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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 93

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  4. Capítulo 93 - 93 Un Guerrero Olvidado
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93: Un Guerrero Olvidado 93: Un Guerrero Olvidado El muchacho, el más joven del grupo de los ajíes, se acercó directamente hacia Lucca con el cuchillo en mano.

Mok estaba a punto de intervenir, pero todos se quedaron atónitos al ver cómo el viejo Lucca desviaba el ataque con una rapidez sorprendente y, sin titubear, le propinaba un bofetón que lanzó al sujeto por los aires.

Lucca, apoyándose en su pie bueno, dio un gran brinco —como si fuera un canguro— directamente hacia los otros individuos, que permanecieron paralizados ante la escena.

Con un movimiento ágil, aterrizó en el centro de los cuatro sujetos y, con un gesto rápido, recuperó su bastón.

Al obtener su bastón, Lucca parecía otro hombre.

Los cuatro sujetos salieron de su trance, y uno de ellos —el líder— gritó: “¡A por él, muchachos!” Con calma, Lucca presionó un mecanismo oculto en su bastón, que de inmediato creció en longitud y se ancló al suelo como una estaca.

Aprovechando esta ventaja, comenzó a girar sobre el bastón, utilizando su pierna buena para dar puntapiés precisos a cada uno de los que intentaban acercarse.

Rápidamente, desancló el bastón del suelo y, con una agilidad asombrosa, lo extendió para arremeter contra los hombres, golpeándolos uno por uno hasta dejarlos fuera de combate.

“Vaya…

Ya no hacen a los jóvenes como antes”, comentó Lucca con una sonrisa satisfecha, usando su bastón para equilibrarse mientras observaba a sus oponentes caídos.

“Es usted un gran guerrero”, dijo Mok, impresionado por la destreza con la que el anciano había enfrentado a sus adversarios.

“Nada mal, ¿eh?

Pero ya no estoy al 100 por ciento como en mis años dorados”, respondió Lucca con modestia, acercándose lentamente hacia Mok.

Mok procedió a amarrar a los jóvenes vándalos, quienes, al despertar, se mostraron arrepentidos.

Uno de ellos balbuceó: “Por favor, no nos haga daño.

Prometemos que no volveremos a hacer nada malo si nos deja ir”.

Lucca los miró con una expresión severa pero comprensiva.

“Más les vale, o la próxima vez les daré otra tunda”, advirtió, señalándolos con su bastón.

Los jóvenes, al ser liberados, salieron corriendo despavoridos, dejando tras ellos una nube de polvo.

“Cobardes”, murmuró Lucca, aunque su tono era más divertido que enfadado.

Volviéndose hacia Mok, Lucca le agradeció sinceramente: “Te lo agradezco, muchacho.

Sin tu ayuda, no hubiera podido recuperar mi bastón.

Bueno, es hora de que regreses con tu joven señor.

Y, bueno, si puedes dejarme en el camino, estaría bien.

No quiero ser una carga”.

“No se preocupe, señor Lucca.

Un gran guerrero como usted es digno de toda mi admiración”, respondió Mok con respeto.

Sin más palabras, ambos regresaron al carruaje.

Al llegar, encontraron a Paltio y Lukeandria despiertos, quienes se habían preocupado al no ver a Mok.

El mayordomo procedió a presentarles a Lucca, explicándoles lo hábil que era y relatando brevemente la aventura que habían vivido.

“¡Qué genial!”, exclamó Paltio con entusiasmo, mientras Rykaru asentía con admiración.

“Y esa cosa… ¿qué es?”, preguntó Lucca, señalando a Rykaru con curiosidad.

“Es mi Domadoin, y también un amigo”, explicó Paltio con una sonrisa orgullosa.

“Él es mi papi”, añadió Rykaru, moviendo las orejas con alegría.

“Vaya, veo que está muy ligado a ti, joven Paltio”, comentó Lucca, impresionado por la conexión entre el pequeño ser blanco y el príncipe.

“Señorito, ¿usted cree que pueda curar su pierna con la esfera?”, interrumpió Mok, susurrando discretamente al oído de Paltio.

Sin pensarlo dos veces, Paltio sacó la esfera y la colocó sobre la pierna de Lucca.

El anciano sintió cómo una cálida energía fluía a través de él, y poco a poco, su pierna comenzó a funcionar como si nunca hubiera estado dañada.

“¡Vaya, muchacho, gracias!

No sentía mis piernas tan fuertes desde hace años, cuando una batalla me dejó así”, exclamó Lucca, probando su nueva movilidad con pasos lentos pero firmes.

“Entonces ya no necesitará ese bastón”, comentó Lukeandria, observando el objeto con curiosidad.

“¡No, jovencita!

Este es mi arma, y es muy potente.

