La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 97
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97: ¿Una Riña?
97: ¿Una Riña?
“¡Peligro inminente!
¡Nos atacan!
¡Todos a sus puestos de combate!
¡Peligro, peligro!”, resonó una voz al interior de la base.
Un soldado con un traje de guerra medio incompleto corrió hacia su líder, portando el mensaje de alarma.
“Señor ‘X’, nos atacan”, informó con urgencia.
“Gracias, soldado”, respondió el líder con calma, pero sus ojos reflejaban preocupación.
Sin perder tiempo, dio órdenes precisas: “Gikel, Ludra, vayan al apoyo”.
Ambos intercambiaron una mirada rápida antes de salir disparados hacia el campo de batalla.
“Karpi, tú vienes conmigo.
Vamos a ver qué armamento podemos usar contra el enemigo”, indicó ‘X’.
“¡Sí, señor!”, respondió Karpi, siguiéndolo de cerca mientras ambos se dirigían hacia el arsenal.
Afuera, el caos ya había estallado.
Los soldados de la resistencia lanzaban flechas desde las alturas, dirigiéndolas hacia Rodelos, quien cargaba un escudo gigante para proteger a sus acompañantes.
Ron, con su armadura puesta, cubría a Alita mientras esta lanzaba ataques mágicos desde detrás de él.
“¿No dijiste que nos recibirían con los brazos abiertos?” preguntó Ron, sarcástico, mientras bloqueaba otra flecha con su brazo blindado.
“Sí, eso pensé”, respondió Chip con un tono nervioso.
“Pero a veces estos muchachos se dejan llevar…
Además, Rodelos tampoco ayuda mucho”.
Momentos antes…
“Intrusos, identifíquense”, ordenó uno de los encapuchados, con arcos preparados para atacar, mientras salía de detrás de unas rocas.
“Hola, soy yo, Chip, el tomate.
¿No se acuerdan de mí?
He venido a ver a mi líder ‘X'”, dijo Chip, levantando la mano en señal de paz.
“Chip el tomate murió en una misión.
Tú debes ser un impostor”, respondió uno de los arqueros, tensando aún más su arco.
“¡Soy yo, de verdad!
Mira, ¿no ves que soy un tomate?
¿No sabes que ya no hay muchos de mi especie?”, insistió Chip, tratando de convencerlos.
“No te pareces.
Estás medio raro…
Pareces un tomate podrido”, replicó otro soldado con desconfianza.
“¡Ay!”, murmuró Chip para sí mismo, frustrado.
“No me reconocen por estas vendas y cómo estoy ahora…
¡Qué difícil es todo esto!” En ese momento, una flecha se deslizó accidentalmente de uno de los arcos y voló directamente hacia Chip.
Pero antes de que pudiera impactar, Rodelos saltó desde el final de la fila y cortó la flecha en el aire con una rapidez impresionante.
“¡Oigan, necios!
Necesitamos hablar con su líder.
¿No se dan cuenta de que es Chip, el tomate?” gritó el anciano avocado con una voz tan fuerte y autoritaria que resonó en el valle.
Sin embargo, para los encapuchados, aquel acto fue interpretado como una amenaza.
Temiendo un ataque sorpresa, comenzaron a lanzar más flechas sin piedad.
Rodelos, sin inmutarse, sacó rápidamente su escudo de la espalda.
Era un gran escudo azul en forma de ‘V’, lo suficientemente grande como para proteger a Chip y a los demás de cada proyectil que llegaba.
Luego, con una calma escalofriante, les indicó a los que venían con él que se cubrieran, mientras él se preparaba para entrar en combate.
“Parece que estos muchachos no entienden a las buenas”, comentó Rodelos, dirigiéndose a Chip.
“Señor…
digo Rodelos”, comenzó Chip, pero al ver el rostro resuelto de Rodelos, tragó saliva y añadió rápidamente: “Por favor, trate de no matarlos”.
“Bien”, respondió Rodelos con un leve asentimiento.
“Igual no tenía intención de hacerlo”.
Y así fue como todo comenzó.
