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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 96

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96: ¿Ya Llegamos?

96: ¿Ya Llegamos?

“Oiga, abuelo de Paltio”, comenzó Ron mientras caminaban en fila junto con otras personas que habían sido rescatadas de Pinkertalia, “este lugar es demasiado caluroso.

A pesar de que no hay sol por culpa de Tejod, el clima sigue siendo caliente y pesado”.

Se detuvo un momento para secarse el sudor de la frente con el dorso de la mano.

Rodelos, quien lideraba el grupo con paso firme, giró ligeramente la cabeza hacia Ron.

Una sonrisa apenas perceptible cruzó su rostro.

“Vaya, muchacho, siempre pensé que eras el más fuerte.

Pero veo que te estás comportando como una Trishap”.

Ron frunció el ceño, ofendido.

“¿Una Trishap?

¡No soy como eso!

¡Soy fuerte!” exclamó, levantando la mirada con determinación.

Sin embargo, sus palabras resonaron más como una defensa de su orgullo que como una declaración de confianza.

Volvió a caminar, apretando los dientes mientras guardaba sus pensamientos para sí mismo.

“Una Trishap es un animal con cabeza de gallina y cuerpo de mono”, explicó Alita, dirigiéndose a Chip con una sonrisa divertida.

“Son criaturas muy miedosas”.

“Ya veo”, respondió Chip, dejando escapar una risita al imaginarse a Ron comparado con tal criatura.

“Y cuénteme, Chip, ¿cómo nos salvaron?” preguntó Alita, cambiando de tema para distraerse del calor opresivo.

Chip tragó saliva antes de responder, lanzando una rápida mirada por encima de su hombro para asegurarse de que Rodelos no estuviera escuchando directamente.

La sombra del anciano se proyectaba larga sobre el suelo, recordándole lo intimidante que podía ser si no se dirigía a él correctamente.

“Bien, verán…

el señor Rodelos —digo, Rodelos— me encontró cuando estaba herido”, comenzó Chip, corrigiéndose rápidamente.

“Me curó y le comenté que tenía explosivos colocados estratégicamente por la ciudad.

Cuando vimos que estaban capturando a unos muchachos, él decidió intervenir para salvar a los prisioneros de la torre prisión”.

Hizo una pausa, recordando los eventos con admiración.

“Rodelos es increíblemente poderoso.

Una vez que destruyó el techo de la prisión aplasto a un doctor, para después enfrentarse a muchos guardias, acabando con ellos sin esfuerzo.

Luego hizo explotar el lugar con mis explosivos, pero no sin antes asegurarse de salvarlos a ustedes y llevarse al tonto que está al fondo de la fila”, dijo, señalando a Zor con un gesto discreto.

“Vaya, esa es una gran historia”, comentó Alita, impresionada.

“Sí, así es”, respondió Chip con una sonrisa melancólica.

“Me demoré mucho en sanar; todavía me duele haber perdido el brazo, pero al menos sigo vivo”.

“Y cuéntame, ¿cómo conocieron a Paris?” preguntó Chip, ansioso por saber más sobre los viajes de los jóvenes.

Alita le relató cómo la habían salvado y mencionó la ayuda de Lukeandria.

“¡Ah!

Ya veo, ella también estaba allí.

Interesante”, reflexionó Chip, asintiendo lentamente.

Chip y Alita congeniaron rápidamente, compartiendo historias mientras avanzaban bajo el calor sofocante.

A pesar de tener solo 16 años, Chip demostraba una habilidad excepcional con los explosivos, gracias a las enseñanzas de su padre.

Era evidente que ambos jóvenes tenían mucho en común.

Mientras tanto, Ron parecía desplomarse poco a poco, luchando contra el agotamiento.

Rodelos caminaba cerca de él, observando con atención, pero sin decir palabra.

“Y tus amigos, ¿son de confiar?” preguntó Alita, volviendo al tema de la resistencia.

“Claro que sí.

Yo daría la vida por ellos, y ellos harían lo mismo por mí”, respondió Chip con convicción.

“Pero te abandonaron a ti y a Paris”, señaló Alita, arqueando una ceja.

“Sí, pero fue porque yo les dije que lo hicieran”, explicó Chip.

“Además, siempre está primero nuestra misión antes que los sentimientos.

Nuestra misión es acabar con las Sombras”.

“Bueno, creo que tienes razón”, dijo Alita, aunque su tono aún reflejaba ciertas dudas.

“Faltan unas cuantas horas y llegaremos”, anunció Chip después de un largo día de caminata bajo el calor sofocante.

Su voz sonaba cansada pero optimista.

“¡Ay!”, exclamó Ron, dejándose caer al suelo con dramatismo al escuchar las palabras de Chip.

“No puedo más”.

Alita no pudo evitar sonreír al ver a Ron haciendo berrinche como un niño pequeño.

