—: Luego iba a llorar, pero te toqué con mis orejas por accidente, y de pronto… ¡aparecí aquí!

¿Qué es este lugar?

Paltio frunció el ceño, mirando a su alrededor.

—Se supone que esto es mi mente… Pero qué raro… No puedo sentir a Golden por ningún lado.

De pronto, una voz profunda resonó en el espacio.

Frente a ellos aparecieron unos enormes ojos que parecían contener galaxias enteras, como si fueran ventanas al infinito.

—¿Qué eres?

—preguntó Paltio, con un temor reverencial en su voz.

—Yo, pequeño niño, soy el Todo.

Soy el creador de los mundos… y tu creador.

Yo soy… —¿Avocios?

¿Cómo es posible?

—interrumpió Paltio, incrédulo.

—Bueno, niño, no sé exactamente cómo lograste contactarme.

Estás en tu subconsciente; esta es solo una versión de mí que puedes percibir por ahora —explicó Avocios con calma.

Paltio, asombrado, tenía decenas de preguntas para su creador: ¿Dónde había estado todo este tiempo?

¿Por qué no los había ayudado durante la desgracia en la que se encontraban?

Sin embargo, antes de que pudiera formularlas, Avocios lo interrumpió.

—No hay tiempo, Paltio, para responder tus preguntas, pero te prometo que lo haré más tarde.

Primero, debes salir de este lugar.

Están bajo ataque.

Encuentra la pieza del cetro que se encuentra en este reino, y podremos comunicarnos nuevamente.

Te despertaré para que tú y tus amigos encuentren la forma de escapar.

¡No hay tiempo, levántate, niño!

—Pero… ¿al menos puedes ayudarnos?

—preguntó Paltio con urgencia.

—Bien, por ahora solo puedo inmovilizar el tiempo por unos minutos.

Rápido, mi niño, haz tu trabajo y encuentra la pieza lo antes posible en este reino —respondió Avocios antes de sacar a Paltio abruptamente del espacio mental en el que se encontraba.

—¡Muchachos!

—exclamó Paltio mientras se levantaba del suelo.

Todos lo miraron sorprendidos, aunque mezclados entre la alegría de verlo consciente y el miedo por lo que estaba ocurriendo al otro lado.

Golden lo observó con escepticismo, preguntándose cómo Paltio había logrado recuperarse tan rápido.

—¡No hay tiempo, muchachos!

¡Debemos escapar de aquí!

Avocios me dijo que congeló el tiempo por unos instantes —anunció Paltio con urgencia.

—¿¡Avocios!?

—dijeron todos al unísono, atónitos.

—¡Chi, Chi!

—exclamó Rykaru, con sus orejas temblando de emoción.

Golden frunció el ceño, pensando rápidamente.

Debe ser por eso que se levantó tan rápido, reflexionó para sí mismo.

—Sí, pero luego les explico.

¡No hay tiempo!

¡Debemos escapar de este lugar lo antes posible!

—insistió Paltio, moviéndose hacia la salida.

Ron miró hacia la puerta bloqueada, pensativo.

Es por eso que no se escucha nada del otro lado… El tiempo está detenido, concluyó mentalmente.

—Pero ¿cómo salimos de aquí?

—preguntó Alita con urgencia—.

La única entrada, que también es nuestra salida, está bloqueada.

—¿Qué tal si usamos el poder de encoger de Nakia?

—sugirió Lukeandria, mirando a la pequeña ave con esperanza.

—Sí, pero lo malo es que solo puede utilizarlo en dos personas —indicó Alita, frunciendo el ceño mientras evaluaba la situación.

—¿Y si los demás entran en la bolsa de Paltio?

Así solo Paltio y Mok tendrían que subir al lomo de Nakia —propuso Ron, cruzándose de brazos con una sonrisa de satisfacción por su idea.

—Pues no es mala idea —dijo Golden, asintiendo con aprobación.

Rápidamente, todos se organizaron.

Sin perder un segundo, todos entraron en la bolsa de Paltio, excepto Mok y el propio Paltio.

Nakia utilizó su poder para encogerlos y los subió a su lomo.

En ese preciso momento, el tiempo comenzó a moverse nuevamente.

Un gran estruendo resonó desde la puerta: Zor y su equipo habían utilizado explosivos para abrirse paso.

Al ingresar, Zor y su grupo descubrieron que el enorme sapo estaba muerto en el lugar y que donde antes había estado el niño zorro, ahora no había nadie.

—Pero ¿quién pudo haber hecho esto?

—se preguntó Zor, visiblemente nervioso al comprender que había fallado en su misión.

Mientras tanto, aprovechando el caos, Nakia salió volando del sitio.

Se adentró en los canales subterráneos, pero pronto se dio cuenta de que había olvidado por dónde debían regresar.