Alita, desde su posición, bloqueaba las flechas que venían de otros flancos con una pared de fuego que brotaba de sus manos.
Las llamas iluminaban el campo de batalla, creando sombras danzantes sobre el terreno.
“Sí, ya lo sé”, dijo Ron, mientras cubría otro de los flancos con su armadura puesta.
Su voz sonaba cansada, pero determinada.
“Esto no iba a ser fácil”.
Rodelos se lanzó hacia adelante con una velocidad sorprendente para su tamaño y golpeó una de las rocas con su escudo, haciéndola estallar en pedazos.
Los soldados que se escondían detrás salieron despedidos por el impacto, mientras otros desenvainaban sus espadas y corrían hacia él, decididos a detener al intruso.
Pero Rodelos no era un adversario fácil.
Con un solo puño, logró noquear a varios en cuestión de segundos, dejando a los demás atónitos y temerosos.
“¡Es un monstruo!” gritó uno de los soldados, quien, presa del pánico, salió despavorido hacia la base para informar a su líder sobre la situación.
El soldado llegó jadeando, con el rostro pálido y sudoroso.
Entró corriendo al centro de mando donde ‘X’ y Karpi estaban revisando armamento.
“Señor, ¡un enorme sujeto está atacándonos con una fuerza descomunal!
¡Parece un monstruo!”, informó, tratando de recuperar el aliento.
‘X’ frunció el ceño, visiblemente preocupado.
“¿Un monstruo?
preguntó rápidamente.
El soldado negó con la cabeza, aún tembloroso por la conmoción.
“No, señor…
Estaba demasiado asustado para preguntar más detalles”.
Este soldado se olvidó de decir que había alguien llamado Chip.
Mientras tanto, afuera, el combate seguía desarrollándose con ferocidad.
Rodelos continuaba avanzando, imparable.
Ludra y Gikel, enviados como refuerzos, se dirigían hacia el campo de batalla.
Caminaban juntos, discutiendo la situación.
“¿Cómo alguien pudo encontrar nuestra base?” preguntó Ludra, mirando a Gikel con incredulidad.
“Esto no tiene sentido”.
“No lo sé, pero parece que ese ‘monstruo’ no vino solo”, respondió Gikel, mirando a un gran grupo de personas con este.
Rodelos, por su parte, no parecía preocupado por la llegada de nuevos oponentes.
Chip miró a los soldados caídos a su alrededor y se volvió hacia Rodelos con una mirada de molestia.
“Te dije que los trataras con cuidado, ¿no?
Mira a estos pobres muchachos, ya los dejaste muy molidos”, comentó el joven tomate.
Lo siento, pero no los he matado solo los he noqueado dijo Rodelos, aunque su tono no sonaba del todo arrepentido.
En ese momento, Rodelos sintió una presencia acercándose rápidamente.
Sin pensarlo, levantó su escudo justo a tiempo para bloquear una patada poderosa que venía directamente hacia él.
La fuerza del impacto resonó en el aire, pero Rodelos ni siquiera retrocedió.
“Nada mal…
Sí que es fuerte”, murmuró Ludra, quien había saltado ágilmente para atacar al abuelo de Paltio sin ser detectada.
Su voz era calmada, pero sus ojos brillaban con determinación.
“Vaya, sí que es grande”, añadió, evaluando a su oponente.
Detrás de ella, Gikel apareció caminando con paso firme.
Era casi tan alto como Rodelos, aunque un poco más robusto.
Sus músculos tensos y su postura intimidante lo hacían parecer un verdadero coloso.
“Yo me encargo desde aquí”, dijo Gikel con una voz grave, antes de lanzar un puñetazo directo al escudo de Rodelos.
El impacto dejó una abolladura profunda en el metal, pero Rodelos permaneció inmóvil.
“Es todo tuyo”, respondió Ludra, reconociendo la determinación en los ojos de Gikel.
Ella retrocedió unos pasos, dejando que su compañero tomara el control de la situación, mientras ella se ocupaba de los otros soldados que aún luchaban.
“Vaya, un oponente fuerte”, comentó Rodelos, observando a Gikel con admiración.
