La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 86
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86: Revelaciones (1) 86: Revelaciones (1) —Bueno, para empezar, debo contarles mi historia —comenzó Avocios con una voz profunda y serena, como si estuviera revelando un secreto ancestral que había guardado durante eones—.
Hace muchos millones de años luz, antes de que el universo existiera como tal, mis hermanos y yo, seres omnipotentes, despertamos de un letargo en el que nos encontrábamos.
Al abrir los ojos, todo era oscuridad perpetua, un vacío infinito sin forma ni propósito.
Fue entonces cuando a mí primer hermano se le ocurrió dar vida y crear un universo lleno de estrellas.
A otro de mis hermanos le inspiró la idea de formar planetas, vastos y diversos.
El tercero optó por dotar a esos planetas de elementos esenciales: plantas, tierra, agua y fuego.
El cuarto, fascinado por las posibilidades, sugirió crear formas de vida.
Y a mi otorgarle libre albedrío a todo ser viviente para solos pudieran hacer sus propias cosas sin depender mucho de nosotros.
Cada uno de nosotros recibió un espacio diferente del universo para crear lo que deseáramos.
Así, nos repartimos el cosmos, siendo conocidos como los seres infinitos.
Sin embargo, nuestro quinto y último hermano, al observar cómo evolucionaban las diversas formas de vida, decidió imponer reglas y orden para evitar el caos.
Creó un ser poderoso llamado “RULER”, cuya función era controlar y velar por la equidad de los mundos.
Pero… —Avocios hizo una pausa, su tono ahora más sombrío— lamentablemente, mi hermano no contaba con que este ser se corrompería, desarrollando su propia voluntad y adoptando ideas erróneas que retorcieron todo, manchando el universo con oscuridad.
Poco a poco, este ser avanzó, conquistando mundos enteros.
Los seis tuvimos que intervenir para limpiar la oscuridad del universo.
Este ser se había vuelto inmensamente poderoso, incluso para los seis juntos.
Finalmente, logramos derrotarlo… o eso pensábamos.
Pero, como bien saben, la energía no puede destruirse; solo se transforma.
Nunca supe cómo mi hermano lo construyó ni cómo le otorgó tanto poder… un error craso.
Arrepentido de lo que había hecho, mi hermano decidió marcharse de este universo, condenándose a sí mismo al exilio.
No lo detuvimos, pues comprendimos que él ya se había castigado internamente por su error.
Se llevó consigo los restos de la materia oscura.
Así, el universo fue dividido entre los restantes.
Pero… —continuó Avocios, su voz cargada de pesar— para nuestra desgracia, un pequeño fragmento de ese ser logró escapar y echar raíces, enquistándose en tu planeta, Paltio.
Yo no lo había previsto.
Aunque creé a mis guardianes para ayudarme a proteger y velar por mi parte del universo, esta vez les di conciencia, permitiéndoles comprender todo lo que habíamos aprendido en nuestro viaje por el vasto cosmos.
Sin embargo, poco a poco, como una enfermedad silenciosa, lo que quedó de esa maldad comenzó a contaminar tu mundo, corrompiendo a los seres que habitan este reino hasta convertirlo en lo que ves ahora.
—¿Te refieres a Urugas?
—preguntó Paltio, con una mezcla de seriedad y preocupación en su voz.
—Sí… Urugas es posiblemente una manifestación de aquel ser —respondió Avocios, su tono cargado de pesar y tristeza—.
Lo siento, Paltio… Lamento que tengas que pasar por todas estas atrocidades.
—No sabía nada de eso —dijeron Golden y Kilibur al unísono, ambos impresionados por la revelación.
—Qué historia tan fascinante —comentó Paris, mirando hacia las pantallas holográficas con asombro.
Paltio permaneció en silencio durante unos instantes, procesando todo lo que había escuchado.
Finalmente, respondió: —Hiciste lo que pudiste, Avocios… Lamento no ser tan fuerte como para poder apoyarte.
—Vaya, niño… No esperaba esa respuesta y que aún quieras ayudarme después de todo lo que te conté —dijo Avocios, sorprendido por la determinación del joven príncipe.
—Sí, señor… Te apoyaré y salvaré a mi pueblo, digo, a los reinos, no solo a los reinos al planeta entero de la sombra —afirmó Paltio con firmeza, levantando la voz para dejar claro su compromiso.