—¿Qué hago, Paltio?

¿Por dónde debo ir?

—preguntó Nakia, agitando sus pequeñas alas con ansiedad.

—Esto es grave… No podemos preguntarle a Toco-Toco en este momento; sería un mini gato y nos retrasaría más —respondió Paltio, pensativo—.

Además, recuerda que la pócima de Nakia no dura mucho tiempo, así que no podemos demorar demasiado o volveremos a crecer.

Golden intervino rápidamente: —No creo que Toco-Toco se convierta en un mini gato, pero tienes razón, no podemos arriesgarnos.

—Solo me acuerdo que era por aquí —dijo Nakia, señalando un túnel con su pico.

Sin embargo, al avanzar unos metros, se encontraron con un laberinto de caminos que se bifurcaban en múltiples direcciones.

—¿Qué hacemos, Mok?

—preguntó Paltio, mirando a su mayordomo con preocupación mientras observaba los túneles oscuros y aparentemente idénticos.

—Qué bueno que me preguntas, señorito —respondió Mok con una sonrisa confiada—.

Por suerte, dejé unas marcas con mis cuchillos.

Síguelas, Nakia.

En las paredes, efectivamente, había pequeños cortes que formaban flechas, señalando el camino correcto.

—¡Qué buena idea, Mok!

—exclamó Paltio, agradecido por la previsión de su mayordomo.

Nakia siguió las marcas hasta llegar al punto por donde habían entrado.

Subieron por el hueco de la tapa y regresaron al lugar donde todo había comenzado.

El sitio estaba desordenado, tal y como lo habían dejado.

Pronto, Paltio y Mok volvieron a su tamaño normal.

Todos los demás salieron de la bolsa, incluido Rykaru, quien estaba molesto porque no le gustaba estar lejos de Paltio ni un segundo.

—Gracias por el rescate —dijo Kilibur, mirándolos con gratitud—.

Ese sapo absorbía los poderes de sus adversarios momentáneamente, pero las máquinas que usaron drenaban mis poderes para controlar las mentes de los demás con mi magia de ilusión y ordenamiento.

—Ya veo… Por eso todos en el pueblo solo tenían ese pensamiento en mente —comentó Mok, comprendiendo finalmente la magnitud del problema.

Lukeandria se acercó a la ventana con cautela para verificar si había alguien más en los alrededores.

Por suerte, los soldados no parecían estar por el perímetro.

Una vez que todos pudieron respirar tranquilos después del riesgoso rescate, Golden se dirigió a Paltio con seriedad: —Explícate, muchacho.

¿Cómo es eso de que hablaste con mi señor Avocios?

Paltio suspiró antes de responder: —Bueno, no lo sé con exactitud.

Cuando Rykaru me tocó, algo cambió en mi desmayo y pudimos acceder a ese lugar.

Iba a hacerle algunas preguntas, pero me dijo que no había tiempo y que estábamos en peligro.

Ron, sorprendido, intervino: —¿Rykaru tiene ese poder?

El pequeño ser sonrió ampliamente, presumiendo su habilidad de manera inocente.

—Pero… ¿cómo?

—preguntó Alita, curiosa.

—No sé —respondió Rykaru con ternura, encogiéndose de hombros.

—Lo suponía —dijeron Ron y Alita al unísono, intercambiando miradas cómplices, pero felices al ver la expresión tierna de Rykaru.

Después de escuchar el relato de Paltio, Golden permaneció en silencio por un momento, reflexionando con una expresión pensativa en su rostro.

Finalmente, habló: —Entiendo.

Es típico de nuestro señor.

Paltio asintió y añadió con seriedad: —Lo que sí me dijo es que debemos encontrar la pieza del cetro de este reino para poder contactarlo nuevamente.

—Pues bien, ¿qué esperamos?

¡Busquémoslo de inmediato!

—exclamó Golden, visiblemente emocionado.

Hacía mucho tiempo que no veía a Avocios, y la oportunidad de volver a comunicarse con él lo llenaba de entusiasmo.

Paltio, algo incómodo, añadió: —Pues… debo entrar en ese estado tuyo otra vez, pero espero que esta vez funcione mejor y no termine siendo expulsado como esos ojos que me sacaron del lugar.

Kilibur, sintiéndose en deuda, intervino: —Si quieres, yo puedo ayudarte.

Es lo menos que puedo hacer después de todo lo que han hecho por mí.

Pero necesito recuperar mis poderes completamente.

Paltio sonrió y sacó la esfera del cetro, utilizando su energía para curar a Kilibur.

Al recuperar sus poderes, el joven zorro colocó un dedo en la frente de Paltio, cerró los ojos y lo guio hacia un estado mental profundo para buscar el cetro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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