La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 84
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84: Lobo Rojo 84: Lobo Rojo —¿Los Twinpillar?
¿Qué cosas son esos?
—preguntó Kilibur, mirando con desconfianza a las criaturas que se acercaban lentamente.
Uno de los gusanos respondió con una voz grave y siniestra: —Somos los gusanos protectores de este lugar… ¡Y estamos con hambre!
Qué bueno que vinieron; ya íbamos a salir para comernos a los ciudadanos, pero parece que la comida vino directamente a nosotros.
Los Twinpillar comenzaron a avanzar hacia el grupo, pero Paltio rápidamente indicó a Golden: —¡Golden!
¡Presta el 20 por ciento de tu poder!
Con la energía recibida, Paltio salió al frente para defender a los demás de los golpes devastadores de los gusanos boxeadores.
Aunque bloqueaba sus ataques con determinación, uno de los gemelos comentó burlonamente: —Nada mal, chico… Pero no me gusta jugar con mi comida.
Paltio continuó resistiendo, pero era evidente que estaba perdiendo fuerzas.
Sus movimientos se volvían más lentos, y su respiración se entrecortaba.
—Paltio, ¿qué te pasa?
—preguntó Golden, preocupado al notar cómo el príncipe jadeaba exhausto.
—No lo sé… Creo que no me he recuperado de la anterior pelea —respondió Paltio, tratando de mantenerse en pie.
—Déjamelo a mí —intervino Kilibur, lanzando un ataque de ilusiones.
Creó dos gusanos rojos del mismo tamaño que los Twinpillar, enfrentándolos para darle tiempo al grupo.
—Con eso bastará por el momento —dijo Kilibur, indicándole a Paris que sacara a Paltio de la línea de fuego—.
¿Te encuentras bien, Paltio?
—No lo sé… Me siento cansado y no entiendo por qué —respondió el joven, visiblemente agotado.
—¡Papi, papi!
¿Qué te pasa?
—preguntó Rykaru, flotando cerca de él con preocupación.
—Déjame y te curo —ofreció Kilibur, acercándose para usar sus poderes curativos en Paltio.
Mientras tanto, Paris observaba el lugar donde Chiki había sido sepultado.
—Ya acabaron con el can creo… No veo rastros del pequeño chihuahua —murmuró con tristeza.
Las ilusiones creadas por Kilibur comenzaron a perder efecto bajo un gran combo realizado por los gusanos gemelos.
Al disiparse, los Twinpillar enfocaron su atención en el grupo reunido frente a ellos.
—Bien, la comida está servida —dijeron al unísono, abalanzándose con sus bocas abiertas listas para atacar.
Rykaru, al ver a Paltio débil y siendo atendido por Kilibur, decidió tomar una postura valiente.
Se colocó al frente del grupo, dispuesto a enfrentar a las bestias.
—Debo ser valiente por mi papi —se dijo a sí mismo en voz baja antes de dirigirse a los gusanos—.
¡Oigan, tontos gusanos!
¡Voy a pelear con ustedes!
Los Twinpillar soltaron una carcajada burlona: —¿Tú?
¿Una tonta bola blanca?
¡Pareces una pelota!
A la par, en el hueco donde lo habían sepultado tras recibir el brutal golpe, Chiki comenzaba a recuperar la conciencia.
Molesto, murmuró para sí mismo: —¿Cómo esos inútiles gusanos van a vencerme?
Menos mal que Ron no está aquí para restregármelo en la cara… Ni modo.
Iba a guardar esto para un momento importante, pero ya que quiero acabar con esto rápidamente.
¡Voy a entrar en mi forma “FELICA”!
De vuelta con el grupo, los gusanos se prepararon para atacar a Rykaru.
Uno de ellos exclamó: —¡Tonta pelota, no estorbes!
Pero, en ese caso, serás la primera cosa que comeremos.
¡Espero que sepas bien!
Con un rápido movimiento de su enorme cola blanca, uno de los Twinpillar golpeó a Rykaru, lanzándolo hacia una de las paredes con fuerza.
—¡Rykaru!
—gritó Paltio, alarmado por el impacto y lleno de preocupación.
—Bueno, una vez que esa cosa esté fuera, nos podemos alimentar de estos tres —dijo uno de los gusanos, refiriéndose a Paltio, Kilibur y Paris.
—Pero ¿cómo lo hacemos?
¿Lo echamos a la suerte o compartimos mitad y mitad?
—preguntó el gusano de cabello rojo.
—Yo creo que mitad y mitad —respondió el de cabello verde.
—Bien, está decidido —aceptó el de cabello rojo—.
¿Y cuál partimos a la mitad?
—Veamos… Creo que ese niño con orejas de zorro.