—Así es, Paltio, señor —intervino Golden, uniéndose al propósito del grupo.
—Es verdad… Conozco poco de ti, pero ya has demostrado ser alguien que pone su vida en riesgo sin dudarlo, aunque parece algo arriesgado para alguien tan joven —añadió Paris, observando a Paltio con admiración.
El joven príncipe reflexionó por un momento antes de formular otra pregunta: —Y ahora… ¿por qué no puedes ayudarnos?
Avocios guardó silencio por un instante antes de responder: —Ya veo, niño… Si, esa pregunta es importante.
El día en que fuimos invadidos por las sombras, parece que el ente oscuro había adquirido conocimientos y formas de cómo capturar a un “dios”, como ustedes me dicen.
Yo les di a tu pueblo mis tesoros y mi cetro mágico, el arma más poderosa de mi lado del universo, creada a partir de una parte de mi corazón y mi mente, literalmente hablando, muchacho.
Pensé delegarles eso para que fueran capaces de defenderse ante cualquier adversidad.
Es por eso que tú y todos tus antepasados son dorados, emanando mi propio poder, a diferencia de los demás avocados y seres de este planeta.
—Eso quiere decir… ¿qué fuiste capturado, mi señor?
—preguntó Golden, su voz quebrándose ligeramente.
Aunque su rostro estaba oculto bajo el casco, era evidente que estaba al borde de las lágrimas—.
¿Dónde estás?
¿Podemos ir en tu rescate y liberarte?
—No, no puedes, Golden… Está demasiado protegido.
Es prácticamente el corazón mismo de la sombra.
Ni siquiera yo sé dónde estoy ni puedo escapar.
Por eso solo puedo comunicarme así con ustedes.
El cetro es lo único que queda de mi poder.
La única posibilidad es que Paltio aprenda a usar tú poder para que pueda manejar el poder del cetro.
Amigo mío, debes terminar su entrenamiento.
La única esperanza para vencer a la sombra yace en el muchacho, junto con el cetro completo —explicó Avocios con gravedad.
—¿Por qué es tan importante eso, señor?
No entiendo… —preguntó Golden, casi suplicando, mientras su voz se quebraba aún más.
—Solo hazlo por mí, sí —indicó Avocios con suavidad, tratando de calmar la angustia de su antiguo soldado.
—Bien… Si es una orden de mi creador, lo haré sin dudarlo —respondió Golden, enderezándose con determinación renovada, aunque su tristeza seguía palpable.
Luego de un rato, Avocios se mantuvo en silencio.
Golden estaba a punto de hacerle otra pregunta cuando, de repente, todos los presentes en el lugar se inmovilizaron, excepto Paltio.
Los ojos de Avocios se encontraron con los de Paltio, proyectando un infinito abrumador que envolvió al joven príncipe en un trance profundo.
En ese estado, nadie más podía escuchar lo que estaban a punto de decirse.
—Bien, Paltio… Te he traído a este lugar astral, un espacio donde ni Golden, que reside en ti, ni siquiera tu Domadoin pueden intervenir —explicó Avocios con una voz serena pero cargada de autoridad—.
—Dime, Avocios… ¿Tú sabes qué es Rykaru?
—preguntó Paltio, con una mezcla de curiosidad y urgencia en su voz, mientras el trance lo mantenía inmóvil pero atento.
Avocios guardó silencio por un breve instante, como si midiera sus palabras antes de responder.
Luego, con una calma profunda pero cargada de certeza, dijo: —Sí, muchacho… Yo lo sé todo.
Fui yo quien lo puso en tu camino.
Incluso guie a los comerciantes para que se cruzaran contigo y pudieras obtenerlo —respondió Avocios, revelando su intervención en los eventos pasados—.
Si logras comprender su verdadero poder, Rykaru será un aliado valioso en el futuro combate que te espera… siempre y cuando decidas continuar con esta enorme misión que tienes ante ti.
Avocios hizo una pausa breve antes de continuar: —Bueno, ahora voy al motivo principal de esta conversación, muchacho… Me preguntaste por qué incrusté a Golden en ti si la batalla contra las sombras ocurrió hace mucho tiempo, incluso antes de que tú nacieras.
Pues bien…
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