Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 85

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. La Ultima Esperanza de Avocadolia
  4. Capítulo 85 - 85 Solo Ojos
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

85: Solo Ojos 85: Solo Ojos —¡A no, lo harán de nuevo!

—exclamó Kilibur, quien rápidamente creó una especie de plataforma para sostener al grupo mientras caían.

—Gracias, Kilibur —dijeron Paltio y Paris al unísono, agradecidos por su rápido actuar.

—Buen trabajo, Kilibur —añadió Chiki, antes de saltar desde la plataforma hacia las piedras que caían.

Con precisión letal, comenzó a destruirlas para evitar que causaran más daño a sus amigos.

Luego, con agilidad felina, subió directamente hacia los gusanos gemelos.

Con dos golpes cargados de furia destructora, les dijo: —Este será su fin.

Aunque parecía que había dado un solo golpe, en realidad fueron muchos impactos en milésimas de segundos, cada uno cargado de una energía explosiva demoledora.

Los Twinpillar se desintegraron al instante, aunque antes de desaparecer completamente, uno de ellos logró murmurar: —Maldito lobo… Nunca saldrán de aquí.

Una vez estabilizado el derrumbe y vencidos los supuestos guardianes del túnel, Chiki, aún en su forma de lobo rojo, ayudó a subir a los demás uno por uno por lo que quedaba del camino en el gran túnel.

—Paltio, ¿estás seguro de que estaba por aquí?

—preguntó Golden, mirando a su alrededor con escepticismo.

—Sí, por aquí está —respondió Paltio con seguridad, siguiendo el rastro familiar que sentía dentro de él.

Siguieron caminando durante un par de minutos hasta que llegaron a lo que parecía ser un callejón sin salida.

—Creo que esos gusanos tenían razón… No hay salida de este lugar —comentó Chiki, volviendo a su forma normal con un suspiro resignado.

En ese momento, Paltio sintió algo familiar, como había ocurrido en ocasiones anteriores al encontrar las otras piezas del cetro.

Levantó la mirada y vio un objeto brillante incrustado en el techo.

Supo de inmediato que era la pieza que buscaban.

El muchacho le pidió a Golden que lo elevara con su telequinesis.

Flotando lentamente hacia arriba, tomó el objeto con cuidado y descendió ayudado por el poder de Golden.

Al revisarlo, confirmaron que efectivamente era una de las piezas del cetro, inspeccionada por Golden.

—Qué raro… Normalmente hemos estado recolectando las piezas en orden, pero esta es la pieza de la parte superior.

Es extraño —reflexionó Golden en voz alta.

—Es Zafarax.

Ya veo… Por eso Avocios me dijo que la encontraría.

Esta pieza es importante para poder comunicarte con un dios —explicó Golden después de unos segundos de análisis.

—¿Por qué no la usas?

—sugirió el ser dorado, mirando a Paltio con curiosidad.

—¿Y cómo se utiliza esto?

—preguntó Paltio, examinando la pieza con detenimiento.

—Buena pregunta.

No recuerdo bien, pero… ¿por qué no la tocas con ambas manos?

—sugirió Golden.

Paltio hizo lo que le indicaron, pero nada ocurrió cuando tocó la pieza con ambas manos.

Miró a Kilibur, esperando que el niño zorro tuviera alguna respuesta, pero este también se encogió de hombros, desconcertado.

De repente, la pieza comenzó a emanar una luz intensa, elevándose en el aire y proyectando varias pantallas holográficas en todo el lugar, como si estuvieran en la sala de un cine avanzado.

Las pantallas permanecieron oscuras por unos momentos, hasta que una voz resonó en el espacio.

—Paltio, pudiste encontrar la pieza, mi niño… Y veo que estás acompañado de mis dos guerreros.

En cada pantalla aparecieron unos ojos inmensos que parecían contener el infinito, observando a todos los presentes desde múltiples ángulos.

—Mi señor —dijo Golden, interrumpiendo e inclinándose profundamente dentro de su holograma, mostrando respeto.

Kilibur también hizo una reverencia y un saludo formal hacia su creador, reconociendo su presencia con solemnidad.

—¿Debería hacer algún tipo de reverencia o saludo en específico?

—preguntó Paris, mirando alrededor con cierta incomodidad ante la magnitud de la situación.

—Estás ante la presencia de nuestro creador, quien también es tuyo, así que es tu deber reverenciar.

