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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 8

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8: ¿Tarea Completada?

8: ¿Tarea Completada?

El animal monstruoso explotó en mil pedazos, dejando únicamente sus patas traseras sobre el suelo.

Todos los presentes se quedaron paralizados al ver una figura inmóvil frente a ellos, irradiando una energía dorada que parecía vibrar en el aire.

El brillo fue desvaneciéndose lentamente hasta revelar a Paltio.

Nadie podía creerlo.

Estaba vivo.

Se miraban entre sí, preguntándose cómo había logrado salir de esa situación, y más aún, qué era esa energía que lo envolvía.

Paltio levantó la mano y saludó con un gesto débil, pero antes de que pudiera decir algo, sus piernas cedieron.

Cayó hacia adelante, pero Mok corrió a sostenerlo justo antes de que tocara el suelo.

—Señorito, ¡qué alegría que está bien y vivo!

—exclamó Mok, pero Paltio no respondió.

Mok acercó su oído al pecho del muchacho y escuchó sus latidos.

—Solo fue un desmayo —anunció, respirando aliviado.

Los demás también se relajaron al ver que las copias del monstruo comenzaban a desaparecer.

Pax aprovechó el momento para sacar un cuchillo y extraer las garras del Oboros antes de que el cuerpo del monstruo se desvaneciera por completo.

Las guardó cuidadosamente en su cinturón.

Todos salieron de la cueva.

Mok cargó a Paltio en sus brazos mientras bajaban la colina y regresaban al carruaje.

Una vez allí, recostaron al muchacho en uno de los asientos y esperaron pacientemente a que despertara.

Mientras tanto, en la mente de Paltio, alguien lo llamaba insistentemente.

—¡Oye!

¿Estás bien?

Creo que se me pase de la mano… —dijo una voz desconocida.

—¡Paltio!

Ya levántate, mocoso.

—¿Eh?

¿Dónde estoy?

—preguntó el muchacho al abrir los ojos.

—Al parecer estás en un sueño porque te desmayaste, o estamos dentro de tu mente.

Ahora formo parte de ti, así que supongo que esto es real —explicó la voz, que pertenecía a Golden.

—Entonces, ¿esto es real?

—Paltio extendió la mano y tocó a Golden—.

Al parecer sí puedo tocarte.

—Vaya, no pensé que eso fuera posible en este mundo dentro de tu semilla —comentó Golden, sorprendido.

—Y…

¿quién se esconde detrás de esa armadura?

—preguntó Paltio, curioso.

—Bueno, yo digo haciendo un chiste, pero no puedo quitármela.

Ya lo intenté —respondió Golden con tono ligero.

—Ya veo —murmuró Paltio—.

Y entonces, ¿cómo eres?

—Soy un ser vivo, aunque no puedes verme por ahora.

Cuando encuentre a Avocios, tal vez él pueda retirar mi armadura.

Pero bueno, tengo dos orejas, unos ojos azules y soy más alto que tú —respondió Golden.

—Todos tenemos dos orejas —replicó Paltio, sonriendo ligeramente.

—Ja, ja, ya sé, pero es lo que hay.

Bueno, es hora de que te despiertes.

Cuando abras los ojos en el mundo real, hablaremos y veremos si te entreno para que puedas dominar mi poder mientras estamos unidos —dijo Golden antes de desvanecerse.

Paltio abrió los ojos de golpe y vio a sus amigos rodeándolo.

—¡Paltio!

—gritaron al unísono, abrazándolo con fuerza.

—¿Quién es Golden?

Estabas delirando desde hace rato, incluso hasta hace un momento —preguntó Alita, frunciendo el ceño con preocupación.

—Es mi semilla; así se llama.

Creo que estar dentro de ese monstruo hizo que deliraras, amigo —indicó Ron con una sonrisa sarcástica.

—¡Ja!

No, así se llama, de veras —respondió Paltio, algo molesto.

—Claro, cómo no… —dijo Ron, todavía burlón—.

El mío se llama Roldan y no me dice nada.

—Señorito, creo que debería seguir descansando —sugirió Mok con una expresión de felicidad al ver que Paltio estaba bien.

—¡No, nada de eso!

¡Deben creerme!

—incisito Paltio — ¿Semillas que hablan?

¡Cómo no!

—exclamó Pax, incrédulo.

—¡Oigan!

El muchacho tiene razón —intervino una voz desconocida.

—¿Quién fue el que habló?

—preguntaron todos, asustados.

—Pues yo, Golden —respondió el caballero desde el holograma proyectado por la semilla de Paltio—.

Paltio decía la verdad dijeron todos sorprendidos.

El holograma mostró la figura de un caballero envuelto en una armadura dorada.

Todos quedaron boquiabiertos, especialmente Ron, cuyo asombro era evidente.