Los otros dos se ven normales —indicó el de cabello rojo, señalando a Kilibur.
—Bien, entonces vamos primero por esos dos, y luego el postre será el niño zorro —acordó el de cabello verde con una sonrisa malévola.
—¡Bien!
—exclamaron ambos al unísono, preparándose para atacar.
Se acercaron hacia Paltio y su equipo, pero antes de que pudieran hacerles algo, una luz brillante los golpeó a ambos.
Una voz seria resonó en el lugar: —¡Paren, gusanos tontos!
¡Aún no me han vencido!
Todos miraron hacia la fuente de la voz.
Un animal enorme apareció frente a ellos: era un lobo rojo del tamaño de un puma, erguido sobre dos patas.
Llevaba guantes con púas en los nudillos, un chaleco negro ajustado y una bandana azul que resaltaba contra su pelaje escarlata.
—¡Es tú, pequeño chihuahua!
—exclamó Paris, sorprendida por la transformación de Chiki.
—Así que usaste tu forma FELICA —comentó Golden, asintiendo con aprobación.
—Nada mal —añadió Kilibur, impresionado por la imponente figura del lobo.
—Sí, soy yo —respondió Chiki con una sonrisa feroz mientras lanzaba un potente aullido que resonó por todo el lugar—.
Ahora es mi turno de pelear.
El round 2 empieza…
¡y les gruño!
—Vaya, sí que te ves genial —dijo Paltio, mirando a Chiki con admiración.
—Verdad.
Déjenme a estos tontos gusanos a mí —declaró Chiki con confianza mientras avanzaba hacia los Twinpillar.
Los gusanos, visiblemente sorprendidos, preguntaron: —¿Cómo puedes estar vivo si te molimos a golpes?
—Ahora estoy enojado —respondió el lobo rojo con una voz grave y amenazante.
Sin darles tiempo a reaccionar, corrió hacia ellos y lanzó un rápido golpe directo a sus estómagos.
Uno tras otro, los gusanos sufrieron los devastadores ataques del lobo.
—¡Lluvia de puños!
—gritó Chiki, mientras destellos de energía salían disparados de sus manos, lanzando miles de golpes consecutivos.
Los gusanos salieron volando por el impacto, incapaces de resistir su fuerza.
Mientras tanto, Paltio comenzó a sentirse mejor.
Miró a Kilibur y dijo: —Creo que ya me siento mejor.
—Debo ir por Rykaru —indicó, dirigiéndose hacia donde estaba el pequeño ser.
Golden lo detuvo con un gesto.
—No te esfuerces.
Aún no te has recuperado completamente, por lo que veo.
—Estoy bien, solo voy por él y regreso —insistió Paltio, caminando hacia Rykaru.
Al llegar, se agachó junto al pequeño ser y le preguntó: —¿Estás bien, Rykaru?
Rykaru, triste porque no había podido defender a Paltio, bajó la cabeza, casi al borde de las lágrimas.
Paltio, sin decir una palabra, sacó la esfera del cetro y curó a Rykaru.
—Ves, como nuevo —le dijo con una sonrisa cálida.
Rykaru se alegró al instante y, aunque no tenía brazos, se pegó a Paltio como si lo abrazara, mostrando su gratitud.
En el campo de batalla, Chiki continuaba enfrentando a los gusanos.
Con una voz seria y amenazante, declaró: —¡Tomen esto, tontos gusanos!
Los Twinpillar apenas podían defenderse de los ataques del lobo.
—Este ser es demasiado fuerte… No debimos hacerlo enojar, hermano —dijo el gusano de cabello verde, jadeando por el esfuerzo.
—Sí, hermano —respondió el de cabello rojo, recuperándose lentamente del último ataque—.
¡Un momento!
¡Somos los Twinpillar!
¡Somos los dueños de este lugar!
Enséñele a ese perro quién manda aquí.
Ambos gusanos se miraron con complicidad y, sin decir una palabra, se pusieron de acuerdo.
Con un movimiento coordinado, se lanzaron directamente hacia Chiki.
Alzaron sus puños gigantes, listos para atacar al lobo rojo.
Sin embargo, en lugar de dirigir sus golpes hacia él, engañaron a Chiki: ambos impactaron sus puños con fuerza devastadora contra el suelo.
El impacto provocó que la tierra temblara violentamente, abriéndose bajo ellos como si fuera una boca hambrienta.
Todos comenzaron a caer nuevamente en la oscuridad del abismo.
Los Twinpillar soltaron carcajadas burlonas mientras observaban cómo el grupo desaparecía en el agujero.
—¡Nadie se mete con nosotros y mucho menos en nuestro territorio!
—gritaron al unísono, cruzándose de brazos con arrogancia, mientras el eco de sus risas llenaba el espacio.
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