Decidió anclar su escudo en el suelo, asegurándolo firmemente para soportar cualquier ataque futuro.
“Venga, pelearemos cuerpo a cuerpo”, dijo con una sonrisa desafiante.
Gikel no necesitó más invitación.
Se lanzó hacia adelante con una fuerza descomunal, sus puños golpeando el aire con la potencia de un rinoceronte en plena carga.
Cada ataque era brutal, pero Rodelos los esquivaba con una agilidad sorprendente para alguien de su tamaño.
“Nada mal, muchacho”, comentó Rodelos mientras evadía otro golpe.
Luego, aprovechando un descuido de Gikel, lanzó un puñetazo directo hacia su pecho.
Gikel apenas tuvo tiempo de cubrirse con los brazos, pero el impacto fue suficiente para hacerlo retroceder varios pasos.
“Eso es todo”, dijo Rodelos, riendo entre dientes mientras observaba a su oponente recuperar el equilibrio.
A pesar de la fuerza de Gikel, estaba claro que Rodelos tenía experiencia y habilidades superiores.
Gikel miró a Rodelos con seriedad, molesto por el tono burlón en su voz.
Con un gruñido, cargó hacia adelante, decidido a derribar al anciano avocado con un poderoso tacleo.
Sin embargo, Rodelos lo detuvo con ambas manos, aunque no sin dificultad.
“Vaya, este jengibre es fuerte…
No hay duda de eso”, pensó Rodelos mientras sentía la presión de los músculos de Gikel contra sus brazos.
“Pero te falta algo más que fuerza bruta”, dijo Rodelos con una sonrisa desafiante.
“No por nada fui rey”.
Con un giro rápido y preciso, levantó a Gikel del suelo y lo lanzó por los aires como si fuera un saco de piedras.
El gigante cayó pesadamente a varios metros de distancia, levantando una nube de polvo al impactar.
Entre tanto, Ludra se enfrentaba a Ron.
Su agilidad y fuerza eran impresionantes, y cada uno de sus movimientos demostraba años de entrenamiento.
“Oigan, niño”, dijo Ludra con una sonrisa socarrona mientras observaba la armadura de Ron.
“¿Crees que esa armadura puede detener esta patada?” Sin darle tiempo a responder, lanzó una patada devastadora que impactó directamente en el pecho de Ron.
El golpe fue tan fuerte que parte de la armadura de Ron se rompió con un crujido metálico.
Aunque estaba protegido, el impacto lo dejó sin aliento.
“Es muy fuerte…
Si no hubiera tenido esta armadura, me habría matado”, pensó Ron, sintiendo cómo el miedo se apoderaba de él por dentro.
“¡Ron, cuidado!” gritó Alita desde atrás, lanzando bolas de fuego hacia Ludra.
Las llamas iluminaron el campo de batalla, pero Ludra las esquivó con una agilidad sorprendente, moviéndose como una sombra entre los ataques.
Su expresión seguía siendo calmada, casi divertida, mientras bloqueaba cada intento de Alita de alcanzarla.
La pelea continuaba con intensidad, pero justo cuando parecía que no había fin a la violencia, Chip decidió intervenir.
Tomó aire profundamente y gritó con todas sus fuerzas: “¡YA PAREN!
¡ESTA PELEA NO TIENE SENTIDO!
¿NO VEN QUE SOY YO, CHIP, ¿SU AMIGO?” Su voz resonó en el valle, deteniendo a todos en seco.
Gikel y Ludra retrocedieron, confundidos, y se giraron hacia la figura de Chip, quien aún sostenía su postura desesperada.
En ese momento, ‘X’ llegó junto con Karpi, seguidos de cerca por Paris, Kilibur, Chiki y Nakia que venían por otro camino.
Todos se reunieron en el campo de batalla, formando un grupo dividido pero expectante.
“¿Paris?” preguntó Chip, visiblemente sorprendido al verla entre los recién llegados.
Paris asintió con una mezcla de alivio y preocupación en su rostro.
“Chip, ¿eres tú realmente?
Pensábamos que estabas muerto…
En verdad eres tú”.
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