—Pues claro —dijo Golden con seguridad, mirándolos desde la proyección.

Su visor impedía ver sus ojos, ocultos tras la imponente armadura.

Luego, clavó su mirada en Pax—.

Tú eres una persona intrigante.

Me gusta cómo guardas un gran secreto, pequeño guerrero de las sombras rojas.

—¡Oye!

¡Qué cosas dices!

Yo no guardo nada —replicó Pax, visiblemente incómodo.

—¡Ey, Golden!

Te dije que no anduvieras leyendo las mentes de los demás sin permiso.

Eso es de mala educación, como tú mismo dirías —le recriminó Paltio con seriedad.

—¿Acaso no quieres saber quién te acompaña, muchacho?

—preguntó Golden, ignorando momentáneamente la advertencia.

—No, de momento no.

Él nos dirá quién es en su debido tiempo —respondió Paltio con firmeza.

—Entonces, me disculpo, príncipe.

No lo volveré a hacer…

a menos que sea necesario —dijo Golden, inclinándose ligeramente en el holograma.

—Bien, eso espero —respondió Paltio con tono autoritario.

—Como siempre, condescendiente y bueno, mi señor Paltio —comentó Mok con admiración.

Ron se acercó a Alita y le susurró: —Yo quería saber cuál era el secreto que guardaba ese tal Pax.

Dentro de su armadura, Pax suspiró profundamente.

“¿A qué secreto se refería?

¿Será sobre mi verdadero yo?

Espero que no”, pensó.

“Menos mal que el príncipe dijo que no divulgara nada”.

—Bien, dejen de estar jugando —interrumpió Pax, tratando de desviar la atención—.

En vez de eso, deberíamos estar buscando la pieza del cetro.

—Es verdad —coincidió Paltio—.

Oigan, Golden, tú sabes cómo buscarla, ¿verdad?

Por ser allegado a Avocios.

—Buscar la pieza del cetro que contiene la magia de mi señor es algo fácil, niño —respondió Golden con calma—.

Pero no quiero hacerlo.

—Por favor, ayúdanos.

Es de suma importancia —le dijo Paltio con urgencia.

Alita y Ron también lo miraron fijamente, esperando una respuesta.

Mok se acercó y añadió: —Por favor, señor, ayude al príncipe Paltio en su labor.

—No lo sé… —respondió Golden pensativo.

Luego, clavó su mirada en Pax—.

¿Qué tal si el sujeto en armadura con capa roja, esa “sombra roja”, me lo pide con suplica?

Quizá entonces lo haga.

Paltio miró a Pax, quien devolvió la mirada.

Recordando cómo le había salvado de que revelaran su secreto, Paltio dijo: —Señor Golden, ¿nos podría ayudar, por favor, con la búsqueda de las piezas?

—Está bien, lo pensaré de camino al palacio —respondió Golden, haciendo un ruido que parecía una risa contenida.

—¡Pero no conseguí la uña del Oboros!

¿Cómo voy a ir donde ese malvado de Tertrol?

—exclamó Paltio, angustiado.

—¡Ay, tranquilo, principito!

—interrumpió Pax, mostrando dos garras grandes y afiladas—.

Las conseguí antes de que la bestia desapareciera.

Te daré una y me quedaré con la otra.

¿Te parece bien?

—¡Oigan!

Pero Paltio venció a esa cosa —dijo Alita, mirando a Pax con cara de molestia.

—Sí, es cierto.

Él la derrotó —agregó Ron, apoyando a Alita.

—Bueno, la derroté con la ayuda de Golden —dijo Paltio, encogiéndose de hombros.

—Bien, si me das una, puedes quedarte con la otra —indicó Paltio finalmente.

—De acuerdo —respondió Pax.

—¿Y para qué quieres esa garra?

—preguntó Mok, curioso.

—Es para cuando vea a un herrero.

Podrá crearme una buena espada con estas garras duras de la bestia —explicó Pax con determinación.

—Por mí está bien que se la quede, pero no dirás nada de Golden a nadie, ni siquiera a Tejod —advirtió Paltio con seriedad.

Pax lo miró y respondió: —Bien, tenemos un trato.

—Extendió su mano para sellarlo, y el príncipe correspondió dándole la suya, cerrando así el pacto.

Todos subieron al carruaje y se dirigieron al palacio.

Antes de llegar, Paltio le dijo a Golden: —No salgas en presencia de los malos.

No podríamos pelear contra todos ellos, los cuatro solos, y Pax obviamente no se va a inmiscuir en la pelea.

—Bien, ya que estaré dentro de tu semilla como siempre —respondió Golden, un poco ofuscado por no poder intervenir.

Al llegar al palacio, Tertrol fingió sorpresa al ver a Paltio y sus amigos vivos.