No lo dejaría por nada”, respondió Lucca con orgullo, acariciando el bastón como si fuera un tesoro invaluable.

“Bien, puede venir con nosotros en nuestro viaje, señor, o hasta donde necesite ir”, ofreció Paltio con amabilidad.

“Ya que lo dices, muchacho, puedo guiarlos por un camino más rápido que los llevará en solo tres días a Reedalia.

Ahora que me acuerdo, tengo unos asuntos pendientes por allá”, dijo Lucca con una sonrisa astuta.

“¿Y usted, señor, es un sobreviviente de las Guerras de Brocoladia?”, preguntó Lukeandria, inclinándose hacia adelante con interés.

“¡Vaya!

No pensé que alguien tan joven conociera de esas guerras antiguas”, respondió Lucca, visiblemente sorprendido.

“Bueno, mi padre me instruyó en toda clase de historias de guerra, al igual que mi madre.

Me contaron sobre las grandes guerras antiguas, donde una gran raza como la suya se enfrentó al enorme León Demonio de las Montañas”, explicó Lukeandria con una mezcla de admiración y respeto.

“¡Vaya, señorita!

Qué bueno que sepa de esas guerras.

Creo que nos vamos a llevar bien durante este viaje”, dijo Lucca con una sonrisa cálida.

“¿Y qué son esas guerras?”, preguntó Paltio, mirando a Lukeandria con curiosidad.

“¿Qué no les enseñan nada de historia en sus escuelas o qué?”, replicó Lukeandria, cruzándose de brazos con una expresión burlona.

“Bueno, como sabe, el príncipe siempre está pensando en otras cosas y no presta atención en clase”, intervino Mok con una leve sonrisa.

“Mok, mejor no me ayudes”, murmuró Paltio, lanzándole una mirada de reproche al mayordomo.

“Bien, típico de Paltio”, concluyó Lukeandria con una risita.

“Bien, señor Paltio, le puedo contar sobre las Guerras de Brocoladia si usted gusta”, ofreció Lucca, ajustándose el sombrero que consigo con aire nostálgico.

“¡Claro!

Me encantaría oírlas”, respondió Paltio con entusiasmo.

Así, aceptaron al viejo guerrero en su viaje.

Regresaron al vehículo y avanzaron mientras Lucca comenzaba a narrarles a Paltio y al grupo las historias de aquellas épicas batallas.

“Pues verá, señorito, básicamente somos una raza de guerreros que fuimos entrenados por un gran ser que nos apoyó con artefactos como este bastón que tengo.

Por eso no puedo desligarme de esta arma.

Esta arma y yo tenemos historia juntos; con ella pudimos vencer al Gran León Demonio y sus fuerzas, después de muchas batallas y años de peleas.

Pedimos apoyo divino, y un ser al que se hizo llamar Serlet nos ayudó, regalándonos armas para el combate.

Desde entonces, hemos sido fervientes seguidores de Serlet”.

“¿Quién es Serlet?”, preguntaron todos al unísono, intrigados por la mención del misterioso ser.

“Bien, no lo conocemos mucho.

Solo fue una luz morada que bajó del cielo y nos habló, obsequiándonos estas cosas”, explicó Lucca, señalando su bastón con reverencia.

“Una vez, al enfrentarme al León Demonio —una enorme bestia que medía casi como cuatro pisos de alto—, logré salir victorioso, pero a qué precio… Me clavó una de sus garras en la pierna”, narró Lucca, señalando su pierna recién curada con un gesto reflexivo.

“Gracias a usted, joven príncipe, puedo caminar de nuevo”.

Hizo una pausa breve, como si reviviera aquel momento en su mente.

“No me rendí.

Logré vencerlo, arrebatándole la vida y vengando las muertes que causó entre muchos de nuestros guerreros”.

“Vaya…

Usted sí que es alguien fuerte.

Es una lástima que ya nadie recuerde su historia”, comentó Paltio con admiración sincera.

“Bueno, mientras yo sepa lo que hice y lo que pasó con eso, me basta, joven príncipe”, respondió Lucca con humildad, encogiéndose de hombros.

“¡Qué modesto es usted, señor Lucca!

Esta historia fue fascinante”, exclamó Lukeandria, emocionada por el relato lleno de heroísmo y sacrificio.

“Gracias, niña.

Tengo otras historias más si quieren saberlas, pero creo que deben entrenar para lo que se viene”, dijo Lucca, mirando a los jóvenes con una sonrisa sabia.

“Tiene razón”, asintió Mok.

“Bien, los estaremos cuidando mientras hacen eso”.

Sin más palabras, Paltio y Lukeandria regresaron a sus respectivos planos mentales para continuar con su entrenamiento, dejando a Lucca y Mok en el carruaje con dirección al último reino.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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