Deberías hacer una reverencia —respondió Golden a Paris con una voz seria mientras señalaba el protocolo adecuado.

—No, tranquila, no debes hacer nada de eso —intervino Avocios con una voz serena y calmada, apaciguando cualquier tensión en el ambiente.

—Pero, mi señor, ¿por qué solo podemos ver sus ojos?

¿Dónde está su cuerpo?

—preguntó Golden, aún arrodillado, pero con curiosidad evidente en su tono.

—No lo sé, viejo amigo… Por ahora, solo puedo mostrar mis ojos —respondió Avocios con calma, antes de dirigir su atención directamente hacia Golden—.

¡Ah!

Golden, ¿qué haces con ese casco puesto?

No puedo ver tu rostro, viejo amigo.

Golden bajó la cabeza, visiblemente afectado por la pregunta.

—No lo sé, mi señor.

He intentado de todo, incluso usé mi magia más poderosa, pero no puedo quitármelo.

Pensé que usted tendría la respuesta… Además, quería preguntarle por qué estoy atrapado en esta semilla adherida al príncipe Paltio.

Avocios guardó silencio por un momento antes de responder: —¡Ah!

Muchacho, no lo sé con certeza, pero tuve que usar mi poder para salvarte y meterte en esa dimensión.

Una vez que reconstruyan el cetro, podrás salir de ahí.

Sin embargo, parece que hubo un efecto secundario: no solo no puedes quitarte esa armadura, sino que tampoco puedes mostrar tu rostro en público.

—Sí, mi señor… Aunque lo bueno es que, en este lugar, no siento hambre ni sueño —respondió Golden, aunque su tono era melancólico—.

Pero, señor… ¿por qué me abandonó y me desterró a este lugar?

¿Por qué lo hizo?

—preguntó, dejando traslucir tristeza en sus palabras.

Avocios suspiró profundamente antes de responder: —Eso fue por tu propio bien, mi amigo.

Quería protegerlos del caos que se avecinaba y darles una oportunidad a ti y a tus compañeros de sobrevivir.

—Entiendo, mi señor… No dudo de sus acciones, y sé que siempre se preocupa por nosotros, al igual que por todas sus creaciones.

Pero yo quería estar con usted, dispuesto a dar mi vida para protegerlo si fuera necesario —dijo Golden, con un pesar aún más profundo en su voz.

—Lo sé, mi amigo… Eres muy testarudo, por eso te coloqué ahí.

Sabía que ibas a ser tan terco y no querrías irte como los demás.

Envié a Silver a apoyar a Avocadolia, pero parece que llegó demasiado tarde… —comentó Avocios, con un dejo de tristeza en su tono.

—¡Ese mendigo perro rabioso siempre arruina todo!

—exclamó Golden, molesto, refiriéndose a Silver.

—¡Oiga!

No se exprese así de mi amo Silver —interrumpió Chiki, defendiendo a su creador con firmeza.

—Bueno, no tengo mucho tiempo para sus peleas sin sentido —intervino Avocios con firmeza, cortando la discusión antes de que escalara—.

Cuando todo mejore, continuaremos con estos asuntos.

Ahora, déjenme hablar con Paltio.

—Pero, señor… —intentó protestar Golden, deseando respuestas más claras, pero Avocios ya había comenzado a desviar su atención hacia el joven príncipe.

—Vamos, soldado mío —dijo Avocios en un tono serio que resonó por todo el lugar, como si estuviera físicamente presente entre ellos.

—Bien… —respondió Golden con fastidio en su voz, agachando la cabeza mientras se retiraba hacia un rincón de su holograma, comportándose como un niño pequeño haciendo berrinche tras una reprimenda de su padre.

—Paltio, querías respuestas, ¿verdad?

—preguntó Avocios, dirigiendo su voz directamente hacia el joven príncipe, quien sintió cómo las palabras lo envolvían con una presencia casi tangible.

—Sí, señor… Quiero saber por qué no vino a apoyarnos en nuestra hora más oscura y por qué desapareció desde antes.

Además, dijo que metió a Golden en mi semilla, pero… ¿cómo?

Si yo ni siquiera había nacido —respondió Paltio, expresando sus dudas con franqueza, aunque su tono reflejaba respeto hacia el creador.

—Bien… Creo que mereces saber la verdad, muchacho —respondió Avocios con calma, preparándose para revelar lo que hasta ahora había permanecido oculto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo