Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 82

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. La Ultima Esperanza de Avocadolia
  4. Capítulo 82 - 82 El Granero Abandonado
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

82: El Granero Abandonado 82: El Granero Abandonado Paltio, junto con Kilibur y Paris transformados en Mok y Pax respectivamente, comenzaron a caminar por las calles del reino.

Los guardias los observaban, pero no decían nada; gracias a las órdenes de Zor, ellos tenían permiso de moverse libremente.

Los tres se dirigían hacia un granero abandonado, el lugar donde Paltio había visto que se encontraba la pieza del cetro.

Al llegar, un grupo de guardias bloqueaba la entrada.

Uno de ellos se acercó con una expresión de advertencia: —¿Qué hacen aquí?

Este lugar es peligroso.

Por eso está cerrado.

—Debo entrar.

Aquí se encuentra la pieza del cetro que necesito —respondió Paltio con determinación.

Uno de los guardias soltó una carcajada burlona: —Bien, si desea entrar, no lo detendremos, “principito”.

Pero no nos haremos responsables si se lastima o muere.

Paris, aún con la apariencia de Pax, preguntó con curiosidad: —Pero ¿qué hay exactamente ahí dentro?

Otro guardia respondió con seriedad: —Es algo desconocido… y temido incluso por los guerreros más fuertes.

Por eso fue clausurado.

—Bueno, no importa.

De todas formas, entraré —dijo Paltio con firmeza.

El guardia que se había burlado antes añadió con sorna: —Buena suerte, tonto príncipe.

La necesitará.

Luego, no diga que no se lo advertimos.

Solo esperamos que salga ileso de ahí.

Con una última risa, los guardias se retiraron, dejando al grupo frente a la entrada del granero.

Paris, ahora visiblemente nerviosa, miró a Paltio: —¿Estás seguro de que quieres entrar?

—Sí, no hay problema mientras estemos todos juntos.

Además, tenemos a Golden, Kilibur y Chiki de nuestro lado —respondió Paltio con confianza.

Rykaru, flotando cerca de él, preguntó inocentemente: —¿Y yo?

—Sí, tú también —dijo Paltio, sonriendo mientras acariciaba la cabeza del pequeño ser.

Todos ingresaron por una pequeña rendija oxidada que parecía haber sido olvidada por el tiempo.

Una vez dentro, Paltio encendió las luces de sus botas, iluminando el espacio oscuro.

—Vaya… Este granero se ve muy descuidado, pero parece tener cuatro pisos, como si se tratara de una casa.

Incluso parece más grande que el lugar donde yo vivía —comentó Paris, impresionada por el tamaño inesperado del lugar.

—Estén atentos, por si algo nos ataca —advirtió Paltio, mirando a su alrededor con cautela.

—Oye, Golden, ¿por qué estás en la semilla del príncipe?

Pensé que era un truco, pero ya veo que solo sales de vez en cuando.

¿Qué pasó?

—preguntó Kilibur con curiosidad.

Golden respondió con un suspiro: —Es una larga historia, amigo.

La versión corta es que no sé cómo llegué aquí, pero necesito preguntarle a Avocios si sabe cómo sacarme de aquí.

—Creo entender —dijo Kilibur, asintiendo lentamente.

De pronto, Paltio levantó una mano, pidiendo silencio: —Esperen… Acabo de escuchar algo.

Chiki, siempre sarcástico, comentó en voz baja: —Vaya, el príncipe está serio.

Creí que les tenía miedo a los fantasmas o a los entes demoníacos.

Golden lo corrigió rápidamente: —Sí lo tiene.

Pero parece que está tomando fuerzas porque sus amigos están en peligro.

Míralo… Está temblando como gelatina.

—Ah, sí, ya lo vi.

Parece una gelatina andante.

No me había dado cuenta antes —añadió Chiki con una sonrisa traviesa.

—Vamos hacia adelante —indicó Paltio, intentando mantener la compostura.

Kilibur, notando la tensión en el joven príncipe, se acercó y tomó su mano con suavidad, susurrándole: —Tranquilo, estoy contigo.

Todo estará bien.

Las palabras de Kilibur lograron calmar a Paltio, dándole ánimos y fuerza para seguir avanzando sin dejarse vencer por el miedo.

Se adentraron en el granero, donde solo había paja esparcida por el suelo, vehículos en mal estado y otros artículos abandonados.

Al fondo, unas viejas escaleras destacaban entre la penumbra.

Parecían frágiles, como si no hubieran sido usadas ni mantenidas en años.

Cada vez que subían un escalón, las maderas crujían ominosamente, como si fueran a colapsar en cualquier momento.

Esto hizo que Paltio se asustara, aferrándose con fuerza a la mano de Kilibur.