—¿Cómo es posible que estés con vida?

Pensé que la bestia se los iba a comer —comentó el malvado Tertrol con una sonrisa burlona, ocultando su verdadero rostro lleno de ira bajo una máscara de falsa calma.

—Entonces, ¿tienes lo que te pedí?

—preguntó Tertrol con fingido interés.

—Sí —respondió Paltio, sacando de uno de sus bolsillos la garra del Oboros.

—Bien hecho, niño —dijo Tertrol, aunque su mirada se posó en los pies del príncipe—.

Pero veo que perdiste tus zapatos en la búsqueda…

Mirando que solo traes medias, príncipe.

Ahora ya no te creerás más que yo, tonto niño —pensó Tertrol para sí, escondiendo una sonrisa maliciosa.

—Es una pena —añadió en voz alta, fingiendo compasión—.

Ahora sí puedes ir en busca de lo que te solicita Tejod.

En ese momento, la esfera de luz que flotaba en el cielo, creada por Tertrol, comenzó a ennegrecerse.

—¡Ups!

Creo que se acabó el día —dijo Tertrol con una risa siniestra.

—No podremos buscar la pieza sin luz —indicó Ron con preocupación.

—Pero tenemos el fuego azul de Pax —respondió Alita rápidamente.

—No queda mucho, mocosos —intervino Pax, cruzándose de brazos—.

Solo alcanza para viajar un tramo más.

Necesitaré conseguir más enviando un mensaje al señor Tejod con las aves de fuego.

—Pues hazlo —le dijo Alita con firmeza.

—Bien, lo haré, pero eso va a tardar —replicó Pax, molesto—.

Y les recuerdo que deben seguir mis reglas.

Una de ellas es que nadie me dé órdenes.

—Ya se había tardado tanto… Pensé que se había olvidado —comentó Paltio con ironía.

—Vaya, pensé que eras distraído, pero no del todo —respondió Ron, provocando que todos rieran.

—Bueno, veo que no pueden continuar buscando en la oscuridad.

Quizá mañana pueda alzar mi sol de fuego de nuevo —dijo Tertrol con una sonrisa frívola—.

Pero tendrán que mostrarme la pieza si la consiguen mañana.

—De acuerdo, es un trato —respondió Paltio con seriedad.

Tertrol lo miró fijamente antes de añadir: —Esta vez pasarán la noche en una de estas casas abandonadas.

—Si no queda de otra… —dijo Paltio, encogiéndose de hombros.

Esto hizo que Tertrol lo mirara con desagrado, pensando que alguien de la realeza nunca se rebajaría a quedarse en una casa pequeña.

—Bien, principito, puedes quedarte en esa casa, y tus ayudantes también —dijo Tertrol con una sonrisa burlona antes de girarse y regresar al castillo.

En una de las casas, que parecía estar a medio arreglar, pequeña de dos pisos, ingresaron los cuatro.

Pax se dirigió a uno de los cuartos y anunció: —Voy a reportarme con Tejod y, de paso, pedirle más fuego azul.

Tras decir esto, se encerró en un cuarto del segundo piso.

—Ya puedo salir, ¿verdad?

—preguntó Golden desde la semilla de Paltio.

—Pues ya lo hiciste —respondió Paltio mientras el caballero dorado emergía, iluminando ligeramente la sala.

—Entonces, ¿qué quieres hacer hoy?

Ya perderás un día más —indicó Mok, mirando a Paltio con curiosidad.

—Será mejor que investiguemos qué pasó con los ciudadanos de este lugar y qué es esa “sala” misteriosa —propuso Paltio.

—¡Huy!

Algo de intriga veo en eso —comentó Golden con tono juguetón—.

Pero si quieres salir primero necesitarás unos zapatos nuevos.

¿No cargaste un par más en tu bolsa?

—No creo que no —respondió Paltio, revisando su equipaje rápidamente.

—Entonces tendré que darte unos —dijo Golden, colocando sus manos desde el holograma mirando los pies de Paltio.

De pronto, aparecieron unas botas marrones nuevos.

—Esas botas son irrompibles —explicó Golden con orgullo—.

Además, tienen algo más que te podrá ayudar en tu travesía.

—¿Botas que hacen más cosas?

—preguntó Ron, incrédulo.

—Ya lo verás.

No quiero malograr la sorpresa —respondió Golden con una sonrisa enigmática.

—Bien, vamos —dijo Paltio.

Los cuatro salieron sigilosamente de la casa, llevando unas pequeñas linternas que Mok había traído consigo.

Caminaron en silencio por la oscura noche hasta que escucharon unos ruidos provenientes de lo que parecía ser un sótano.

Con cautela, abrieron la puerta y su sorpresa fue mayúscula al ver lo que había dentro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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