“Vamos, Ron, no seas exagerado”, dijo mientras lo ayudaba a levantarse.

“Ya casi llegamos”.

Mientras tanto, en la base de la resistencia, Paris estaba sentada en una silla, con los codos apoyados sobre la mesa y la cabeza entre las manos.

La frustración era evidente en su rostro.

No podían salir del recinto sin la autorización de su líder, y eso comenzaba a generar tensiones dentro del grupo.

“Entonces, ¿ahora somos prisioneros de tus amigos?” preguntó Chiki, con tono molesto y sarcástico.

“No, tranquilo, muchacho.

Al menos aquí hay comida”, respondió Nakia, tratando de calmar los ánimos.

“O sea, ¿que no llegaron a nada?” intervino Kilibur, el niño zorro, con expresión fastidiada mientras cruzaba los brazos.

Sus orejas puntiagudas se movieron ligeramente hacia atrás, señal de su irritación.

“Entonces será mejor que los busquemos por nuestra cuenta”.

“Sí”, coincidieron el ave y el perro que acompañaban a Kilibur, mostrando su apoyo inmediato.

“¿Qué pasa?” preguntó Kilibur al notar la expresión preocupada de Paris.

Su voz era firme, pero también curiosa.

“Habla ya, muchacha.

No tengo paciencia”, presionó Chiki, impaciente por una respuesta.

Paris respiró hondo antes de hablar.

“El jefe no quiere que salgas, Kilibur.

Dice que podrías ser algo importante para la resistencia…

Algo así como un recurso valioso”.

Hizo una pausa, buscando las palabras adecuadas.

“Quiere estudiar tus poderes para entender cómo funcionan”.

“¿O sea que me quieren como conejillo de indias?” replicó Kilibur, levantándose de golpe con los ojos llenos de furia.

“Escapé de un lugar donde me tenían como prisionero y usaban mis poderes sin mi consentimiento, ¡y ahora encuentro otro sitio que intenta hacer lo mismo!

Soy un niño zorro, no una rata de laboratorio”.

Paris bajó la mirada, sintiendo el peso de la situación.

Sabía que Kilibur tenía razón, pero también entendía la desesperación de la resistencia.

“Lo sé, señor Kilibur, y lo siento mucho”, dijo con sinceridad.

“Pero entiende que no te dejarán salir de aquí fácilmente.

Estamos siendo vigilados”.

Su voz se suavizó al continuar: “No quiero que te veas encerrado ni usado como un objeto.

Durante el tiempo que hemos convivido, te he tomado cariño.

Esto no nos hace mejores que las Sombras Moradas.

Pero…

son tiempos desesperados.

Necesitamos medidas desesperadas”.

Kilibur la miró fijamente, sus ojos dorados reflejando una mezcla de ira y comprensión.

“Lo entiendo, Paris.

Y sé que has perdido muchas vidas luchando contra ellos.

Muchos han dado todo por esta causa”.

Se detuvo un momento, pensativo.

“Estoy dispuesto a ayudarles, pero solo si lo hago por mi propia voluntad.

No quiero ser tratado como un simple objeto”.

Chiki, no podía permanecer callado ante esto.

“¡Ni hablar!” gruñó, dando un paso al frente.

“No permitiré que uno de los guardianes sea prisionero nuevamente.

Si tienen que usar la fuerza para sacarlo de aquí, lo haré yo mismo”.

Su postura era amenazante, con los dientes al descubierto y los músculos tensos.

El ambiente se volvió tenso.

Las voces comenzaron a elevarse, casi gritando, mientras cada uno defendía su punto de vista.

Chiki quería destruir la puerta y enfrentarse a los guardias para liberar a Kilibur y buscar a Ron y Alita por su cuenta.

El caos reinaba en el cuarto, y el volumen de las discusiones aumentaba rápidamente.

“¡Cálmense!” exclamó Nakia, levantando las alas para intentar restaurar el orden.

Su voz, aunque fuerte, tenía un tono tranquilizador.

“El ambiente está demasiado tenso.

Discutir no nos llevará a ninguna parte”.

De pronto, la pelea que tenían en la sala fue interrumpido por una alarma estridente.

Una voz femenina resonó por los altavoces, clara y urgente: “Alerta, alerta.

Enemigos acercándose a la base.

Todos a sus puestos de combate”.

“¿Puestos de combate?” Paris se llevó una mano a la frente, desconcertada.

Su voz reflejaba incredulidad.

“Pero…

si nadie conoce este lugar.

¿Cómo es posible que nos hayan encontrado?” La sorpresa en su rostro era evidente, pero no duró mucho.

Chiki, siempre impulsivo y listo para la acción, sonrió con una mezcla de satisfacción y determinación.

“Perfecto”, gruñó mientras chocaba sus patas delanteras con entusiasmo.

“Esto lo podemos aprovechar para escapar y patear algunos traseros en el camino”.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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