El pequeño zorro lo miró con una sonrisa tranquilizadora, aunque el apretón comenzaba a dolerle.

Sin embargo, Kilibur no dijo nada; sabía que Paltio estaba pasando por demasiados problemas y necesitaba ese gesto de apoyo silencioso.

Detrás de ellos, Chiki caminaba charlando animadamente con Paris, quien leía un libro gracias a la luz que emanaba de las botas de Paltio.

De repente, el príncipe se detuvo, señalando algo que se movió rápidamente en la oscuridad: —¡Lo vi!

¡Algo se movió allá arriba!

Pero nadie más logró verlo.

Chiki murmuró burlonamente: —Pero ¿qué cobarde?

—¡Haz silencio!

—le respondió Kilibur con firmeza, lanzándole una mirada severa.

Rykaru saltó del brazo de Paltio y miró al perro con enfado: —¡Mi papi no es ningún cobarde!

Golden emergió de su holograma, interviniendo para calmar los ánimos: —Tranquilos, todos.

Prosigamos.

Paltio, haciendo oídos sordos a los comentarios de Chiki, continuó avanzando con voz apagada: —Sí, sigamos.

Al llegar al segundo piso, encontraron más paja y muchas sábanas cubriendo montones de heno.

—¿Aquí estará lo que buscamos, Paltio?

—preguntó Kilibur, observando el lugar con atención.

El muchacho negó con la cabeza: —No, aquí no está.

Continuaron subiendo, pero tampoco encontraron nada en el tercer piso.

Finalmente, llegaron al último nivel del granero.

—Aquí tampoco está —dijo Paltio, frustrado.

Chiki, molesto, cruzó los brazos: —¿Entonces dónde está?

¿Por qué entramos aquí sin razón?

—¡Tiene que estar aquí!

¡Lo vi en el plano de búsqueda!

—se repetía Paltio, intentando mantener la calma mientras sus pensamientos giraban en torno a la pieza desaparecida.

De pronto, algo enorme golpeó el suelo con fuerza, provocando que todo comenzara a derrumbarse.

Los pisos, ya en mal estado, cedieron uno tras otro.

Los miembros del grupo intentaron mantener el equilibrio, pero fue inútil.

Siguieron cayendo sin control hasta que el primer piso se rajó por completo, abriéndose y revelando un enorme hoyo oscuro.

Todos gritaron mientras caían al vacío, sumidos en la oscuridad.

Por otra parte, Mok y su equipo seguían avanzando por los túneles subterráneos.

Toco-Toco, después de explorar rápidamente, regresó con información valiosa: —La torre… La vi.

Está muy bien resguardada —informó el gato, moviendo su cola con energía—.

Además, el lugar está un poco alejado de aquí.

Todos lo siguieron por el camino que había descubierto.

Pasaron por varios túneles, algunos amplios, otros angostos, hasta que finalmente llegaron al lugar indicado.

—Aquí es —anunció Toco-Toco con seguridad, deteniéndose frente a una salida.

Mok y Nakia subieron detrás del felino.

Al salir, todos se quedaron inmóviles, mirando el paisaje frente a ellos.

—¿A dónde nos trajiste?

¿Esto es un lugar de desmonte o algo así?

—preguntó Lukeandria, confundida al ver solo escombros y estructuras abandonadas.

—¡Se los juro!

Aquí se encontraba la torre, miau —insistió Toco-Toco, rascándose la cabeza con una pata.

—No puede ser… Si esta es la torre, ¿qué pasó aquí?

—preguntó Mok, visiblemente confundido mientras miraba a su alrededor, intentando procesar el estado del lugar.

—Todo está destruido.

¿Estás seguro de esto, gato?

—dijo Lukeandria, cruzándose de brazos mientras observaba los escombros con escepticismo.

—¡No puede ser!

Hace unos momentos aquí había un contingente de guardias y una torre con una estructura resistente —respondió Toco-Toco, moviendo nerviosamente la cola mientras trataba de explicar la situación.

De repente, a lo lejos, escucharon una enorme bulla.

Una alarma diferente a la anterior comenzó a sonar, resonando por toda el área: “¡Emergencia, emergencia!

Estamos siendo atacados.

Todos los guardias a sus posiciones.

Defiendan el reino.” El grupo se quedó paralizado, intercambiando miradas de desconcierto.

—¿Pero qué rayos está pasando?

¡Hace unos momentos estaba aquí la torre, miau!

—exclamó Toco-Toco, moviendo la cabeza de un lado a otro como si buscara una respuesta en el aire—.

No estoy loco… ¿Qué habrá pasado en ese corto tiempo?

—murmuró, completamente perplejo, mientras su cola se agitaba nerviosamente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo